03/08/2024
El 21 de marzo de 1937, Puerto Rico fue testigo de uno de los actos más sangrientos de represión contra los sentimientos independentistas, un evento conocido tristemente como la Masacre de Ponce. Aquel Domingo de Ramos, la ciudad de Ponce, y en particular sus calles centrales, se transformaron en el escenario de una tragedia que marcaría para siempre la memoria colectiva de la isla. Lo que comenzó como un desfile pacífico del Partido Nacionalista, precedido por una solicitud de permiso y una aparente aprobación, se tornó en una emboscada brutal que dejó decenas de muertos y heridos, muchos de ellos concentrados en las inmediaciones de la emblemática Calle Marina.

La historia de aquel fatídico día, tal como la relató el escritor y poeta Juan Antonio Corretjer, comienza con la solicitud de permiso para un mitin público y desfile por parte de los dirigentes nacionalistas Plinio Gracián y Luis Castro Quesada al gobierno municipal de Ponce. El alcalde José Tormos Diego concedió el permiso sin objeciones, lo cual era un mero acto de cortesía, ya que la ley puertorriqueña de la época no requería autorización para celebrar desfiles o actos públicos en parques o plazas. Sin embargo, la situación cambió drásticamente cuando el Jefe de la Policía, Coronel Orbeta, llegó a Ponce para "estudiar la situación". Tras conferenciar con el General Winship, gobernador estadounidense de Puerto Rico, se orquestó la cancelación del permiso. El 20 de marzo, el Capitán Felipe Blanco, jefe de la Policía del distrito de Ponce, comunicó a los líderes nacionalistas que, por órdenes superiores, el desfile no sería permitido.
La Concentración Policial: Una Trampa Metódica
Los días previos y el mismo 21 de marzo de 1937, Ponce fue testigo de una inusual y masiva concentración de fuerzas policiales. A la dotación regular de la ciudad, se sumaron unos 200 hombres adicionales, todos fuertemente armados. El arsenal a disposición de la policía era impresionante: rifles, carabinas, subametralladoras, bombas lacrimógenas y granadas de mano, además de las armas reglamentarias como revólveres y macanas. Esta acumulación de poder de fuego, inusitada para un evento de tal naturaleza, ya presagiaba que las intenciones de las autoridades iban más allá de simplemente dispersar una manifestación.
El Coronel Orbeta y el Capitán Blanco se reunieron con el alcalde Tormos después del mediodía para presionarlo a revocar el permiso. Aunque el alcalde inicialmente se mantuvo firme, Orbeta lo intimidó con la falsa alegación de que los nacionalistas llegarían armados, incluso mencionando grupos armados de Mayagüez. Esta afirmación, posteriormente desmentida bajo interrogatorio del Comité Investigador de la UALC (Unión Americana de Libertades Civiles), reveló la verdadera intención: justificar una acción represiva. Finalmente, el alcalde Tormos cedió, alegando falsamente que se trataba de Domingo de Ramos y que los Padres Paules habían solicitado la cancelación. Los nacionalistas, conscientes de la mentira, intentaron negociar, pero la entrevista fue abruptamente terminada: el permiso estaba cancelado.
Marina y Aurora: El Epicentro de la Tragedia
Mientras las discusiones entre la policía y los nacionalistas se desarrollaban, la fuerza policial solidificaba su presencia en las calles que rodeaban el local de la Junta Nacionalista, particularmente en la esquina de las calles Marina y Aurora. A los no nacionalistas se les indicaba que no entraran en el área delimitada por las calles Marina, Aurora y Jobos, creando un perímetro. Sin embargo, a los nacionalistas, fácilmente reconocibles por sus uniformes o insignias, se les permitía cruzar las líneas policiales. Esto resultó en que aproximadamente 80 Cadetes nacionalistas uniformados, junto con sus familias, ingresaran a la zona, quedando rodeados y virtualmente atrapados.
Poco antes del tiroteo, el Coronel Orbeta y el Capitán Blanco visitaron el área. La tensión era palpable. La policía había tomado posiciones estratégicas, mientras los nacionalistas, sin saberlo, estaban completamente cercados. De manera incomprensible, Orbeta y Blanco se marcharon, alegando más tarde que se fueron a "disfrutar de las bellezas del paisaje" y que no habían dado órdenes a la policía. Regresaron solo después de que la masacre había concluido, dejando a los jefes auxiliares Soldevilla, Bernal y Pérez Segarra al mando sin instrucciones claras.
La disposición de las fuerzas policiales en la Calle Marina y sus alrededores es crucial para entender la magnitud de la tragedia. La calle Marina corre de norte a sur, cruzándose primero con la calle Luna y luego con la calle Aurora. En la esquina de Marina y Aurora se encontraba el local de la Junta Nacionalista. Un grupo de policías se alineó en el lado este de la Calle Marina, entre Luna y Aurora. Cerca de la calle Aurora, otro numeroso grupo policial estaba listo para la acción. En la parte oeste de la Calle Marina, justo frente al local nacionalista, más policías tomaron posiciones, todos equipados con rifles, bombas lacrimógenas y carabinas.
Los Cadetes, desarmados, estaban formados en fila de tres en fondo en el lado sur de la calle Aurora, preparados para comenzar el desfile. Detrás de ellos se encontraba el Cuerpo de Enfermeras, vestidas de blanco, y luego una pequeña banda de solo cuatro músicos. Detrás de los nacionalistas, había otro grupo de policías armados con subametralladoras Thompson. Testigos oculares y fotografías confirmaron que los nacionalistas estaban completamente arrinconados y sin posibilidad de escape. La configuración de las fuerzas policiales demostró que el objetivo no era dispersar una multitud, sino una emboscada deliberada.
El Primer Disparo y el Caos Desatado
Alrededor de las 3:15 p.m., los Cadetes, junto a las enfermeras, se cuadraron militarmente mientras la banda comenzaba a tocar "La Borinqueña". En ese instante de solemne patriotismo, el infierno se desató. Aunque cada bando alegó que el primer disparo provino del otro, el informe de Arthur Garfield Hays a la Unión Americana de Libertades Civiles, basado en el testimonio de fotógrafos como Carlos Torres Morales, sugiere lo contrario. Torres Morales, al ver la actitud amenazante de la policía, levantó su cámara. Antes de que pudiera enfocar, sonó un disparo, quizás dos. La fotografía que capturó muestra a casi todos los policías en las calles Aurora y Marina, armados y listos para disparar contra la gente que huía.
Una de las imágenes más reveladoras, tomada por José Luis Conde segundos después del inicio de la masacre, muestra a la policía avanzando hacia la multitud desde el norte, desde la calle Aurora. La foto exhibe a grupos de personas, incluyendo hombres, mujeres y niños, congregados en la esquina de Aurora y Marina, frente al local nacionalista. También se observa a los Cadetes en atención, seguidos por las enfermeras, y directamente detrás de ellos, un destacamento de policías armados con subametralladoras, bajo el mando del Jefe Pérez Segarra.
La policía, al sonar el primer disparo, entró en una especie de frenesí. Descargas cerradas cayeron desde todos los lados sobre los Cadetes y el público en general. Durante aproximadamente diez minutos, fueron sometidos a un fuego cruzado incesante. Cuando la última descarga se silenció, el pavimento de la Calle Marina y sus alrededores estaba cubierto de cuerpos. Veintiuna personas yacían muertas, y más de 150 resultaron heridas. Un niño más falleció en un hospital cercano, y algunos quedaron mutilados de por vida. Esa media hora previa al tiroteo y los diez minutos criminales de los asesinatos pasaron a la historia como un ejemplo insuperado de la serenidad y el coraje de un pueblo bajo fuego.
Víctimas y Testimonios de Horror
Las historias de las víctimas son un testimonio desgarrador de la brutalidad de aquel día. Bolívar Márquez, un cadete de 26 años, cayó mortalmente herido. Con sus últimas fuerzas, se arrastró hasta la acera y, en la pared de una casa, escribió con su propia sangre: "Viva la República, Abajo los asesinos". Carmen Fernández, de 35 años, presenció la muerte del abanderado. Al intentar tomar la bandera, recibió una descarga de carabina y cayó gravemente herida.
Dominga Cruz Becerril, una mujer de Mayagüez que ya se había puesto a cubierto, vio la bandera caer al pavimento. Desafiando el peligro, salió de su refugio, corrió hacia la bandera, la levantó, la ondeó y luego corrió con ella hacia el Hospital Pila, sin resultar herida. Cuando se le preguntó por su acto de valentía, respondió con serenidad: "El Maestro nos ha dicho que la bandera siempre debe estar en alto", refiriéndose a Pedro Albizu Campos.
Incluso algunos policías se vieron afectados por la atrocidad. El policía Genaro Lugo no se quedó en el lugar después de presenciar el asesinato de una niña. Mientras huía, vio cómo el pelotón de policías con subametralladoras, comandado por el Jefe Pérez Segarra, disparaba contra el público aterrorizado.
La familia Rodríguez, parada frente a una zapatería en la calle Jobos, también sufrió el horror. Rafael, de 18 años, acababa de tomar fotografías cuando comenzó el tiroteo. Al tirarse al piso para protegerse, escuchó el grito de su hermano y vio a su padre levantarse para protegerlo. Ambos, padre e hijo, fueron heridos mortalmente y fallecieron en segundos. El propio Rafael resultó herido y fue arrojado sin miramientos a un vehículo policial.
José Delgado, un joven de 20 años y miembro de la Guardia Nacional, fue asesinado a más de 50 pies del epicentro del tiroteo. Un policía lo persiguió y, a pesar de sus gritos de "Yo no soy nacionalista, yo soy de la Guardia Nacional", fue silenciado para siempre. Don Luis Sánchez Frasqueri, un caballero de la alta sociedad, fue testigo de cómo un teniente de policía detuvo a sus hombres de matar a un hombre ileso, solo para luego ver al mismo hombre brutalmente golpeado en un camión policial y en el cuartel. Incluso un vendedor de frutas, a más de 75 yardas del local nacionalista, recibió un macanazo en la cabeza de un policía. Estos relatos individuales subrayan la naturaleza indiscriminada y la brutalidad de la represión.
La Impunidad de los Responsables
El Comité Investigador de los sucesos de la Masacre de Ponce dictaminó que se había actuado de forma injustificada, lo que llevó a la suspensión de sus cargos a algunos de los responsables policiales. Sin embargo, la justicia real nunca llegó. Los oficiales implicados no sufrieron prisión, y las familias de las víctimas jamás recibieron compensación alguna por sus pérdidas. El General Winship, gobernador norteamericano de Puerto Rico y quien dio la orden directa de la masacre, salió impune y continuó gobernando la isla por dos años más, un claro ejemplo de la falta de rendición de cuentas y la impunidad que rodeó este oscuro capítulo de la historia puertorriqueña.
Nombres y Rangos: Los Actores de la Represión
La siguiente tabla detalla algunos de los policías que estuvieron involucrados en las actividades de Ponce durante la masacre de 1937, mostrando su rango, número de arma, calibre y distrito de procedencia. Es un testimonio de la maquinaria policial desplegada en aquel día.
| Rango y Número | Nombre | Clase, número y calibre del arma | Distrito de donde procedía |
|---|---|---|---|
| Jefe Dtto. | Guillermo Soldevila | Revolv. 403388 C. 38 | Coamo |
| Guardia # 78 | Ceferino Loyola | Revolv. 342782 C. 45 | Ponce |
| Guardia #700 | Eusebio Sanchez | Revolv. 403937 C. 38 | Arroyo |
| Guardia #630 | Armando Martinez | Revolv. 343065 C. 45 | Ponce |
| Guardia #474 | Ramon Robles Barreto | Revolv. 343485 C. 45 | Juana Díaz |
| Guardia #870 | Francisco Lao | Revolv. 367805 C. 38 | Guayama |
| Guardia #221 | Ramon Oliveras | Revolv. 342878 C. 45 | Utuado |
| Guardia #583 | Rafael A. Hernandez | Revolv. 343258 C. 45 | Utuado |
| Guardia #518 | Abelardo Diaz | Revolv. 342871 C. 45 | Aibonito |
| Guardia #116 | Gustavo Rosado | Revolv. 342793 C. 45 | Salinas |
| Guardia #837 | Rafael Maldonado | Revolv. 384741 C. 38 | Sabana Grande |
| Guardia #265 | Demetrio Alameda | Revolv. 343130 C. 45 | Mayagüez |
| Guardia #490 | Antero Diaz | Revolv. 342328 C. 45 | Patillas |
| Guardia #676 | Segismundo Raul Irizarry | Revolv. 342779 C. 45 | San German |
| Guardia #166 | Radames Pierantoni | Revolv. 342808 C. 45 | Ponce |
| Guardia #39 | Manuel Ortiz Fuentes | Revolv. 342678 C. 45 | Coamo |
| Jefe Dtto. | Antonio Bernart | Revolv. 404955 C. 38 | Guayanilla |
| Guardia #90 | Jobo Santiago | Revolv. 342639 C. 45 | Guánica |
| Guardia #363 | Juan Rodriguez | Revolv. 342946 C. 45 | Coamo |
| Guardia #458 | Sergio Merle | Revolv. 343411 C. 45 | Juana Díaz |
| Guardia #466 | Luis W. Lynn | Revolv. 334870 C. 45 | Ponce |
| Guardia #188 | Domingo Nicot | Revolv. 342805 C. 45 | Cayey |
| Guardia #742 | Francisco Casalduc | Revolv. 404455 C. 38 | Adjuntas |
| Guardia #377 | Jorge Camacho | Revolv. 342868 C. 45 | Guánica |
| Guardia #398 | Angel S. Bonilla | Revolv. 343490 C. 45 | Guayanilla |
| Guardia #505 | Humberto Lucca | Revolv. 343073 C. 45 | Ponce |
| Guardia #483 | Luis Anes Mariani | Revolv. 343056 C. 45 | Ponce |
| Guardia #305 | Pedro V. Vazquez | Revolv. 342906 C. 45 | Ponce |
| Jefe Dtto. | A. Perez Segarra | Pistola C180842 C. 45 | San Juan |
| Sargento | Rafael Molina | Revolv. 335066 C. 45 | Ponce |
| Guardia #175 | Manuel Gonzalez | Revolv. 342812 C. 45 | Ponce |
| Guardia #254 | Andres A. Velez | Revolv. 342885 C. 45 | Mayagüez |
| Guardia #470 | Juan A. Morcilio | Revolv. 343249 C. 45 | Mayagüez |
| Guardia #56 | Evelio Maldonado | Revolv. 345454 C. 45 | Yauco |
| Guardia #844 | Ramon Rodriguez | Revolv. 405121 C. 38 | Guayama |
| Guardia #98 | Luis A. Munera | Revolv. 342762 C. 45 | Aguadilla |
| Guardia #706 | Vicente Rivera | Revolv. 314056 C. 38 | Arecibo |
| Guardia #286 | Felix Hernandez | Revolv. 342552 C. 45 | San Juan |
| Guardia #324 | Narciso Miranda | Revolv. 343180 C. 45 | Barranquitas |
| Guardia #690 | Angel Berlingeri | Revolv. 340985 C. 45 | Cayey |
| Detective | Juan R. Colon | Revolv. 403390 C. 38 | Ponce |
| Detective | Pablo Diaz Casiano | Revolv. 407201 C. 38 | Ponce |
| LanceCorpl. (229) | Carmelo Rivera | Revolv. 342888 C. 45 | Ponce |
| Guardia #675 | Alberto Benson | Revolv. 342486 C. 45 | Ponce |
| Guardia #28 | Ramon C. Perez | Revolv. 342749 C. 45 | Ponce |
| Guardia #782 | Roman Pacheco | Revolv. 334749 C. 38 | Ponce |
| Guardia #513 | Arturo Garrastazu | Revolv. 343074 C. 45 | Ponce |
| Guardia #815 | Emilio Colon | Revolv. 308401 C. 38 | Ponce |
| Guardia #225 | Oscar Correa | Revolv. 342885 C. 45 | Ponce |
| Guardia #859 | Enrique Figueroa | Revolv. 334738 C. 38 | Ponce |
| Guardia #707 | Luis M. Garcia | Revolv. 403496 C. 38 | Ponce |
| Guardia #72 | Sergio Diaz Cartagena | Revolv. 343136 C. 45 | Ponce |
| Guardia #828 | Casimiro Sepulveda | Revolv. 402708 C. 38 | Ponce |
| Guardia #773 | Pedro Claudio | Revolv. 368925 C. 38 | Ponce |
| Guardia #183 | Antonio S. Fantauzzi | Revolv. 342873 C. 45 | Ponce |
| Guardia #594 | Juan Santana Monero | Revolv. 343086 C. 45 | Ponce |
| Guardia #619 | Leon R. Aponte | Revolv. 343122 C. 45 | Ponce |
| Guardia #190 | John Padilla | Revolv. 342991 C. 45 | Ponce |
| Guardia #677 | Jose R. Colon | Revolv. 406658 C. 38 | Guayama |
| Guardia #635 | Luis Magin del Toro | Revolv. 343164 C. 45 | Mayagüez |
| Guardia #339 | Ramon Cintron | Revolv. 342918 C. 45 | Ponce |
| Guardia #643 | Felipe Ramirez | Revolv. 343211 C. 45 | Ponce |
| Guardia #517 | Diego Ortega | Revolv. 342830 C. 45 | Ponce |
| Guardia #341 | Julio Guzman | Revolv. 343332 C. 45 | Ponce |
| Guardia #802 | Eleuterio P. Rivera | Revolv. 368932 C. 38 | Ponce |
| Guardia #379 | Jose Maria Colon | Revolv. 343028 C. 45 | Ponce |
| Guardia #267 | Luis Pieraldi | Revolv. 403356 C. 38 | Ponce |
| Guardia #731 | Hipolito Ortiz | Revolv. 367051 C. 38 | Ponce |
| Guardia #812 | Daniel Vallejo | Revolv. 405440 C. 38 | Ponce |
| Guardia #51 | Carmelo Rosario | Revolv. 342750 C. 45 | Ponce |
| Jefe Dtto. | Esteban Rodriguez | Revolv. 405417 C. 38 | Ponce |
| Guardia #533 | Cristobal Arce | Revolv. 342936 C. 45 | Ponce |
| Guardia #369 | Silvestre Vivaldi | Revolv. 342960 C. 45 | Ponce |
| Guardia #448 | Rafael Carranza | Revolv. 343117 C. 45 | Ponce |
| Guardia #178 | Jose M. Sanchez | Revolv. 343076 C. 45 | Mayagüez |
| Guardia #851 | Gilberto Morales | Revolv. 405626 C. 38 | Peñuelas |
| Guardia #508 | Jose Cruz Martinez | Revolv. 343343 C. 45 | Guayama |
| Guardia #741 | Ramon Cruz Reyes | Revolv. 368144 C. 38 | Santa Isabel |
| Guardia #130 | Juan A. Ramirez | Revolv. 342826 C. 45 | Villalba |
| Guardia #582 | Juan Alvarez | Pistola C179982 C. 45 | San Juan |
| Guardia #293 | Mariano Vazquez | Revolv. 343012 C. 45 | San Juan |
| Guardia #185 | Frank Salgado | Revolv. 343347 C. 45 | San Juan |
| Guardia #537 | Luis M. Perez | Revolv. 342980 C. 45 | San Juan |
| Guardia #321 | Francisco Guzman | Revolv. 342924 C. 45 | San Juan |
| Coronel | Enrique de Orbeta | Revolv. 406064 C. 38 | Cuartel General San Juan |
| Jefe Dtto. | Felipe Blanco | Revolv. 406104 C. 38 | Ponce |
Preguntas Frecuentes sobre la Masacre de Ponce
¿Qué fue la Masacre de Ponce y cuándo ocurrió?
La Masacre de Ponce fue un trágico evento ocurrido el 21 de marzo de 1937 en Ponce, Puerto Rico, durante el cual la policía colonial estadounidense abrió fuego indiscriminadamente contra una manifestación pacífica del Partido Nacionalista. Este acto de represión resultó en la muerte de 21 personas y más de 150 heridos, marcando un punto oscuro en la lucha por la independencia de la isla.
¿Cuál fue el papel de la Calle Marina en la Masacre de Ponce?
La Calle Marina fue el epicentro de la Masacre de Ponce. En su esquina con la Calle Aurora se encontraba el local de la Junta Nacionalista, y fue en las inmediaciones de estas calles donde la policía concentró sus fuerzas, estableciendo un perímetro. Los cadetes y enfermeras nacionalistas, al formar para el desfile, quedaron completamente rodeados y atrapados en esta área, convirtiendo la Calle Marina en el principal escenario del tiroteo y la tragedia.
¿Quién ordenó la Masacre de Ponce?
Según los relatos históricos y las investigaciones, el Gobernador estadounidense de Puerto Rico en ese momento, el General Winship, fue quien ordenó directamente la cancelación del permiso para el desfile y la concentración policial que culminó en la masacre. El Coronel Orbeta, Jefe de la Policía, actuó bajo sus instrucciones, presionando al alcalde de Ponce para revocar el permiso y desplegando la fuerza policial de manera estratégica.
¿Se hizo justicia para las víctimas de la Masacre de Ponce?
Lamentablemente, no se hizo verdadera justicia para las víctimas de la Masacre de Ponce. Aunque un Comité Investigador determinó que la policía había actuado de forma injustificada y algunos oficiales fueron suspendidos de sus cargos, ninguno de ellos fue encarcelado. Además, las familias de los fallecidos y heridos nunca recibieron compensación. El General Winship, la figura principal detrás de la masacre, continuó en su puesto de gobernador por dos años más sin enfrentar ninguna consecuencia legal.
¿Cuál era la intención de la policía al rodear a los nacionalistas en la Calle Marina?
La evidencia sugiere que la intención de la policía al rodear a los nacionalistas en la Calle Marina y sus alrededores no era simplemente dispersar una multitud o impedir el desfile. La forma en que las fuerzas estaban organizadas, la negación deliberada de una salida a los manifestantes y el armamento pesado, indican que el propósito era amedrentar a todo el pueblo de Puerto Rico mediante un despliegue brutal de crueldad, es decir, perpetrar una masacre. Los nacionalistas estaban desarmados y sin oportunidad de escape, lo que descarta la idea de un enfrentamiento espontáneo.
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