¿Por qué los políticos no son santos?

¿Por Qué los Políticos no Son Santos?

04/10/2025

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La pregunta de por qué los políticos no son "santos" resuena con fuerza en la sociedad contemporánea, abriendo un sinfín de interrogantes sobre la naturaleza de la política y el funcionamiento de nuestras democracias. Lejos de ser una cuestión trivial, esta percepción refleja profundas debilidades en los sistemas de gobierno y en la cultura cívica de los ciudadanos. No se trata de buscar una pureza inalcanzable, sino de comprender las dinámicas que impiden a la política alcanzar su máximo potencial de servicio y transparencia, y cómo estas dinámicas erosionan la confianza pública en quienes ostentan el poder.

¿Cómo pedir protección a los Santos?
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La Frágil Base de Nuestra Democracia

Nuestra democracia, aunque no esté bajo la amenaza constante de golpes de Estado como en épocas pasadas, adolece de una fragilidad intrínseca: no la hemos internalizado plenamente como parte de nuestra cultura política. Esto significa que, como ciudadanos, aún no nos hemos familiarizado por completo con las complejas "reglas del juego democrático", lo que genera un ambiente de desconfianza y escepticismo.

Las cifras son reveladoras. Según el Latinobarómetro de 2014, un estudio que mide la percepción democrática en la región, en el caso de Perú, apenas un 55.8% de la población manifestó su apoyo al sistema democrático. Esta estadística es preocupante y subraya el profundo descrédito que se ha generado hacia las burocracias y las autoridades. Este descreimiento afecta directamente la credibilidad de las instituciones fundamentales de la democracia, llevando a algunos a cuestionar la necesidad de órganos vitales como el Congreso de la República, alegando que "malos congresistas" —elegidos por nosotros mismos— han minado la estabilidad de un Poder del Estado esencial.

Es fundamental recordar la célebre frase de Winston Churchill: "La democracia es la peor forma de gobernar excepto todas las demás formas que de tanto en tanto se han probado". Esta afirmación, lejos de ser una crítica, es un recordatorio de que, a pesar de sus imperfecciones, la democracia es el sistema que mejor garantiza nuestras libertades, siempre y cuando estén asentadas en el respeto a la ley. ¿Acaso desearíamos ver nuestras libertades restringidas bajo un régimen autoritario o una dictadura? La respuesta, para la mayoría, es un rotundo no. Mantener y afianzar la democracia exige un compromiso activo de cada individuo en la sociedad, lo cual implica un cambio de actitudes para fortalecer el sistema desde sus cimientos.

Cuando la Ley Pierde su Sentido: Un Análisis Crítico

Una de las paradojas más asombrosas de nuestros tiempos es que, a pesar de contar con un número creciente de asesores legales en las entidades públicas, la calidad de las normas ha decaído notablemente. Al revisar legislación de antaño, uno puede encontrar un mayor sentido común y lógica en su formulación, algo que parece escasear en los textos legales actuales. Esto sugiere que la proliferación de expertos no siempre se traduce en una mayor claridad o efectividad legislativa.

Un ejemplo contundente se encuentra en el artículo 37º de la Ley Orgánica de Municipalidades de 1834, que establecía con meridiana claridad: “En el caso de resultar que alguno o algunos individuos de las juntas [municipalidades] hayan malversado los fondos municipalidades, el jefe político usando de la facultad coactiva, hará que reintegren prorrata la cantidad en que aparecieren descubiertos, sin perjuicio de la causa que les mandará seguir”. Esta disposición era directa y enfática: quien defraudaba el dinero público, debía devolverlo de su patrimonio, además de enfrentar el proceso legal correspondiente.

Contrastemos esto con nuestra actual Ley Orgánica de Municipalidades Nº 27972, del año 2003. Sorprendentemente, esta normativa no contempla una disposición tan explícita respecto a la obligación de reintegrar el dinero malversado del patrimonio personal del funcionario. Hoy en día, a pesar de la existencia de Órganos de Control Institucional (OCI), la Contraloría General de la República, el Ministerio Público y el Poder Judicial, el proceso para capturar y sancionar de manera ejemplar el delito de los funcionarios públicos se muestra mucho más lento y enrevesado. Esta lentitud y complejidad no solo genera desazón en el individuo, sino que también alimenta la percepción de que las leyes actuales, a menudo mal elaboradas y ambiguas, carecen de verdadero peso. Es un país "legalista pero no legal", donde se producen muchas leyes, pero la mayoría de ellas no especifica qué sucede si no se cumplen, una omisión tan absurda como perjudicial.

Desconocimiento y Desinterés: El Quiebre del Estado de Derecho

En la era de las tecnologías de la información, resulta aún más llamativo que no se logre una mejor comunicación y difusión de las leyes, decretos y ordenanzas que se aprueban diariamente. Si bien es cierto que existe una dejadez por parte de la población en informarse y de los medios de comunicación en resumir hábilmente los debates y normativas, también es innegable que las entidades gubernamentales no facilitan el acceso y la comprensión de sus marcos legales. La obligatoria publicación en el Diario Oficial El Peruano, aunque necesaria, no es suficiente para acercar las leyes a la población general.

¿Por qué no difundir mediante una secuencia radial las Ordenanzas Regionales y Municipales, por ejemplo? La falta de conocimiento y, consecuentemente, de interés en las leyes, es un factor crucial que debilita nuestra democracia. Cuando las leyes no solo no se cumplen sino que tampoco son conocidas, se empieza a romper el Estado de Derecho, pilar fundamental de toda democracia. Sin una base sólida de leyes conocidas y respetadas, el sistema se vuelve vulnerable a la arbitrariedad y al abuso, desvirtuando el propósito mismo de la gobernanza.

Respeto a la Ley o Acomodo: La Reinterpretación Constante

El análisis sobre la ley nos lleva a un punto crítico: en las democracias estables, el gobierno es de las leyes y no de los hombres. Esto significa que el sistema debe funcionar de manera independiente, sin verse afectado por las posiciones antojadizas del gobernante de turno. Sin embargo, nuestra historia republicana ha estado marcada por un patrón lamentable.

Desde nuestra independencia, la mayoría de nuestras Constituciones Políticas han sido producto de golpes de Estado. Bastaba con que un caudillo de turno se creyera con el derecho supremo de regir los destinos de la Patria, sumando voluntades cómplices ávidas de poder político y utilizando a la población como una "masa" manipulable. Después de cada golpe, el nuevo gobierno se apresuraba a establecer su propio marco normativo, su propia Constitución, convirtiendo el texto fundamental en un pacto temporal para legitimar al caudillo, en lugar de una garantía de respeto hacia la vida republicana.

¿Qué hace la policía local en camposantos?
La Policía Local ha reforzado la vigilancia y el control del tráfico en los puntos más conflictivos para que todo transcurra con la máxima normalidad, con presencia física de agentes de forma permanente en el cementerio de San José y de manera itinerante en el resto de camposantos.

Este patrón de "reinterpretación" de las normas vigentes persiste hasta nuestros días, aunque de formas menos dramáticas. Recientemente, hemos sido testigos de cómo alcaldes electos han juramentado a sus cargos de la manera que mejor les pareció, algunos ante familiares, otros ante párrocos, o incluso ante quienes erróneamente consideraban autoridades de más rango. Si las autoridades, quienes deberían ser los primeros en dar el ejemplo, demuestran tal flexibilidad con un acto tan simple como una juramentación, ¿qué se puede esperar de sus actos de gobierno posteriores? Se ha demostrado una alarmante "eficacia" para acomodar las normas a beneficio propio, para aprobar leyes poco claras y con vacíos, a veces por torpeza, pero en otros casos, con la clara intención de aprovechar luego el escenario de incertidumbre. El triste aforismo "hecha la ley, hecha la trampa" parece encontrar eco constante en nuestra realidad.

La Peligrosa Búsqueda del "Mesías Político" y la Falta de Visión

Nuestra democracia no termina de madurar, y se encuentra aún a buena distancia de su "mayoría de edad", porque persiste una creencia errónea: que un solo individuo podrá "salvar" a la Patria, al país, al departamento o a la ciudad. Necia y persistentemente, seguimos buscando a este mesías político.

Durante las campañas electorales, la atención se centra casi exclusivamente en el candidato a la Presidencia de la República (incluso antes de cumplir con la democracia interna de sus partidos), o en el candidato a Presidente de Gobierno Regional (absurdamente llamado "Gobernador Regional", otra de nuestras aberraciones legales), o en el alcalde. ¿Y qué hay de los demás integrantes de la fórmula postulante? ¿Acaso un solo hombre resolverá los complejos problemas de la comunidad? Es un error pensar, por ejemplo, que el Alcalde es la máxima autoridad de una provincia o distrito, cuando la máxima instancia es el Concejo Municipal. Con regidores esclarecidos en su función, se tendrían más propuestas y una fiscalización más efectiva, lo que derivaría en menos caudillismos locales. Sin embargo, para tener mejores autoridades, es imperativo tener mejores votantes, con un mayor compromiso a la hora de decidir por quién sufragar y sin dejar los destinos de la colectividad al azar o a la promesa de un regalo de campaña.

Los políticos, en efecto, no son santos y difícilmente lo serán. No obstante, parece que la sociedad sigue buscando a un "santo iluminado" para que gobierne, y al final, termina sentándose en el "trono" (que la misma población ha creado al endiosar a las autoridades) simplemente el "menos malo". Muchos de estos "menos malos" llegan a enceguecerse hasta el punto de considerarse a sí mismos indispensables, lo que alimenta el fenómeno de la búsqueda permanente de la reelección.

La realidad política a menudo deja de asombrar, pero siempre hay espacio para la sorpresa. La Asociación de Municipalidades del Perú (AMPE), por ejemplo, ha tenido la "idea" de presentar un Proyecto de Ley para frenar la norma que les impide reelegirse como alcaldes. ¿La justificación? "Es que en 4 años no se pueden terminar todas las obras proyectadas". ¿Y eso qué? ¿Acaso no puede haber alguien igual de capaz para continuar las obras? ¿Acaso el grupo político no tiene a otro "ser pensante" para postularlo? Esta actitud de aferrarse al poder sugiere una falta de confianza en las propias capacidades colectivas y en la existencia de talento dentro de sus filas. Si no hay más cerebros, con razón vamos mal.

No conformes con ello, en la AMPE también pretenden elevar el sueldo de los alcaldes. ¿Será para mejorar su desempeño? Si fuera así, necesitarían salarios millonarios, porque hasta ahora la gran mayoría no ha dado muchas luces. Tienen la "iniciativa" de presentar estas ideas, mientras la inseguridad sigue campeando en todo el país. ¿Por qué no presentan un Proyecto de Ley sobre Seguridad Ciudadana? Es por estas razones que la democracia no se fortalece: porque quienes están en la primera línea de acción, las autoridades, adolecen de visión, de criterio lógico y les falla la visión de conjunto. Deberían unirse para dar pelea por los problemas que realmente aquejan a la población. Pero, una vez más, los electores son los responsables, y también quienes permitimos que algunos hagan lo que mejor les parezca equivocadamente al gobernar.

Democracia Débil vs. Democracia Fuerte: Un Contraste

Para entender mejor la brecha entre nuestra realidad y un ideal democrático, podemos contrastar las características de una democracia débil, como la nuestra, con las de una democracia fuerte y madura:

CaracterísticaDemocracia Débil (Realidad Actual)Democracia Fuerte (Ideal a Aspirar)
Participación CiudadanaPasiva, desinteresada, tendencia a actuar como "súbditos"Activa, informada, fiscalizadora y propositiva
Calidad de las LeyesAmbiguas, complejas, con omisiones y vacíos, lentitud en sancionesClaras, coherentes, justas, con mecanismos de cumplimiento eficaces
Conocimiento y Respeto LegalDesconocimiento generalizado, "reinterpretación" de normas, "hecha la trampa"Conocimiento accesible, respeto irrestricto a la ley por parte de gobernantes y gobernados
Liderazgo PolíticoBúsqueda de un "mesías" individual, enfoque en la reelección personal, falta de visión colectivaLiderazgo basado en equipos, visión a largo plazo, servicio público y rendición de cuentas
Rol de las InstitucionesDescrédito, vulnerabilidad a intereses particulares, procesos lentosFortaleza, autonomía, eficiencia, generadoras de confianza y estabilidad

Preguntas Frecuentes sobre la Madurez Democrática y los Políticos

¿Por qué se dice que nuestra democracia es débil?
Nuestra democracia es débil porque, a pesar de su existencia, no ha sido internalizada como parte de nuestra cultura política. Esto se manifiesta en un bajo apoyo ciudadano, el descrédito de las instituciones y una falta de familiaridad con las reglas del juego democrático.
¿Qué papel juega la calidad de las leyes en la percepción de los políticos?
La calidad de las leyes es fundamental. Cuando las normas son ambiguas, carecen de sanciones claras o son percibidas como "acomodables" a intereses particulares, la confianza en el sistema legal y, por ende, en los políticos que las implementan, se erosiona significativamente.
¿Cómo afecta la búsqueda del "mesías político" a la madurez democrática?
La búsqueda de un "mesías político" impide la madurez democrática al centralizar la esperanza en un solo individuo, ignorando la importancia de la gobernanza colectiva y la fiscalización. Esto fomenta el caudillismo y desincentiva la participación ciudadana activa en la elección y control de todos los representantes.
¿Cuál es la responsabilidad del ciudadano en la calidad de la política?
El ciudadano tiene una responsabilidad crucial. Para tener mejores autoridades, es necesario tener mejores votantes: más informados, más críticos y con mayor compromiso al sufragar. Además, es vital pasar de la actitud de "súbdito" a la de "ciudadano" activo, cuestionando y proponiendo de manera constructiva.
¿Es la reelección un problema para la democracia?
La búsqueda constante de la reelección puede ser un síntoma de falta de visión y confianza en la capacidad de otros miembros del grupo político. Cuando se prioriza la permanencia en el cargo sobre la resolución de problemas urgentes de la población, se debilita la alternancia y la renovación democrática.

Hacia una Democracia Más Madura: El Rol del Ciudadano

Finalmente, la interrogante de por qué la democracia peruana no termina de madurar encuentra una respuesta sencilla pero profunda: muchos seguimos pensando y actuando como súbditos. Esto se evidencia en la adulación a las autoridades, en la entrega de obsequios por el simple hecho de que cumplan con su trabajo, o en la pasividad que solo se rompe con protestas, a menudo violentas, cuando los intereses individuales se ven directamente amenazados. ¿Es eso democracia? Claramente no.

La verdadera madurez democrática requiere levantar la voz a tiempo, pero de manera constructiva: cuestionando, proponiendo y participando activamente. Mientras no lleguemos a este nivel de compromiso, seguiremos en una democracia que se asemeja a un barco a la deriva, sin rumbo fijo y a merced de las corrientes. Que cada aniversario nacional sea una oportunidad para la reflexión profunda y para que, como sociedad, demos un salto cualitativo. Empecemos por nosotros mismos, asumiendo nuestro rol de mejores ciudadanos, porque ese es el regalo más valioso que podemos dar a la Patria.

La transformación democrática no es solo tarea de los políticos, sino un proyecto colectivo que exige la participación consciente y responsable de cada uno de nosotros. Solo así podremos construir un sistema más robusto, transparente y verdaderamente representativo, donde la confianza en las instituciones se restaure y la figura del servidor público recupere su verdadero valor.

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