¿Es difícil coordinar con la policía de la provincia de Buenos Aires?

¿Es Un Laberinto Coordinar con la Policía Bonaerense?

12/03/2026

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La seguridad ciudadana se erige, una vez más, como uno de los pilares centrales de la agenda pública y política en Argentina. En particular, la coordinación y el funcionamiento de la Policía de la Provincia de Buenos Aires (PBA) son temas recurrentes que generan intensos debates y profundas preocupaciones. ¿Es realmente difícil coordinar con esta fuerza? La respuesta, lejos de ser sencilla, se adentra en un laberinto de complejidades políticas, estructuras internas y una arraigada desconfianza que va más allá de lo meramente operativo. Lo que a primera vista podría parecer una cuestión de recursos o logística, se revela como un desafío marcado por figuras clave y una historia de tensiones.

¿Qué es la tercera arista de la policía?
La tercera arista se denomina APL y son las consolas de despacho, las cuales son manejadas por la Policía Nacional y reciben la información que viene desde los dos subsistemas antes descritos. El teniente Roddy Lozada, jefe del área de ingeniería, destacó que este sistema es una red troncalizada de la Policía.
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La Verdadera Causa de la Descoordinación: Más Allá de la Fuerza

Cuando se aborda la eficiencia o las dificultades en la coordinación con la Policía de la Provincia de Buenos Aires, a menudo se señala a la institución en sí. Sin embargo, voces autorizadas como la de la exministra de Seguridad Sabina Frederic, arrojan una luz diferente y más precisa sobre el problema. Según Frederic, “Con la policía de la provincia de Buenos Aires no es difícil coordinar, es más difícil coordinar con Berni”. Esta afirmación es crucial, ya que desplaza el foco del problema de la institución policial en su conjunto hacia la figura de su entonces ministro, Sergio Berni.

La compleja personalidad de Berni y su estilo de liderazgo se presentan como el principal escollo. Su presunto deseo de tener un control directo y absoluto sobre las fuerzas federales, así como su notoria desconfianza hacia la propia policía bonaerense –al punto de utilizar custodia de la Policía Federal en lugar de la provincial–, generaron fricciones constantes. Esta dinámica de control y desconfianza en la cúpula ministerial se traduce inevitablemente en barreras para una coordinación fluida y eficaz, afectando no solo la relación con el gobierno nacional, sino también la operativa interna de la fuerza. Las protestas policiales de septiembre de 2020 y el incidente del gendarme “carancho” son ejemplos claros de su complicada conducción y su tendencia a acciones polémicas.

La Desconfianza Crónica: Un Secreto a Voces

La dificultad de coordinación no se limita a la figura de un ministro. Existe una desconfianza más profunda y extendida hacia las fuerzas policiales provinciales, especialmente la bonaerense y la de Santa Fe. Esta desconfianza se manifiesta en el constante reclamo de gobernadores e intendentes por la presencia de fuerzas federales, como la Gendarmería. Si bien la demanda por más gendarmes es comprensible ante el aumento de la criminalidad, también es un síntoma inequívoco del "desprestigio" y la poca fe que se tiene en la capacidad o la integridad de las policías locales.

Un tema central, pero raramente abordado públicamente, es la existencia de una “caja negra” dentro de la policía. Este es un "secreto a voces" que alude a mecanismos ilegales de regulación de la violencia y el delito que operan en las comisarías, generando dinero sucio. Aunque no implica que toda la policía sea corrupta, sí sugiere la existencia de estructuras que gestionan el límite entre lo legal y lo ilegal de manera irregular. Esta dimensión compleja y su falta de transparencia son elementos que contribuyen a la desconfianza generalizada y hacen que cualquier intento de reforma o coordinación se encuentre con una resistencia inherente, al no querer tocar estas estructuras.

El Papel Ambiguo de la Gendarmería: ¿Solución o Paliativo?

La Gendarmería Nacional, una fuerza originalmente concebida para la protección de fronteras, ha visto sus funciones redefinidas a lo largo de los años. El kirchnerismo, a partir de 2011, la "reinventó", enviándola masivamente a los grandes cordones urbanos como el Gran Buenos Aires y Rosario. Esta medida, si bien buscaba reforzar la seguridad en zonas críticas, también denotaba una falta de confianza en las policías provinciales para contener el delito.

Durante la gestión de Patricia Bullrich, la Gendarmería se "atomizó", siendo entregada de alguna manera a cada intendente, especialmente en municipios afines. La posterior administración de Sabina Frederic buscó reordenar este despliegue con el Plan Centinela 2, aumentando a 5000 el número total de efectivos federales en 30 municipios del conurbano. Sin embargo, la Gendarmería ha dejado de crecer y la demanda por su presencia es constante. Esto plantea un dilema: la fuerza federal es finita, y su despliegue masivo es una medida preventiva que, por sí sola, no alcanza para resolver la complejidad del problema delictivo.

La dependencia excesiva de la Gendarmería subraya la ineficacia percibida de las fuerzas provinciales. Si bien es una herramienta valiosa, no puede ser la única respuesta. La seguridad integral requiere un fortalecimiento de la investigación criminal, la desarticulación de redes delictivas y el combate al lavado de activos, aspectos que van más allá de la mera presencia preventiva en las calles.

La Seguridad como Batalla Política y la Demanda de Policías Locales

La seguridad se ha consolidado como un tema de campaña ineludible. Casos de alto perfil como los asesinatos de Lucio Dupuy y Fernando Báez Sosa, aunque no son excepcionales en su naturaleza, adquieren una repercusión masiva al salir de la "normalidad" de la invisibilización. Estos eventos alimentan la percepción de inseguridad y obligan a los referentes políticos a posicionarse, a menudo, con propuestas simplistas de "mano dura" que resuenan con una parte de la población.

En este contexto, la demanda de los intendentes por la vuelta de la policía local, un modelo implementado por Daniel Scioli en su momento, cruza las divisiones partidarias. Todos los intendentes, sin grieta, reclaman esta fuerza, lo que revela un deseo de mayor autonomía y control sobre la seguridad en sus municipios, posiblemente ante la percepción de una gestión centralizada ineficaz o poco sensible a las realidades locales. Esta tensión entre el gobierno provincial y los municipios, a través de la figura de Berni, fue una constante durante años.

Berni: El Enigma de su Permanencia

A pesar de las críticas constantes, incluso internas, la permanencia de Sergio Berni en el cargo de ministro de Seguridad bonaerense ha sido un enigma para muchos. Las teorías que circulan apuntan a que su figura le permite al gobernador Axel Kicillof "expandir por derecha", funcionando como un "pararrayos" ante conflictos imprevistos derivados de hechos de inseguridad. Si bien su gestión tuvo aciertos, como el manejo inicial de la crisis por la cocaína envenenada, también tuvo episodios controvertidos, como su desempeño en el partido Gimnasia-Boca.

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Además, Berni funciona como un "mascarón de proa" en la batalla del gobernador con los intendentes por la centralización de la seguridad. Su estilo combativo y su capacidad para absorber la atención mediática le permiten al gobernador llevar adelante una política de centralización sin ser el blanco directo de las críticas. En definitiva, su sostén parece residir en una compleja estrategia política del oficialismo provincial.

Modernización y Tecnología: ¿Una Solución Pendiente?

Si bien los principales desafíos de coordinación con la Policía de la Provincia de Buenos Aires parecen ser de índole política y de confianza, la modernización tecnológica es un factor que puede mejorar sustancialmente la eficiencia y la interoperabilidad en cualquier fuerza policial. En otros contextos, como el de la Policía Nacional de Ecuador, la implementación de sistemas de radio comunicaciones avanzados ha demostrado ser transformadora.

Estos sistemas, que operan con tecnología de punta y comunicación encriptada, evitan la vulnerabilidad de la señal y permiten una comunicación segura y fluida entre unidades, incluso a nivel nacional. Además, se complementan con subsistemas clave:

  • ALPR (Automatic License Plate Recognition): Permite a los patrulleros investigar antecedentes penales, verificar vehículos robados y consultar datos en tiempo real desde el campo.
  • AVL (Automatic Vehicle Location): Facilita el rastreo por GPS de policías y patrulleros, optimizando la asignación de recursos y la respuesta a emergencias.
  • APL (Consolas de Despacho): Son los centros de comando que reciben y gestionan la información de los subsistemas anteriores, permitiendo una toma de decisiones centralizada y coordinada.

Estos avances tecnológicos, aunque no resuelven problemas estructurales de confianza o corrupción, sí pueden proveer herramientas esenciales para una gestión policial más eficaz, transparente y coordinada. La inversión en infraestructura y equipos de telecomunicaciones de seguridad es un paso fundamental para cualquier fuerza que busque modernizarse y ofrecer un servicio más eficiente a la ciudadanía. La pregunta es si estas herramientas, por sí solas, serían suficientes para superar las arraigadas dificultades de coordinación en la Provincia de Buenos Aires, o si se necesitan reformas más profundas en la gestión y la cultura institucional.

Preguntas Frecuentes sobre la Policía Bonaerense y su Coordinación

¿Es la Policía de la Provincia de Buenos Aires ineficiente?

La percepción de ineficiencia es alta, pero las razones son complejas. Se señalan problemas estructurales, falta de recursos, desconfianza interna y externa, y una conducción política que puede generar fricciones. La solicitud constante de fuerzas federales por parte de los municipios es un indicador de esta percepción.

¿Por qué los intendentes piden más policía local?

Los intendentes buscan mayor autonomía y control sobre la seguridad en sus distritos. Creen que una policía bajo su órbita directa puede responder mejor a las necesidades y particularidades locales, a diferencia de una fuerza provincial centralizada que, a veces, parece distante o desalineada con las urgencias municipales.

¿Qué papel juega la Gendarmería en la seguridad bonaerense?

La Gendarmería actúa como un complemento o, en muchos casos, un reemplazo de la policía provincial en zonas de alta complejidad. Su presencia es principalmente preventiva, y su despliegue masivo en el conurbano bonaerense es una respuesta a la demanda de seguridad y la desconfianza en las fuerzas locales. Sin embargo, su capacidad es limitada y no puede cubrir todas las necesidades.

¿Existe corrupción en la policía bonaerense?

La existencia de una "caja negra" es un "secreto a voces" que implica mecanismos irregulares para la gestión del delito y la generación de dinero ilícito. Si bien no se puede generalizar la corrupción a toda la fuerza, la persistencia de estos circuitos clandestinos es un desafío significativo que afecta la credibilidad y la capacidad operativa de la institución.

¿Cuál es la diferencia entre seguridad preventiva e investigación criminal?

La seguridad preventiva se enfoca en la presencia policial en las calles, patrullajes y disuasión del delito visible. La investigación criminal, por otro lado, busca desarticular las redes delictivas, identificar a los responsables de los crímenes, rastrear mercados ilegales y combatir el lavado de activos. Ambas son necesarias, pero la exministra Frederic enfatiza la necesidad de fortalecer la investigación para ir "detrás del delito" y no solo prevenirlo superficialmente.

Conclusión: Un Desafío Político y Estructural

Coordinar con la Policía de la Provincia de Buenos Aires es, sin duda, una tarea ardua que va más allá de la mera implementación de protocolos o tecnología. Las dificultades residen en un entramado complejo de liderazgos políticos que priorizan el control por encima de la cooperación, en una desconfianza arraigada hacia la propia fuerza y en la existencia de estructuras informales que operan al margen de la ley. Si bien la modernización y la dotación de herramientas tecnológicas son vitales para cualquier policía moderna, no son la panacea que resolverá los problemas de fondo. La seguridad en la provincia de Buenos Aires es un reflejo de las tensiones políticas y los desafíos estructurales de un Estado que lucha por garantizar la tranquilidad de sus ciudadanos en un escenario cada vez más incierto y demandante. El camino hacia una coordinación efectiva y una seguridad robusta requiere, ante todo, de una voluntad política firme para abordar las cuestiones más espinosas y una visión de largo plazo que trascienda las urgencias electorales.

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