23/01/2024
La vida de una mujer oficial de la Policía, cuya identidad se mantiene reservada por su seguridad, ha tomado un giro dramático y aterrador. Tras haber denunciado un presunto abuso sexual en 2018, cuando ostentaba el rango de teniente, esta valiente uniformada ha sido blanco de un violento atentado a bala en Medellín, justo cuando se acercan las audiencias cruciales de un juicio que ha sido postergado en múltiples ocasiones. Su historia no solo es un desgarrador testimonio de victimización y lucha por la justicia, sino también un reflejo de los complejos desafíos y peligros a los que se enfrentan las mujeres en las instituciones policiales, incluso de parte de sus propios compañeros.

El Atentado en Medellín: Un Nuevo Capítulo de Terror
El reciente incidente que ha conmocionado al país ocurrió en Medellín (Antioquia), cuando la ahora capitán se dirigía hacia su vivienda. Su vehículo fue impactado por varios disparos con arma de fuego mientras transitaba por la autopista Norte, en las inmediaciones de la terminal de transportes de la capital antioqueña. Este ataque, que afortunadamente no le causó heridas físicas, ha desatado una profunda preocupación en la oficial, quien ha manifestado su temor por su vida e integridad personal. La Policía ha iniciado una investigación para esclarecer los hechos, pero la coincidencia de este atentado con la proximidad de las audiencias de juicio por el caso de abuso sexual, en el que se señala al excapitán Eduardo Merchán como victimario, levanta serias sospechas sobre posibles represalias o intentos de intimidación.
El Origen de un Calvario: La Denuncia por Abuso Sexual
Para entender la magnitud del peligro que acecha a esta oficial, es fundamental remontarse a noviembre de 2018. Fue en medio de una fiesta de fin de año organizada en el comando de la seccional Cesar, cuando la entonces teniente denunció haber sido abusada sexualmente por el capitán Eduardo Merchán. Lo que siguió a la denuncia fue igualmente doloroso: una presunta revictimización dentro de la propia institución. Se ha señalado que el entonces Inspector de la Policía, el general Óscar Atehortúa (quien más tarde asumiría como Director General), le habría pedido a la oficial no hacer público lo sucedido. Este presunto intento de encubrimiento la dejó sin el apoyo necesario de sus superiores, forzándola a buscar asistencia por su cuenta y lamentando la falta de acompañamiento para ella y su familia en tan difícil momento. “He sido yo quien ha buscado asistencia, pero en este momento yo no tengo ningún tipo de acompañamiento, incluso manifiesto que mi familia no ha tenido ningún tipo de acompañamiento”, expresó la oficial en aquel entonces, revelando la desoladora soledad en su búsqueda de justicia.
La Reacción Pública y la Lenta Marcha de la Justicia
A pesar de la inicial falta de apoyo institucional, la noticia del presunto abuso sexual no tardó en copar los medios nacionales. La presión pública fue tal que incluso la entonces vicepresidenta de la República, Marta Lucía Ramírez, exigió a la Policía abrir una investigación a través de una carta. Aunque la funcionaria inicialmente se refirió al caso como uno de acoso y no de abuso sexual, su intervención fue crucial. Solo entonces la institución identificó al agresor y anunció una orden de captura contra él. Pocas horas después, el capitán Eduardo Merchán, con 13 años de servicio en la Policía Nacional, fue detenido en La Guajira. Sin embargo, el camino hacia la justicia ha estado lleno de obstáculos. Merchán no aceptó los cargos y, de hecho, interpuso una denuncia contra la teniente por injuria y calumnia. El general Óscar Atehortúa, ya como Director de la Policía, lamentó el caso en una emisora, asegurando que se habían llevado a cabo las diligencias correspondientes y que esperaban resultados técnicos para actuar contundentemente. No obstante, el proceso judicial ha avanzado con exasperante lentitud. La próxima audiencia, programada para el 16 de marzo, marcará el inicio del juicio formal, un proceso que, según registros de la rama judicial, ha sido suspendido en once oportunidades desde su inicio formal en agosto de 2019.
Desafíos y Logros de la Mujer en la Policía: Un Contraste Necesario
El caso de la oficial colombiana, aunque trágico y singular, resalta una realidad más amplia sobre el rol y las experiencias de las mujeres en las fuerzas del orden. Si bien la profesión policial es inherentemente arriesgada para cualquier género, las mujeres a menudo enfrentan desafíos adicionales, que van desde el sexismo y la discriminación hasta, en los casos más extremos, el acoso y el abuso por parte de sus propios compañeros o superiores. Sin embargo, también es una historia de resiliencia y avance, con mujeres que, a pesar de las adversidades, logran abrirse camino y alcanzar puestos de liderazgo.
Mujeres Policías: Entre el Riesgo y la Superación
La presencia femenina en las instituciones policiales ha crecido significativamente en las últimas décadas, aportando una perspectiva invaluable y habilidades específicas en áreas como la atención a víctimas de violencia de género y la proximidad con la comunidad. Sin embargo, su camino no ha sido fácil. A menudo deben demostrar su valía de forma constante, enfrentar prejuicios arraigados y, lamentablemente, lidiar con situaciones de acoso o discriminación que pueden minar su moral y su carrera. El caso de la oficial colombiana es un crudo recordatorio de que, incluso dentro de las propias filas, la seguridad y el respeto no siempre están garantizados para ellas.

El Caso de la PNP: Avances y Pioneras
En contraste, y como una muestra de los progresos que se están realizando en la región, la Policía Nacional del Perú (PNP) ha anunciado un salto significativo en el rol de la mujer. El ministro del Interior, José Elice, adelantó que en 2021 varias comisarías y unidades especializadas de la institución estarán a cargo de oficiales femeninas, una decisión que refleja un cambio de mentalidad y un reconocimiento de la capacidad de las mujeres para ejercer el mando.
Rosa Yuly Hidalgo Serna: Un Ejemplo de Perseverancia
Un claro ejemplo de este avance es la coronel Rosa Yuly Hidalgo Serna, una verdadera pionera en la PNP. Su trayectoria es sinónimo de romper barreras y alcanzar hitos que antes parecían inalcanzables para las mujeres en la institución. A finales de 2020, Rosa Hidalgo hizo historia al convertirse en la primera oficial mujer de la PNP en alcanzar el grado de coronel en armas, es decir, habiendo recorrido toda la carrera policial desde su formación en la escuela de oficiales, a diferencia de otras mujeres que lograron el mismo rango por asimilación profesional (como médica o abogada).
Su carrera está plagada de “primeras veces”: se formó en la primera promoción femenina de la escuela de oficiales, fue instructora de la Escuela de Cadetes, jefa de la División de Legajos y directora de la Escuela Técnico Superior Femenina de la PNP. En 2009, como mayor, fue la primera mujer en asumir la jefatura de la comisaría de Maranga. Y en 2019, hizo historia nuevamente al ser la primera mujer peruana en ocupar la jefatura de la comisaría sectorial de Huarmey, en Ancash. Rosa Hidalgo ha destacado por su constante capacitación en áreas como la lucha contrasubversiva, derechos humanos, inteligencia policial y criminalística, lo que le ha permitido ascender y demostrar su competencia. Ella misma ha reconocido el impulso que significó la llegada de Mercedes Cabanillas, la primera ministra del Interior, para visibilizar el rol de la mujer en la institución. A pesar de los desafíos, Rosa nunca se sintió discriminada, y sus opiniones siempre fueron respetadas por sus compañeros. Con más de 27 años de servicio, ha logrado equilibrar su amor por la institución con su vida familiar, gracias al apoyo fundamental de su esposo, también policía. Su historia es un poderoso mensaje de que tener una familia no debe ser una traba, sino una motivación. Rosa Hidalgo ya mira hacia su próxima meta: convertirse en la primera general en armas de la Policía Nacional, sentando un precedente inspirador para las futuras generaciones.
Preguntas Frecuentes
¿Qué es la revictimización en el ámbito policial?
La revictimización se refiere al daño adicional que sufre una víctima cuando, después de un evento traumático, se enfrenta a procesos o reacciones institucionales (legales, médicas, sociales) que son insensibles, culpabilizadoras o ineficaces, causando más sufrimiento que apoyo. En el ámbito policial, puede manifestarse cuando una víctima de un delito, como un abuso sexual, no recibe el apoyo adecuado, es cuestionada o se le exige un silencio que agrava su trauma, como se sugiere en el caso de la oficial colombiana.
¿Cómo se investigan los atentados contra oficiales de policía?
Los atentados contra miembros de la fuerza pública son considerados ataques graves a la autoridad y la estabilidad. Generalmente, son investigados por unidades especiales dentro de la policía o la fiscalía, con recursos dedicados a identificar a los responsables y sus motivaciones. Se recopilan pruebas balísticas, testimonios, análisis de cámaras de seguridad y se rastrean posibles conexiones con el trabajo del oficial o, como en este caso, con procesos judiciales en curso.

¿Cuál es el rol de las altas esferas gubernamentales en casos de abuso policial?
El rol de las altas esferas gubernamentales, como la vicepresidencia o el ministerio del Interior, es crucial en garantizar la transparencia, la rendición de cuentas y la protección de los derechos de los ciudadanos, incluyendo a los propios miembros de la fuerza pública. Su intervención puede presionar a las instituciones para que actúen con celeridad y diligencia, especialmente en casos de alto perfil que implican acusaciones graves o posibles irregularidades internas, asegurando que la justicia prevalezca y se eviten encubrimientos.
¿Qué significa ser "general en armas" en la policía?
Ser "general en armas" en la policía significa haber ascendido al rango más alto de la institución a través de la carrera policial tradicional, es decir, comenzando desde la academia de oficiales y progresando por mérito y antigüedad en las diferentes jerarquías operativas y de mando. Se diferencia de los generales "asimilados" o "de servicios", que son profesionales (médicos, abogados, ingenieros, etc.) que ingresan a la institución en rangos superiores debido a su especialización, pero no han recorrido la misma trayectoria operativa.
¿Cómo se protege a los testigos o víctimas en procesos judiciales de alto perfil?
La protección de testigos y víctimas en procesos de alto perfil es fundamental para garantizar la integridad del proceso judicial y la seguridad de las personas. Esto puede incluir medidas como la reserva de identidad, escoltas policiales, reubicación temporal, sistemas de testimonio a distancia o en salas especiales para evitar confrontación directa, y apoyo psicológico. La implementación de estas medidas depende de la evaluación de riesgo por parte de las autoridades judiciales y de seguridad.
Conclusión
La historia de la oficial colombiana es un crudo recordatorio de que la lucha por la justicia puede ser un camino arduo y peligroso, especialmente cuando se enfrenta a presuntos abusos de poder dentro de las propias instituciones. Su valentía al denunciar y su persistencia ante los obstáculos judiciales y la reciente agresión son un testimonio de su fortaleza. Al mismo tiempo, el ascenso de mujeres como Rosa Yuly Hidalgo Serna en Perú ilumina un camino de esperanza y progreso, demostrando que las mujeres no solo tienen un lugar vital en las fuerzas del orden, sino que están destinadas a ocupar los más altos rangos. Estos relatos entrelazados subrayan la necesidad imperante de que las instituciones policiales no solo garanticen la seguridad externa, sino que también sean entornos seguros, justos y equitativos para todos sus miembros, libres de cualquier forma de abuso o discriminación. La verdadera integridad de una fuerza policial se mide no solo por su capacidad de proteger a los ciudadanos, sino también por cómo protege y apoya a sus propios uniformados, en especial a aquellos que valientemente alzan la voz en busca de justicia.
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