15/02/2025
La disolución de la Policía Federal en México no fue un simple cambio de nombre; representó un viraje profundo en la estrategia de seguridad pública del país, un movimiento que para muchos expertos consolidó la militarización y la centralización de las tareas policiales. Esta decisión, que culminó en la creación de la Guardia Nacional, ha generado un intenso debate sobre su efectividad, sus implicaciones para los derechos humanos y el futuro de la seguridad ciudadana en una nación que arrastra décadas de violencia y crimen organizado. Comprender los motivos detrás de esta transformación es clave para analizar el panorama actual de la seguridad en México.

Desde hace al menos tres lustros, la participación de las Fuerzas Armadas en tareas de seguridad pública ha sido una constante, iniciada y profundizada en sexenios anteriores. Sin embargo, la desaparición de la Policía Federal y la irrupción de la Guardia Nacional bajo una estructura predominantemente militar, ha sido señalada por especialistas como una "salida del clóset" del Ejército en estas funciones. Este artículo explora las razones de la extinción de la Policía Federal, el nacimiento de su sucesora y las preocupaciones que giran en torno a un modelo de seguridad que, lejos de desmilitarizarse, parece afianzarse aún más.
- El Ocaso de la Policía Federal: Un Legado Complejo
- La Guardia Nacional: ¿Una Nueva Institución o el Ejército Disfrazado?
- La Militarización de la Seguridad Pública: Una Estrategia Agravada
- El Camino Menos Transitado: Fortalecer a las Policías Locales
- Límites Constitucionales y la Necesidad de Fiscalización
El Ocaso de la Policía Federal: Un Legado Complejo
La Policía Federal, en sus diversas encarnaciones (desde la Policía Federal Preventiva hasta la Agencia Federal de Investigación y finalmente la Policía Federal), fue concebida como el cuerpo de seguridad civil de élite de México. Su misión principal era combatir el crimen organizado, la delincuencia de alto impacto y fungir como una fuerza de reacción rápida a nivel nacional. A lo largo de los años, sus elementos fueron capacitados en diversas especialidades, desde inteligencia hasta operaciones tácticas complejas.
A pesar de sus esfuerzos y de contar con elementos valiosos y comprometidos, la Policía Federal enfrentó numerosos desafíos que minaron su credibilidad y eficacia. Las críticas más recurrentes apuntaban a episodios de corrupción, violaciones a los derechos humanos, infiltración del crimen organizado y una percepción generalizada de ineficacia en la contención de la violencia. La rotación constante de mandos, la falta de una carrera policial sólida y la politización de la institución también contribuyeron a su desgaste. Para el inicio del sexenio 2018-2024, la percepción pública y política sobre la Policía Federal era, en muchos sectores, negativa, lo que facilitó el camino para su eventual disolución.
La decisión de desaparecerla se argumentó bajo la premisa de que no había logrado consolidarse como una institución confiable y eficaz, y que la creación de un nuevo cuerpo sería la solución para refundar la seguridad pública desde cero. Sin embargo, para muchos, esta medida ignoró la experiencia acumulada y la infraestructura existente, optando por una solución que privilegiaba la rapidez de despliegue sobre la construcción de autonomía civil y capacidades policiales a largo plazo.
La Guardia Nacional: ¿Una Nueva Institución o el Ejército Disfrazado?
La creación de la Guardia Nacional en 2019 se presentó como la piedra angular de la nueva estrategia de seguridad. Se prometió una institución de carácter civil, con disciplina militar, que sería la garante de la paz en el país. No obstante, desde su concepción, su naturaleza ha sido objeto de controversia. El investigador Alejandro Madrazo Lajous, del CIDE, ha sido enfático al señalar que la Guardia Nacional es, en esencia, una extensión del Ejército.
Según Madrazo, esta entidad es reclutada, entrenada, pagada y equipada por las Fuerzas Armadas, lo que desmiente su supuesta naturaleza civil. La etiqueta de "Guardia Nacional" sería, en su opinión, un "disfraz" para la continuidad de la militarización de la seguridad pública que se ha implementado desde el sexenio de Felipe Calderón. Este enfoque, lejos de corregir los errores del pasado, los profundiza, exacerbando el problema de inseguridad que enfrenta México.
La retórica oficial ha intentado diferenciar a la Guardia Nacional de las Fuerzas Armadas tradicionales, pero la realidad operativa y de mando ha demostrado una integración profunda con la Secretaría de la Defensa Nacional (SEDENA) y la Secretaría de Marina (SEMAR). Esto plantea serias dudas sobre la capacidad de la Guardia Nacional para desarrollar una doctrina policial verdaderamente civil y para someterse a los controles y fiscalizaciones que requiere una institución de seguridad pública en una democracia.
La Militarización de la Seguridad Pública: Una Estrategia Agravada
La tesis central de expertos como Alejandro Madrazo es que la militarización y centralización de la seguridad pública, lejos de resolver la crisis de violencia, la ha agravado. Los militares están entrenados para la guerra, para enfrentar amenazas externas y para el uso letal de la fuerza, no para la prevención del delito, la investigación criminal, la proximidad social o la preservación de los derechos civiles. Cuando estas funciones se delegan a las Fuerzas Armadas, se corre el riesgo de un aumento en las violaciones a los derechos humanos, una menor rendición de cuentas y una erosión de la confianza ciudadana en las instituciones.
Además, la presencia militar en las calles puede tener un efecto contraproducente. Si bien inicialmente puede generar una sensación de orden, a largo plazo puede inhibir la denuncia, fomentar la corrupción y desincentivar el desarrollo de capacidades en las policías locales. La militarización también tiende a centralizar las decisiones, ignorando las particularidades y necesidades de cada región o municipio, lo que impide una respuesta efectiva y adaptada a los contextos locales.
La frase "López Obrador nos salió más calderonista que Felipe Calderón" encapsula la preocupación de que la actual administración, a pesar de sus promesas de cambio, ha profundizado una estrategia que ha demostrado ser insuficiente e incluso perjudicial. En lugar de fortalecer las instituciones civiles y descentralizar la seguridad, se ha optado por un camino que concentra el poder y las operaciones en manos militares, sin los contrapesos y la fiscalización adecuados.
El Camino Menos Transitado: Fortalecer a las Policías Locales
Para los críticos de la militarización, la solución real a la crisis de seguridad en México no reside en el despliegue masivo de fuerzas militares, sino en el fortalecimiento y la dignificación de las policías locales y estatales. Estas instituciones, por su cercanía con la ciudadanía, son las primeras respondientes ante el delito y las encargadas de la prevención y la inteligencia a nivel comunitario.
Un modelo de seguridad efectivo implicaría invertir masivamente en la capacitación, equipamiento, salarios dignos y condiciones laborales de los policías municipales y estatales. Esto incluye formación en derechos humanos, proximidad social, investigación forense y uso proporcional de la fuerza. Asimismo, es crucial implementar mecanismos efectivos de control de confianza, rendición de cuentas y combate a la corrupción interna.
El fortalecimiento de las capacidades locales permitiría a las comunidades tener fuerzas policiales que conozcan su entorno, generen confianza y sean capaces de construir inteligencia de campo, desarticular redes criminales a pequeña escala y prevenir el delito de manera más efectiva. Este enfoque, sin embargo, requiere de un compromiso político a largo plazo y de una inversión sostenida que, hasta ahora, no se ha materializado de manera integral.
Límites Constitucionales y la Necesidad de Fiscalización
La Constitución mexicana establece límites claros a la participación de las Fuerzas Armadas en tareas de seguridad pública. Si bien el Presidente tiene la facultad de disponer de ellas, esta disposición debe ser "de forma regulada, fiscalizada, extraordinaria y subordinada". Esto significa que su intervención no debe ser la norma, sino la excepción, y siempre bajo el escrutinio del poder civil y el Congreso.
La preocupación de expertos como Madrazo Lajous radica en que la actual estrategia ha normalizado la presencia militar y ha eludido los mecanismos de fiscalización. La Constitución no otorga al Presidente un "cheque en blanco" para utilizar al Ejército a su antojo. Al contrario, exige una intervención del Congreso para regular esta participación, garantizar la subordinación al poder civil y asegurar que sea una medida extraordinaria, no una política permanente. La Suprema Corte de Justicia de la Nación podría ser, en última instancia, el árbitro para determinar si estas acciones se apegan al marco constitucional.
Tabla Comparativa: Modelos de Seguridad
| Característica | Policía Federal (antes) | Guardia Nacional (actual) | Modelo Civil Sólido (Ideal) |
|---|---|---|---|
| Naturaleza | Civil (con disciplina militar) | Militarizada (adscrita a SEDENA/SEMAR) | Exclusivamente Civil |
| Enfoque Principal | Investigación, combate a crimen organizado | Presencia, disuasión, labores policiales | Prevención, investigación, proximidad social |
| Capacitación | Policial (con algunos módulos militares) | Primordialmente Militar | Policial especializada, derechos humanos |
| Adscripción | Secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana | Operativa: SEDENA/SEMAR; Administrativa: SSPC | Secretarías de Seguridad Públicas Estatales/Municipales |
| Principal Desafío | Corrupción, ineficacia, falta de confianza | Militarización, violaciones a DDHH, autonomía civil | Corrupción, falta de recursos, capacitación |
Preguntas Frecuentes
¿Cuándo desapareció la Policía Federal?
La Policía Federal fue formalmente disuelta en 2019, con la publicación del decreto de extinción y la creación de la Guardia Nacional como su sucesora.
¿Quién sustituyó a la Policía Federal?
La Guardia Nacional fue creada para asumir las funciones de seguridad pública que antes realizaba la Policía Federal, absorbiendo a gran parte de sus elementos, así como a personal de las Fuerzas Armadas.
¿Por qué se decidió militarizar la seguridad pública?
Los argumentos principales para la militarización se basan en la necesidad de contar con una fuerza disciplinada, numerosa y con capacidad de despliegue rápido ante la grave crisis de inseguridad. Se percibe a las fuerzas militares como menos propensas a la corrupción y más eficaces en el combate a grupos delictivos.
¿Es efectiva la Guardia Nacional?
La efectividad de la Guardia Nacional es un tema de debate. Si bien ha logrado una amplia presencia territorial, los indicadores de violencia y criminalidad no han mostrado una disminución significativa. Expertos cuestionan su capacidad para realizar labores policiales civiles y su impacto en la reducción de delitos de alto impacto.
¿Qué alternativas existen a la militarización?
Las alternativas propuestas por especialistas incluyen el fortalecimiento de las policías municipales y estatales a través de mayor inversión, capacitación constante, mejora salarial, depuración de elementos corruptos y desarrollo de inteligencia local, así como la implementación de modelos de policía de proximidad y comunitaria.
La desaparición de la Policía Federal y el ascenso de la Guardia Nacional marcan un hito en la historia de la seguridad en México. Más allá de un mero cambio institucional, esta transformación refleja una profunda redefinición de la estrategia de seguridad, inclinándose hacia un modelo de militarización sin precedentes. El debate sobre si este camino es el adecuado para construir la paz y garantizar la seguridad de los ciudadanos sigue más vigente que nunca, con voces expertas que insisten en la necesidad de revertir esta tendencia y apostar por el fortalecimiento de las instituciones policiales civiles, verdaderamente comprometidas con la protección de los derechos y libertades de la población.
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