¿Qué está investigando el teniente de policía?

La Cruel Emboscada de ETA en Bilbao (1983)

15/08/2024

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La mañana del 4 de mayo de 1983 se tiñó de sangre en Bilbao, marcando uno de los episodios más brutales y conmovedores de la banda terrorista ETA. Lo que comenzó como un intento de secuestro de un teniente de la Policía Nacional con fines de canje, escaló rápidamente a un triple asesinato que dejó una profunda herida en la sociedad española. Este suceso, ocurrido apenas cuatro días antes de unas elecciones municipales, evidenció la crueldad sin límites del terrorismo, cobrándose la vida de dos agentes y, de manera especialmente desgarradora, la de una mujer embarazada.

¿Qué pasó con el teniente de la Policía Nacional?
El 4 de mayo de 1983 la banda terrorista ETA intentó secuestrar al teniente de la Policía Nacional JULIO SEGARRA BLANCO con el objetivo de canjearlo por presos de la banda. Para ello robaron un coche a punta de pistola y se introdujeron en el interior de un garaje situado en la plaza del Carmelo del barrio de Santuchu en Bilbao.
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El Ataque del 4 de Mayo de 1983: Un Día de Horror en Bilbao

Era poco antes de las 8:00 de la mañana cuando el teniente de la Policía Nacional, Julio Segarra Blanco, descendió a un garaje ubicado en la plaza del Carmelo del barrio de Santuchu, en Bilbao. Su rutina diaria lo llevaba a recoger su automóvil para dirigirse al cuartel de Basauri, donde estaba destinado. Sin saberlo, este acto cotidiano se convertiría en una trampa mortal orquestada por la banda terrorista ETA. Los terroristas, que previamente habían robado un coche a punta de pistola, se habían introducido en el garaje esperando la llegada del teniente.

Una vez sorprendido, el teniente Segarra fue brutalmente sometido. Los atacantes lo ataron de pies y manos con alambres y lo amordazaron con esparadrapo, preparándose para meterlo en el maletero de uno de sus vehículos. El plan era claro: utilizarlo como moneda de cambio para exigir la liberación de presos de la banda. Sin embargo, un giro inesperado de los acontecimientos frustraría sus intenciones iniciales y desataría una tragedia aún mayor.

En ese preciso instante, el cabo de la Policía Nacional Pedro Barquero González, compañero de Julio en el acuartelamiento de Basauri, y su esposa, María Dolores Ledo García, embarazada de casi siete meses, hicieron su entrada en el garaje. Pedro, que ese día libraba y tenía previsto acompañar a su mujer al ginecólogo, se encontró de bruces con la dantesca escena. De inmediato, el cabo reaccionó y desenfundó su arma reglamentaria, intentando defenderse y proteger a su familia. Pero los terroristas, con una frialdad y rapidez escalofriantes, se anticiparon a su acción. Abrieron fuego indiscriminadamente contra Pedro y María Dolores, segando sus vidas en el acto. Acto seguido, y sin la menor piedad, dispararon también contra Julio Segarra, quien aún se encontraba atado y amordazado, indefenso ante la ráfaga de balas.

La escena que quedó en el garaje era de puro horror: los cuerpos sin vida de Julio Segarra, amordazado y atado, y a unos cinco metros de distancia, en medio de sendos charcos de sangre, los de Pedro Barquero y María Dolores Ledo. El cabo aún sostenía su pistola en la mano derecha, un testimonio mudo de su último intento de resistencia, mientras María Dolores yacía a su lado, con un brazo recogido hacia el regazo y el otro extendido. Los investigadores encontraron en el lugar cinco casquillos de 9 milímetros parabellum SF y cuatro de la marca Santa Bárbara, pruebas irrefutables de la brutalidad cometida.

Las Víctimas: Vidas Truncadas por la Crueldad

El impacto de este brutal atentado se magnificó al conocerse las vidas de quienes fueron arrancados de sus familias y de la sociedad. Cada una de las víctimas representaba una historia, un futuro y una familia destrozada por la violencia terrorista.

Julio Segarra Blanco: El Teniente de Cabanillas del Campo

Julio Segarra Blanco, de 50 años, era natural de Cabanillas del Campo, en Guadalajara. Llevaba una vida arraigada en Bilbao desde 1966, donde residía con su esposa, la bilbaína María Nieves Echevarría, y sus tres hijos. Los dos mayores tenían 14 y 13 años, mientras que el más pequeño, apenas una semana de vida, hacía aún más cruel la pérdida. En el momento de su asesinato, el teniente Segarra estaba destinado en la Segunda Compañía Móvil del acuartelamiento de Basauri. Su secuestro, que buscaba ser un canje por presos de ETA, terminó en una ejecución despiadada, demostrando la nula consideración de la banda por la vida humana.

Pedro Barquero González y María Dolores Ledo García: Un Futuro Robado

Pedro Barquero González, de 30 años, era un cabo de la Policía Nacional originario de Alcalá del Valle, Cádiz. Su vida había dado un giro feliz apenas siete meses antes, cuando contrajo matrimonio con María Dolores Ledo García. María Dolores, de 25 años y natural de Baracaldo, era maestra y dedicaba sus días a impartir clases a alumnos de tercero de EGB en el colegio Zumalacárregui, ubicado en el barrio de Arabella. La pareja esperaba su primer hijo, un futuro que fue brutalmente arrebatado esa fatídica mañana.

El caso de María Dolores Ledo García adquiere una dimensión aún más trágica, al ser la cuarta mujer asesinada por ETA por el simple hecho de encontrarse en compañía de policías o guardias civiles, o por ser confundida con ellos. Este patrón de violencia indiscriminada ya había cobrado las vidas de otras mujeres en circunstancias similares: el 6 de enero de 1979, Hortensia González Ruiz, de 20 años, fue asesinada en Beasain junto a su novio, el guardia civil Antonio Ramírez Gallardo. El 22 de marzo de 1982, Cristina Mónica Illarmendi Ricci murió acribillada en Sestao junto a un grupo de policías. Y el 12 de febrero de 1983, Patricia Llanillo Borbolla, esposa de un detective privado, fue asesinada en Tolosa mientras acompañaba a su marido en un coche, estando también embarazada. La repetición de este patrón subraya la crueldad indiscriminada de la organización terrorista, que no distinguía entre objetivos directos y víctimas colaterales.

La Reacción de la Sociedad y la Clase Política

El triple asesinato de Bilbao provocó una honda conmoción en la sociedad vasca y en toda la clase política española. La condena fue unánime, con la notable excepción de Herri Batasuna, el brazo político de ETA, que una vez más se desmarcó de cualquier condena a la violencia terrorista. Este acto de barbarie, perpetrado en vísperas de unas elecciones municipales, intensificó el debate público sobre la lucha contra el terrorismo.

¿Qué hace un coronel de la policía?
Un coronel de la Policía Nacional sin escrúpulos, convertido en coronel del crimen organizado, en vez de luchar contra los asaltos, robos, asesinatos y extorsiones, era parte de ellos y además encubría los delitos utilizando su alto cargo en la Policía.

Desde la República Federal de Alemania, el entonces presidente del Gobierno, Felipe González, manifestó que el atentado suponía "un incremento de la crueldad y la propia degeneración humana", reflejando la indignación generalizada. Numerosos partidos políticos, en señal de duelo y respeto, decidieron suspender sus mítines de campaña, paralizando la actividad electoral. En Bilbao, muchos colegios públicos de EGB también cerraron sus puertas, en un gesto de luto y rechazo al terror.

El lehendakari, Carlos Garaikoetxea, expresó el sentir del pueblo vasco, señalando que el asesinato representaba "el contrapunto dramático de los momentos alegres que vive el pueblo vasco tras el triunfo del Athletic". Con un tono de desesperación y un llamado a la conciencia, añadió: "Esperemos que esto termine algún día. No se dan cuenta del espanto que significa para unas familias, esposas e hijos lo que está sucediendo". Sus palabras resonaron como un eco del sufrimiento de quienes vivían bajo la constante amenaza del terror.

Ramón Jáuregui, delegado del Gobierno en el País Vasco, afirmó con contundencia que los autores del atentado estaban llevando a la ruina a la región. Hizo un llamamiento explícito al pueblo vasco para que condenara los hechos y colaborara activamente con las Fuerzas de Seguridad del Estado en la detención de los terroristas, buscando una movilización social contra la violencia. Por su parte, el PSOE emitió un comunicado calificando el acto como una obra "inhumana y bestial del fanatismo e irracionalidad de los asesinos". Alianza Popular solicitó al Gobierno que "tomase las medidas necesarias para cortar esta plaga criminal y para cegar las fuentes que la nutren", evidenciando la demanda de firmeza. Finalmente, un portavoz de Euskadiko Ezkerra resumió la frustración general con una elocuente metáfora: "mientras la mayoría nos empeñamos en construir Euskadi ladrillo a ladrillo, algunos se han empeñado en destruirlo a ladrillazos".

El Largo Camino de la Justicia: Condenas y Nuevos Juicios

La búsqueda de justicia por el triple asesinato del teniente Segarra, el cabo Barquero y María Dolores Ledo fue un proceso largo y complejo, marcado por las dificultades inherentes a la lucha contra el terrorismo. No fue hasta 1995, doce años después del atentado, cuando se dictaron las primeras condenas por estos crímenes.

En esa ocasión, Enrique Letona Viteri, conocido por el alias de "Masillas", y José Félix Zabarte Jainaga, alias "Juan Luis", fueron hallados culpables y condenados a severas penas de prisión. Ambos recibieron 29 años por un delito de atentado con resultado de muerte, 29 años adicionales por un delito de asesinato, en concurso ideal con uno de aborto (dada la condición de María Dolores Ledo), y 17 años por un delito de homicidio. Estas condenas representaron un paso crucial en el reconocimiento de la responsabilidad de los perpetradores.

Sin embargo, la historia judicial de este atentado no terminó ahí. El 8 de abril de 2011, casi tres décadas después de los hechos, se celebró un nuevo juicio. En el banquillo de los acusados se sentaron Juan Manuel Inciarte Gallardo, alias "Jeremías", y Félix Ignacio Esparza Luri, alias "Iñaki". Durante el proceso, Inciarte Gallardo negó su participación, alegando que en el momento del atentado se encontraba trabajando en un mercado en Managua, Nicaragua, y que no regresó a España hasta mediados de los años 80 por enfermedad de su madre. Por su parte, Esparza Luri afirmó poder acreditar documentalmente su paradero, ya que en esas fechas había solicitado "asilo político" en el País Vasco francés, justificándose en "la fuerte represión policial y las torturas cometidas" en España.

La vista judicial contó con testimonios clave que arrojaron luz sobre los acontecimientos. Dos policías declararon cómo el ya condenado Letona Viteri, durante su interrogatorio, se enfrentó a un "dilema moral" por haber asesinado a una mujer a punto de dar a luz. Los agentes relataron que Letona les había contado que, tras los crímenes, se desató "una fuerte discusión" entre él y Esparza Luri. Letona afirmó estar dispuesto a "cumplir, y pegar un tiro en la nuca al teniente", pero que "no encontraba ningún sentido a matar a una mujer en muy avanzado estado de gestación, que además no suponía ningún peligro" para Esparza Luri. Según este testimonio, Letona calificó la "ejecución" de María Dolores Ledo como una salvajada y, tras el suceso, admitió haber abandonado las filas terroristas. El representante del Ministerio Público instó a la Sala a valorar este testimonio, que describía cómo Esparza Luri "remata de forma absolutamente innecesaria y gratuita" a la mujer embarazada. Sin embargo, en su propia declaración en el juicio del 8 de abril de 2011, Letona Viteri negó la participación de Inciarte Gallardo y Esparza Luri en el atentado, lo que añadió una capa de complejidad al proceso.

Un testigo protegido, que presenció parte de los hechos, también declaró ante el tribunal. Explicó que aquel día, al entrar en el garaje de la plaza del Carmelo, notó "una cierta oscuridad que no era la de todos los días" y escuchó lo que le pareció "un sollozo, un lamento". Al girarse, pudo ver al cabo Pedro Barquero González y a su esposa, María Dolores Ledo García. Ya en su coche, dio marcha atrás y enseguida reconoció los "destellos" de varios disparos. Pudo observar por el espejo retrovisor a uno de los pistoleros empuñando un arma y disparando a "una distancia corta" a los cuerpos del cabo y de su mujer. Según su relato, uno de los asesinos estaba agachado y "estaba rematando" a las víctimas. "Me puse a cien, salí temblando de allí", indicó el testigo, añadiendo que al salir del turismo, uno de los terroristas le enseñó una placa de Policía, un intento de confundir o intimidar.

Finalmente, el 4 de mayo de 2011, veintiocho años exactos después de los asesinatos, la Audiencia Nacional dictó sentencia en este nuevo juicio. Félix Ignacio Esparza Luri fue condenado a 85 años de prisión por el triple asesinato, reconociendo su participación y responsabilidad en los crímenes. Juan Manuel Inciarte Gallardo, por su parte, fue absuelto del asesinato de uno de los agentes y del de María Dolores, siendo condenado a 39 años de prisión por su implicación parcial. Este fallo puso un cierre, aunque tardío, a una de las páginas más oscuras de la historia del terrorismo en España.

Preguntas Frecuentes sobre el Caso del Teniente Segarra y las Víctimas de Santuchu

¿Quiénes fueron las víctimas del atentado del 4 de mayo de 1983 en Bilbao?
Las víctimas fueron el teniente de la Policía Nacional Julio Segarra Blanco, el cabo de la Policía Nacional Pedro Barquero González y la esposa de este último, María Dolores Ledo García, quien estaba embarazada de casi siete meses.
¿Cuál era el objetivo inicial de ETA con el teniente Segarra?
El objetivo inicial de la banda terrorista ETA era secuestrar al teniente Julio Segarra Blanco para canjearlo por presos de la organización.
¿Por qué murieron también Pedro Barquero y María Dolores Ledo?
Pedro Barquero y María Dolores Ledo entraron inesperadamente en el garaje mientras ETA intentaba secuestrar al teniente Segarra. Pedro intentó defenderse y a su esposa, pero los terroristas les dispararon, segando sus vidas y la del bebé que María Dolores esperaba.
¿Cómo reaccionó la sociedad y la política ante el atentado?
El triple asesinato provocó una fuerte conmoción y condena unánime en la sociedad vasca y en toda la clase política española, con la excepción de Herri Batasuna. Se suspendieron mítines de campaña y se cerraron colegios en señal de duelo.
¿Quiénes fueron condenados por este atentado?
En 1995, Enrique Letona Viteri y José Félix Zabarte Jainaga fueron condenados. En un nuevo juicio en 2011, Félix Ignacio Esparza Luri fue condenado a 85 años, y Juan Manuel Inciarte Gallardo a 39 años de prisión.
¿Qué particularidad tuvo el asesinato de María Dolores Ledo?
María Dolores Ledo García fue la cuarta mujer asesinada por ETA por el hecho de encontrarse en compañía de policías o guardias civiles, o por ser confundida con ellos. Además, estaba embarazada, lo que añadió una capa de brutalidad al crimen.

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