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Policía de Salta: Entre la Leyenda y la Cruda Realidad

02/10/2024

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La pregunta sobre quién es la verdadera policía de Salta evoca una reflexión profunda sobre el concepto de orden, autoridad y protección en la provincia, tanto en el pasado como en el presente. A lo largo de la historia, figuras emblemáticas han encarnado, de distintas maneras, la función de mantener el control y la seguridad, a menudo en contextos de extrema turbulencia. Sin embargo, la institución policial contemporánea enfrenta el escrutinio público por sus acciones, algunas de las cuales contradicen los principios fundamentales de los derechos humanos. Este artículo explora estas dos facetas, desde la controvertida figura de Macacha Güemes, hermana del General Martín Miguel de Güemes, hasta los recientes y alarmantes sucesos que involucran a agentes de la Policía de Salta en Tartagal.

¿Qué hicieron los agentes de la Policía de Salta?
Diez agentes de la Policía de Salta fueron detenidos por haber golpeado, azotado y simular fusilamientos contra detenidos en una comisaría de la ciudad de Tartagal. Los policías fueron apresados luego de que se denunciaran los hechos ocurridos el 29 de mayo pasado en la comisaría 42ª de la Policía de Salta.
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Macacha Güemes: ¿La Vigilante de la Independencia?

La imagen de María Magdalena Dámasa Güemes de Tejada, más conocida como Macacha Güemes, ha sido objeto de intensos debates históricos y sociales. Para algunos, es una heroína fundamental de la gesta independentista, el cerebro detrás de muchas estrategias de su hermano Martín Miguel de Güemes, y protectora incansable de los desvalidos. Para otros, su figura es la de una mujer intrigante y violenta, que sembraba el temor entre los opositores al caudillo salteño. Esta dualidad en su percepción es precisamente lo que lleva a algunos a tildarla de "la verdadera policía de Salta", una expresión que, lejos de ser un halago, a menudo se utiliza para denostar su carácter y sus métodos.

Visiones Contradictorias de una Figura Clave

El historiador Gregorio Caro Figueroa, por ejemplo, ha caracterizado a Macacha como una mujer violenta, citando las “Memorias” del General José María Paz, quien la describe como “mujer ambiciosa, intrigante y animosa”. Sin embargo, es crucial contextualizar estas afirmaciones. El mismo General Paz, en sus memorias, no escatimó juicios despectivos sobre el propio Güemes, a quien acusó de ser un “caudillo” y “demagogo” que “indisponía a la plebe con la clase más acomodada de la sociedad”, llegando incluso a cuestionar su valor personal. ¿Puede una fuente tan parcial y desacreditada en sus apreciaciones sobre el héroe salteño ser tomada como verdad inalterable para juzgar a su hermana?

Otro punto de apoyo para la estigmatización de Macacha que se ha utilizado es una novela, “Don Martín” de Fernando Figueroa, donde se pone en boca de un furioso opositor a Güemes, Dámaso Uriburu, la frase: “Tengan presente que esa Macacha es la verdadera policía de Salta. Ella todo lo oye, todo lo ve, todo lo sabe. No es de confiar”. Citar una obra de ficción, y además atribuir una aseveración a un personaje que es un declarado enemigo del movimiento güemesiano, revela una debilidad argumental y una manifiesta animadversión hacia el rol que jugó la hermana del guerrillero. Buscar en cualquier lugar, incluso en la ficción y en fuentes sesgadas, para refrendar una opinión preestablecida, dice más del crítico que de la figura criticada.

Incluso Bernardo Frías, historiador de referencia sobre Güemes, presenta citas contradictorias sobre Macacha, algunas encomiables y otras que se alinean con las apreciaciones negativas. La complejidad de su figura exige una lectura matizada, que evite caer en simplificaciones o juicios anacrónicos. Luis Arturo Torino, otro académico del Instituto Güemesiano, en su libro “Salta. 1821 a 1835”, afirma que “Doña Magdalena (Macacha) había adquirido un enorme prestigio entre la canalla (sic) de la ciudad y las masas de la campaña”. Utiliza el término “canalla” para referirse a quienes la apoyaban, lo que denota un sesgo clasista y despectivo hacia las bases populares que sostuvieron la causa independentista. También habla de la “adoración irracional” de las muchedumbres por Güemes. Estas afirmaciones, infamantes y cargadas de prejuicios, deben ser repudiadas.

El Contexto de la Violencia: Lealtad y Traición

Es innegable que Macacha Güemes y su madre, Doña Magdalena, estuvieron involucradas en jornadas violentas tras la emboscada que hirió de muerte a Güemes. Sin embargo, ¿de qué violencia estamos hablando? La Salta de principios del siglo XIX era un hervidero de pasiones, lealtades y traiciones. Las conjuras contra Güemes eran una constante. La conspiración de la “Patria Nueva” en 1820, cuyos comprometidos fueron perdonados por Güemes, volvió a la carga con renovado ardor. El 24 de mayo de 1821, aprovechando la ausencia de Güemes, dieron un golpe de estado y publicaron un manifiesto infame, acusando al caudillo de ser un “tirano”, un “déspota” que “dilapidaba los fondos públicos” y “comerciaba escandalosamente con el enemigo”. Este manifiesto, firmado por el mismo Dámaso Uriburu que la novela cita, es una muestra de la virulencia y la falsedad de los ataques contra Güemes.

Pocos días después, Güemes recuperó el poder sin un solo disparo, aclamado por los gauchos. Pero la traición no cesó. El 7 de junio de 1821, fue herido de muerte en una emboscada tendida por fuerzas realistas, guiadas por los mismos “revolucionarios” que luego aceptarían jubilosos a Olañeta, el general realista, como gobernador. Firmaron un armisticio con los godos, un “indigno armisticio de Salta” como lo calificara San Martín. Para Güemes, agonizante, esto era una traición a la patria. Es evidente que Macacha y su madre compartían esta visión. Sus acciones violentas posteriores deben entenderse como una respuesta a esta traición, una defensa de la independencia y la lealtad a la causa que su hermano encarnaba. ¿Qué tipo de conducta se esperaría de ellas en ese contexto?

Güemes mismo, en una carta a Belgrano del 27 de noviembre de 1817, expresó su frustración con quienes denigraban su nombre y no castigaban los delitos: “No puedo pasar en silencio, la conducta y perverso manejo de Archondo y Ormaechea… Ya me he cansado de sufrir y protesto hacer con estos o con cualquiera otro perverso que venga, un ejemplar que aterre y escarmiente a los demás”. Lamentablemente, Belgrano subestimó a estos “perros chicos”, uno de los cuales, Atanasio Archondo, comandaría el pelotón que heriría de muerte a Güemes. La “policía” de Macacha, aunque violenta, buscaba preservar la revolución de sus enemigos internos, que resultaron ser tan letales como los externos.

A modo de comparación de las visiones sobre el pueblo que apoyó a Güemes y Macacha:

Autor/FuenteTérmino para los seguidores de Güemes/MacachaContexto/Visión
Manuel Belgrano"Canalla" (para quienes escuchaban a los enemigos de Güemes)Desprecio por los detractores de Güemes, pero no por el pueblo leal.
Luis Arturo Torino (académico)"Canalla" (para las masas que apoyaban a Macacha)Visión despectiva de los seguidores populares de Macacha y Güemes, calificándolos de "adoración irracional".

La diferencia es abismal. Belgrano reserva el término para los enemigos de la causa, mientras que Torino lo aplica a quienes apoyaron a los héroes de la independencia hasta dar su sangre. Esto refuerza la idea de una animadversión hacia el pueblo y sus líderes populares.

La Policía de Salta Hoy: Abuso y Hacinamiento en Tartagal

En un drástico contraste con la figura histórica de Macacha Güemes, la institución policial actual en Salta se ha visto envuelta en graves denuncias de violaciones a los derechos humanos. Recientemente, diez agentes de la Policía de Salta fueron detenidos e imputados por haber golpeado, azotado y simulado fusilamientos contra detenidos en la Comisaría 42 de Tartagal. Este incidente, ocurrido el 29 de mayo, ha puesto de manifiesto prácticas aberrantes que atentan contra la dignidad y la integridad de las personas bajo custodia del Estado.

¿Quién es la verdadera policía de Salta?
Otra referencia que toma para avalar esta estigmatización de Macacha ¡es una novela! Cito: “En la novela histórica “Don Martín”, del autor salteño Fernando Figueroa (1994) se pone en boca de Dámaso Uriburu, opositor a Güemes: “Tengan presente que esa Macacha es la verdadera policía de Salta. Ella todo lo oye, todo lo ve, todo lo sabe.

Un Cuadro de Tortura y Deshumanización

Las denuncias son escalofriantes. Los detenidos, bajo la intervención del fiscal de Derechos Humanos Gabriel González, relataron haber sido obligados a desnudarse y permanecer sin ropa durante horas en una madrugada helada, siendo manguereados con agua fría. Sufrieron golpes con látigos, cachiporras y palos, resultando en hematomas, equimosis y fracturas, como constataron los informes médicos. Además, se denunció la destrucción de sus pertenencias, la obligación de meter la mano en el lugar donde defecan, y la simulación de ejecuciones con escopetas, una táctica de terror psicológico que busca quebrar la voluntad de los individuos.

El contexto de estos abusos es aún más preocupante. La Comisaría 42 de Tartagal alberga a 56 detenidos, cuando su capacidad es apenas para 12. Esta situación de hacinamiento extremo fue denunciada por el Comité contra la Tortura de Salta días antes de los hechos. El informe del Comité detalla condiciones inhumanas: falta de baños adecuados (un pozo común con horario restringido y sin privacidad), ausencia de duchas, infestación de cucarachas y otros insectos, falta de higiene y ventilación, y la mayoría durmiendo en el piso sin colchones. No hay posibilidades de actividad recreativa, laboral o educativa, y el régimen de visitas es de apenas 15 minutos por semana.

La Impunidad y el Sistema

La detención de los diez policías (ocho de la División Infantería de Tartagal y dos de la Comisaría 42ª) se produjo después de que los detenidos recibieran amenazas para que no sostuvieran sus denuncias, mensajes que incluso llegaron a sus familiares. Esto sugiere una estructura de impunidad que permite que tales abusos ocurran y se intenten encubrir. Como señaló una fuente judicial, “No sorprenden los hechos aislados de violencia policial, pero esto fue una golpiza desmesurada. Fueron a eso. Y si lo hacen es porque se sienten con una espalda grande”. La implicación es clara: estas acciones no son incidentes aislados de agentes individuales, sino que sugieren un problema más profundo, posiblemente sistémico, donde la violencia se ejerce con la percepción de respaldo o falta de consecuencias.

La situación en Tartagal es un claro ejemplo de cómo la falta de inversión en infraestructura carcelaria y la sobrepoblación en comisarías (que no deberían ser centros de detención permanente) crean un caldo de cultivo para la violación de los derechos humanos. El Comité contra la Tortura ha enfatizado que las comisarías no están destinadas a albergar personas por períodos prolongados, sin embargo, en Salta, se utilizan con este fin, alojando a personas con prisión preventiva y condenadas.

¿Quién Protege y Quién Abusa? Una Reflexión Final

La pregunta inicial sobre la "verdadera policía de Salta" adquiere matices complejos al contrastar estas dos realidades. Por un lado, una figura histórica como Macacha Güemes, cuya "policía" se ejerció en un contexto revolucionario para preservar la independencia y la lealtad a la causa, a menudo enfrentando la traición interna. Sus acciones, aunque violentas, estaban alineadas con un objetivo mayor: la supervivencia de la Patria naciente. Su propósito era la protección del proyecto independentista y de aquellos que lo sostenían, incluso de la "canalla" que la apoyaba incondicionalmente.

Por otro lado, la institución policial actual, cuyo deber es proteger a los ciudadanos y mantener el orden dentro de un marco legal, es acusada de ejercer una violencia desmedida y sistemática contra aquellos bajo su custodia. En el caso de Tartagal, la "policía" se convierte en fuente de tormento y degradación, actuando no para proteger, sino para oprimir y violentar, en un contexto de hacinamiento y deshumanización. La confianza en la institución se ve gravemente erosionada cuando sus agentes son los perpetradores de tales atrocidades.

La historia nos muestra figuras complejas que asumieron roles de "policía" en tiempos de crisis, con motivaciones y consecuencias diversas. El presente nos confronta con la responsabilidad de asegurar que la institución encargada de la seguridad actúe con respeto a la ley y a los derechos humanos. La verdadera policía de Salta debería ser aquella que, sin importar el tiempo, garantice la seguridad y la justicia para todos sus ciudadanos, y no aquella que se presta a la tortura y el abuso en la oscuridad de sus calabozos.

Preguntas Frecuentes (FAQ)

¿Quién fue Macacha Güemes y por qué se la menciona como "la verdadera policía de Salta"?
María Magdalena Dámasa Güemes de Tejada, conocida como Macacha, fue la hermana del General Martín Miguel de Güemes y una figura clave en la Guerra Gaucha por la independencia. Se la menciona como "la verdadera policía de Salta" debido a su influencia y su papel activo en la política y la inteligencia de la época, a menudo para mantener la lealtad y combatir a los opositores de su hermano, lo que le valió tanto reconocimiento como críticas por sus métodos, a veces considerados violentos.
¿Qué tipo de acusaciones se le hicieron a Macacha Güemes?
Algunos historiadores y críticos la describieron como "ambiciosa, intrigante y animosa", y la acusaron de ser una figura violenta. Estas acusaciones a menudo provienen de fuentes sesgadas, como las "Memorias" del General Paz (quien también criticaba a Güemes) o de personajes de ficción que representaban a opositores de su hermano.
¿Qué sucedió en la Comisaría 42 de Tartagal?
El 29 de mayo, se denunciaron actos de tortura, golpes, azotes con látigos y cachiporras, y simulación de fusilamientos contra detenidos. Los presos fueron obligados a desnudarse, manguereados con agua fría, y sus pertenencias destruidas. Diez agentes de la Policía de Salta fueron detenidos e imputados por estos hechos.
¿Cuál es la situación del hacinamiento en la Comisaría 42 de Tartagal?
La Comisaría 42 de Tartagal tiene una capacidad para 12 detenidos, pero albergaba a 56 personas al momento de los hechos, una situación de hacinamiento extremo. El Comité contra la Tortura de Salta había advertido previamente sobre las pésimas condiciones, incluyendo falta de higiene, ventilación, baños adecuados y camas.
¿Qué medidas se tomaron contra los policías involucrados en los abusos de Tartagal?
El fiscal de Derechos Humanos de Salta, Gabriel González, inició una investigación, entrevistó a las víctimas, ordenó informes médicos que constataron las lesiones, y dispuso la detención de diez agentes. Se espera que sean imputados formalmente por torturas y otros delitos graves.

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