04/10/2023
Octubre de 2019 marcó un antes y un después en la historia reciente de Chile. El país se vio envuelto en un Estallido Social sin precedentes, una ola de protestas y movilizaciones que exigían profundas transformaciones sociales y económicas. Sin embargo, junto con la ebullición ciudadana, surgió una sombría realidad: la brutalidad de la represión policial que dejó una huella imborrable en la vida de cientos de chilenos. Más de un centenar de personas sufrieron graves lesiones oculares, transformándose en un símbolo doloroso de la violencia ejercida por las fuerzas de seguridad.

La magnitud de este fenómeno fue tal que el vicepresidente nacional del Colegio Médico, el oftalmólogo Patricio Meza, confirmó que nunca antes en la historia de la salud visual de Chile se había registrado tal cantidad de personas con pérdida permanente de un ojo en tan pocos días. La mayoría de estas lesiones fueron causadas por balines de goma y perdigones disparados por Carabineros y sus Fuerzas Especiales, a menudo de forma directa y a corta distancia, con consecuencias devastadoras.
- El Testimonio de Carlos Morán: Un Chorro a Quemarropa
- Cifras Alarmantes: Una Epidemia de Trauma Ocular
- Historias de Resistencia y Dolor: Otros Casos Emblemáticos
- Hernán Rodríguez Jemenao: La Lucha Continúa
- Implicaciones Legales y Éticas: Un Crimen de Lesa Humanidad
- El Contexto Social y la Desigualdad
- Tabla Comparativa: Testimonios de una Tragedia
- Preguntas Frecuentes (FAQ)
El Testimonio de Carlos Morán: Un Chorro a Quemarropa
Carlos Morán, un electricista de 37 años y padre de dos hijos, experimentó en carne propia la violencia de la represión. El 24 de octubre de 2019, decidió sumarse a la huelga general en Plaza Italia, el epicentro de las movilizaciones en Santiago. Alrededor de las 19:30, mientras las Fuerzas Especiales de Carabineros intensificaban su arremetida, Carlos y su esposa buscaron refugio en el Parque Forestal. La situación, según relata, se complicó rápidamente.
“No tuvieron perdón con la gente”, recuerda Carlos. Con una pancarta que rezaba “Por mis hijos, por los tuyos, por un Chile más justo”, Carlos encaró brevemente un carro lanzaaguas. Cuando intentó retroceder, se encontró solo. A tan solo cinco metros de distancia, el carro le disparó un chorro directo a la cara, impactando también a su esposa, quien cayó al suelo y sufrió un golpe en la cabeza. Ambos quedaron semiinconscientes. “El chorro es como un impacto, una revolcada tremenda. Es más que un puñetazo. Quizás como un piedrazo o un latigazo”, describe Carlos. El impacto le dejó el lado derecho del cuerpo adolorido hasta la pierna, y la sensación de haber sido un disparo “a quemarropa”, no con el fin de dispersar, sino de herir.
Tras el ataque, Carlos, su esposa y una sobrina fueron socorridos por voluntarios de la Federación de Estudiantes de la Universidad de Chile (FECH), quienes les brindaron los primeros auxilios. Con dificultad, y sorteando los cordones policiales presentes en la zona, lograron llegar a la Unidad de Trauma Ocular (UTO) del Hospital Salvador. Sin embargo, al ser las 21:00, la unidad ya estaba cerrada. Carlos tuvo que recurrir a un Servicio de Atención Primaria de Urgencia (SAPU), donde recibió analgésicos y una evaluación inicial que confirmaba la gravedad de su ojo, siendo derivado a oftalmología. Esta experiencia, para Carlos, fue el precio de “reclamar algo, unas pocas de las tantas cosas que se están reclamando ahora”.
La vida de Carlos ha cambiado drásticamente. Como electricista y conductor de Uber, la buena visión es fundamental. Con un ojo tapado y la dificultad para dimensionar distancias, sus actividades diarias se han vuelto un desafío. “Ahora mismo me siento como súper embarao (torpe), no dimensiono las distancias con un ojo tapado”, confiesa. A pesar de todo, Carlos no ha cesado su activismo, participando en cacerolazos y protestas en su barrio en Pedro Aguirre Cerda, una de las zonas más modestas de Santiago, donde la represión policial también ha sido intensa.
Cifras Alarmantes: Una Epidemia de Trauma Ocular
El caso de Carlos Morán es solo uno entre los cientos que han marcado el Trauma Ocular como una de las heridas más emblemáticas del estallido social. Las estadísticas oficiales y de organizaciones de Derechos Humanos reflejan la magnitud de esta crisis sanitaria y humanitaria.
Hasta el 27 de octubre de 2019, solo la Unidad de Trauma Ocular (UTO) del Hospital del Salvador, en la Región Metropolitana, registraba 94 pacientes con trauma severo, de los cuales 27 presentaban un estallido del ojo. De estos, 28 ingresaron a la urgencia con visión cero. A nivel nacional, el Instituto Nacional de Derechos Humanos (INDH) reportó hasta la misma fecha un total de 126 personas con heridas oculares. Estas cifras, ya alarmantes, no incluían los casos de otras regiones de Chile, lo que sugiere que el número real era aún mayor.
Historias de Resistencia y Dolor: Otros Casos Emblemáticos
El impacto de la represión ocular se extendió por diversas comunas y estratos sociales, aunque con una concentración notoria en zonas de menores recursos, como Pedro Aguirre Cerda o Renca, donde la pobreza es más prevalente.
Carlos Alberto Puebla: La Pérdida Irreparable
Carlos Alberto Puebla, de 45 años y residente de Renca, es otro de los rostros de esta tragedia. Un perdigón disparado por la policía atravesó su delgado gorro de lona, reventándole el ojo izquierdo. Internado en la Posta Central, Carlos Alberto lucha por asimilar su nueva realidad. Su hijo Esteban relata la incertidumbre sobre cómo su padre podrá seguir trabajando en la construcción, su oficio, o cómo se acostumbrará a vivir sin un ojo, el cual debió ser extirpado.

Camilo Cartagena Salazar: Visión Borrosa y Lucha por el Sustento
Camilo Cartagena Salazar, de 31 años, también figura en el recurso de amparo presentado por las víctimas. El 24 de octubre, cerca de las 16:00, recibió tres impactos de perdigón: en el brazo, el estómago y, lo más grave, arriba de su ojo derecho, cerca de la ceja. A pesar de ver correr sangre por su cuerpo, no sintió dolor inmediato. Tras ser atendido por auxiliares de la Cruz Roja, Camilo tuvo que caminar herido por cinco kilómetros debido a los cortes de transporte. Aunque su visión ha mejorado, aún ve borroso. Con dos trabajos como independiente, esta situación le ha impedido generar ingresos, sumiéndolo en la preocupación por su futuro económico.
Raúl Fuentes Muñoz: El Artista que Perdió su Ojo 'Bueno'
La historia de Raúl Fuentes Muñoz, de 36 años, artista plástico, gásfiter y soldador, es particularmente desgarradora. El 23 de octubre, cerca de las 14:30, una bomba lacrimógena le reventó el ojo. “Sentí lo mismo que debe sentir alguien que recibe la patada de un caballo con furia, pero la herradura era la bomba”, relata Raúl desde la habitación de una clínica. Cayó al suelo al instante, sintiendo que había quedado ciego. Lo más crítico es que su ojo izquierdo era su “ojo bueno”; de niño, nunca pudo ver a más de un metro con el derecho. Perder este ojo significa para él una ceguera funcional casi total.
Raúl fue sometido a una cirugía de dos horas y media para intentar salvar el globo ocular y reconstruir los músculos del párpado dañados por la explosión. Su pareja, María José Ramírez, cuida de él, aplicándole gotas para evitar infecciones. A pesar de la gravedad de su herida, la represión continuaba: “La gente que me ayudó me tuvo que subir arrastrando al Cerro Santa Lucía para que los árboles detuvieran las balas o las bombas”, recuerda Raúl. Su dolor es doble: “Estaba protestando por un país mejor y terminé peor”.
Hernán Rodríguez Jemenao: La Lucha Continúa
Hernán Rodríguez Jemenao, de 20 años, también sufrió el impacto directo de la represión. El 24 de octubre, durante una concentración pacífica en la estación de Metro Protectora de la Infancia, en Puente Alto, un efectivo de Fuerzas Especiales le disparó dos veces. “Cuando me iba a disparar me observó, sabía que yo estaba ahí y me disparó igual. Y no a los pies, directo a mi cara”, narra Hernán. Tras el primer disparo, cayó con heridas en los brazos y el ojo derecho. Al intentar pedir ayuda, el efectivo le disparó nuevamente, esta vez impactándole en la espalda y glúteos.
Un perdigón impactó su ojo, chocó contra su cráneo y se rompió en pedazos. Aunque el balín era de plástico, la retina de su ojo derecho sufrió daños severos, dejándole solo un 20 por ciento de visión. Hernán, quien se dedicaba a hacer malabares para vivir, enfrenta ahora la incertidumbre sobre su capacidad para retomar su sustento. A pesar de la traumática experiencia, no se arrepiente de haber salido a la calle. “El mismo Presidente dijo que estamos en guerra. Pero qué guerra, si la gente está con banderas, pancartas, protestando por algo que es nuestro. Es fuerte lo que está pasando, pero hay que seguir la lucha”, afirma con convicción.
Implicaciones Legales y Éticas: Un Crimen de Lesa Humanidad
La alarmante cantidad de personas mutiladas y ciegas por la acción policial ha llevado a importantes acciones legales y cuestionamientos éticos. Paz Becerra, abogada de Derechos Humanos, lidera un recurso de amparo contra el Ministerio del Interior y las Fuerzas Especiales de Carabineros. La acusación se basa en la gran cantidad de casos pesquisados desde el inicio de las protestas, y la abogada advierte sobre la gravedad de la situación.
“La mutilación está contemplada como un delito y en un contexto de represión por parte del Estado puede llegar a constituir un crimen de lesa humanidad”, enfatiza Becerra. Esta postura es respaldada por el presidente del departamento de Derechos Humanos del Colegio Médico, Enrique Morales, quien considera “lo más grave es que esto es provocado por agentes del Estado y avalado por las autoridades, quienes están de alguna manera haciéndose responsables de que más de cien personas hayan perdido su visión y decenas hayan quedado mutilados”. La Impunity de estos actos sigue siendo una preocupación central para las víctimas y sus defensores.
La represión no fue indiscriminada en su impacto. Si bien las balas y perdigones se distribuyeron por toda la Región Metropolitana, los incendios de empresas o supermercados, que también generaron víctimas, se concentraron en las zonas más pobres como La Pintana o Renca. Pedro Aguirre Cerda, la comuna de Carlos Morán, tenía una tasa de pobreza del 11% en 2015, muy superior a comunas ricas como Vitacura, con un 0%. Este dato, aunque no directamente relacionado con las lesiones oculares, subraya la profunda desigualdad social que subyacía al estallido y cómo las zonas más vulnerables a menudo cargaron con el peso más pesado de la represión y sus consecuencias.
Tabla Comparativa: Testimonios de una Tragedia
| Nombre | Edad | Lesión Ocular | Causa | Impacto en la Vida |
|---|---|---|---|---|
| Carlos Morán | 37 | Ojo afectado (visión borrosa, dificultad para dimensionar distancias) | Chorro de carro lanzaaguas directo a la cara | Electricista/Uber cesante, dificultad para trabajar |
| Carlos Alberto Puebla | 45 | Ojo izquierdo reventado (extirpado) | Perdigón | Dificultad para trabajar en construcción |
| Camilo Cartagena Salazar | 31 | Visión borrosa en ojo derecho (impacto de perdigón cerca de ceja) | Perdigón | Dificultad para trabajar como independiente |
| Raúl Fuentes Muñoz | 36 | Ojo reventado (cirugía, visión cero en ojo afectado, ojo 'bueno' dañado) | Bomba lacrimógena | Grave impacto en su vida y trabajo (artista, gásfiter, soldador) |
| Hernán Rodríguez Jemenao | 20 | Retina del ojo derecho dañada (20% de visión) | Perdigón | Dificultad para hacer malabares (su sustento), incertidumbre |
Preguntas Frecuentes (FAQ)
- ¿Cuántas personas perdieron la visión durante el estallido social en Chile?
- Según el Instituto Nacional de Derechos Humanos (INDH), hasta el 27 de octubre de 2019, se registraron 126 personas con heridas oculares. Solo en el Hospital del Salvador, la Unidad de Trauma Ocular (UTO) registró 94 pacientes con trauma severo, 27 de ellos con estallido del ojo y 28 con visión cero al momento de la urgencia.
- ¿Qué tipo de armas causaron las lesiones oculares?
- La mayoría de las lesiones oculares severas fueron causadas por balines de goma y perdigones lanzados por Carabineros y Fuerzas Especiales. En algunos casos, como el de Raúl Fuentes Muñoz, también se reportaron lesiones por bombas lacrimógenas.
- ¿Qué es la Unidad de Trauma Ocular (UTO) del Hospital Salvador?
- La Unidad de Trauma Ocular (UTO) del Hospital Salvador es una unidad médica especializada en la atención de lesiones oculares graves. Se convirtió en un punto central para la atención de las víctimas de trauma ocular durante el estallido social en la Región Metropolitana de Chile.
- ¿Se han tomado acciones legales contra los responsables?
- Sí, se han iniciado acciones legales. La abogada de Derechos Humanos Paz Becerra, por ejemplo, ha presentado un recurso de Amparo contra el Ministerio del Interior y las Fuerzas Especiales de Carabineros, argumentando que la mutilación en este contexto podría constituir un crimen de lesa humanidad.
- ¿Qué pasó con los cordones policiales de la Universidad de Chile?
- El texto provisto no detalla qué sucedió específicamente con los cordones policiales de la Universidad de Chile. Sin embargo, se menciona que las víctimas, como Carlos Morán y su familia, tuvieron que 'sortear' (navegar alrededor o a través de) estos cordones policiales para llegar al Hospital Salvador en busca de atención médica. La Federación de Estudiantes de la Universidad de Chile (FECH) también brindó primeros auxilios a los heridos en el contexto de estas movilizaciones, lo que sugiere una presencia policial significativa en las cercanías de la universidad y sus alrededores, dificultando el acceso y la asistencia a los heridos.
La tragedia de los ojos perdidos en Chile es un recordatorio sombrío del costo humano de la represión estatal durante el estallido social de 2019. Las historias de Carlos, Carlos Alberto, Camilo, Raúl y Hernán, entre muchos otros, son el testamento viviente de la violencia ejercida y el profundo impacto en vidas y familias. Más allá de las cifras, cada ojo perdido representa una historia de dolor, una vida alterada y una demanda incansable de justicia. La sociedad chilena sigue exigiendo respuestas y responsabilidades, en la búsqueda de que la Impunity no se imponga y que tales violaciones a los Derechos Humanos no se repitan.
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