¿Por qué la policía no debe organizar marchas?

Marcha por la Paz: Un Llamado a la Calma en Perú

28/05/2026

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En un contexto de profunda convulsión social y polarización política, el Perú fue escenario de una significativa manifestación ciudadana conocida como la Marcha por la Paz. Esta movilización, impulsada por diversas organizaciones sociales y religiosas, surgió como un clamor urgente por el cese de las protestas violentas que habían dejado un doloroso saldo de vidas humanas. No se trataba de una simple caminata, sino de una declaración colectiva, un llamado a la serenidad y la búsqueda de soluciones a través del diálogo y el entendimiento mutuo, en un momento en que el país parecía estar al borde del abismo.

¿Qué es la marcha por la paz?
La Marcha por la Paz se realiza en Lima y algunas regiones del país. Organizaciones sociales y religiosas participan de la manifestación por las calles del centro de la capital como una manera de pedir un alto a las protestas sociales que han dejado hasta el momento 28 fallecidos.

La iniciativa buscaba no solo visibilizar el deseo de un sector de la población por la calma, sino también generar conciencia sobre la necesidad imperante de restablecer la convivencia pacífica y el orden. La preocupación por el impacto de los enfrentamientos en la vida cotidiana de los ciudadanos y en la economía nacional era palpable, y la Marcha por la Paz se erigió como un contrapunto a la escalada de tensiones, proponiendo una vía alternativa hacia la reconciliación y la estabilidad.

Índice de Contenido

El Propósito de una Convocatoria por la Calma

La Marcha por la Paz no fue un evento espontáneo, sino la respuesta organizada de amplios sectores de la sociedad civil que sentían la urgencia de expresar su rechazo a la violencia y su anhelo de normalidad. El principal objetivo de esta manifestación era pedir un alto a las protestas sociales que, en las semanas previas, habían cobrado la vida de al menos 28 personas, dejando una cicatriz profunda en el tejido social peruano. Este doloroso saldo de víctimas mortales, sumado a los disturbios, bloqueos de carreteras y daños a la propiedad pública y privada, había generado un clima de incertidumbre y temor que la marcha intentó mitigar.

Los organizadores, que incluían a grupos religiosos y diversas asociaciones civiles, enfatizaron que su motivación era puramente cívica y humanitaria. Buscaban enviar un mensaje claro a todos los actores involucrados en el conflicto: la violencia no es el camino para resolver las diferencias. En cambio, abogaban por la apertura de espacios de diálogo constructivo, donde las demandas legítimas de la población pudieran ser escuchadas y abordadas sin recurrir a la confrontación. La paz, para ellos, no era la ausencia de conflicto, sino la capacidad de manejarlo de manera pacífica y justa.

La convocatoria reflejó también una preocupación por la imagen del Perú a nivel internacional y el impacto negativo que la inestabilidad estaba teniendo en la inversión y el desarrollo. Muchos participantes expresaron su deseo de que el país pudiera retomar su senda de crecimiento y progreso, lo cual solo sería posible en un ambiente de tranquilidad y seguridad jurídica. La marcha, por lo tanto, fue un grito de esperanza y una reafirmación de los valores democráticos y de coexistencia pacífica.

Recorrido y Participantes: Lima y Regiones Unidas

La Marcha por la Paz tuvo su epicentro en la capital, Lima, pero su eco resonó en diversas regiones del país, demostrando un sentir generalizado por la necesidad de pacificación. En Lima, el punto de concentración inicial fue el Campo de Marte, un emblemático espacio público que sirvió como punto de encuentro para miles de ciudadanos. Desde allí, los manifestantes iniciaron su recorrido por importantes arterias de la ciudad, como las avenidas Grau y Tacna, antes de culminar su trayecto en la histórica Plaza San Martín. Esta ruta, simbólica por su paso por el corazón de la capital, permitió que el mensaje de paz llegara a un amplio público y generara una mayor visibilidad del movimiento.

¿Qué pasó con los ciudadanos que marcharon por la paz con la policía?
Se reportaron enfrentamientos entre ciudadanos que marcharon pacíficamente con la Policía cerca al puente Presidente Guillermo Billinghurst. Uno de los que marcharon denunció en RPP que manifestantes han realizado saqueos y piquetes en moto en Puerto Maldonado, así como amenazas contra quienes buscan trabajar en sus negocios. CUSCO.

La participación fue diversa, congregando a personas de todas las edades y estratos sociales, unidas por un objetivo común. Organizaciones sociales, grupos religiosos, familias enteras y ciudadanos independientes se sumaron a la caminata, portando pancartas y banderas peruanas, en un acto de civismo y solidaridad. Uno de los participantes en Lima, visiblemente emocionado, comentó: “Lo único que queremos es la paz para el pueblo peruano. Duele cuando hay acciones violentas. El Perú es un país en vías de desarrollo y tenemos que avanzar y haremos muchas cosas positivas”. Esta declaración encapsula el sentir de muchos que veían en la marcha una oportunidad para reconstruir el futuro del país.

Pero la convocatoria no se limitó a la capital. En la ciudad de Cusco, epicentro turístico y cultural del Perú, también se llevó a cabo una movilización similar. Allí, un grupo de ciudadanos salió a las calles exigiendo paz y el fin de las huelgas. Entre los rostros más visibles de la marcha cusqueña se encontraba el exministro Máximo San Román, quien expresó con firmeza: “Todos los demócratas y ciudadanos que defendemos los principios tenemos que cumplir este deber cívico de demostrar que el Perú no está solo y no se le puede dejar a los aventureros y agitadores sociales. El Perú puede salir solo con el fruto de su trabajo y esfuerzo. No le tenemos miedo a esos agitadores”. Su presencia subrayó la importancia de la participación ciudadana activa en la defensa de los valores democráticos y el rechazo a la manipulación social.

La simultaneidad de estas marchas en diferentes puntos del país evidenció una preocupación nacional por la escalada de violencia y la necesidad de encontrar vías para la resolución de conflictos. Aunque la cobertura mediática se centró principalmente en Lima, la movilización en regiones como Cusco demostró que el anhelo de paz era un sentimiento compartido en todo el territorio peruano.

Incidentes y la Intervención Policial: Una Mirada Crítica

A pesar de su carácter pacífico, la Marcha por la Paz en Lima no estuvo exenta de incidentes. Durante el desarrollo de la manifestación, a la altura de la avenida Uruguay, la Policía Nacional del Perú (PNP) detuvo a dos personas por generar disturbios. Una de las detenidas fue identificada como Zaira Arias, expostulante al Congreso, quien habría arrojado pintura a los efectivos policiales. Estos actos, aunque aislados, representaron un intento de empañar el espíritu de la marcha y desviarla de su propósito central de promover la calma. La rápida acción de la policía permitió que, pese a este incidente, la movilización continuara su curso con normalidad y los manifestantes llegaran sin mayores contratiempos a la Plaza San Martín.

Más allá de estos altercados menores, un aspecto que generó una considerable controversia fue la inicial intención de la Policía Nacional de participar activamente en la organización de la marcha. Esta decisión fue objeto de fuertes críticas por parte de diversos sectores de la sociedad y analistas políticos. Ante la creciente polémica, el ministro del Interior decidió finalmente retirar a los efectivos policiales de la organización del evento. Esta medida fue crucial para preservar la percepción de que la marcha era una iniciativa puramente ciudadana y no una movilización auspiciada o instrumentalizada por el Estado.

La participación de la policía en la organización de una marcha por la paz, en un contexto de protestas donde la misma institución había estado en el centro de las críticas por su rol en la represión de manifestaciones, habría sido contraproducente. Habría generado dudas sobre la autonomía y la genuinidad del movimiento, socavando su credibilidad y potencialmente exacerbando la polarización. La decisión de retirarse de la organización fue un reconocimiento tácito de la necesidad de mantener una clara separación entre el rol de la fuerza pública y el de la sociedad civil en la promoción de iniciativas de esta naturaleza. La transparencia en este tipo de eventos es fundamental para su legitimidad.

¿Qué hace la policía en tiempos de paz?
En tiempos de paz, el departamento apoya a la policía en la lucha contra el terrorismo, por ejemplo, en instalaciones de petróleo y gas en el mar, embarcaciones en aguas noruegas e instalaciones en tierra.

El Rol de la Policía en las Manifestaciones: Resguardo vs. Promoción

El debate sobre la participación de la Policía Nacional del Perú en la Marcha por la Paz puso de manifiesto una cuestión fundamental sobre el rol de las fuerzas del orden en las manifestaciones ciudadanas. El exviceministro del Interior, Ricardo Valdés, fue una de las voces críticas que se pronunciaron al respecto, enfatizando una distinción crucial: la PNP está encargada de resguardar las manifestaciones, de garantizar el orden y la seguridad de los ciudadanos que participan en ellas, así como de quienes no lo hacen, mas no de promoverlas ni de fomentar la participación de la ciudadanía en ellas. Este principio es esencial en una democracia, donde la iniciativa de movilización debe emanar de la sociedad civil.

Valdés cuestionó la idoneidad política de que la policía o el Ministerio del Interior promovieran una movilización a nivel nacional, especialmente en regiones donde se habían registrado muertes en el marco de la convulsión social. Según sus declaraciones en RPP Noticias, “Me parece que políticamente estaban entrando en un terreno bastante oscuro, porque además estaban corriendo un riesgo al promoverla [la marcha] a nivel nacional. Una marcha promovida desde la Policía o el Ministerio del Interior en zonas donde existe un sentimiento bastante encontrado, me parecía que era poner en riesgo a la gente que iba a participar”.

Esta perspectiva resalta los peligros de difuminar las líneas entre el rol de garante del orden público y el de actor político. Cuando la policía se involucra en la promoción de una marcha, corre el riesgo de ser percibida como una parte interesada en el conflicto político, lo cual puede minar su neutralidad y su capacidad para actuar imparcialmente en futuras situaciones. Además, en regiones con altos niveles de desconfianza hacia las instituciones estatales, una marcha promovida por la policía podría haber sido interpretada como una provocación o un intento de deslegitimar las protestas existentes, lo que podría haber escalado aún más la tensión en lugar de aliviarla. La neutralidad institucional es un pilar de la confianza pública.

El incidente en Moquegua, donde se mantenían piquetes y bloqueos de carreteras, y donde la policía y el ejército protegían supermercados ante intentos de saqueo, ilustra la complejidad del panorama. En este tipo de entornos, la presencia policial es crucial para el mantenimiento del orden, pero su rol debe ser estrictamente de resguardo y no de promoción de agendas políticas. La distinción es sutil pero fundamental para el funcionamiento democrático y la preservación de la confianza entre la ciudadanía y sus instituciones.

Preguntas Frecuentes sobre la Marcha por la Paz

¿Qué fue la Marcha por la Paz en Perú?
La Marcha por la Paz fue una movilización ciudadana organizada por diversas organizaciones sociales y religiosas en Perú, cuyo principal objetivo era pedir un alto a las protestas sociales violentas que habían causado múltiples fallecimientos y disturbios en el país. Fue un llamado a la calma y al diálogo en un contexto de alta tensión social.
¿Dónde se realizó la Marcha por la Paz?
La principal concentración se llevó a cabo en Lima, con punto de partida en el Campo de Marte y culminación en la Plaza San Martín, recorriendo avenidas importantes como Grau y Tacna. Además, se realizaron movilizaciones similares en otras regiones del país, como Cusco, donde también se exigía el fin de las huelgas y la violencia.
¿Por qué la Policía Nacional del Perú no participó en la organización de la marcha?
Inicialmente, la Policía Nacional iba a participar en la organización, pero el ministro del Interior decidió retirar a los efectivos de esta función ante las críticas. Expertos como el exviceministro Ricardo Valdés señalaron que el rol de la policía es resguardar las manifestaciones, no promoverlas, para evitar poner en riesgo a los participantes o ser percibidos como una parte interesada en el conflicto político, lo cual podría generar desconfianza y agravar la polarización.
¿Hubo incidentes durante la Marcha por la Paz?
Sí, durante la marcha en Lima, dos personas fueron detenidas por la Policía Nacional a la altura de la avenida Uruguay por generar disturbios. Una de ellas fue identificada como Zaira Arias, expostulante al Congreso, quien habría arrojado pintura a los efectivos. A pesar de estos incidentes aislados, la movilización continuó con normalidad hasta su destino final.
¿Cuál fue el objetivo principal de la Marcha por la Paz?
El objetivo primordial fue promover la pacificación del país y detener la escalada de violencia generada por las protestas sociales, que habían dejado un saldo trágico de fallecidos. Los organizadores y participantes buscaban fomentar el diálogo y la convivencia pacífica como alternativa a la confrontación.
¿Se realizaron marchas similares en otras regiones del Perú?
Sí, además de Lima, se tuvo registro de una movilización por la paz en Cusco, donde también ciudadanos y figuras públicas como el exministro Máximo San Román se unieron para exigir el fin de las huelgas y la recuperación de la tranquilidad en la región.

La Marcha por la Paz, en su esencia, fue un reflejo de la diversidad de voces y anhelos que conviven en el Perú. Si bien no puso fin de manera inmediata a todas las tensiones, sí representó un importante recordatorio de que, más allá de las diferencias, existe un profundo deseo de coexistencia pacífica y de construcción de un futuro mejor para la nación. La búsqueda de la concordia y el rechazo a la violencia siguen siendo desafíos permanentes en la compleja dinámica social y política del país.

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