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Gatillo Fácil: La Lucha por Justicia en Argentina

16/11/2024

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La madrugada del 6 de agosto de 2020, en plena cuarentena por el Covid-19, la vida de una familia cordobesa cambió para siempre. Blas Correas, un joven de tan solo 17 años, fue asesinado por la Policía de Córdoba en un caso de “gatillo fácil” que conmocionó a la nación. Su madre, Soledad Laciar, se ha convertido desde entonces en un símbolo de la incansable lucha contra la violencia institucional y la impunidad, exigiendo que no solo se castigue a los autores materiales, sino a todo el entramado que permite y encubre estas tragedias.

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El crimen de Blas no fue un incidente aislado, sino la punta de un iceberg de abusos y violaciones a los derechos humanos que, según denuncian organizaciones y familiares de víctimas, parecen ser parte de un sistema. Este artículo profundiza en el caso Blas Correas, el juicio en curso, y el contexto de una problemática que se extiende más allá de las fronteras provinciales, afectando la confianza de la sociedad en sus propias fuerzas de seguridad.

Índice de Contenido

El Caso Blas Correas: Un Grito de Justicia en Córdoba

Blas Correas viajaba en un auto con amigos cuando fue interceptado en un retén policial. Lo que siguió fue una ráfaga de disparos que impactaron el vehículo, causándole la muerte. La investigación y el posterior juicio han puesto de manifiesto no solo la brutalidad del ataque, sino también una sistemática operación de encubrimiento que involucró a múltiples agentes y, según las denuncias de Soledad Laciar, a funcionarios políticos.

“En estos seis meses de juicio quedó ampliamente demostrado que los policías Alarcón y Gómez dispararon contra el auto donde iba Blas y lo mataron. Que nos salvamos de una masacre de milagro y los chicos, los amigos de Blas, salvaron sus vidas”, relata Soledad Laciar con una serenidad que esconde un dolor inmenso. La acusación es clara: los agentes Javier Alarcón y Lucas Gómez son juzgados como coautores de “homicidio agravado por el uso de arma de fuego, calificado por haber sido cometido en abuso de su función por un miembro de las fuerzas policiales”.

Pero la justicia que busca Soledad va más allá. Once policías más están imputados por encubrimiento en diversos grados. Entre ellos, las compañeras de patrulla de Alarcón y Gómez, Wanda Esquivel y Yamila Martínez, así como varios subcomisarios y comisarios inspectores. La policía Esquivel llegó a declarar que le ordenaron plantar un arma para inculpar a las víctimas, un acto que revela la profundidad de la trama de ocultamiento. Los chats y las comunicaciones internas entre oficiales y funcionarios expuestos en el juicio sugieren un “plan institucional para tapar todo”.

Un momento clave en el juicio fue la declaración del exministro de Seguridad, Alfonso Mosquera, quien admitió ante jueces, jurados populares y la prensa que en el asesinato de Blas hubo “violencia institucional” y que se “lesionaron los Derechos Humanos”. Esta admisión, proveniente de la cabeza política de la fuerza, refuerza la convicción de Soledad Laciar de que no se trata de “dos policías loquitos o dos malos policías”, sino de un “sistema aceitado” donde “la Policía mata, encubre; el poder político amplía el encubrimiento y se busca impunidad”.

Para la familia Correas, el dolor es constante. Blas hubiera cumplido 20 años en febrero, y la ausencia es un agujero que las pequeñas hermanas, Milagros y Martina, aún no comprenden del todo. “Milagros me preguntó ‘¿por qué Blas no viene a soplar la velita? Mami, yo quiero que Blas venga a su cumple’ ¿Cómo le explicás que una noche la Policía le mató el hermano?”, comparte Soledad, reflejando la devastación que el crimen ha dejado en su hogar.

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Un Patrón Alarmante: El "Gatillo Fácil" en Argentina

La denuncia de Soledad Laciar sobre un “modelo cordobés de Seguridad” que propicia la violencia policial no es infundada. Organizaciones como la Asamblea Permanente por los Derechos Humanos de Córdoba (APDH Córdoba) han documentado una serie de casos fatales que evidencian un patrón preocupante. El pasado noviembre, durante la visita del Relator Especial de la ONU sobre ejecuciones extrajudiciales, Morris Tidball-Binz, la APDH Córdoba le presentó un informe detallado de 10 homicidios a manos de la Policía de Córdoba y el Servicio Penitenciario desde el 10 de diciembre de 2019, todos ocurridos durante la gestión del exministro Mosquera.

Estos casos no solo comparten el desenlace fatal, sino a menudo las circunstancias: disparos por la espalda, plantación de pruebas y un posterior encubrimiento. La APDH Córdoba ha advertido que la condena en casos como el de José Antonio Ávila, donde no se tuvo en cuenta el agravante por la condición de policías, sienta un “mal precedente” para futuros juicios, incluido el de Blas Correas.

Casos Fatales de Violencia Policial en Córdoba (2019-2022)

No.Víctima (Edad)FechaCircunstancias
1Franco Sosa (27)26 de abril de 2020Muerte en zona de Interfábricas tras robo.
2Gastón Mirabal3 de junio de 2020Perseguido y baleado por policías mientras iba en moto; acompañante sobrevivió.
3José Antonio Ávila4 de julio de 2020Vendedor ambulante muerto por balazo en el abdomen; condena a policías sin agravante funcional.
4Blas Correas (17)6 de agosto de 2020Asesinado en retén policial, caso emblemático de gatillo fácil.
5Luis Morenigo (36)31 de agosto de 2020Fallecido en Alta Gracia.
6Joaquín Paredes (15)25 de octubre de 2020Baleado por la policía durante un festejo de cumpleaños en Paso Viejo.
7Isaías Luna (21)18 de diciembre de 2020Abatido por la espalda en un asalto desarmado; se le plantó un arma.
8Víctor Gustavo Calderón (21)15 de febrero de 2022Murió de 13 balazos disparados por un policía de civil.
9Ezequiel Castro14 de junio de 2022Falleció en hospital tras ser detenido.
10Johnatan Romo (36)10 de julio de 2022Paciente en recuperación, murió torturado y ahorcado por policías en La Falda; autopsia confirmó mentiras policiales, fiscal liberó a imputados.

Estos casos, que la ONU ha analizado, dibujan un panorama desolador de la actuación policial en la provincia y la persistencia de la impunidad. A pesar de la visibilización y el clamor social, Soledad Laciar sostiene que “no hay ningún cambio profundo” en la formación o la política de seguridad. La disolución del Ministerio de Seguridad y su transformación en Secretaría, según ella, no ha implicado una reforma de raíz.

Voces Internacionales y la Lucha Contra la Impunidad

La trascendencia del caso Blas Correas ha captado la atención de organizaciones internacionales de derechos humanos. Amnistía Internacional Argentina, a través de su directora adjunta Paola García Rey, ha señalado que “el caso de Blas marcó un antes y un después en la visibilización de la violencia policial en Córdoba. La sociedad no admitirá que se trate de otro caso más de impunidad”.

Para Amnistía, este juicio es un “paso fundamental para combatir la institucionalización del abuso de la fuerza y la violencia policial”. La organización enfatiza la necesidad de que el Estado demuestre su capacidad de investigarse a sí mismo y de “romper la trama de poder que subyace a estos casos”, buscando restaurar la confianza pública fracturada en la justicia y las fuerzas de seguridad.

Además, se espera que en junio se publique un informe de Naciones Unidas sobre la violencia institucional en Córdoba, lo que podría añadir una presión adicional sobre las autoridades para implementar reformas significativas. La mirada internacional sobre estos procesos judiciales es crucial para asegurar la transparencia y la rendición de cuentas.

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Más Allá de Córdoba: Casos de Violencia Policial Regional

Lamentablemente, la problemática de la violencia policial y el encubrimiento no se limita a Córdoba o a Argentina. Es un desafío regional que se manifiesta con distintas particularidades pero con una esencia común: el abuso de poder y la falta de justicia efectiva para las víctimas.

Un ejemplo paradigmático es la “Masacre de El Junquito” en Venezuela, ocurrida el 15 de enero de 2018. Óscar Pérez, un inspector y disidente del CICPC, junto a seis acompañantes, fue masacrado en un operativo donde, a pesar de negociar su rendición, fueron ejecutados. “Dijimos que nos íbamos a entregar y no quieren dejar que nos entreguemos, nos quieren asesinar”, fueron sus últimas palabras, transmitidas en vivo, que resonaron como un eco de la brutalidad estatal.

Este caso, recordado anualmente por defensores de derechos humanos, subraya cómo la violencia puede escalar incluso cuando hay intenciones de rendición, y cómo la narrativa oficial a menudo difiere de la realidad sobre el terreno. La brutalidad y la posterior justificación o encubrimiento de los hechos son elementos recurrentes en muchos de estos crímenes.

Incluso en contextos diferentes, como en Estados Unidos, se observan patrones similares. El caso de Juan Carlos Bojorquez, un joven de 15 años asesinado por la policía de Glendale, generó controversia. Si bien las autoridades policiales se limitaron a decir que “se encontraba dentro de un auto robado y estaba buscando un arma en el momento del incidente”, la falta de transparencia y la resistencia a dar más detalles hasta que la investigación esté “completa” es una constante que genera desconfianza en las familias y la comunidad.

Estos ejemplos, aunque distintos en sus detalles, convergen en la necesidad imperante de una rendición de cuentas por parte de las fuerzas de seguridad y de mecanismos efectivos que prevengan el abuso de la fuerza y garanticen los derechos humanos de todos los ciudadanos.

Preguntas Frecuentes (FAQs)

¿Quién es Soledad Laciar?

Soledad Laciar es la madre de Blas Correas, el joven de 17 años asesinado por la Policía de Córdoba en agosto de 2020. Desde el crimen de su hijo, se ha convertido en una figura central en la lucha por la justicia y contra la violencia institucional en Argentina, abogando por reformas profundas en las fuerzas policiales y por la condena de todos los involucrados, no solo los autores materiales.

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¿Qué es el "gatillo fácil"?

El “gatillo fácil” es un término utilizado para describir la práctica de la policía o fuerzas de seguridad de disparar y matar a personas de manera injustificada o excesiva, a menudo bajo circunstancias ambiguas o sin una amenaza real inminente. Implica un uso desproporcionado o ilegal de la fuerza letal, que en muchos casos termina en ejecuciones extrajudiciales.

¿Por qué es importante el caso Blas Correas?

El caso Blas Correas es de suma importancia porque no solo expuso la brutalidad policial en Córdoba, sino también una compleja trama de encubrimiento y la admisión de “violencia institucional” por parte de un exministro de seguridad. Se ha convertido en un símbolo de la lucha contra la impunidad y un catalizador para exigir cambios estructurales en la policía argentina, con atención de organismos internacionales como Amnistía Internacional y la ONU.

¿Qué se espera del juicio por Blas Correas?

El juicio por el asesinato de Blas Correas, iniciado en septiembre de 2022, se encuentra en sus etapas finales con la presentación de los alegatos. Se espera que la sentencia se dicte a mediados de marzo. La familia y los querellantes aspiran no solo a la condena de los policías que dispararon y los que encubrieron, sino también a un fallo que condene explícitamente la violencia institucional y que impulse la investigación de más responsables, incluidos funcionarios políticos.

¿Hay otros casos similares en Argentina?

Sí, lamentablemente el caso de Blas Correas no es el único. La Asamblea Permanente por los Derechos Humanos de Córdoba (APDH Córdoba) ha documentado al menos otros nueve casos fatales de violencia policial y del Servicio Penitenciario en la provincia desde finales de 2019 hasta 2022. Estos casos, como el de Joaquín Paredes, José Antonio Ávila o Johnatan Romo, presentan patrones similares de uso excesivo de la fuerza, encubrimiento y falta de justicia efectiva.

Conclusión

La dolorosa historia de Blas Correas y la inquebrantable lucha de su madre, Soledad Laciar, ponen en el centro del debate una de las más oscuras realidades de nuestra sociedad: el abuso de poder por parte de quienes deberían proteger a los ciudadanos. El “gatillo fácil” y la violencia institucional son heridas profundas que socavan la confianza en el Estado de derecho y en las instituciones democráticas.

El juicio por el asesinato de Blas, con su exposición de encubrimientos y la admisión de la violencia sistémica, representa una oportunidad crucial. No solo para que Blas y su familia obtengan la justicia que merecen, sino para que este caso marque un verdadero antes y un después. Es imperativo que la sociedad exija y el Estado garantice reformas policiales profundas, una rendición de cuentas efectiva y el fin de la impunidad. Solo así, la memoria de Blas y de tantas otras víctimas no será en vano, y las futuras generaciones podrán vivir en un país donde la seguridad no sea sinónimo de miedo, sino de garantía de derechos humanos.

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