19/11/2024
El 10 de noviembre de 2019, Bolivia fue escenario de un punto de inflexión histórico que culminó con la renuncia de Evo Morales a la presidencia, tras casi 14 años en el poder. Este evento no fue un hecho aislado, sino la culminación de semanas de profunda inestabilidad política, social y, crucialmente, de una fractura en el seno de las fuerzas de seguridad del Estado. La crisis, desencadenada por denuncias de fraude en las elecciones del 20 de octubre, vio a la Policía Boliviana pasar de ser un pilar del orden a un actor determinante en el desenlace, con consecuencias directas para su cúpula, incluyendo la dimisión de su comandante nacional.

El ambiente en Bolivia se había tornado insostenible durante las tres semanas previas a la renuncia de Morales. Las calles eran un hervidero de protestas, enfrentamientos entre partidarios y detractores, que ya habían cobrado vidas y dejado cientos de heridos. En este contexto de ebullición social, una noticia sacudió los cimientos del gobierno: numerosas unidades policiales a lo largo del país declararon un rotundo motín policial. Esta acción, sin precedentes en la magnitud y coordinación, significó el retiro del apoyo de una fuerza clave para el mantenimiento del orden, dejando al gobierno de Morales en una posición extremadamente vulnerable. La policía, en lugar de contener las protestas, se sumó a ellas o, al menos, dejó de actuar en favor del ejecutivo, un giro que Morales no dudó en calificar como parte de un “golpe cívico, político y policial”.
La declaración de "motín" por parte de las fuerzas policiales no solo fue un desafío directo a la autoridad gubernamental, sino que también reflejó un profundo descontento interno y una lectura de la situación política que se alineaba con las demandas de la oposición. Este quiebre en la lealtad institucional fue un factor decisivo que erosionó aún más la ya precaria legitimidad del gobierno de Evo Morales. La imagen de policías con banderas bolivianas en sus escudos, uniéndose a las marchas o simplemente retirándose de sus puestos, se convirtió en un símbolo potente de la desobediencia civil y la presión sobre el gobierno.
La Dimisión del Comandante Yuri Calderón: Un Giro Inesperado
En medio de este caos y tras la renuncia de Evo Morales el domingo 10 de noviembre, el lunes 11 de noviembre se produjo un evento de gran relevancia para la institución policial: la renuncia del comandante nacional de la Policía Boliviana, Yuri Calderón. Esta dimisión no fue voluntaria, sino que se produjo "a petición del Estado Mayor" de la propia institución, según informaron fuentes internas. La salida de Calderón, apenas horas después de la renuncia del presidente, evidenció la profunda crisis interna y la necesidad de una reestructuración en el liderazgo policial para intentar restablecer el orden y la disciplina.
La renuncia de Calderón simbolizó el fin de una etapa de incertidumbre dentro de la fuerza. Tras semanas de inacción o participación en el motín, la policía se encontraba en un limbo, con su autoridad cuestionada y su capacidad operativa mermada. La salida del comandante, impulsada por la propia cúpula, buscaba probablemente enviar un mensaje de recomposición y de retorno a la institucionalidad. Inmediatamente después de este anuncio, la Policía Boliviana informó que retomaría el control de las calles en las ciudades y regiones más afectadas por la violencia, un paso crucial para intentar contener la espiral de destrozos y saqueos que se desató tras la dimisión presidencial.
El Papel de las Fuerzas Armadas y la Auditoría de la OEA
Mientras la policía lidiaba con su propia crisis interna, otro actor fundamental en la seguridad del Estado, las Fuerzas Armadas, también jugó un papel determinante. Horas antes de que Evo Morales anunciara su renuncia, el comandante de las Fuerzas Armadas, el general Williams Kaliman, le había "sugerido" dar un paso al lado para desbloquear la crisis política. Esta petición militar, sumada a la presión social y al motín policial, creó un cerco insalvable para Morales, quien finalmente cedió.
El detonante de toda esta cadena de eventos fue el informe preliminar de la auditoría de la OEA (Organización de Estados Americanos) sobre las elecciones del 20 de octubre. Este informe, publicado el mismo domingo 10 de noviembre, detectó "irregularidades" de tal magnitud que hacían "estadísticamente improbable" que Morales hubiera ganado en primera vuelta por el margen necesario. El reporte señaló actas físicas con alteraciones, firmas falsificadas, problemas en la cadena de custodia y manipulación del sistema informático. Aunque Morales respondió convocando a nuevas elecciones y renovando el Tribunal Supremo Electoral, estas medidas no fueron suficientes para calmar a una oposición que ya exigía su renuncia.
Bolivia Post-Renuncia: Caos y Recomposición
La renuncia de Morales, lejos de traer la calma inmediata, desató una nueva ola de convulsión. Mientras sus detractores celebraban en las calles, sus partidarios salieron a protestar, lo que derivó en destrozos y saqueos en ciudades clave como El Alto y La Paz. Medios locales reportaron el calcinamiento de al menos una treintena de autobuses, la aparición de barricadas y trincheras en varias calles, y la suspensión de servicios esenciales como el transporte por cable Mi Teleférico. La casa del rector de la Universidad Mayor San Andrés, Waldo Albarracín, fue incendiada, un claro indicio de la anarquía que se apoderaba de algunas zonas.
En este escenario de caos, la Policía Boliviana, bajo su nueva dirección interina, enfrentó el enorme desafío de restaurar el orden. Su anuncio de retomar el control de las calles fue un primer paso para intentar contener la violencia y proteger a la ciudadanía. La situación era compleja, pues la institución misma venía de un período de desobediencia y necesitaba reconstruir su autoridad y confianza tanto a nivel interno como frente a la población.
La cascada de renuncias no se limitó al ámbito policial y presidencial. El vicepresidente Álvaro García Linera también dimitió, y le siguieron ministros, diputados, gobernadores y alcaldes oficialistas. Esta ola de abandonos generó un vacío de poder sin precedentes, dejando la incógnita de quién asumiría la presidencia. La segunda vicepresidenta del Senado, Jeanine Áñez, se manifestó dispuesta a asumir interinamente la jefatura del Estado, con el objetivo de convocar a nuevas elecciones, en un intento por encauzar la institucionalidad del país.
Cronología de Eventos Clave
| Fecha | Evento Clave | Actor Principal | Impacto |
|---|---|---|---|
| 20 de octubre de 2019 | Elecciones Generales y Suspensión de Conteo Rápido (TREP) | Tribunal Supremo Electoral (TSE) | Generó sospechas de fraude y polarización social. |
| Días previos al 10 de noviembre | Unidades policiales declaran "motín" contra el gobierno | Policía Boliviana | Erosionó el apoyo gubernamental y aumentó la presión sobre Morales. |
| 10 de noviembre de 2019 (Mañana) | OEA publica informe preliminar sobre "irregularidades" electorales | Organización de Estados Americanos (OEA) | Validó las denuncias de fraude y deslegitimó el proceso electoral. |
| 10 de noviembre de 2019 (Mañana) | Evo Morales convoca a nuevas elecciones con nuevo TSE | Evo Morales | Medida insuficiente para calmar la crisis y las protestas. |
| 10 de noviembre de 2019 (Tarde) | Comandante de FFAA, Gral. Kaliman, pide renuncia de Morales | Fuerzas Armadas de Bolivia | Aumentó significativamente la presión sobre el presidente. |
| 10 de noviembre de 2019 (Tarde) | Evo Morales anuncia su renuncia a la presidencia | Evo Morales | Punto culminante de la crisis política. |
| 11 de noviembre de 2019 | Renuncia del Cmdte. Nacional de Policía, Yuri Calderón | Yuri Calderón / Estado Mayor Policial | Reorganización del liderazgo policial en medio del caos. |
| 11 de noviembre de 2019 | Policía anuncia que retomará el control de las calles | Policía Boliviana | Intento de restaurar el orden y la seguridad tras los disturbios. |
Preguntas Frecuentes sobre la Crisis Policial Boliviana
¿Por qué la Policía Boliviana se "amotinó" en 2019?
El "motín policial" de noviembre de 2019 fue el resultado de una combinación de factores. Por un lado, existía un descontento interno acumulado en la institución, posiblemente relacionado con condiciones laborales o percepciones de politización. Por otro lado, la presión social y las acusaciones masivas de fraude electoral generaron un dilema de lealtad en la fuerza. Al ver la magnitud de las protestas y la falta de legitimidad percibida del gobierno, muchas unidades decidieron no reprimir a los manifestantes y, en algunos casos, incluso se unieron a las demandas de la oposición, declarándose en estado de protesta contra el gobierno. Esto fue un acto de desobediencia civil que marcó un punto de inflexión en la crisis.
¿Cuál fue el rol del comandante Yuri Calderón durante la crisis?
El comandante nacional de la Policía Boliviana, Yuri Calderón, se encontraba al mando de la institución durante el período de inestabilidad y el "motín" policial. Su liderazgo fue puesto a prueba por la desobediencia de sus propias filas. Tras la renuncia de Evo Morales, el propio Calderón presentó su dimisión el 11 de noviembre de 2019, a petición del Estado Mayor de la Policía. Esto indica que hubo una decisión interna de la cúpula policial para removerlo, probablemente buscando una nueva dirección que pudiera restaurar la disciplina y la credibilidad de la fuerza en un momento tan crítico.
¿Cómo afectó la renuncia de Evo Morales a la Policía Boliviana?
La renuncia de Evo Morales tuvo un impacto profundo en la Policía Boliviana. En primer lugar, generó un vacío de poder y una necesidad urgente de reestructurar el liderazgo, lo que se materializó con la renuncia de Yuri Calderón. En segundo lugar, la institución enfrentó el desafío inmediato de restaurar el orden en un país sumido en el caos, con saqueos y destrozos generalizados. La policía tuvo que reorganizarse rápidamente para retomar el control de las calles y garantizar la seguridad ciudadana, un rol que había sido comprometido durante el "motín". Además, la crisis dejó a la policía en una posición de escrutinio público, con la necesidad de reconstruir la confianza y su imagen institucional.
¿Se consideró la acción policial un "golpe de Estado"?
Evo Morales, al anunciar su renuncia, denunció un "golpe cívico, político y policial". Desde su perspectiva, la acción de la policía al amotinarse y la posterior "sugerencia" de las Fuerzas Armadas para que dimitiera, constituyeron elementos de un golpe de Estado. Sin embargo, esta interpretación es objeto de debate. Otros actores y analistas lo vieron como una presión legítima por parte de las fuerzas de seguridad en respuesta a una crisis política y social sin precedentes, exacerbada por las "irregularidades" electorales detectadas por la OEA. La acción policial fue un factor clave que precipitó la renuncia, pero su clasificación como "golpe" depende de la perspectiva política y jurídica.
La crisis política boliviana de 2019 fue un evento multifacético donde las instituciones de seguridad, particularmente la Policía Boliviana, jugaron un papel central y a menudo controvertido. Desde el "motín" que desafió la autoridad presidencial hasta la renuncia de su comandante, la policía fue un termómetro de la tensión social y un catalizador en el desenlace de la crisis política. Su recomposición y el esfuerzo por retomar el control de las calles tras la dimisión de Morales fueron pasos cruciales en el arduo camino de Bolivia hacia la estabilización y la búsqueda de una nueva institucionalidad.
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