24/01/2024
En la vorágine de la vida cotidiana, es común observar la figura del policía: estática en una esquina, patrullando una calle, o conteniendo multitudes en una manifestación. Su presencia, a menudo, genera una mezcla de emociones: seguridad para algunos, desconfianza para otros, y para muchos, una pregunta tácita: “¿Por qué el policía se para allá?” Más allá del uniforme y la autoridad que representa, se esconde una compleja red de motivaciones, sacrificios y, sobre todo, una profunda humanidad que rara vez es comprendida por completo. Para desentrañar esta realidad, nos adentramos en el testimonio de Gustavo Castaño Castañeda, un hombre que dedicó 23 años de su vida al servicio de la Policía Nacional de Colombia, ofreciéndonos una perspectiva íntima y reveladora que desafía los estereotipos.

La historia de un policía a menudo comienza con un llamado interior, una vocación que se forja en las experiencias más tempranas de la vida. Para Gustavo Castaño, su decisión de unirse a la fuerza no fue casualidad, sino el eco de una infancia transcurrida en un sector vulnerable de Medellín. Desde muy joven, fue testigo de realidades que despertaron en él un deseo irrefrenable de ayudar y de contribuir a la tranquilidad de las personas. Esta motivación, arraigada en un profundo sentido de altruismo, fue el motor que lo impulsó a emprender un camino que, aunque difícil, prometía la satisfacción de servir a la comunidad. Dejar la familia, enfrentar la ausencia en fechas importantes, todo formaba parte de un aprendizaje que forjaría su carácter y sentaría las bases para más de dos décadas de servicio ininterrumpido.
La trayectoria de Gustavo en la Policía Nacional es un testimonio de dedicación y evolución. Durante sus 23 años de servicio, se desempeñó en diversas áreas, comenzando en labores de vigilancia y como carabinero, roles fundamentales en el contacto directo con la ciudadanía. Su carrera dio un giro significativo al ingresar a la Sección de Investigación Criminal (SIJIN), donde pasó 17 años cruciales. Allí, ejerció como investigador, responsable de gestión documental, coordinador de procesos y auditor en la policía metropolitana del Valle de Aburrá. Ascendió hasta pensionarse como agente profesional de la Policía Nacional, un logro que refleja su compromiso y profesionalismo. Sin embargo, su camino no estuvo exento de desafíos y peligros. Gustavo relata que, si bien todas sus experiencias fueron “un aprendizaje muy bonito, lleno de experiencias buenas”, conoció “toda clase de personas” y tuvo la oportunidad de “ayudarles”, lo que lo hacía “sentirse bien”. Pero también hubo momentos que marcaron su vida de forma indeleble. La más impactante fue una emboscada, un enfrentamiento directo con la guerrilla, donde resultó gravemente herido. Este episodio le dejó secuelas físicas permanentes: un hueco en la tibia de su pierna izquierda y una pérdida significativa de audición en un oído. A pesar del dolor y las consecuencias, Gustavo transformó esta experiencia, inicialmente vista como negativa, en una parte esencial de su aprendizaje, necesaria para forjar su integridad como persona y como agente de la ley.
El testimonio de Gustavo nos invita a mirar más allá del uniforme y a reconocer la humanidad inherente a cada policía. Contrario a la percepción popular, un agente no es un autómata programado para ejecutar órdenes sin sentir. “El policía no es un robot”, enfatiza Gustavo, “es un ser humano que también siente, que también le duele cuando ve que a otros compañeros les disparan, les vuelan un ojo”. Esta afirmación es crucial para comprender el comportamiento policial en situaciones de alta tensión. Un oficial, expuesto diariamente a la violencia, a la agresión verbal y física, y a la constante amenaza, y a la constante amenaza, experimenta emociones como miedo, rabia, frustración y dolor. La reacción de un policía en una manifestación, por ejemplo, no es siempre un acto de abuso deliberado, sino a menudo una respuesta humana a la agresión que recibe. “La gente no ve sino, cuando el policía reacciona, porque como es un ser humano… cuando se llenan de rabia, ahí es cuando la ciudadanía dice: el maltrato de la policía. Pero no miran todo lo que pasa”, explica Gustavo. Es fundamental recordar que detrás de cada uniforme hay una familia que depende de ese ser humano, un padre, una madre, un hijo o una hija con sueños y aspiraciones. La vida de un policía no solo es peligrosa, sino que las consecuencias de esa exposición al peligro se extienden a sus seres queridos, quienes viven con la constante zozobra de no saber si su familiar regresará a casa.
Una de las críticas más recurrentes hacia la Policía Nacional es la percepción de corrupción. Gustavo no evade este tema, pero ofrece una perspectiva matizada. Reconoce que “como en todo gremio hay personas buenas y personas malas”, y que algunos agentes “se dejan influenciar muy fácil de otras personas”. Sin embargo, subraya que “la mayoría de los policías son policías buenos, que les gusta el trabajo que hacen, que disfrutan ayudándole a la gente y que siempre se van por el buen camino”. Para contrarrestar la idea de impunidad, Gustavo detalla los robustos mecanismos de control interno que operan dentro de la institución. Existen grupos como Asuntos Internos, CIPOL (Comisión Internacional para la Observación de la Ley) y SIJIN, encargados de investigar a los policías involucrados en mala conducta. “Si ven que realmente sobrepasaron la fuerza, que sí hicieron daño a la persona sin ningún mérito, entonces las investigaciones dan -si ellos fueran culpables- destitución, y en algunos casos, inclusive, hasta cárcel”, asegura Gustavo. Su propio historial, con 97 felicitaciones, más de 10 condecoraciones, una medalla al valor y ninguna sanción en 23 años, es un testimonio de que la integridad y el buen servicio son posibles y reconocidos dentro de la institución. “Esto no queda impune como la gente piensa”, insiste, desmintiendo la creencia popular de que los policías “hacen y deshacen y no les pasa nada”.
La pregunta “¿Por qué el policía se para allá?” adquiere un significado aún más profundo en contextos de conflicto social. Gustavo aborda la situación de los policías en las manifestaciones, un escenario donde la tensión y la agresión son palpables. Explica que, por mandato constitucional, la policía tiene el deber de estar presente en estos eventos. “El mandato constitucional le dice que tienen que estar ahí. Párese ahí, y el policía se para ahí. Si le tiran agua, bien. Si le tiran bombas, bien. Si le tiran piedras, bien. Ahí tiene que estar”, relata. Esta es una realidad que la ciudadanía a menudo ignora: la exposición constante a la violencia sin la posibilidad de retirarse. Gustavo recuerda con indignación el caso de un policía que perdió un ojo por un disparo en una manifestación, mientras algunos se regocijaban. Este tipo de incidentes, dice, son un recordatorio de que “el policía es un ser humano, y que detrás del policía hay una familia que depende de él”. La sociedad tiende a centrarse en los golpes que da la policía, pero rara vez investiga o reconoce los golpes que ellos reciben, tanto físicos como emocionales. Es una visión sesgada que impide una comprensión completa del rol policial y la resiliencia que exige.
Incluso después de su retiro en 2014, Gustavo Castaño no detuvo su búsqueda de conocimiento y su deseo de contribuir. Lejos de la rutina policial, encontró tranquilidad y felicidad en su vida de pensionado, pero su crecimiento intelectual continuó. Decidió profesionalizarse en archivística, cursando una técnica, una tecnología, un CAP y una carrera universitaria, a menudo en modalidad virtual debido a sus compromisos. Este esfuerzo, que inició en 2002, demuestra su compromiso con la excelencia y su deseo de “profesionalizar el servicio que le ofrecen a la ciudadanía”. Su formación adicional como docente del SENA, auditor interno, y su experiencia en sistemas de gestión, son prueba de que la labor de un policía va más allá de la fuerza y el orden; implica una constante evolución y un compromiso con el desarrollo personal y profesional.
La visión de Gustavo Castaño sobre la Policía Nacional es un llamado a la reflexión, a trascender las narrativas simplistas y a reconocer la complejidad de una institución y sus miembros. Nos invita a comprender que el policía, con sus virtudes y defectos, es un reflejo de la sociedad misma, un ser humano con una vocación de servicio que, a pesar de las adversidades y los peligros, se mantiene firme en su puesto.
Preguntas Frecuentes sobre la Policía Nacional
¿Es la Policía Nacional una institución completamente corrupta?
Según el testimonio de Gustavo Castaño, no. Aunque existen casos de corrupción y agentes que pueden ser influenciados, la mayoría de los policías son personas íntegras que disfrutan su trabajo y buscan ayudar a la comunidad. La institución cuenta con sólidos mecanismos de control interno (como Asuntos Internos, CIPOL y SIJIN) que investigan y sancionan a los agentes que cometen faltas, asegurando que los actos de corrupción no queden impunes.
¿Por qué los policías a veces parecen reaccionar con violencia en las manifestaciones?
Gustavo explica que la policía, por mandato constitucional, debe estar presente en las manifestaciones. Sin embargo, no son inmunes a las agresiones. Cuando son objeto de ataques (piedras, bombas, disparos), sus reacciones pueden ser una respuesta humana a la rabia, el dolor o el miedo que experimentan. La ciudadanía a menudo solo ve la reacción policial, sin considerar la provocación o las agresiones previas que los agentes sufren.
¿Los policías son conscientes de los riesgos de su profesión?
Sí, plenamente. Gustavo relata una emboscada en la que fue gravemente herido, perdiendo audición y sufriendo una lesión permanente en la pierna. Este tipo de experiencias son una constante en la vida de muchos agentes. A pesar de estos riesgos, la mayoría mantiene su vocación, aunque la exposición a la violencia y el peligro es una realidad diaria que afecta no solo al agente, sino también a su familia.
¿La Policía Nacional apoya a sus miembros después de sufrir agresiones o heridas en servicio?
Si bien el artículo no detalla los mecanismos de apoyo específicos, el relato de Gustavo subraya la importancia de que la sociedad y las entidades de control (como la Procuraduría o la Defensoría del Pueblo) también se tomen el trabajo de investigar y reconocer las agresiones que sufren los policías. El hecho de que Gustavo continúe su vida con secuelas físicas y una familia que dependía de él, resalta la necesidad de un mayor reconocimiento y apoyo integral para quienes dedican su vida al servicio.
¿Qué mensaje le daría un policía retirado a la sociedad sobre su profesión?
Gustavo Castaño, a través de su experiencia, invita a la sociedad a ver al policía como un ser humano, no como un robot. Recomienda escuchar ambas versiones en situaciones de conflicto y no juzgar a toda una institución por las acciones de unos pocos. Su vida es un ejemplo de que el compromiso, la integridad y la vocación de servicio son valores que prevalecen en la mayoría de los agentes, quienes, como él, buscan profesionalizar su labor y contribuir a la tranquilidad de todos.
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