11/09/2024
El año 2021 fue un periodo de compleja reactivación para la sociedad peruana, especialmente en el ámbito deportivo. Tras meses de confinamiento y estrictas restricciones impuestas por la pandemia de COVID-19, la población anhelaba retomar sus actividades cotidianas, y el deporte no era una excepción. Sin embargo, en medio de la reapertura gradual de diversas disciplinas, una paradoja se hizo evidente: mientras los torneos profesionales de fútbol y otras actividades federadas comenzaban a operar bajo estrictos protocolos, las canchas de barrio, los parques y las losas deportivas de los distritos se convertían en escenarios de intervención por parte de serenos y efectivos policiales, quienes ponían fin a los populares partidos de fulbito. Este artículo profundiza en las razones detrás de estas acciones, el marco normativo que las sustentaba y el impacto que tuvieron en la vida diaria de miles de aficionados.

La pregunta era recurrente entre los ciudadanos: ¿por qué los profesionales podían jugar y nosotros no? La respuesta radicaba en la naturaleza misma de la emergencia sanitaria y las disposiciones gubernamentales que buscaban mitigar la propagación del virus. El fulbito, como deporte de contacto y actividad que congrega a un número indeterminado de personas en espacios públicos, representaba un riesgo latente de contagio. Las autoridades, en su rol de garantes de la salud pública, se vieron obligadas a aplicar las normativas vigentes, por impopulares que estas resultaran.
El Contexto de la Pandemia y las Restricciones Sanitarias
Durante el 2021, el Perú seguía inmerso en un estado de emergencia sanitaria que implicaba una serie de restricciones a las reuniones sociales y actividades que pudieran generar aglomeraciones. El virus SARS-CoV-2, causante de la COVID-19, se transmitía principalmente por contacto cercano y a través de aerosoles, lo que hacía que los deportes de equipo, especialmente aquellos que implicaban contacto físico directo y esfuerzo respiratorio intenso, fueran considerados de alto riesgo. El Gobierno, a través del Ministerio de Salud y otras entidades, emitió decretos y resoluciones que prohibían explícitamente las reuniones y actividades deportivas grupales informales en espacios públicos.
Para la reanudación del deporte, se establecieron rigurosos protocolos de bioseguridad que implicaban fases de implementación, pruebas constantes, distanciamiento social en entrenamientos, uso de mascarillas fuera de la cancha y, en muchos casos, la creación de 'burbujas' sanitarias para los deportistas profesionales. Estas medidas, costosas y complejas de implementar, eran inviables para un partido de fulbito espontáneo en una losa deportiva barrial. La falta de control sobre los participantes, la ausencia de pruebas previas, el uso compartido de espacios y la imposibilidad de garantizar el distanciamiento convertían estas actividades en focos potenciales de contagio, lo que justificaba la intervención de las autoridades.
Diferencias Clave: Deporte Profesional vs. Amateur
La principal distinción que explica la aparente contradicción entre la reanudación del fútbol profesional y la prohibición del fulbito amateur radica en la capacidad de control y la implementación de protocolos. La Federación Peruana de Fútbol (FPF) y el Instituto Peruano del Deporte (IPD) trabajaron en conjunto para desarrollar y aprobar planes detallados que permitieran el retorno seguro de las actividades federadas. Estos planes incluían:
- Evaluaciones clínicas y de laboratorio periódicas para todos los jugadores y personal técnico.
- Entrenamientos en grupos reducidos y bajo estricta supervisión.
- Mantenimiento de los jugadores en 'burbujas' sanitarias, minimizando su exposición al exterior.
- Desinfección constante de instalaciones y equipos.
- Restricción de acceso de público a los estadios.
- Trazabilidad de posibles contactos en caso de contagio.
En contraste, un partido de fulbito en una losa deportiva pública carecía de estas medidas de control. Los jugadores llegaban de diferentes entornos, no se realizaban pruebas, no había registro de participantes ni se garantizaba el distanciamiento fuera del juego. La actividad implicaba un alto nivel de contacto físico, sudoración y respiración agitada, elementos que incrementaban exponencialmente el riesgo de transmisión del virus. Las autoridades no podían supervisar cada partido informal ni exigir el cumplimiento de protocolos inviables en ese contexto. Por lo tanto, la prohibición general era la única medida efectiva para proteger la salud pública.
| Aspecto | Deporte Profesional (Ej. Fútbol) | Deporte Amateur (Ej. Fulbito) |
|---|---|---|
| Protocolos de Bioseguridad | Estrictos y supervisados por federaciones e IPD | Inexistentes o imposibles de aplicar en la práctica |
| Pruebas Médicas | Obligatorias y frecuentes para jugadores y staff | No realizadas, sin control sanitario |
| Control de Acceso/Público | Estrictamente limitado o nulo | Acceso libre, sin control de aglomeraciones |
| Trazabilidad de Contagios | Posible y aplicada en 'burbujas' | Imposible de rastrear entre participantes dispersos |
| Supervisión | Constante por equipos médicos y organizadores | Nula, actividad espontánea en espacios públicos |
| Base Legal | Permitido bajo protocolos aprobados | Prohibido por decretos de emergencia sanitaria |
La Función de Serenos y Policía en la Emergencia Sanitaria
Durante el estado de emergencia, los serenos municipales y la Policía Nacional del Perú (PNP) jugaron un papel crucial en la fiscalización y el cumplimiento de las normativas sanitarias. Su labor no se limitaba a la seguridad ciudadana tradicional, sino que se extendía a la verificación del cumplimiento de medidas como el toque de queda, la prohibición de reuniones sociales, el uso obligatorio de mascarillas y, por supuesto, la restricción de actividades deportivas grupales de contacto. Las intervenciones en los partidos de fulbito no eran arbitrarias, sino que respondían a un mandato explícito del Gobierno para evitar la propagación del virus.
Los serenos, como parte de la seguridad ciudadana local, actuaban en coordinación con la PNP para disolver aglomeraciones y asegurar que los espacios públicos, como las losas deportivas, no se convirtieran en focos de contagio. Su presencia era una medida disuasoria y, en caso de incumplimiento, procedían a la intervención, pidiendo a los jugadores que se retirasen. Aunque en algunos casos estas acciones generaban frustración o resistencia, su objetivo primordial era salvaguardar la salud de la comunidad en un momento crítico. La ley les otorgaba la facultad de hacer cumplir las disposiciones de emergencia, y la desobediencia podía acarrear sanciones administrativas.
El Impacto en la Comunidad y la Frustración Deportiva
La prohibición del fulbito y otras actividades deportivas informales tuvo un impacto significativo en la población. Para muchos, el deporte no es solo un pasatiempo, sino una válvula de escape, una forma de socializar y de mantener la salud física y mental. La imposibilidad de practicarlo generó frustración, estrés y una sensación de injusticia, especialmente al ver que los deportistas profesionales sí podían competir.
Esta situación también puso de manifiesto la necesidad de espacios seguros y controlados para la práctica deportiva amateur. La falta de alternativas viables para el deporte de base durante la pandemia evidenció una brecha importante. Sin embargo, la creatividad de los promotores deportivos y la adaptabilidad de la tecnología ofrecieron algunas soluciones innovadoras. Por ejemplo, en Arequipa, surgieron iniciativas como el Torneo de Pataditas y Guerra de Arqueros, ambos en modalidad virtual, que permitieron a los deportistas seguir compitiendo y manteniendo viva la pasión por el fútbol, aunque fuera a distancia. Estas iniciativas fueron un claro ejemplo de cómo la comunidad buscó adaptarse a las circunstancias, demostrando resiliencia frente a las adversidades.
Hacia la Nueva Normalidad: Lecciones Aprendidas
A medida que el 2021 llegaba a su fin y el 2022 se abría paso, la situación epidemiológica comenzó a mejorar, permitiendo una flexibilización gradual de las restricciones. La reactivación deportiva presencial se hizo más palpable, con disciplinas como las artes marciales reanudando sus clases con aforos reducidos y cumpliendo con las disposiciones gubernamentales. La experiencia de la pandemia, con sus prohibiciones y adaptaciones, dejó importantes lecciones.
La principal lección fue la importancia de la salud pública y la necesidad de priorizarla en situaciones de crisis. Aunque las intervenciones en los partidos de fulbito fueron dolorosas para los aficionados, respondían a una lógica de contención de la pandemia. Asimismo, se destacó la capacidad de innovación del sector deportivo para encontrar alternativas virtuales y la resiliencia de los deportistas. La experiencia también subraya la importancia de contar con infraestructura deportiva adecuada y planes de contingencia para futuras crisis, asegurando que la práctica deportiva pueda continuar de manera segura y controlada, tanto a nivel profesional como amateur.
Preguntas Frecuentes (FAQ)
¿Por qué el fútbol profesional sí y el fulbito no estaba permitido?
El fútbol profesional operaba bajo protocolos de bioseguridad extremadamente estrictos, que incluían pruebas constantes, 'burbujas' sanitarias, desinfección de espacios y control total de accesos. El fulbito amateur, al realizarse en espacios públicos sin control ni protocolos sanitarios, representaba un alto riesgo de contagio masivo, lo que justificaba su prohibición para proteger la salud pública.
¿Cuál era la base legal para estas intervenciones de serenos y policías?
Las intervenciones se basaban en los Decretos Supremos y Resoluciones Ministeriales emitidos por el Gobierno peruano durante el estado de emergencia sanitaria. Estas normativas prohibían las reuniones sociales y actividades que generaran aglomeraciones, incluyendo deportes de contacto informales en espacios públicos, como medida para contener la propagación del COVID-19.
¿Qué alternativas existían para practicar deporte durante las restricciones más severas?
Durante los momentos de mayor restricción, surgieron alternativas virtuales como los torneos de 'Pataditas' (toques con el balón sin que caiga) y 'Guerra de Arqueros' en modalidad online. Algunas disciplinas individuales o con menor contacto, como el surf, golf o bádminton, obtuvieron aprobación para protocolos de bioseguridad antes que otros deportes.
¿Los serenos tenían la misma autoridad que la policía para intervenir?
Los serenos municipales, en coordinación con la Policía Nacional del Perú, estaban facultados para hacer cumplir las disposiciones del estado de emergencia sanitaria dentro de su jurisdicción. Si bien la PNP tiene mayor autoridad legal para detenciones y sanciones, los serenos actuaban como primera línea de control, disuadiendo y solicitando el cumplimiento de las normativas, y en caso de resistencia, podían solicitar el apoyo policial.
¿Cuándo se permitió nuevamente el deporte de contacto masivo sin restricciones?
La flexibilización de las restricciones y la reanudación completa de los deportes de contacto masivo, incluyendo el fulbito sin necesidad de protocolos estrictos para cada partido, ocurrió de forma gradual a medida que la situación epidemiológica mejoró y la vacunación avanzó. No hubo una fecha única, sino una progresión en la que las prohibiciones fueron levantándose conforme disminuía el riesgo de contagio, permitiendo un retorno progresivo a la normalidad en las canchas y losas deportivas.
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