29/09/2025
En México, el uso excesivo de la fuerza, los abusos por parte de las fuerzas del orden y las detenciones arbitrarias no son incidentes aislados; lamentablemente, se han arraigado como una dolorosa costumbre. Esta realidad, que golpea con especial dureza a los grupos más vulnerables, se manifiesta en una alarmante serie de eventos que, una y otra vez, ponen en entredicho la eficacia y la ética de las instituciones encargadas de velar por la seguridad ciudadana. La impunidad, un fantasma persistente en el sistema de justicia, permite que estos actos se repitan, erosionando la confianza pública y perpetuando un ciclo de violencia y desesperanza.

Las últimas semanas han sido testigos de una escalada de casos de brutalidad que han captado la atención nacional e internacional, sirviendo como crudos recordatorios de una problemática arraigada. Uno de los episodios más desgarradores fue el de Giovanni López, un joven albañil de 30 años en Jalisco, cuya detención sin razón aparente culminó en su muerte bajo custodia policial, con evidentes señales de tortura. Este caso, que indignó a la sociedad, fue seguido por otros incidentes igualmente preocupantes. En la Ciudad de México, durante una protesta en repudio a la muerte de López, la adolescente Melanie Martínez fue brutalmente pateada en la cabeza por oficiales. Simultáneamente, en Guadalajara, durante manifestaciones similares, decenas de jóvenes fueron arrestados de manera arbitraria y, aún más alarmante, amenazados con ser desaparecidos, una táctica que evoca dolorosos pasajes de la historia reciente del país. La lista de víctimas se extendió con el fallecimiento del artista Carlos Andrés Navarra Landa dentro de un cuartel de la policía estatal de Veracruz, y el trágico caso de Alexander M. Gómez, un joven de 16 años con aspiraciones de futbolista profesional, quien recibió un disparo en la cabeza a quemarropa por parte de oficiales en Oaxaca mientras simplemente compraba refrescos cerca de su casa. Las autoridades locales calificaron el hecho de “lamentable”, pero negaron cualquier “mala fe”, una declaración que subraya la desconexión entre la percepción oficial y la cruda realidad.
Un Patrón de Abusos y la Sombra de la Impunidad
La abogada Sofía de Robina, del Centro Prodh, una asociación dedicada a la defensa de los derechos humanos, ha señalado que estos eventos configuran una serie de patrones que no corresponden a gobiernos democráticos. Estos patrones persisten a pesar de la implementación de nuevas leyes y protocolos, muchas veces exigidos por tribunales o por la presión ciudadana. La razón fundamental, según expertos, reside en políticas de justicia que, lejos de erradicar los abusos, los fomentan o, al menos, permiten su continuidad. Estas políticas suelen impactar de manera desproporcionada a los grupos más vulnerables, aquellos que ya sufren una desigualdad estructural, como mujeres expuestas a agresiones sexuales por parte de oficiales o jóvenes en situación de pobreza que son arrestados con mayor frecuencia sin justificación alguna, tal como sucedió con Giovanni López.
Tanto instituciones nacionales, como la Comisión Nacional de Derechos Humanos (CNDH), como organismos internacionales, entre ellos la Corte Interamericana de Derechos Humanos, han reconocido la existencia de un contexto generalizado de brutalidad por parte de las autoridades en México. A pesar de los llamados a instalar mecanismos y leyes para remediar esta situación, Sofía de Robina subraya que la implementación de estos mecanismos por parte de muchas autoridades se queda corta frente a “inercias” aprendidas y un “ambiente de permisividad” que permea las estructuras policiales. Un ejemplo claro de esta deficiencia es la ley, relativamente reciente, que exige el registro de información básica de las personas arrestadas en un portal público, diseñada para prevenir desapariciones bajo custodia. Sin embargo, en las protestas de Guadalajara, las autoridades ignoraron flagrantemente esta ley, omitiendo el registro de los jóvenes detenidos, lo que demuestra una falta de voluntad para adherirse a los marcos legales existentes.
La Impunidad en Cifras: Un Panorama Desolador
La mayoría de los abusos policiales permanecen en secreto entre las autoridades, a menos que un video o alguna otra prueba contundente salga a la luz, como ocurrió con el caso de George Floyd en Estados Unidos. Sin embargo, incluso con evidencia, la impunidad prevalece. En México, desde 2006, se han acumulado más de 42,000 quejas oficiales por malos tratos y tortura cometidos por policías o militares. Un análisis detallado de estas denuncias, realizado por organizaciones de defensa de los derechos humanos, revela una realidad escalofriante:
- Solo el 80% de las denuncias por casos graves como asfixia, descargas eléctricas, violación sexual o simulación de ahogamiento (waterboarding) fueron investigadas.
- De estas investigaciones, únicamente 18 resultaron en una condena.
- Esto representa un ínfimo 0.13% de condenas sobre el total de denuncias, un porcentaje que habla por sí mismo sobre la falta de rendición de cuentas.
La Comisión Nacional de Derechos Humanos mexicana, en un informe especial, concluye que “la detención arbitraria es una problemática continua y que representa un elemento propicio para la comisión de actos como el uso excesivo de la fuerza, la tortura y los malos tratos, delitos que se ven reforzados ante la impunidad que persiste en el sistema penal”. Amnistía Internacional ha denunciado cómo las autoridades “fabrican” delincuentes, torturando a personas para que se declaren culpables de delitos que no cometieron. La ONU, por su parte, ha recalcado en múltiples ocasiones las “graves deficiencias” en las investigaciones de abusos a los derechos humanos, lo que contribuye directamente a la impunidad de estos casos en México, un país ya marcado por la violencia del crimen organizado, los feminicidios y la criminalización de poblaciones migrantes.
La Militarización de la Seguridad Pública: ¿Un Agravante?
Expertos en seguridad y derechos humanos alertan sobre la posibilidad de que el patrón de abusos empeore debido a la reciente decisión de encargar a las fuerzas armadas de México tareas de seguridad pública. Un ejemplo palpable es la Guardia Nacional, un cuerpo propuesto para reemplazar a la Policía Federal, que tenía un historial de abusos. Sin embargo, en lugar de ser una fuerza totalmente nueva, la Guardia Nacional terminó absorbiendo a elementos de la Policía Federal y a soldados, lo que ha resultado en una militarización más profunda de la seguridad pública. Esto ha tenido una consecuencia directa: las policías locales no reciben los fondos ni la capacitación necesarios para operar con mayor cercanía a la gente y, crucialmente, para aprender a evitar estos abusos. Ahora, la Guardia Nacional tiene entre sus atribuciones el monitoreo de manifestaciones, un ámbito que históricamente ha sido foco de graves maltratos y detenciones arbitrarias en México.
Las experiencias recientes en Jalisco ilustran esta preocupación. Durante las marchas de principios de junio, exigiendo justicia para Giovanni López y Melanie Martínez, decenas de personas fueron arrestadas sin justificación. Testimonios como el de “María” (nombre cambiado por seguridad) revelan la crudeza de la situación. Ella y sus acompañantes fueron golpeados y subidos a camionetas sin logotipos oficiales, mientras se dirigían a la manifestación. En la fiscalía, les quitaron sus pertenencias y celulares, y fueron amenazados con ser “entregados al narco” o “desaparecidos”. Aunque la presión en redes sociales llevó a su liberación, fueron dejados en lugares lejanos para dificultar su regreso a casa. El gobernador de Jalisco, Enrique Alfaro, admitió que elementos actuaron “de manera irresponsable y brutal”, aunque posteriormente descalificó las manifestaciones. Jalisco, cabe recordar, fue el estado con más registros de personas desaparecidas en 2019, con al menos 2,100 casos.
Un Historial Sangriento y Permeado por la Impunidad
El problema de la impunidad policial en México no es nuevo; se inscribe en un largo y doloroso historial de violaciones a los derechos humanos por parte de las fuerzas de seguridad. Casos paradigmáticos que han marcado la conciencia nacional incluyen:
- El Halconazo (1971): Hace 49 años, personal policial y del gobierno se infiltró armado en protestas estudiantiles, lo cual llevó a la masacre de un centenar de personas.
- Tlatelolco (1968): El 2 de octubre, el Gobierno abrió fuego contra estudiantes en la Plaza de Tlatelolco, dejando un saldo de miles de heridos y un número de muertos que aún se desconoce, estimado en más de 500.
- Aguas Blancas (1995): La policía de Guerrero masacró a campesinos que protestaban por la desaparición de un compañero.
- Acteal (1997): Hombres armados vinculados al Ejército atacaron a una comunidad indígena en Chiapas, matando a al menos 45 personas, incluyendo niños y mujeres embarazadas.
- Tlatlaya (2014): Fuerzas de seguridad acribillaron a 22 personas, supuestamente delincuentes, que estaban hincadas o con las manos arriba.
- Ayotzinapa (2014): Policías presuntamente vinculados al narco en Iguala, Guerrero, dispararon contra autobuses de estudiantes normalistas. 43 jóvenes fueron subidos a la fuerza a camionetas policiales y su paradero sigue siendo desconocido.
Parte del problema que propicia la continuidad de estos actos de brutalidad es precisamente la impunidad de los mismos. En los escasos casos donde hubo arrestos y se buscó responsabilidad por estas masacres, muchos de los detenidos terminaron en libertad debido a la falta de debido proceso, el uso de tortura o la presentación de pruebas falsas, según deliberaciones de la Suprema Corte mexicana. Sofía de Robina enfatiza que “los mecanismos y controles externos e internos para prevenir y sancionar, que han propuesto organizaciones internacionales y la sociedad civil, han sido implementados a medias”. Su conclusión es contundente: “Mientras no haya investigación real y se sancione a los responsables, estos hechos van a seguir ocurriendo”.
Reacciones Gubernamentales y la Búsqueda de Dignidad
Las reacciones de las autoridades mexicanas ante los abusos más recientes han sido dispares. En la Ciudad de México, tras la agresión a Melanie Martínez, la jefa de gobierno Claudia Sheinbaum prometió una investigación para identificar y castigar a los responsables. En Jalisco, a pesar de la admisión inicial del gobernador Alfaro sobre la ilegalidad de las detenciones, posteriormente descalificó las manifestaciones. A nivel federal, el presidente Andrés Manuel López Obrador sugirió que los maltratos en las protestas se deben a la presencia de “provocadores”, una narrativa que minimiza la responsabilidad institucional.
A pesar de este panorama desalentador, existen algunos casos en los que la perseverancia ha rendido frutos. El caso de Jacinta Francisco Marcial, Alberta Alcántara y Teresa González, tres mujeres indígenas incriminadas falsamente por secuestro y que pasaron tres años en prisión, es un ejemplo. Tras años de trabajo de organizaciones sociales, la fiscalía admitió su inocencia y las mujeres recibieron una disculpa oficial por parte del Estado, un hecho histórico en México. En la ceremonia de 2017, la hija de Francisco Marcial, Estela Hernández, ofreció un lema que resuena como un faro de esperanza: “Nos queda solidarizarnos con otras víctimas, hasta que la dignidad se haga costumbre”. La abogada Sofía de Robina, aunque cauta, mantiene la esperanza de que las crecientes protestas, tanto en Estados Unidos por George Floyd como en México por los abusos recientes, puedan convertirse en un punto de inflexión. Será un camino largo, pero necesario, que requerirá de estrategias integrales y de una ciudadanía activa que se sume a la exigencia de justicia y rendición de cuentas.
Preguntas Frecuentes (FAQ)
- ¿Qué se entiende por impunidad policial en México?
- La impunidad policial en México se refiere a la falta de castigo o sanción para los miembros de las fuerzas del orden que cometen abusos, como uso excesivo de la fuerza, tortura, detenciones arbitrarias y malos tratos, a pesar de la existencia de leyes y quejas formales. Esto se refleja en un porcentaje extremadamente bajo de condenas.
- ¿Cuáles son algunos casos recientes y emblemáticos de abuso policial mencionados en el artículo?
- El artículo menciona varios casos recientes como la muerte de Giovanni López en Jalisco bajo custodia policial, la agresión a Melanie Martínez durante una protesta en la Ciudad de México, las detenciones arbitrarias y amenazas a jóvenes en Guadalajara, la muerte de Carlos Andrés Navarra Landa en Veracruz y el disparo a Alexander M. Gómez en Oaxaca.
- ¿Por qué persisten los abusos policiales a pesar de las nuevas leyes y protocolos?
- Según expertos, persisten debido a la implementación deficiente de los mecanismos legales, a “inercias” aprendidas dentro de las instituciones y a un “ambiente de permisividad” que fomenta o tolera los abusos. Además, la militarización de la seguridad pública y las deficiencias en las investigaciones contribuyen a la impunidad.
- ¿Cómo afecta la militarización de la seguridad pública a la impunidad policial?
- La militarización, ejemplificada por la absorción de elementos policiales y militares en la Guardia Nacional, puede agravar el problema. Se argumenta que desvía recursos de las policías locales, impidiendo su capacitación adecuada y su acercamiento a la ciudadanía, lo que puede aumentar la probabilidad de abusos y dificultar la rendición de cuentas.
- ¿Qué tan comunes son las condenas por abuso policial en México?
- Son extremadamente raras. De más de 42,000 quejas oficiales por malos tratos y tortura desde 2006, solo el 80% fueron investigadas y únicamente 18 resultaron en condena, lo que representa un 0.13% del total de denuncias. Esto evidencia una impunidad casi total.
- ¿Qué grupos sociales son los más afectados por los abusos policiales?
- Los grupos más afectados suelen ser aquellos que ya experimentan desigualdad estructural o vulnerabilidad, como mujeres (expuestas a agresiones sexuales) y jóvenes en situación de pobreza (más propensos a detenciones arbitrarias sin justificación).
- ¿Cómo han reaccionado las autoridades mexicanas ante estos casos de abuso?
- Las reacciones han sido variadas. Algunos funcionarios han prometido investigaciones y castigo a los responsables (como en la CDMX), mientras que otros han minimizado o descalificado las protestas (como en Jalisco) o han atribuido los incidentes a “provocadores” (a nivel federal).
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