23/06/2025
En un esfuerzo por controlar la afluencia de personas en las calles durante la pandemia, la implementación de medidas como el “Pico y Género” en Bogotá reveló una profunda y preocupante realidad sobre la percepción de la identidad en Colombia. Lo que inicialmente se concibió como una estrategia de salud pública, terminó por convertirse en un espejo de los arraigados estereotipos de género y la visión binaria que prevalece en gran parte de la sociedad, incluyendo a quienes ostentan el poder. Esta medida no solo expuso la complejidad de la identidad de género, sino que también otorgó a las autoridades una capacidad insólita y peligrosa: la de determinar quién es hombre y quién es mujer, con consecuencias devastadoras para la dignidad y los derechos humanos de muchos.

- La Medida del 'Pico y Género': Un Contexto Inesperado
- Género: Más Allá de lo Binario y los Estereotipos
- La Policía como 'Supervisores del Género': Un Poder Cuestionable
- Atropellos y Discriminación en la Práctica
- La Paradoja de la Alcaldesa Claudia López
- Preguntas Frecuentes sobre Género y Autoridad Policial
- ¿Qué fue el 'Pico y Género' y cuál era su objetivo principal?
- ¿Cómo afectó el 'Pico y Género' a las personas trans y no binarias?
- ¿Por qué es problemático que la policía determine el género de una persona?
- ¿Qué son los estereotipos de género y cómo influyen en la sociedad?
- ¿Qué lecciones importantes se pueden aprender de la experiencia del 'Pico y Género'?
- Conclusión
La Medida del 'Pico y Género': Un Contexto Inesperado
El “Pico y Género” fue una medida adoptada en varias ciudades durante la crisis sanitaria del COVID-19, diseñada para regular el acceso a establecimientos comerciales y la circulación de personas en espacios públicos. La premisa era simple: se establecían días específicos para que salieran hombres y otros para mujeres, con el objetivo de reducir la aglomeración. Sin embargo, lo que parecía una solución pragmática, rápidamente se transformó en un campo de batalla para la identidad. Aunque la medida intentaba incluir a personas trans y no binarias, permitiéndoles salir el día con el cual se identificaban, la realidad en las calles fue diametralmente opuesta a la intención.
La implementación de esta norma puso de manifiesto la rigidez con la que se conciben el género en muchos estratos de la sociedad. La idea subyacente era que la expresión de un género debía corresponderse con parámetros fijos y preestablecidos: los hombres son inherentemente fuertes, suelen usar pantalón y llevar el pelo corto; las mujeres son delicadas, usan aretes, llevan el pelo largo, se maquillan y, de manera estereotipada, son las encargadas de las compras del hogar. Esta visión, tan arraigada, es la que sirvió de base para una medida que, sin quererlo, se convirtió en una herramienta de vigilancia y juicio sobre la identidad individual.
Género: Más Allá de lo Binario y los Estereotipos
El concepto de género es mucho más amplio y fluido de lo que la medida del “Pico y Género” permitía reconocer. El género no es simplemente una cuestión biológica binaria (hombre o mujer), sino una construcción social y cultural que abarca la identidad de género (cómo una persona se siente y se identifica internamente), la expresión de género (cómo una persona presenta su género al mundo a través de la vestimenta, el comportamiento, etc.), y el rol de género (las expectativas sociales y culturales asociadas a ser hombre o mujer). Ignorar esta complejidad es reducir la experiencia humana a categorías estrechas y, a menudo, opresivas.
Los estereotipos de género, como los mencionados en el contexto del “Pico y Género”, son simplificaciones exageradas y a menudo negativas de las características de hombres y mujeres. Estos estereotipos no solo son limitantes para las personas que no encajan en ellos, sino que también perpetúan desigualdades y discriminación. Cuando una autoridad estatal valida implícitamente estos estereotipos al usarlos como criterio para determinar la identidad de una persona, el daño es inmenso. Se refuerza la idea de que hay una forma “correcta” de ser hombre o mujer, y que cualquier desviación de esa norma es sospechosa o incorrecta.
La imposición de una visión binaria y estereotipada del género no solo afecta a las personas trans y no binarias, sino a cualquier individuo cuya expresión no se ajuste a las convenciones sociales. Un hombre con cabello largo o una mujer con ropa considerada “masculina” podrían haber enfrentado cuestionamientos, poniendo en evidencia lo arbitrario y superficial de los criterios de “verificación” de género que se utilizaron en la práctica.
La Policía como 'Supervisores del Género': Un Poder Cuestionable
Una de las conclusiones más alarmantes del informe de Sentiido, “Cuando no sólo es un chiste malo. Humor y vigilancia del género en el ‘pico y género’ en Bogotá”, es cómo la medida transformó a policías, vigilantes de establecimientos públicos e incluso a la propia ciudadanía en “supervisores del género”. Al otorgar a estos actores la capacidad de “decidir” quién era hombre y quién mujer basándose en su apariencia, se les concedió un poder arbitrario y sin precedentes sobre la identidad de las personas.
Este rol de “supervisor” no se limitó a una simple verificación. En la práctica, se tradujo en interrogatorios humillantes, miradas inquisitivas y, en muchos casos, en la negación del derecho a circular o acceder a servicios. La autoridad, que debería ser garante de los derechos y la seguridad ciudadana, se convirtió en un instrumento de juicio y coerción en un ámbito tan personal como la identidad de género. La policía, cuya formación no incluye la comprensión de la diversidad de género, se vio en una posición en la que sus prejuicios personales podían influir directamente en la libertad de movimiento de un ciudadano.
Atropellos y Discriminación en la Práctica
Las consecuencias de esta “supervisión” fueron devastadoras, especialmente para las personas trans y no binarias. A pesar de que la medida teóricamente les permitía salir el día correspondiente a su identidad sentida, la realidad en las calles fue de constante hostigamiento y discriminación. Personas trans fueron obligadas a mostrar su cédula para “probar” su género, a pesar de que su documento de identidad no siempre reflejaba su identidad de género. Otras fueron sometidas a preguntas invasivas sobre su cuerpo o su vida personal.
La situación se tornó más grave aún cuando estos “supervisores” validaron actos violentos y discriminatorios. Insultos, burlas, negación de servicios y, en el peor de los casos, agresiones físicas o verbales, se volvieron parte de la experiencia cotidiana para muchos. La medida, al crear un ambiente donde la identidad era constantemente cuestionada y juzgada, legitimó un clima de intolerancia y prejuicio. Se normalizó la idea de que la apariencia de una persona podía ser motivo de escrutinio público y de exclusión, socavando los principios de igualdad y no diversidad que cualquier sociedad democrática debería defender.
La Paradoja de la Alcaldesa Claudia López
Resulta irónico que una medida con tales implicaciones en la vigilancia de género haya sido adoptada por la alcaldesa Claudia López, la primera mujer y abiertamente lesbiana elegida para ese cargo en Bogotá. Esta paradoja no pasó desapercibida y, de hecho, la propia alcaldesa se convirtió en blanco de burlas y memes que cuestionaban su propia expresión de género, la cual no se ajusta a los estereotipos tradicionales de la feminidad. Según algunos de estos memes, López podría salir cualquier día de la semana porque, a pesar de identificarse como mujer, su apariencia podría “pasar” por hombre.
Este episodio no solo resalta la persistencia de los estereotipos de género en la sociedad, sino también la facilidad con la que incluso figuras públicas que rompen moldes pueden ser juzgadas y ridiculizadas cuando no se ajustan a las expectativas rígidas. Demuestra que la lucha contra los estereotipos y la discriminación de género es un desafío transversal que no exime a nadie, y que incluso quienes están en posiciones de poder pueden verse atrapados en la misma dinámica que sus propias decisiones pueden haber exacerbado.
Preguntas Frecuentes sobre Género y Autoridad Policial
¿Qué fue el 'Pico y Género' y cuál era su objetivo principal?
El 'Pico y Género' fue una medida implementada en ciudades como Bogotá durante la pandemia de COVID-19 para controlar la afluencia de personas en la calle, alternando los días de salida para hombres y mujeres. Su objetivo principal era reducir el riesgo de contagio al limitar el número de personas en espacios públicos y establecimientos comerciales.
¿Cómo afectó el 'Pico y Género' a las personas trans y no binarias?
Aunque la medida teóricamente les permitía salir el día con el cual se identificaban, en la práctica, las personas trans y no binarias enfrentaron un escrutinio constante, humillaciones y discriminación por parte de policías, vigilantes y ciudadanos. Sus identidades fueron cuestionadas basándose en apariencias, lo que llevó a situaciones de acoso y negación de derechos.
¿Por qué es problemático que la policía determine el género de una persona?
Es problemático porque la identidad de género es una cuestión personal e interna que no debe ser determinada ni juzgada por ninguna autoridad externa. Al otorgar este poder a la policía, se abrió la puerta a la arbitrariedad, los prejuicios y la validación de estereotipos dañinos, lo que condujo a la discriminación y violación de derechos humanos.
¿Qué son los estereotipos de género y cómo influyen en la sociedad?
Los estereotipos de género son ideas preconcebidas y simplificadas sobre cómo deben ser y comportarse hombres y mujeres. Influyen en la sociedad al limitar las expectativas sobre las personas, perpetuar roles de género tradicionales, y justificar la discriminación y la intolerancia hacia aquellos que no se ajustan a estas normas rígidas.
¿Qué lecciones importantes se pueden aprender de la experiencia del 'Pico y Género'?
Las lecciones incluyen la necesidad de comprender la diversidad de la identidad de género, la importancia de capacitar a las fuerzas del orden en temas de género y derechos humanos, y el peligro de implementar políticas que, sin intención, pueden socavar la dignidad y libertad de las personas al reforzar estereotipos y prejuicios sociales. Es crucial que las políticas públicas sean inclusivas y respetuosas con la complejidad de la identidad humana.
Conclusión
La experiencia del “Pico y Género” en Bogotá ofrece una lección clara y contundente sobre los peligros de una visión limitada y binaria del género en la formulación de políticas públicas. Al otorgar a la policía y a otros actores la capacidad de “determinar” la identidad de género de las personas basándose en estereotipos y apariencias, la medida no solo falló en su intento de ser inclusiva, sino que validó actos de discriminación y violencia. Esta situación puso en evidencia la necesidad urgente de educar a la sociedad y a las autoridades sobre la diversidad de género, promoviendo un entendimiento que respete la autonomía y la dignidad de cada individuo. La identidad no es algo que se pueda dictar desde arriba; es un derecho fundamental que debe ser reconocido y protegido por el Estado y la sociedad en su conjunto.
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