01/09/2026
Los eventos de enero de 2023 marcaron un capítulo significativo en la historia reciente de Perú, específicamente la intervención policial en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos (UNMSM). Lo que comenzó como un refugio y punto de encuentro para manifestantes que exigían cambios profundos en el panorama político nacional, culminó en un despliegue de fuerza sin precedentes, generando un amplio debate sobre la autonomía universitaria y los límites de la intervención estatal. Esta operación no solo desalojó a cientos de personas, sino que también dejó un saldo de detenidos y una serie de interrogantes sobre los procedimientos aplicados.

La "Marcha de los Cuatro Suyos" y otras movilizaciones populares a menudo han encontrado en la UNMSM un espacio de acogida. La universidad, con su vasta extensión y su significado simbólico como centro del saber y del pensamiento crítico, ha sido históricamente un punto neurálgico para la organización y el resguardo de movimientos sociales. Sin embargo, la madrugada en cuestión transformó este espacio en un escenario de tensión y confrontación.
- El Asalto a la Ciudad Universitaria: Un Amanecer de Tensión
- El Desalojo y las Detenciones Masivas: Un Balance Cuestionado
- La Vigilancia Aérea y el Bloqueo Informativo
- El Contexto Nacional: Un País en Ebullición
- Preguntas Frecuentes sobre la Intervención en San Marcos
- Reflexiones y Consecuencias a Largo Plazo
El Asalto a la Ciudad Universitaria: Un Amanecer de Tensión
El jueves 19 y viernes 20 de enero de 2023, la capital peruana, Lima, se había convertido en el epicentro de masivas movilizaciones. Manifestantes provenientes de diversas regiones del país habían llegado a la ciudad para sumarse a las demandas de renuncia de la presidenta Dina Boluarte, el cierre del Congreso y el adelanto de elecciones. Muchos de ellos, buscando un lugar donde pernoctar y organizarse, encontraron albergue temporal en las instalaciones de la UNMSM, históricamente un bastión de la autonomía universitaria y un espacio para el debate y la protesta social.
Con las primeras luces del día de la intervención, la aparente calma de la "Decana de América" se vio abruptamente interrumpida por el inminente arribo de un numeroso contingente policial. La estrategia de ingreso fue contundente: las puertas de la universidad, algunas aseguradas con cadenas por los propios manifestantes para impedir el acceso, no fueron un obstáculo. Imágenes que circularon ampliamente mostraron cómo una tanqueta de la Policía Nacional del Perú (PNP) fue utilizada para forzar el ingreso, abriéndose paso en un acto que muchos calificaron de desproporcionado y violatorio de la autonomía de la casa de estudios. Este tipo de vehículo, más asociado a operaciones militares o de control de disturbios a gran escala, rara vez se había visto en un campus universitario en Perú, lo que elevó inmediatamente el nivel de la controversia.
Una vez dentro, los agentes procedieron de inmediato a retirar las pancartas y banderas que adornaban las entradas y diversas áreas del campus, símbolos de la protesta que había tomado posesión del recinto. La orden era clara y perentoria: desalojar a todas las personas que se encontraban en el interior, sin distinción de su rol o procedencia.
El Desalojo y las Detenciones Masivas: Un Balance Cuestionado
La operación policial se desarrolló de manera sistemática y coordinada. Equipos de agentes, algunos equipados con indumentaria antimotines, se desplazaron por las diferentes áreas de la universidad, instando a los manifestantes a abandonar el recinto. Aunque la información inicial de la prensa fue limitada debido a que los reporteros fueron "invitados a retirarse para evitar que sean víctimas de agresión en caso se produzca un enfrentamiento", los detalles emergieron posteriormente a través de testimonios y reportes.
El saldo de esta intervención fue significativo y generó una ola de indignación. Cerca de 30 personas fueron detenidas por los agentes de la PNP. Estas detenciones se concentraron principalmente en la zona de la residencia universitaria, un área sensible por ser el hogar de muchos estudiantes y, en ese momento, de los manifestantes que buscaban refugio. Los detenidos fueron trasladados en vehículos policiales, en un proceso que generó críticas y denuncias sobre posibles irregularidades en el procedimiento, la falta de identificación clara de los detenidos y la garantía de sus derechos humanos, lo que llevó a la intervención de la Defensoría del Pueblo y organizaciones de derechos humanos.
La rapidez y la contundencia del desalojo, sumadas a las detenciones, dejaron un sabor amargo en la opinión pública, especialmente entre la comunidad universitaria y los sectores defensores de las libertades civiles. La narrativa oficial se centró en la recuperación del orden y la legalidad, mientras que la otra parte denunciaba un atropello a la autonomía y un uso excesivo de la fuerza contra ciudadanos que ejercían su derecho a la protesta.
La Vigilancia Aérea y el Bloqueo Informativo
Mientras la operación terrestre se llevaba a cabo, un helicóptero de la policía sobrevolaba constantemente la universidad. Su misión, según se informó, era registrar el desarrollo del desalojo, asegurando que se realizara "sin ningún inconveniente" desde el punto de vista de las autoridades. Esta vigilancia aérea proporcionaba una perspectiva macro de la situación, al tiempo que servía como un elemento disuasorio, recordando la omnipresencia del poder estatal.
La decisión de retirar a la prensa del lugar, bajo el argumento de su seguridad, levantó cejas y generó una fuerte crítica por parte de los gremios periodísticos y defensores de la libertad de prensa. Para muchos, esta medida limitó la capacidad de documentar de forma independiente los hechos, dejando la narrativa inicial en manos de las autoridades y las filtraciones. En un evento de tal magnitud y con implicaciones tan delicadas, la transparencia informativa se convierte en un pilar fundamental para la confianza pública y la rendición de cuentas. La ausencia de imágenes y reportajes en vivo de fuentes independientes desde el interior del campus durante los momentos más críticos de la intervención dejó un vacío informativo que alimentó especulaciones y denuncias.
El Contexto Nacional: Un País en Ebullición
La intervención en San Marcos no fue un hecho aislado, sino la culminación de días y semanas de intensas protestas a nivel nacional. Desde diciembre de 2022, tras la vacancia de Pedro Castillo y la asunción de Dina Boluarte, diversas regiones del Perú se levantaron en una ola de descontento social y político sin precedentes en las últimas décadas. Las demandas eran claras y resonaban con fuerza en las calles de Lima durante el "Jueves 19 y viernes 20 de enero": la renuncia de la presidenta Dina Boluarte, el cierre del Congreso de la República, el adelanto de elecciones generales y la convocatoria a una asamblea constituyente para una nueva Constitución.
La capital se había convertido en el principal escenario de estas movilizaciones, atrayendo a miles de ciudadanos de provincias que viajaban para sumarse a la llamada "Toma de Lima". La UNMSM, por su ubicación estratégica en el centro de la ciudad y su tradición de apertura a movimientos sociales, se había transformado en un campamento base improvisado. Ofreció techo, comida y un espacio de organización para los manifestantes, muchos de los cuales llegaron con recursos limitados y necesitaban un lugar seguro para descansar y planificar sus acciones. Esta situación, sin embargo, puso a la universidad en el ojo del huracán de las autoridades, quienes la vieron como un foco de organización de las protestas, justificando así la posterior intervención.
Preguntas Frecuentes sobre la Intervención en San Marcos
¿Por qué la policía ingresó a la UNMSM?
La Policía Nacional del Perú argumentó que su intervención se debió a la necesidad de desalojar a los manifestantes que se encontraban en el interior de la universidad, quienes, según las autoridades, estaban ocupando las instalaciones de manera "ilegal" y afectando el normal funcionamiento de la casa de estudios. Las autoridades también señalaron que la presencia de manifestantes en el campus ponía en riesgo la seguridad de la comunidad universitaria y que había reportes de actos vandálicos y la presunta presencia de elementos que podrían generar disturbios o actos delictivos. La intervención se presentó como una medida para restablecer el orden y la legalidad en un espacio público que había sido, a su juicio, tomado.
¿Cuántas personas fueron detenidas durante el desalojo?
Según la información oficial proporcionada por las autoridades y confirmada por diversos medios, cerca de 30 personas fueron detenidas por los agentes de la PNP durante la operación de desalojo en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos. Estas detenciones se realizaron principalmente en las áreas donde los manifestantes estaban pernoctando, como la residencia universitaria. Las identidades de los detenidos y los cargos específicos que se les imputaron fueron objeto de seguimiento por parte de organismos de derechos humanos y abogados, quienes denunciaron en algunos casos detenciones arbitrarias y la falta de garantías en el debido proceso.
¿Cuál fue el rol de la tanqueta en la operación?
Una tanqueta de la PNP fue utilizada para forzar el ingreso a la universidad, ya que las puertas se encontraban cerradas con cadenas. Su función principal fue la de abrir paso al numeroso contingente policial, permitiéndoles acceder rápidamente al campus. El uso de este tipo de vehículo, más asociado a conflictos armados o situaciones de alta peligrosidad, generó una fuerte controversia y críticas generalizadas por el uso de la fuerza desproporcionada en un recinto universitario, un espacio tradicionalmente considerado de paz y conocimiento.
¿Qué son las movilizaciones de enero de 2023 en Perú?
Las movilizaciones de enero de 2023 fueron una serie de protestas masivas a nivel nacional en Perú, especialmente concentradas en Lima, que exigían la renuncia de la presidenta Dina Boluarte, el cierre del Congreso, el adelanto de elecciones generales y, en algunos sectores, la convocatoria a una asamblea constituyente para una nueva Carta Magna. Estas protestas fueron una continuación y escalada de las manifestaciones iniciadas en diciembre de 2022 tras la destitución de Pedro Castillo. Los manifestantes provenían de diversas regiones del país, buscando hacer oír sus demandas en la capital y expresar su descontento con la crisis política y social.
¿Qué es la autonomía universitaria y cómo se relaciona con este evento?
La autonomía universitaria es un principio fundamental que garantiza a las universidades la libertad para autogobernarse, organizar sus planes de estudio, elegir a sus autoridades y administrar sus bienes, sin injerencia externa del Estado o de poderes políticos. La intervención policial en la UNMSM generó un intenso debate sobre si esta acción constituyó una violación de dicha autonomía, ya que las fuerzas del orden ingresaron sin una orden judicial previa y, según las primeras versiones de las autoridades universitarias, sin su consentimiento o coordinación adecuada. Este evento reavivó la discusión sobre los límites de la intervención estatal en los recintos académicos y la protección de los derechos y libertades dentro de las universidades.
Reflexiones y Consecuencias a Largo Plazo
El desalojo de la UNMSM dejó una profunda huella en la sociedad peruana. Más allá de las cifras de detenidos y las imágenes impactantes, el evento puso en primer plano el delicado equilibrio entre el derecho a la protesta pacífica, la seguridad ciudadana y el respeto a la autonomía de las instituciones académicas. Las fotografías de la tanqueta ingresando al campus universitario se convirtieron en un símbolo potente de la tensión social y política que vivía el país, marcando un antes y un después en la percepción de la gestión de las crisis sociales por parte del Estado.
Se abrió un debate nacional sobre la legalidad y la proporcionalidad de la intervención, con juristas, defensores de derechos humanos, representantes universitarios y la sociedad civil expresando sus profundas preocupaciones. La acción policial en San Marcos se sumó a una serie de eventos controvertidos durante las protestas, incluyendo el uso de la fuerza y las muertes de civiles, generando un clima de polarización y desconfianza entre amplios sectores de la población y las autoridades.
Aunque el desalojo logró dispersar a los manifestantes de la universidad, no puso fin a las protestas ni a las demandas subyacentes. Por el contrario, para muchos, la forma en que se llevó a cabo la operación reforzó la percepción de un Estado que recurre a la fuerza para contener el descontento social, en lugar de buscar vías de diálogo y solución política. Este enfoque podría tener implicaciones a largo plazo en la relación entre los ciudadanos y las fuerzas del orden, así como en la protección de los espacios de libertad académica y expresión, elementos cruciales para una democracia saludable.
La intervención en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos en enero de 2023 es un capítulo significativo en la reciente historia de Perú. Marcó un punto de inflexión en la gestión de las protestas sociales y reavivó un debate fundamental sobre los límites de la autoridad estatal frente a la autonomía universitaria y los derechos ciudadanos. Sus ecos resuenan aún hoy, recordando la fragilidad de la paz social y la importancia de la búsqueda de soluciones democráticas y respetuosas para los conflictos complejos que atraviesa la nación.
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