La Placa Policial '1': ¿Un Nuevo 'Hombre Fuerte' en Panamá?

10/12/2024

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En la historia de Panamá, la imagen del “hombre fuerte” ha sido una constante, un pilar informal pero innegable del poder que, hasta 1989, residía en la figura del comandante en jefe de la institución armada. Este individuo, ya fuera al frente de la Policía Nacional, la Guardia Nacional o las Fuerzas de Defensa, ostentaba una influencia que a menudo eclipsaba a los poderes formalmente constituidos del Estado. Era a él a quien los líderes políticos acudían en momentos de crisis, buscando una solución o, más crucial aún, su decisivo apoyo. La placa policial con el número “1” no era solo un distintivo, sino un símbolo tácito de esta concentración de poder. Sin embargo, tras profundas reformas, se creyó haber erradicado esta figura. Pero, ¿es realmente así? Este artículo profundiza en cómo esta dinámica ha evolucionado y cómo, en la práctica, la figura del “hombre fuerte” parece haber resurgido, encarnada en el director de la Policía Nacional, Carlos Bertrand Barés Weeden, y lo que esto significa para la seguridad y la gobernabilidad del país.

¿Quién es el portador de la placa policial
El portador de la placa policial número 1 es Carlos Bertrand Barés Weeden, quien es el actual jefe policial y tiene particular influencia en la Dirección Nacional de Migración, en la cual su esposa, Ilka de Barés, es jefa. Si por esta anomalía administrativa el director de la Policía Nacional tiene exceso de poder, el portador de la placa policial número 1 aumenta su dominio.

La intención de la clase política, manifestada en la Asamblea Legislativa, fue clara: desmantelar la figura del uniformado que centralizaba el verdadero poder. Con la reforma constitucional de 1994, se buscó desmembrar —al menos en teoría— la Fuerza Pública, para someterla estrictamente al poder civil ejercido por el Presidente de la República. De esta manera, para mantener el orden público, se crearon cuatro instituciones de seguridad distintas y con mandos separados: el Servicio Aéreo Nacional (SAN), el Servicio Marítimo Nacional (SMN), el Servicio de Protección Institucional (SPI) y la Policía Nacional (PN).

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El Resurgimiento del 'Hombre Fuerte' en la Figura Civil

A pesar de los esfuerzos constitucionales, la persona del “hombre fuerte” ha permanecido latente en el panorama panameño. Quien mejor comprende la acumulación de poder en una sola persona es aquel que la ejerció en el pasado. El general retirado Rubén Darío Paredes, quien fuera el “hombre fuerte” entre 1981 y 1983, ha sostenido que esta figura ha vuelto a emerger, aunque con una importante diferencia: ya no es un uniformado, sino un político. Esta nueva encarnación se materializa en el director de la Policía Nacional, cargo que, al momento de este análisis, era ocupado por Carlos Bertrand Barés Weeden. La ley panameña, de hecho, impide que un militar activo ocupe la dirección de esta institución, lo que marca una distinción clave en la naturaleza de este nuevo liderazgo.

Concentración de Poder en la Dirección de la Policía Nacional

La tesis de Paredes sobre la concentración de poder en el director de la Policía Nacional se sustenta en varias observaciones críticas que van más allá del simple organigrama. A pesar de que el artículo 305 de la Constitución panameña establece que los organismos de la Fuerza Pública deben tener “mando y escalafón separado”, la realidad operativa muestra una tendencia innegable de subordinación del SMN, SAN y SPI hacia la Policía Nacional y su jefe.

Uno de los factores más evidentes de esta desproporción es el tamaño de las fuerzas. La Policía Nacional cuenta con un contingente de aproximadamente 15 mil efectivos, lo que representa más del 90% de las unidades de la Fuerza Pública. En contraste, el Servicio Aéreo Nacional solo dispone de 453 miembros, el Servicio Marítimo Nacional supera los 500, y el Servicio de Protección Institucional suma alrededor de 750. Esta disparidad numérica otorga al director de la PN un peso y una capacidad de despliegue incomparables.

Pero el principio físico de atracción de masas no es el único factor que posiciona al jefe policial en una situación privilegiada. Existen potestades y facultades únicas que se le han otorgado, como la capacidad para efectuar contrataciones. El Resuelto del Ministerio de Gobierno y Justicia 505-R-134 del 26 de octubre de 1996 es un claro ejemplo, al manifestar la necesidad de “dotar al director general de la Policía de facultades que le permitan llevar a efecto los procedimientos contemplados en la Ley, para la selección de contratistas por parte de esta entidad”. Esta autonomía en la gestión de recursos es un pilar fundamental de su influencia.

Además, los ingresos del director de la PN superan significativamente los de sus homólogos en las otras instituciones, con más de B/. 7,000 mensuales, mientras que el jefe del Servicio Marítimo devenga B/. 3,500 y el director del Servicio Aéreo B/. 5,000. Este diferencial salarial, aunque no directamente relacionado con el poder, sí refleja la jerarquía y la importancia asignada al cargo.

Un aspecto crucial que consolida la posición del director de la Policía Nacional es que esta es la única institución de la Fuerza Pública que posee una ley orgánica (Ley No. 18 de 3 de junio de 1997) y una presencia efectiva en todo el territorio nacional. Las otras entidades, a menudo, fungen como componentes de apoyo o servicio a la Policía Nacional, careciendo de la capacidad de contrapeso o incluso de una ley orgánica propia que regule plenamente su funcionamiento.

A esto se suma la adhesión del Servicio de Policía de Frontera a la Policía Nacional. Con unas dos mil unidades altamente entrenadas y equipadas, esta fuerza, aunque llamada “policía”, es descrita por Paredes como una organización tipo Guardia Nacional, especializada en el combate y enfrentamiento de irregulares armados en zonas como Darién. La integración de esta unidad bajo el mando del director de la PN, según el general retirado, es una “maniobra de engaño” para mantenerla unida al resto de la institución y bajo el control del director de la Policía Nacional, Carlos Barés Weeden.

Tabla Comparativa de las Instituciones de la Fuerza Pública (Panamá)

InstituciónNúmero Aproximado de MiembrosIngreso Mensual del Director (B/.)Ley OrgánicaPresencia Nacional
Policía Nacional (PN)15,000+> 7,000Sí (Ley No. 18 de 1997)
Servicio Aéreo Nacional (SAN)4535,000NoLimitada
Servicio Marítimo Nacional (SMN)500+3,500NoLimitada
Servicio de Protección Institucional (SPI)750+No especificadoNoLimitada
Servicio de Policía de Frontera2,000+ (adherido a PN)(Parte del presupuesto PN)No (funciona bajo PN)Fronteriza

La Placa Policial '1' y la Red de Influencia de Barés Weeden

La placa policial “1”, simbólica de la máxima autoridad policial, aumenta su dominio en la figura de Carlos Bertrand Barés Weeden, no solo por las facultades inherentes a su cargo, sino por una particular red de influencias. Su esposa, Ilka de Barés, ocupa el cargo de jefa en la Dirección Nacional de Migración. Además, el subdirector de Migración, Javier Tapia, estuvo bajo las órdenes de Barés Weeden hasta 2001, fungiendo como asesor en la Dirección de la Policía. Esta cercanía familiar y profesional en entidades clave de seguridad incrementa el alcance de su poder.

¿Quién es el portador de la placa policial
El portador de la placa policial número 1 es Carlos Bertrand Barés Weeden, quien es el actual jefe policial y tiene particular influencia en la Dirección Nacional de Migración, en la cual su esposa, Ilka de Barés, es jefa. Si por esta anomalía administrativa el director de la Policía Nacional tiene exceso de poder, el portador de la placa policial número 1 aumenta su dominio.

Los “valores agregados” de poder en Barés Weeden se expanden aún más al considerar que su primo hermano, Foster Weeden Gamboa, es el director de Aduanas en la frontera con Costa Rica (Área Occidente). Esta interconexión de figuras clave en instituciones vitales para el control de fronteras y el flujo de personas y mercancías genera una concentración de influencia que preocupa a analistas. Rubén Darío Paredes advierte que cuando un funcionario acumula tanta fuerza sobre las instituciones de seguridad del Estado, en un contexto de inestabilidad política, es casi inevitable que los actores políticos acudan a él en busca de apoyo determinante o soluciones a problemas, tal como ocurría antes de 1989.

Paredes enfatiza la necesidad de prever los peligros inherentes a entregar “semejante poder en bandeja a una persona”, ya que este desbalance podría generar problemas muy serios y revivir plenamente la figura del “hombre fuerte”. Subraya que el jefe de la Policía, al ser un político partidista, está “totalmente entregado a la voluntad política de un sector político y de quien lo designó allí”, careciendo de un compromiso constitucional directo con su cargo, y en cambio, teniendo un compromiso político. Esta situación, según Paredes, facilita la concentración de poder y dificulta la existencia de contrapesos que protejan los intereses del país y el orden constitucional. La sabia advertencia de Lord Acton, “el poder corrompe y el poder absoluto corrompe absolutamente”, resuena con fuerza en este contexto.

Preocupaciones de Ex Directores y Expertos

La preocupación por la autonomía y el poder de la Policía Nacional no es nueva. Ebrahim Asvat, quien dirigió la Policía Nacional de septiembre de 1990 a abril de 1991, señaló que la supervisión del Ministerio de Gobierno y Justicia sobre la Policía Nacional se perdió durante la gestión de Juan Chevalier como ministro. Posteriormente, bajo Raúl Montenegro y el ex presidente Ernesto Pérez Balladares, la Policía adquirió una independencia casi total. Aunque el director seguía siendo un civil, la institución dejó de depender del Ministerio y pasó a estar bajo la autoridad directa del Presidente de la República. Asvat destaca que esta ruptura del nexo permitió que directores como José Luis Sosa, amigo personal de Pérez Balladares, respondieran directamente al presidente y no al ministro.

Asvat manifestó su inquietud por el hecho de que entidades de seguridad tan sensibles como Aduanas, Migración y la Policía Nacional estuvieran en manos de familiares, calificándolo de “un error”. Para él, Carlos Barés Weeden por sí solo no tiene un poder desmedido, pero sí lo adquiere en la medida en que incide en el nombramiento de los jefes del Consejo de Seguridad, Migración, Aduanas, SAN, SMN, o tiene la capacidad de nombrar a funcionarios en otras entidades de forma indirecta. Esta influencia extendida es, a su juicio, poco saludable para el país.

Perfil de Carlos Bertrand Barés Weeden

Carlos Bertrand Barés Weeden nació en Chitré, provincia de Herrera, el 30 de mayo de 1946. Su trayectoria, según una escueta semblanza institucional, incluye estudios primarios en la escuela Tomás Herrera y secundarios en los colegios San Agustín y Artes Mecánicas. La información oficial resalta su “amplia experiencia” en asuntos de seguridad, atribuida a su “contacto permanente con organismos que para tal fin existen en Taiwán y en los Estados Unidos de América, donde ha recibido capacitación en protección, seguridad y administración de recursos policiales”. Fue distinguido con la medalla Halcón por el SAN y con la Orden Manuel Amador Guerrero en 1994, otorgada por el Tribunal Electoral.

Antes de su ascenso a la dirección de la Policía Nacional, Barés Weeden desempeñó roles cercanos al poder político. Se conoció que fue conductor del tres veces presidente Arnulfo Arias Madrid desde 1987 hasta la muerte del caudillo, con su salario cubierto por legisladores panameñistas. Posteriormente, fue conductor de Guillermo Endara durante la campaña de 1989, aunque su semblanza institucional lo describe como encargado de seguridad. Tras la invasión estadounidense y el establecimiento del régimen democrático, fue nombrado el primer director del Servicio de Protección Institucional (SPI) y, por un tiempo, dirigió el SPI en paralelo a su designación como viceministro de la Presidencia por Endara.

Controversias en su Trayectoria

La experiencia de Carlos Barés Weeden como funcionario público se remonta a 1978, cuando trabajó como cajero de los Casinos Nacionales. En diciembre de ese año, los diarios locales reportaron la pérdida de 18,500 dólares de una caja del casino bajo su responsabilidad. En 1992, la revista Momento reveló que una auditoría de la firma Young & Young descubrió el faltante, lo que motivó una denuncia del entonces subjefe de Inspectores de la Contraloría General de la República, Humberto Soto Núñez. Paradójicamente, José Luis Sosa, su antecesor inmediato en la Dirección de la Policía Nacional, era el gerente general de los Casinos Nacionales en 1978 y fue quien ordenó la auditoría que destapó la irregularidad. Barés fue retenido por aproximadamente 12 horas, tras lo cual repuso el dinero con dos cheques del Banco de Colombia.

En 1979, Barés Weeden fue contratado como vendedor de autos en Toyopan Tesa, propiedad del influyente empresario Mario Guardia. Además de su salario, recibía una comisión del 3% de las ventas. Allí se dedicó a la venta de busitos Hi Ace, que luego eran transformados en ambulancias. La demanda de estos vehículos creció tanto que Barés estableció su propia empresa dedicada a su transformación. Paralelamente, era uno de los empleados con los contactos necesarios para vender autos exonerados a los gobiernos de Cuba y Nicaragua. En una de estas ventas a Nicaragua, se reportó un faltante de miles de dólares, presuntamente por la alteración de una factura que se presentó como cancelada cuando no lo estaba. Barés trabajó en esta empresa hasta 1986, con ingresos de unos mil balboas mensuales. En ese período, el actual fiscal auxiliar, Carlos Augusto Herrera, quien era abogado de Guardia, intercedió por Barés para evitar que fuera despojado de su vivienda como pago por el dinero faltante, según una fuente cercana a la empresa. Herrera declinó comentar sobre el tema, alegando el carácter reservado de las comunicaciones abogado-cliente, aunque reconoció su amistad con Guardia y Barés.

Tras estas experiencias, Carlos Barés ingresó a la Cruzada Civilista. Al momento de la investigación, se conoció que, después de vivir en Hato Pintado, había decidido mudarse a un lujoso residencial en Costa del Este, un área exclusiva. Su nueva vivienda, ubicada en un terreno de unos 650 metros cuadrados, es una de las más grandes del sector, con un costo estimado entre 305 mil y 400 mil balboas, incrementado por las modificaciones solicitadas.

A pesar de los múltiples intentos por parte del diario Panamá América de entrevistarlo sobre el calificativo de “hombre fuerte”, sus logros, las supuestas irregularidades en los Casinos y Toyopan Tesa, el motivo de su cambio de residencia y sus ocupaciones en el sector privado, Barés Weeden se negó a conceder la entrevista y a responder un cuestionario enviado por fax y correo electrónico, argumentando que algunas preguntas eran de carácter personal.

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Cómo Llevar tu Placa Policial de Forma Cómoda y Segura

Más allá de las implicaciones políticas y de poder de la placa policial “1”, la placa como identificación es un elemento esencial para cualquier agente de seguridad. Es fundamental que los agentes de los diversos cuerpos de seguridad del Estado puedan llevar su placa policial de forma cómoda y, sobre todo, segura. Para ello, existen en el mercado carteras y portaplacas policiales diseñados específicamente para esta función. Estos accesorios permiten no solo resguardar la placa de daños o pérdidas, sino también mostrarla claramente cuando sea necesario, facilitando la identificación del agente en el cumplimiento de su deber. La variedad de modelos disponibles se adapta a las necesidades de cada tipo de placa e identificación, asegurando practicidad y profesionalismo en todo momento.

Preguntas Frecuentes (FAQs)

  • ¿Qué simboliza la placa policial “1” en Panamá?

    La placa policial “1” simboliza la máxima autoridad dentro de la Policía Nacional de Panamá, representando al director de la institución. En el contexto histórico y político panameño, se ha asociado con la figura del “hombre fuerte” por la concentración de poder que el cargo puede implicar.

  • ¿Quién era el “hombre fuerte” en Panamá antes de 1989?

    Antes de 1989, el “hombre fuerte” en Panamá era el comandante en jefe de la institución armada (Guardia Nacional, Fuerzas de Defensa, Policía Nacional), quien concentraba un poder significativo que a menudo superaba a los poderes formales del Estado.

  • ¿Cómo intentó la reforma constitucional de 1994 limitar el poder militar?

    La reforma constitucional de 1994 buscó desmembrar la Fuerza Pública para someterla al poder civil. Se crearon cuatro instituciones de seguridad (SAN, SMN, SPI, PN) con mandos y escalafones separados, con la intención de evitar la concentración de poder en una sola figura militar.

  • ¿Por qué Carlos Bertrand Barés Weeden es considerado el “nuevo hombre fuerte”?

    Carlos Bertrand Barés Weeden es considerado el “nuevo hombre fuerte” porque, como director de la Policía Nacional, controla la mayor parte de las unidades de la Fuerza Pública, tiene facultades únicas de contratación y, además, su influencia se extiende a otras instituciones de seguridad clave a través de familiares y allegados en posiciones de poder (como Migración y Aduanas), generando una vasta red de control.

  • ¿Qué instituciones de seguridad componen la Fuerza Pública panameña?

    La Fuerza Pública panameña está compuesta por el Servicio Aéreo Nacional (SAN), el Servicio Marítimo Nacional (SMN), el Servicio de Protección Institucional (SPI) y la Policía Nacional (PN), a la cual también se adhiere el Servicio de Policía de Frontera.

  • ¿Tiene el Director de la Policía Nacional más poder que otros directores de la Fuerza Pública?

    Sí, según los análisis presentados, el Director de la Policía Nacional ostenta un poder significativamente mayor debido a la cantidad de efectivos bajo su mando, sus facultades únicas de contratación, su ley orgánica propia y su presencia nacional, además de la tendencia de subordinación de las otras instituciones.

  • ¿Qué controversias se le atribuyen a Carlos Bertrand Barés Weeden en su pasado?

    En su pasado, se le atribuyen controversias como un faltante de 18,500 dólares en los Casinos Nacionales en 1978 (que luego repuso) y un faltante de miles de dólares en una venta de autos a Nicaragua mientras trabajaba en Toyopan Tesa, presuntamente por una factura alterada.

  • ¿Cómo se puede llevar una placa policial de forma segura?

    Una placa policial se puede llevar de forma segura utilizando carteras y portaplacas diseñados específicamente para agentes de seguridad. Estos accesorios permiten resguardar la placa y la identificación, facilitando su exhibición clara cuando sea necesario, adaptándose a diversos tipos de placas y documentos.

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