18/09/2023
Se ha llegado a especular sobre la ausencia de fuerzas policiales en ciertos radios de Cuba, pero la realidad en la isla caribeña es diametralmente opuesta. De hecho, es casi imposible que en un radio de cincuenta metros no haya un agente policial, especialmente en las zonas de interés turístico. Esta constante vigilancia no es casualidad; es el reflejo de un sistema político y social único, forjado a lo largo de décadas de historia, intrincadas decisiones económicas y una política de control estatal que permea cada aspecto de la vida cubana. Para comprender este fenómeno, es esencial sumergirse en el complejo entramado que configura la Cuba de hoy, donde la seguridad del turista es una prioridad absoluta y el control ciudadano, una práctica arraigada.

La omnipresencia de las fuerzas del orden en Cuba no solo es una característica visual, sino un pilar fundamental de la estrategia gubernamental. La tranquilidad que se percibe en las calles, en particular para los visitantes, es una consecuencia directa de esta vigilancia. El estado cubano, consciente de que el turismo es una fuente de divisas vital para su subsistencia, no escatima en recursos para proteger esta industria. Cualquier acto que pudiera empañar la imagen de Cuba como destino seguro es rápidamente atajado, lo que se traduce en una atmósfera de aparente calma y control que beneficia directamente al sector turístico.
Historia de un País Singular: Forjando el Control Estatal
Para desentrañar el porqué de esta vigilancia constante, es imprescindible sumergirse en la profunda y compleja historia de Cuba. La isla, habitada inicialmente por pueblos como los taínos, que ya contaban con estructuras sociales jerárquicas, fue colonizada por el Imperio Español en el siglo XVI. Durante tres siglos, Cuba fue la 'niña bonita' de la corona, siendo incluso el primer territorio en América Latina en tener ferrocarril a vapor. Sin embargo, con la decadencia española en el siglo XIX, surgieron movimientos independentistas liderados por figuras como el periodista José Martí, cuyo legado aún resuena en la isla.
El fin del dominio español llegó con la intervención de Estados Unidos a finales del siglo XIX. Tras el controvertido hundimiento del acorazado Maine en la bahía de La Habana, EE. UU. intervino militarmente, lo que culminó en el Tratado de París y la cesión de Cuba, Puerto Rico y Filipinas a manos norteamericanas. Aunque Cuba obtuvo su independencia en 1902, la influencia económica de Estados Unidos fue masiva, controlando hasta el 70% de la isla. Este período vio el ascenso de Fulgencio Batista, un militar y político fuertemente ligado a EE. UU., cuya dictadura se caracterizó por la corrupción y la transformación de La Habana en un centro de juego y prostitución, un escenario vívidamente retratado en la película 'El Padrino II'. A pesar de la inmoralidad asociada a esta era, la economía cubana experimentó un crecimiento notable, con logros como el primer hotel del mundo con aire acondicionado central en La Habana y la primera emisión televisiva en América Latina después de EE. UU. en 1946.
Sin embargo, la riqueza no se distribuía equitativamente, y la creciente desigualdad social alimentó el descontento. Fue en este caldo de cultivo, a finales de los años 50, donde emergió la figura de Fidel Castro. Junto a figuras como el icónico Ché Guevara, Castro lideró un movimiento revolucionario desde Sierra Maestra con el objetivo de derrocar a Batista e instaurar el socialismo. Tras ser encarcelado y exiliado en México, Castro regresó en el barco 'Granma', reagrupando sus fuerzas y logrando la victoria en enero de 1959. La Revolución Cubana triunfó, estableciendo su sede en el hotel Hilton (hoy Tryp Habana Libre).
La revolución, aunque de clara orientación izquierdista, no se declaró oficialmente socialista hasta 1961. Uno de sus primeros actos fue la nacionalización y expropiación de hoteles y negocios, muchos de ellos propiedad de estadounidenses y españoles, lo que provocó el inmediato embargo económico por parte de EE. UU. Este momento marcó un punto de inflexión, una especie de 'detención del tiempo' en el desarrollo de la isla, que se convirtió en un aliado estratégico de la Unión Soviética durante la Guerra Fría. Los rusos apoyaron al régimen cubano con alimentos y bienes, a cambio de favores estratégicos. Sin embargo, con el colapso de la URSS a principios de los 90, Cuba entró en el devastador 'Período Especial', una era de extrema escasez y penurias donde la población tuvo que recurrir a la supervivencia más básica.
La Economía Cubana: Entre la Austeridad y la Supervivencia Diaria
La economía cubana dista mucho de ser un modelo de mercado convencional. Aunque recientemente se han introducido tímidas aperturas como las 'mypimes' (pequeñas y medianas empresas privadas), el estado mantiene un control férreo sobre la mayor parte de la producción y la distribución. Los salarios promedio, que rondan los 20€ mensuales, son complementados con una serie de servicios 'gratuitos' como sanidad, educación, transporte público y la famosa 'cartilla de racionamiento' de alimentos básicos. Esta situación ha llevado a que muchos profesionales cualificados opten por trabajar en el sector turístico privado, donde pueden obtener ingresos significativamente mayores que sirviendo al estado.
El embargo económico de Estados Unidos agrava la escasez de productos, ya que Cuba no produce lo suficiente y el comercio exterior es limitado. Esta carencia ha dado lugar a una increíble filosofía del reciclaje y la reparación. Objetos que en otros países serían desechados (un paraguas roto, un mechero sin gas) son minuciosamente reparados y reutilizados. Esta ingeniosidad se manifiesta de forma más notable en el parque automovilístico, donde vehículos de los años 50 siguen circulando gracias a la habilidad de los cubanos para repararlos con piezas de otros objetos, en un acto de auténtica supervivencia urbana.
La escasez ha fomentado una economía colaborativa informal, donde los favores y el 'mercado negro' ('por la izquierda', como lo llaman) son esenciales para obtener bienes y servicios. La población muestra una actitud muy negociante, ofreciendo cualquier tipo de servicio al turista, desde guías improvisados hasta la venta o el intercambio de ropa. Es común que los trabajadores de hoteles, por ejemplo, soliciten a los turistas que les faciliten alimentos o bebidas del buffet, una práctica comprensible dada la dificultad para acceder a ciertos productos.
La cartilla de racionamiento, aunque crucial para asegurar un mínimo de subsistencia, provee cantidades muy limitadas de alimentos básicos a precios irrisorios. Por ejemplo, un cubano tiene derecho a pan, cinco huevos, 0.25 kilos de aceite, 2.5 kilos de arroz, 1.5 kilos de azúcar blanco, un paquete de café, un kilo de sal cada seis meses y 125 gramos de frijoles. La leche, subvencionada hasta los siete años, se convierte en un artículo de lujo a partir de esa edad. Esta compleja realidad económica es la que se esconde detrás de la fachada de las zonas turísticas como La Habana Vieja, Varadero y los Cayos, donde las inversiones extranjeras, especialmente de cadenas hoteleras españolas, han creado burbujas de prosperidad que contrastan con la vida cotidiana de la mayoría de los cubanos.
El Estado y la Ciudadanía: Una Relación de Control Absoluto
La vida en Cuba está profundamente marcada por la omnipresencia y el control del estado. Desde el máximo líder del país hasta el nivel de barrio, la influencia gubernamental es innegable. Un ciudadano cubano no puede salir voluntariamente de la isla sin restricciones significativas, y aunque se promueva una imagen de libertad de expresión, en la práctica, el clima de coacción es palpable. La propaganda estatal es visible en cada rincón, desde vallas en carreteras hasta murales en edificios, buscando consolidar la narrativa oficial y la idea de que el gobierno es indispensable y tiene la razón.
El estado ejerce un control exhaustivo sobre la educación, los medios de comunicación, la economía, e incluso el ocio y la cultura. Para mantener este férreo dominio, se apoya en un numeroso cuerpo policial y en otras estructuras de vigilancia. La policía en Cuba no solo cumple funciones de orden público; sus agentes, que gozan de una posición de poder y privilegios, actúan a menudo como jueces y ejecutores de las políticas estatales. Su misión es garantizar que nada se desvíe de la norma establecida, vigilando desde las transacciones económicas informales hasta cualquier atisbo de disidencia.

Este sistema genera un temor subyacente en la población, donde el espionaje, aunque menos que en épocas pasadas, sigue siendo una preocupación. Expresar una opinión contraria al régimen puede acarrear graves consecuencias para la libertad individual. Movimientos como las Damas de Blanco, conformadas por mujeres y esposas de presos políticos, o grupos de ideología liberal como 'Mises Cuba', han denunciado detenciones y represalias por el simple hecho de estudiar o promover ideas que se oponen al castrismo. Esto subraya la intolerancia del estado a la disidencia.
Un cuerpo de vigilancia particularmente destacado es el de los Comités de Defensa de la Revolución (CDR). Estas organizaciones, formadas por vecinos, tienen la misión de controlar lo que sucede en cada distrito, barrio o incluso en cada calle. Nacieron con el objetivo de detectar espías y movimientos contrarrevolucionarios, y hoy en día monitorean el mercado negro, la prostitución y cualquier comportamiento que el estado considere inapropiado. Aunque algunos de sus miembros pueden ser corruptos, haciendo la vista gorda a cambio de comisiones, otros cumplen su función con rigor. Esta red de vigilancia ciudadana es otra de las razones de la tranquilidad que experimenta el turista, ya que garantiza un control casi total sobre cualquier actividad que pudiera afectar la imagen o la seguridad del destino.
La Mafia en Cuba: Un Capítulo Cerrado pero Evidente
Antes del triunfo de la Revolución, La Habana de las décadas de 1940 y 1950 fue un epicentro de la actividad mafiosa, un capítulo de su historia que, aunque finalizado, dejó una huella indeleble en la ciudad. Figuras como Meyer Lansky y Lucky Luciano, buscando nuevas oportunidades de negocio tras la abolición de la Ley Seca en Estados Unidos, vieron en Cuba el paraíso ideal para el juego, la prostitución y los negocios turbios. Su alianza con Fulgencio Batista, quien llegó a ser presidente y asesoró a Lansky en materia de juego, transformó La Habana en uno de los mayores centros de ocio del mundo.
La ciudad floreció con cabarets de fama mundial, casinos que movían millones y una vida nocturna vibrante que atraía a políticos, artistas y deportistas internacionales. El ferry conectaba Cuba con Estados Unidos, y la inversión mafiosa impulsó el desarrollo de hoteles y una economía que, aunque desigual, generó oportunidades y mejoras en infraestructura y servicios. Cuba llegó a tener el menor índice de analfabetismo y el mayor número de médicos por habitante en América Latina en 1956. Sin embargo, esta prosperidad no alcanzaba a las zonas rurales, donde la pobreza era rampante, generando un caldo de cultivo para la Revolución.
La llegada de Fidel Castro al poder en 1959 puso fin abruptamente a esta era. Los casinos y hoteles fueron asaltados y expropiados, el juego prohibido, y toda la propiedad privada nacionalizada. La Revolución no fue solo contra la mafia o la corrupción de Batista; fue, fundamentalmente, contra el capital y el modelo de negocio que representaba. Meyer Lansky, anticipándose a los acontecimientos, huyó de la isla, comprendiendo la naturaleza de la revolución comunista que se avecinaba. Incluso con intentos de la CIA y la mafia de asesinar a Castro, el nuevo orden se impuso, cerrando para siempre este capítulo de la historia cubana y dando paso a un control estatal total que hoy se manifiesta, entre otras cosas, en la visible presencia policial.
Preguntas Frecuentes sobre la Seguridad y el Control en Cuba
¿Es Cuba un lugar seguro para los turistas?
Sí, Cuba es considerada un destino muy seguro para los turistas. El gobierno prioriza la seguridad del visitante, lo que se traduce en una notable presencia policial en las zonas turísticas y una fuerte penalización para cualquier delito que afecte a los extranjeros. Esta medida busca proteger la vital industria turística del país.
¿Cuál es el papel de la policía en la vida diaria de los cubanos?
La policía en Cuba, además de sus funciones habituales de orden público, ejerce un fuerte control social y político sobre la ciudadanía. Son un brazo del estado para asegurar que nadie cuestione el sistema, vigilan transacciones económicas informales y pueden actuar como jueces en situaciones cotidianas, gozando de una posición de poder sobre la población.
¿Qué son los CDR y cuál es su función?
Los CDR (Comités de Defensa de la Revolución) son una organización de masas cubana, formada por vecinos. Su función principal es la vigilancia y el control a nivel de barrio o comunidad. Nacieron para detectar actividades contrarrevolucionarias, espías, y hoy en día monitorean el mercado negro, la prostitución y cualquier comportamiento que el estado considere inapropiado, siendo ojos y oídos del régimen en las calles.
¿Por qué hay tantos coches antiguos de los años 50 en Cuba?
La abundancia de coches clásicos estadounidenses de los años 50 se debe a varios factores. Tras la Revolución de 1959 y el embargo económico de EE. UU., la importación de vehículos y piezas nuevas se detuvo. Los cubanos, con su increíble ingenio y necesidad, han mantenido estos vehículos en funcionamiento durante décadas, reparándolos y adaptándolos con piezas de otros objetos, lo que refleja la escasez y la filosofía de 'reciclaje' y supervivencia en la isla.
En resumen, la supuesta 'ausencia' de policía en un radio de 50 metros en Cuba es un mito desmentido por la realidad. Lo que existe es una presencia policial y de control estatal tan marcada que se vuelve casi invisible por su omnipresencia. Esta vigilancia constante es una manifestación directa de la compleja interconexión entre la historia revolucionaria, una economía centralizada y una política de control que busca garantizar la estabilidad del régimen y proteger su principal fuente de ingresos: el turismo. La realidad cubana es, sin duda, un entramado de controles y adaptaciones, donde la supervivencia y la ingeniosidad conviven bajo la atenta mirada de un estado que no deja nada al azar.
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