¿Qué es el desierto de los Leones?

Desierto de los Leones: Historia y Naturaleza Viva

10/05/2025

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En el corazón del Valle de México, donde la urbe se funde con la majestuosidad de la naturaleza, se encuentra un lugar que desafía su propio nombre: el Desierto de los Leones. Lejos de ser una extensión árida, este santuario es un exuberante bosque de coníferas, un auténtico pulmón verde que late con la historia y la vida silvestre. Su denominación, que evoca imágenes de soledad y fieras, esconde en realidad siglos de acontecimientos que lo han transformado de un retiro espiritual a un estratégico bastión militar, y finalmente, en el primer Parque Nacional de México, un hito en la política de conservación ambiental del país.

¿Qué es el desierto de los Leones?
En la actualidad el Desierto de los Leones es un espacio natural, hábitat de cinco especies endémicas de mamíferos y 94 aves migratorias. Además de sostener a un número de especies de flora y fauna, esta área favorece la retención de la humedad y la recarga del acuífero, previene la erosión, contribuye a mejorar la calidad del aire.

Este espacio, hoy vital para la Ciudad de México por sus servicios ecosistémicos y su valor recreativo, es un testimonio vivo de la interacción entre la naturaleza y la sociedad. Sus densos bosques no solo albergan una rica biodiversidad, sino que también resguardan los ecos de antiguas ermitas, la disciplina de monjes y el estruendo de cañones, tejiendo una narrativa fascinante que invita a ser explorada.

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Un Nombre Enigmático para un Bosque Vibrante

La primera gran curiosidad que envuelve a este parque es su nombre. ¿Por qué un bosque frondoso se llama “Desierto de los Leones”? La explicación se remonta a la época en que fue conocido como “El Desierto de nuestra señora del Carmen en los montes de Santa Fe”. Los Monjes Carmelitas Descalzos, que eligieron este sitio para establecer su convento, tenían la costumbre de llamar “desiertos” a sus fundaciones ubicadas lejos de las ciudades, en parajes apartados que propiciaban el retiro espiritual y la meditación. Así, “desierto” no aludía a una condición geográfica de aridez, sino a un estado de soledad y aislamiento buscado.

En cuanto a la adición “de los Leones”, existen dos teorías principales. La primera sugiere que el nombre proviene de la presencia de felinos salvajes en el bosque, específicamente el gato montés, un animal que por su aspecto robusto y su naturaleza depredadora, pudo haber sido confundido o asociado con los leones por los pobladores de la época. La segunda versión, más ligada a la historia de la propiedad de la tierra, indica que el apellido “León” hacía referencia a los hermanos León, quienes fueron dueños de estas tierras y fungieron como representantes de la orden Carmelita ante la Corona Española. Es probable que ambas explicaciones se hayan fusionado con el tiempo, contribuyendo al misticismo del lugar.

Cuna de la Espiritualidad y el Poder Militar

La historia documentada del Desierto de los Leones comienza con la llegada de los Monjes Carmelitas Descalzos. En 1604, el Virrey Marqués de Montesclaros expidió la Cédula Real que otorgó de manera definitiva la propiedad de los montes de Santa Fe y Tacubaya a esta orden religiosa. Poco después, el 23 de enero de 1606, se colocó la primera piedra del que sería el convento, una imponente construcción acompañada de diez ermitas dispersas por el bosque (El Portón, La Soledad, San José, San Elías, San Juan, Magdalena, Trinidad, Getsemaní, San Alberto y San Miguel), todas rodeadas por una muralla para preservar la tranquilidad y el aislamiento de los monjes. Estas obras fueron culminadas el 12 de julio de 1611, marcando el inicio de una era de más de dos siglos de ocupación carmelita.

Durante este periodo, que se extendió hasta 1814, los monjes no solo dedicaron su vida a la contemplación y la oración, sino que también jugaron un papel crucial en la conservación del bosque. Su filosofía de vida austera y su respeto por la naturaleza aseguraron que el vasto territorio permaneciera sin explotación comercial, preservando su riqueza natural de forma notable. Fue la Guerra de Independencia la que forzó a los carmelitas a abandonar el lugar, cediendo el monte, el convento y sus construcciones al gobierno de la Ciudad de México.

El abandono del convento abrió las puertas a nuevos usos para el Desierto de los Leones. En 1845, el gobierno de la República encontró en el vasto bosque un lugar ideal para el Cuerpo Nacional de Artillería, utilizándolo como campo de maniobras y sitio de acuartelamiento. Pero la historia de este año también se tiñe de un episodio oscuro: la destrucción de la capilla principal para instalar una supuesta fábrica de vidrio. Sin embargo, la realidad era mucho más turbia: en sus hornos, alimentados con la madera del propio bosque, se acuñaba moneda falsa, una actividad ilícita que se mantuvo por varios años, dejando una cicatriz en la estructura conventual.

El Nacimiento de la Conservación en México

Mucho antes de ser oficialmente un parque nacional, el Desierto de los Leones ya era reconocido por su valor intrínseco. Desde 1786, el gobierno virreinal lo protegía activamente debido a la abundancia de manantiales de agua potable que nacían en sus profundidades y que eran cruciales para abastecer a la creciente Ciudad de México. Esta importancia hídrica se consolidó con la Cédula Real del 18 de noviembre de 1803, que otorgó a la ciudad la propiedad exclusiva sobre estos vitales manantiales, sentando un precedente en la protección de recursos naturales.

El verdadero punto de inflexión para la conservación llegó en el siglo XIX. En 1876, bajo la presidencia de Sebastián Lerdo de Tejada, y 62 años después del abandono carmelita, se reafirmó la necesidad de aprovechar y proteger los recursos hídricos del Desierto de los Leones. Ante el clamor unánime de la prensa y la sociedad, Lerdo de Tejada declaró los montes como zona de reserva forestal y de interés público, un acto visionario para la época que sentó las bases de la política de conservación ambiental en México.

Sin embargo, el hito más significativo ocurrió gracias al incansable trabajo del investigador y filántropo Miguel Ángel de Quevedo. Conocido como el “Apóstol del Árbol”, De Quevedo fue un ferviente impulsor de la protección de las cuencas y el establecimiento de Parques Nacionales. En 1917, logró convencer al entonces presidente Venustiano Carranza de la importancia de designar al Desierto de los Leones como el primer Parque Nacional de México. Este decreto, promulgado el 27 de noviembre de 1917, no solo reconoció la belleza natural y el alto valor histórico del lugar, sino que también lo convirtió en el primer Parque Nacional del país, abarcando una superficie de mil 529 hectáreas de bosque de pino y oyamel, y estableciendo un modelo para futuras áreas protegidas.

Hitos en la Protección Ambiental: Una Cronología de Decretos

La declaración de 1917 fue solo el comienzo de una serie de esfuerzos y marcos legales destinados a garantizar la preservación del Desierto de los Leones. A lo largo de las décadas, diversos decretos y acuerdos han reforzado su estatus y su gestión, adaptándose a las necesidades cambiantes de la conservación y el crecimiento urbano. La siguiente tabla resume los momentos clave en la protección legal de este invaluable espacio natural:

AñoPresidente / EntidadEvento ClaveImpacto Principal
1604Virrey Marqués de MontesclarosCédula RealOtorga propiedad a la Orden de los Carmelitas Descalzos.
1786Gobierno VirreinalProtección InicialReconocimiento y salvaguarda por sus manantiales.
1803Cédula RealPropiedad Exclusiva del AguaOtorga a la Ciudad de México el derecho sobre los manantiales.
1876Sebastián Lerdo de TejadaDeclaración de ReservaDesigna los montes como zona de reserva forestal e interés público.
1917Venustiano CarranzaPrimer Parque NacionalEstablecimiento oficial del Desierto de los Leones como Área Natural Protegida.
1983/1988Miguel de la Madrid HurtadoDecreto de ExpropiaciónExpropia 1,529 hectáreas a favor del Departamento del Distrito Federal para su preservación.
1998Gobierno FederalZonas de Restauración EcológicaDeclaración de 400 hectáreas afectadas por incendios forestales para su recuperación.
1999/2000SEMARNAP / GDFTransferencia de AdministraciónEl Gobierno Federal transfiere la gestión del parque al Gobierno del Distrito Federal.
2006SEMARNATPublicación del Programa de ManejoEstablece las directrices y acciones necesarias para la conservación y uso del parque.
2014Gobierno del Distrito FederalInstalación del Consejo AsesorCreación de un órgano consultivo para la gestión y toma de decisiones del área natural.

Cada uno de estos decretos ha sido fundamental para consolidar la protección del Desierto de los Leones, asegurando que su legado natural y cultural perdure a través del tiempo, a pesar de los desafíos del crecimiento urbano y el cambio climático.

Un Santuario de Biodiversidad en la Ciudad

Más allá de su rica historia, el Desierto de los Leones es, en la actualidad, un invaluable pulmón verde y un santuario de biodiversidad para la Ciudad de México. Sus mil 529 hectáreas albergan una impresionante variedad de ecosistemas, predominantemente bosques de oyamel, pino y encino, así como áreas de bosque mixto. Esta diversidad forestal es hogar de 392 especies de flora y hasta 102 clases de hongos, vitales para el equilibrio ecológico del bosque.

Entre las especies vegetales más representativas se encuentran el majestuoso oyamel (Abies religiosa), el cedrón (Juniperus monticola), el madroño borracho (Comarostaphylis discolor) con sus frutos llamativos, el cedro blanco (Cupressus lusitánica) y la singular mazorquita (Morchella conica), un tipo de hongo comestible muy apreciado.

Pero la vida en el Desierto de los Leones no se limita a la flora. Junto con los bosques aledaños, como la Cañada de Contreras y el Parque Nacional Insurgente Miguel Hidalgo y Costilla, conforma un hábitat crucial para numerosas especies de fauna silvestre, incluyendo varias especies endémicas de la región. Se han reportado 53 familias de vertebrados, distribuidas en 3 de anfibios, 4 de reptiles, 33 de aves y 13 de mamíferos. Entre sus habitantes más emblemáticos y carismáticos se encuentran la víbora de cascabel transvolcánica (Crotalus triseriatus), el lagarto alicante (Barisia imbricata), la escurridiza codorniz-coluda neovolcánica (Dendrortyx macroura), depredadores como el lince (Lynx rufus) y el coyote (Canis latrans), anfibios como la rana de árbol plegada (Hyla plicata) y el ajolote (Ambystoma altamirani), y mamíferos como el armadillo (Dasypus novemcinctus).

La importancia ecológica del Desierto de los Leones trasciende la mera presencia de especies. Este bosque juega un papel fundamental en la regulación hídrica de la región, favoreciendo la retención de la humedad y la recarga de los acuíferos subterráneos que abastecen a la ciudad. Además, su densa vegetación previene la erosión del suelo y contribuye significativamente a mejorar la calidad del aire, actuando como un filtro natural y un mitigador del cambio climático. Su valor biológico, ambiental y ecológico es incalculable, convirtiéndolo en un patrimonio natural que debe ser protegido para las futuras generaciones.

Preguntas Frecuentes sobre el Desierto de los Leones

¿Qué es el Desierto de los Leones?

El Desierto de los Leones es el primer Parque Nacional de México, ubicado al suroeste de la Ciudad de México. Es un exuberante bosque de coníferas con una rica historia que data desde el siglo XVII, cuando fue sede de un convento carmelita, hasta su declaración como área natural protegida en 1917.

¿Por qué se llama “Desierto” si es un bosque?

El término “desierto” no se refiere a una condición geográfica árida, sino a una práctica de los Monjes Carmelitas Descalzos, quienes llamaban “desiertos” a sus fundaciones conventuales establecidas en lugares apartados y solitarios, lejos de las ciudades, para fomentar el retiro y la contemplación.

¿A qué se debe el nombre “de los Leones”?

Existen dos versiones principales: una sugiere la presencia de gatos monteses (similares a leones) en el bosque, y otra hace referencia a los hermanos León, propietarios de las tierras en el siglo XVII y representantes de los Carmelitas ante la Corona Española.

¿Cuándo fue declarado Parque Nacional?

Fue declarado el primer Parque Nacional de México el 27 de noviembre de 1917 por el presidente Venustiano Carranza, gracias a la gestión de Miguel Ángel de Quevedo.

¿Qué actividades se pueden realizar en el Desierto de los Leones?

El parque ofrece diversas actividades recreativas y de esparcimiento, como senderismo, ciclismo de montaña, paseos a caballo, picnic y la exploración de las ruinas del antiguo convento carmelita y sus ermitas. Es un lugar ideal para el contacto con la naturaleza y el disfrute al aire libre.

¿Qué tipo de ecosistema alberga el parque?

Principalmente bosques de oyamel, pino y encino, así como bosque mixto. Es hogar de una vasta diversidad de flora y fauna, incluyendo especies endémicas de mamíferos, aves, reptiles y anfibios.

¿Cuál es la importancia ambiental del Desierto de los Leones?

Es crucial para la Ciudad de México, ya que favorece la recarga de acuíferos, retiene la humedad, previene la erosión del suelo y contribuye significativamente a mejorar la calidad del aire, actuando como un importante regulador climático y un hábitat vital para la biodiversidad.

El Desierto de los Leones es mucho más que un simple parque; es un compendio de historia, espiritualidad y un tesoro natural que ha resistido el paso del tiempo y el avance de la urbanización. Su conservación es un recordatorio constante de la importancia de proteger nuestros espacios naturales, esos pulmones verdes que nos conectan con el pasado y nos aseguran un futuro más saludable. Visitarlo es emprender un viaje a través de los siglos, un encuentro con la majestuosidad de la naturaleza y una lección sobre el valor incalculable de la conservación.

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