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El OVNI de Mendoza: ¿Contacto o Patraña Terrestre?

17/04/2024

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La madrugada del sábado 31 de agosto de 1968, la apacible ciudad de Mendoza, Argentina, se vio sacudida por un evento que rápidamente trascendería las fronteras de lo creíble. Juan Carlos Peccinetti, de 26 años, y Fernando José Villegas, de 29, ambos pagadores de un casino local, afirmaron haber vivido una experiencia que desafiaba toda lógica: un encuentro cercano con cinco figuras antropomorfas, un objeto volador no identificado y mensajes que resonaban en sus mentes. La noticia corrió como pólvora, desatando una conmoción pública sin precedentes y movilizando a miles de personas hacia el lugar del presunto avistamiento y la comisaría donde se inició la investigación. Sin embargo, lo que comenzó como un aparente contacto con seres de otro mundo, pronto se convertiría en un intrincado caso policial que pondría a prueba la percepción de la realidad y la capacidad de la justicia para desentrañar la verdad detrás de una elaborada broma.

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El Extraño Encuentro de Mendoza: Un Relato de Otro Mundo

De acuerdo con los testimonios de Peccinetti y Villegas, ratificados ante la Policía Provincial, la Fuerza Aérea Argentina y la Marina de Guerra, los hechos se desencadenaron alrededor de las 3:42 horas. Tras salir del casino y dirigirse a casa de Villegas para recoger un abrigo, el Chevrolet 1934 en el que viajaban se detuvo bruscamente, quedando sin luces, frente a unos terrenos baldíos en una zona oscura del noroeste de la ciudad. Mientras intentaban revisar el vehículo, tres individuos se les acercaron. Los describieron como pequeños, de 1,40-1,50 metros de estatura, calvos, con cabezas grandes y piel blanca, vestidos con enterizos de color gris o celeste. Otros dos seres permanecían junto a una nave lenticular de unos 5 metros de diámetro, suspendida a 1,70 metros del suelo, de la cual emanaba un potente haz de luz blanca.

Los supuestos seres comenzaron a transmitirles mensajes telepáticos, una voz que resonaba en sus cráneos, repitiendo: “no temer, no temer”. Afirmaron venir “de dar tres vueltas alrededor del Sol, estudiando costumbres y lenguajes de los habitantes del sistema”, y sentenciaron: “La matemática es el idioma universal”. Al mismo tiempo, uno de ellos trazó extraños signos en el estribo y la puerta izquierda del automóvil con un aparato que emitía un deslumbrante efecto similar a una soldadura eléctrica. Luego, les mostraron una pantalla circular donde vieron imágenes de una gran cascada, una explosión atómica, y nuevamente la cascada, pero esta vez “sin agua, sin vida”. Para finalizar el encuentro, los seres les tomaron las manos y les hicieron tres punciones en los dedos índice y mayor de la mano izquierda, un proceso que Villegas describió como doloroso, similar a una extracción de sangre. Finalmente, los ocupantes del OVNI ascendieron por el haz de luz hacia la nave, que se perdió rápidamente en el espacio tras una explosión. Los aterrorizados testigos corrieron a la guardia del Liceo Militar General Espejo para denunciar lo sucedido.

La Intervención Policial y las Primeras Pesquisas

La reacción policial fue inmediata. Tras trasladar a Peccinetti y Villegas al Hospital Luis Lagomaggiore, donde se constató un “agudo cuadro de excitación psicomotriz y tres pequeñas punciones” en sus dedos, se inició un sumario exhaustivo. El comisario Miguel Montoza ordenó un dosaje de alcohol que resultó negativo, confirmando la lucidez de los denunciantes. La escena del supuesto aterrizaje fue inspeccionada minuciosamente por técnicos de la Comisión Nacional de Energía Atómica (CNEA) con contadores Geiger, quienes no hallaron niveles de radiactividad superiores a lo normal. El reloj calendario de Peccinetti, detenido exactamente a las 3:42, fue retenido, y se determinó que su detención fue causada por una gota de parafina.

El gabinete de policía científica encontró en el estribo del automóvil una sustancia líquida y blanca que resultó ser mercurio, coincidiendo con el contenido de un termómetro roto hallado en la casa de Peccinetti. Además, se comprobó que el parabrisas del auto no fue quemado por fuera, sino por dentro, con vestigios de azufre, lo que sugería una explosión interna. El sumariante Roberto Palomo Albornoz declaró haber percibido un fuerte olor a azufre en el lugar. Todos estos hallazgos comenzaron a tejer una red de evidencia que apuntaba no a un evento paranormal, sino a una intervención humana.

Resultados de la Investigación y la Hipótesis de la Broma

Las pericias policiales resultaron contundentes en negar la experiencia extraterrestre. Los investigadores encontraron que el mercurio era la cantidad exacta de un termómetro arrojado desde 1,20 metros de altura. En el lugar del hecho, se hallaron dos pequeñas huellas de automóvil, sugiriendo que un vehículo había sido introducido en el baldío usando una madera como puente. El supuesto “televisor” circular no habría sido más que una sábana sostenida por dos personas, sobre la cual se proyectaban imágenes. La “luz enceguecedora” se atribuyó a la luz del propio auto, dirigida a los ojos de las “víctimas”.

Un detalle crucial fue que Peccinetti y Villegas no estaban solos al salir del casino; otros tres empleados los acompañaban y fueron bajando en sus domicilios, un dato omitido inicialmente por los testigos. Las extrañas marcas en el auto fueron analizadas por peritos calígrafos, quienes determinaron que no fueron hechas por seres extraterrestres, sino por “ciertos bromistas” utilizando un pirograbador. Además, la luz del vehículo no se apagó en la zona del episodio, sino una cuadra antes, y la hora de la explosión registrada en la guardia del Liceo Militar (se presumió una escopeta cargada con pólvora) no coincidía con la aparición contada por las víctimas, habiendo pasado más de una hora al momento de su llegada.

Desde el principio, la policía se inclinó por la hipótesis de un evento creado por la mentalidad humana, no por extraterrestres. Se preguntaron por qué habrían aterrizado en un baldío tan pequeño si había otros más grandes, concluyendo que el lugar fue elegido por tener un muro que resguardaba a los "bromistas" de la vista de los transeúntes.

El Comunicado Oficial y Sus Implicaciones

La magnitud del suceso llevó al Jefe de Policía de Mendoza, Roberto G. Hartkopf, a emitir un comunicado de prensa el 5 de septiembre de 1968. En él, la Jefatura de Policía de Mendoza, a través de sus organismos especializados, declaró haber investigado minuciosamente las denuncias de OVNIs y seres extraños, concluyendo “en todos los casos, sin excepción, que no se ha comprobado absolutamente ninguna de las aseveraciones sobre supuestos acontecimientos extraordinarios”. Los informes de la Policía Científica, Sanidad Policial, expertos minerólogos y científicos de la CNEA indicaron que se trataba de “fenómenos alucinatorios” o “individuos cuya personalidad presenta como rasgos característicos tendencias a la mitomanía, a veces en concurrencia con su nivel cultural y en otros a un deseo de publicidad con fines no confesables”.

Hartkopf explicó que el objetivo del comunicado era “evitar que en Mendoza pasara, por causa del pánico, lo que pasó en los Estados Unidos cuando Orson Welles simuló la Guerra de los Mundos”. Advirtió que el Código Penal sancionaba con prisión a quienes “infundieran indebidamente un temor público”, indicando que se les aplicaría el artículo 211 del Código Penal, relacionado con los Delitos contra la Tranquilidad Pública, además de considerar las “lesiones leves” por las punciones en los dedos y una posible “lesión psíquica” en Villegas. Curiosamente, a pesar de estas declaraciones, Peccinetti y Villegas nunca fueron sometidos a proceso ni sumariados, siendo solo citados como testigos, y no hubo acusación concreta por delito de intimidación pública. El comunicado, sin embargo, logró su propósito: el temor se instaló y la conversación sobre OVNIs cesó.

La Justicia en Acción: Un Sumario Inédito

La repercusión del caso fue tal que el titular del primer juzgado de instrucción, Jorge Marzari Céspedes, decidió intervenir, a pesar de no existir acusación formal. El magistrado, tras visitar la escena, se interesó en los detalles y, con la aprobación de la Suprema Corte de Justicia, instruyó un sumario con la insólita carátula: “Fiscal contra N. N. por lesiones leves”. Se solicitó una pericia psicológica, e incluso se sugirió la hipnosis para Villegas y Peccinetti. Sin embargo, Peccinetti se negó y trató de disuadir a Villegas, lo que el juez consideró un indicio clave.

Marzari Céspedes, al reconstruir los hechos, encontró “muchísimas contradicciones”. Notó la tranquilidad de Peccinetti en contraste con el miedo de Villegas, a quien describió como “asustado de un susto” y sin recuerdos precisos. El juez concluyó que “la broma fue a este muchacho Villegas y sin querer se amplificó y escapó al control de los organizadores. Se trata de un cuento. Entre los responsables está Peccinetti, naturalmente”.

Indicios Clave que Apuntan a la Patraña

Aunque el sumario se mantuvo en secreto, trascendieron detalles que fundamentaron la opinión del juez Marzari Céspedes:

  • Huellas de automóvil: Se observaron marcas de rodado en el baldío, indicando que un coche modelo nuevo había estado allí.
  • Discrepancia temporal: Una hora de diferencia entre la narración del suceso y su reconstrucción, que Peccinetti no pudo justificar. Este lapso podría haber sido utilizado para montar el escenario.
  • Punciones diferenciadas: Las punciones de Villegas fueron profundas y dolorosas, mientras que las de Peccinetti fueron superficiales, sugiriendo una diferencia en la intencionalidad o el método.
  • Manipulación previa del auto: Días antes del evento, se cambiaron los cables de las bujías del Chevrolet de Villegas, lo que lo hizo detonar al encenderlo, aprovechando su carácter asustadizo y sugestionable.
  • Actitud contrastante: La permanente calma de Peccinetti frente al temor de Villegas, especialmente durante la reconstrucción.
  • Presencia de terceros: La omisión sistemática de otros tres empleados del casino que viajaban con ellos la noche del incidente, y que Villegas sí recordó en la reconstrucción.
  • Inscripciones pirograbadas: Las marcas en la puerta del auto fueron hechas con una punta para pirograbados, con un trazo grueso que terminaba en uno fino, compatible con una acción humana.
  • Mercurio de termómetro: El mercurio encontrado en el estribo correspondía exactamente al de un termómetro común.
  • El pretexto del abrigo: Peccinetti insistió en ir a buscar un abrigo en casa de Villegas en una noche no excesivamente fría, lo que pudo ser un pretexto para dirigir el auto al lugar elegido.

Estos elementos, aunque no todos verificables públicamente debido al secreto sumarial, reforzaron la hipótesis de una patraña.

El Misterio de los “Fines Inconfesables” y Khronos

Un llamado telefónico anónimo a las emisoras de radio, que cubrieron ampliamente el suceso, sugirió que Juan Carlos Peccinetti pertenecía a una organización esotérica llamada Khronos, y que tenía “grandes debilidades por la ciencia ficción y los mensajes esotéricos”. Esta versión, aunque no confirmada, ganó insistencia y llevó a algunos a interpretar las palabras del juez Marzari Céspedes sobre una “broma con fines inconfesables” en este sentido.

Khronos era una sociedad fundada en 1963 y liderada por Mario L. Rodríguez Cobo, conocido como Silo. Este grupo, que actuaba en silencio, se caracterizaba por su búsqueda de sabiduría y su interés en una “radical transformación de las formas clásicas del pensamiento”. La coincidencia del descenso del OVNI con el mes aniversario de la detención policial de Silo en Jujuy, y el hecho de que su revista interna se llamara “OVNI”, alimentaron la teoría de que el episodio pudo haber sido una forma espectacular de proselitismo o agitación, combinando el lenguaje de la tecnología y los viajes espaciales con un “nuevo Evangelio Social”.

Las Inscripciones: ¿Mensaje Alienígena o Simple Trazado?

Las extrañas inscripciones en el automóvil generaron diversas interpretaciones. Algunos ufólogos y creyentes las vieron como un mensaje profético o un mapa astronómico de origen extraterrestre, con símbolos arameos o de antiguos alfabetos terrestres. Sin embargo, la policía y los peritos señalaron que el rayado tenía mucha similitud con el que haría una persona, siendo “dibujos geométricos primitivos, indignos de una civilización capaz de pergeñar artefactos que circulan por el espacio”. La ambigüedad de estos mensajes gráficos contrastaba con la supuesta claridad de los mensajes telepáticos, lo que generó sospechas. ¿Por qué seres superiores se tomarían el tiempo de rayar un auto de manera rudimentaria si podían comunicarse de forma más inteligible?

Un Contexto de Época Singular

El caso de Mendoza no ocurrió en un vacío. 1968 fue un año de convulsión global, con disturbios estudiantiles y obreros en Francia y un clima bélico creciente. En el ámbito local, Mendoza era centro de atención por la polémica actividad de una base norteamericana en El Plumerillo, vinculada a las pruebas atómicas francesas en el Pacífico Sur. Días antes del incidente, se había avistado un avión RB-57 de la USAF en Bariloche, que se creyó un OVNI. Las imágenes “proféticas” que los humanoides mostraron a Peccinetti y Villegas (cascada, hongo atómico, cascada sin agua) parecían resonar con el contexto de sequía en la región y las pruebas nucleares, sugiriendo una posible influencia de estos eventos en la narrativa de los testigos. La psicóloga Susana Moran de Giudice, de la Universidad Nacional de Cuyo, sugirió que estas apariciones podrían ser una “proyección de cosas nuestras no realizadas, fundamentalmente en nivel de comunicación y dificultad en la vinculación con el otro-como-nosotros”, una necesidad de “colocar afuera el no temer ante el temor real de destrucción”.

La Verdadera Identidad de un Testigo Clave

La credibilidad de los testigos es fundamental en cualquier investigación. Si bien Villegas mostró un cambio de personalidad post-encuentro, interesándose por la “lectura seria”, el caso de Peccinetti tomó un giro oscuro. Veintiún días después del incidente del OVNI, Peccinetti fue suspendido de su trabajo en el casino. Un año más tarde, en agosto de 1969, fue detenido en La Rioja, acusado de estafas reiteradas junto a una banda criminal. La prensa local no tardó en vincularlo con el caso del OVNI. Más tarde, en noviembre de 1970, Peccinetti volvió a ser noticia en Chile, donde la policía civil lo identificó como el autor de dos disparos que causaron la muerte de un contador en un crimen relacionado con el tráfico de dinero. Se le conceptuó como “muy peligroso” y se le vinculó con el asesinato de un policía y el asalto a un banco en Rosario, Argentina. La trayectoria criminal de Juan Carlos Peccinetti, lejos de ser un sujeto transformado por un encuentro místico, reforzó la hipótesis oficial de que el incidente de Mendoza fue una farsa ideada por él, quizás con propósitos proselitistas o simplemente como una elaborada broma.

Preguntas Frecuentes

¿Fue realmente una broma o un evento paranormal?
La investigación oficial de la policía y la justicia de Mendoza concluyó que se trató de una elaborada broma, o “patraña”, orquestada por Juan Carlos Peccinetti. Las pruebas materiales y las contradicciones en los testimonios llevaron a descartar la intervención extraterrestre, aunque algunos ufólogos y creyentes aún hoy mantienen la versión original.

¿Por qué Peccinetti y Villegas no fueron procesados legalmente?
A pesar de las fuertes sospechas y la intención inicial de aplicar el artículo 211 del Código Penal por “Delitos contra la Tranquilidad Pública” y “lesiones leves”, Peccinetti y Villegas nunca fueron sometidos a proceso ni sumariados. Solo fueron citados como testigos. La causa se mantuvo en secreto sumarial y se archivó al no hallar “culpables” en el sentido de un crimen perseguible más allá de la broma en sí.

¿Qué papel jugó la histeria colectiva en el caso?
El incidente ocurrió en un contexto de gran interés público por los OVNIs y fenómenos inexplicables, exacerbado por la prensa y la ficción. La rápida difusión de la noticia, la aglomeración de miles de personas en el lugar y la comisaría, y la posterior emisión del comunicado policial para “frenar la imaginación descontrolada” y evitar el pánico masivo, sugieren que la histeria colectiva jugó un papel significativo en la amplificación y percepción del evento.

¿Existen otras "bromas" famosas de este tipo en la historia?
Sí. El Jefe de Policía de Mendoza, Roberto G. Hartkopf, mencionó explícitamente el pánico causado por la emisión radiofónica de Orson Welles de “La Guerra de los Mundos” en Estados Unidos (1938) y un incidente similar en Ecuador, como precedentes que justificaban la intervención policial para evitar el caos público.

¿Cómo se manejan las "bromas" en el ámbito legal?
Depende de la naturaleza y las consecuencias de la broma. Si una broma causa temor público injustificado, lesiones físicas o psíquicas, o interfiere con el orden público, puede ser considerada un delito. En el caso de Mendoza, se consideró la aplicación del artículo 211 del Código Penal por atentar contra la tranquilidad pública y la posible acusación de lesiones leves.

¿Cómo bromear con los niños con llamadas de la policía?
Existen aplicaciones de llamadas de broma, como las aplicaciones de llamadas telefónicas falsas de la policía (Police Cop Call Prank apps), que pueden usarse con fines lúdicos para interactuar con niños. Es importante utilizarlas de manera responsable y con supervisión adulta, asegurándose de que los niños entiendan que es un juego y no una situación real para evitar cualquier temor o confusión.

¿Cómo se escribe “No voy de broma”?
En español, la expresión correcta para indicar que algo no se dice en tono de chiste es “no estoy de broma” o “no lo digo de broma”. La construcción “ir de broma” no es la más habitual en el español estándar, aunque puede encontrarse en algunas variantes regionales o coloquiales. La Real Academia Española (RAE) en su Diccionario Panhispánico de Dudas (DPD) y otros foros lingüísticos, como el del Centro Virtual Cervantes, indican que la forma pronominal del verbo “alegrar” es “alegrarse de algo”, llevando la preposición 'de'. Por lo tanto, en el contexto de una expresión idiomática, “estar de broma” es la forma preferida.

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