¿Cuáles son las funciones de la policía de la ciudad?

El Legado y Trágico Final del Coronel Falcón

16/05/2025

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A principios del siglo XX, la vibrante ciudad de Buenos Aires, en plena ebullición social y cultural, fue testigo de un liderazgo policial que marcaría un antes y un después en su historia. El 10 de septiembre de 1906, un hombre de carácter férreo y convicciones inquebrantables, el coronel Ramón Lorenzo Falcón, asumió la jefatura de la Policía de la Ciudad. Este nombramiento, si bien no figuraba en sus planes iniciales, llegó por sugerencia directa de la Casa Rosada, presagiando una gestión que sería tan polémica como influyente.

¿Quiénes son las primeras autoridades de policía en el departamento y el municipio?
"De las autoridades políticas. El gobernador y el alcalde son las primeras autoridades de policía en el departamento y el municipio, respectivamente. La Policía Nacional cumplirá con prontitud y diligencia las órdenes que éstas le impartan por conducto del respectivo comandante o quien haga sus veces.

Falcón, un militar de carrera, se tomó su nueva responsabilidad con una seriedad que rayaba en la obsesión. Su visión era transformar la fuerza policial en una institución disciplinada y eficiente, casi militarizada. Para ello, implementó cambios drásticos desde el inicio. Dispuso que la instrucción de los cadetes se realizara en el Regimiento 8° de Caballería de Línea, ubicado en Palermo, con la clara intención de que cada comisaría operara como una suerte de cuartel. Esta medida buscaba infundir una disciplina castrense en los futuros agentes, preparándolos para un rol más contundente en el mantenimiento del orden. Fue bajo su dirección que se creó la famosa Escuela de Cadetes, una institución que por décadas llevaría su nombre, un testimonio perdurable de su impacto en la formación policial.

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Un Liderazgo Inesperado y Riguroso

La gestión de Ramón Lorenzo Falcón se caracterizó por una represión implacable de las manifestaciones sociales que agitaban la Buenos Aires de la época. Huelgas obreras, marchas y cualquier intento de reclamo popular eran sofocados con una determinación que no admitía matices. Su postura era clara: el orden público debía prevalecer por encima de todo, y no dudaba en emplear la fuerza necesaria para garantizarlo. Incluso cuando surgieron intentos de reclamo laboral dentro de la propia fuerza policial, Falcón actuó con la misma severidad, demostrando que era un tipo duro que no toleraba la insubordinación ni el desorden, viniera de donde viniera.

Pero Falcón no solo se enfocó en la represión de grandes movimientos sociales. También se adentró en la esfera de las costumbres y la moral pública, lo que generaría una de las medidas más insólitas y recordadas de su gestión. El 28 de diciembre de 1906, en una vorágine administrativa que buscaba imponer su visión de la sociedad, instruyó a los vigilantes para que hicieran cumplir una ordenanza que databa del 10 de abril de 1889. Esta disposición recordaba al personal policial “el deber que le está atribuido por la reglamentación vigente, para velar constantemente por la moral y buenas costumbres, así como el de impedir que nadie será molestado ni provocado con ademanes o palabras que infieran ofensas al pudor”.

La Cruzada contra el Piropo: Moral y Multas Exorbitantes

El objetivo principal de esta reactivación reglamentaria era combatir el piropo. En la Buenos Aires de principios de siglo, el piropo era una práctica común, especialmente en calles concurridas como Florida, donde la sociedad se reunía para ver y ser vista. Los moralistas de la época lo describían como un “feo hábito” que afectaba a “muchachas inocentes”. La palabra “piropo” tiene un origen etimológico interesante: proviene del vocablo griego “pyropus”, que significaba una aleación de oro y cobre de color rojo brillante. “Pyr” significa fuego, asociado a “color encendido”, a “ojos de fuego” y, en sentido figurado, a la pasión. “Ops” significa aspecto o apariencia. Así, “Pyropus” era la “apariencia de fuego”, que con el tiempo se asoció a la pasión y al amor, y de ahí a la galantería verbal.

La aplicación de esta disposición el 28 de diciembre de 1906, apenas unos meses después de la asunción de Falcón, generó un escándalo mayúsculo. La pena por ser pescado infraganti diciéndole a una dama, por ejemplo, “te comería a besos” –como ironizaba la revista Caras y Caretas– era de 50 pesos o diez días de detención. La desproporción de esta multa era evidente y rápidamente se puso de manifiesto: por pasearse desnudo por la vía pública, la multa era de 20 pesos o dos días en el calabozo. Esta cifra era aún más excesiva si se considera que el sueldo de un maestro en ese entonces rondaba entre los 140 y 180 pesos, lo que significaba que un piropo podía costar casi la tercera parte de un salario mensual.

La cuestión del piropo y las multas ocupó numerosas páginas en los medios de la época, generando un intenso debate público. También se convirtió en material fértil para los humoristas, como Manuel Redondo y su personaje "Don Goyo Sarrasqueta y Obes", quienes satirizaron la insólita disposición. La policía de la ciudad de Buenos Aires se encontraba en una cruzada moralista que no pasó desapercibida.

La desproporción de las multas impuestas por Falcón generó un fuerte debate público y evidenció la rigidez de su enfoque moralista. A continuación, una comparación de las sanciones de la época:

InfracciónMultaDetención
Decir un piropo50 pesos10 días
Pasearse desnudo en vía pública20 pesos2 días

Para poner estas cifras en contexto, el sueldo de un maestro en ese tiempo rondaba entre los 140 y 180 pesos, lo que hacía de la multa por piropos una cifra exorbitante para el ciudadano promedio.

¿Qué pasó con el primer jefe de la policía?
El primero falleció el 14 de octubre de 1919 a los 58 años, y el jefe de la policía, murió en el ejercicio de su cargo, en un atentado anarquista el 14 de noviembre de 1909. Tenía 54 años, y decía que el país estaba pasando de los malones indígenas a los malones rojos, en alusión a los anarquistas.

El Tango de la Prohibición: "¡Cuidado con los 50!"

En este contexto de ebullición social y moral, algunos vieron una oportunidad. Tal fue el caso de Ángel Villoldo, una figura seminal en los primeros años del tango. Nacido en Barracas el 16 de febrero de 1861, Villoldo había escapado a la miseria trabajando en oficios tan diversos como tipógrafo, cuarteador de tranvías, payaso de circo y periodista. Se destacó por su vena de letrista, incluso recibiendo pagos por recitar versos subidos de tono. Era una figura pintoresca, a menudo visto con su guitarra de la que se desprendía una varilla que sujetaba una armónica, cantando y bailando tangos. Siempre con la guitarra en una mano y un platito en la otra, donde los espectadores colaboraban a voluntad. Fue él quien, el 3 de noviembre de 1903, presentó “El Choclo”, uno de sus tangos más emblemáticos, en la cena del Restaurante Americano.

Los tangos de Villoldo eran un espejo de la realidad, reflejando las historias del hombre común, del barrio y del conventillo. Cuando se enteró de la disposición de multar a los piropeadores, no dudó en aprovechar la coyuntura para crear una obra que resonara con el sentir popular. Así nació el tango “¡Cuidado con los 50!”, una alusión directa a la exorbitante suma que el infractor debía abonar. Estrenado en 1907, su letra capturaba el absurdo y la indignación de la medida:

Una ordenanza sobre la moral
decretó la dirección policial
y por la que el hombre se debe abstener
decir palabras dulces a una mujer.

Cuando una hermosa veamos venir
ni un piropo le podemos decir
y no habrá más que mirarla y callar
si apreciamos la libertad.

¡Caray!... ¡No sé
por qué prohibir al hombre
que le diga un piropo a una mujer!
¡Chitón!... ¡No hablar,
porque al que se propase
cincuenta le harán pagar!

Yo cuando vea cualquiera mujer
una guiñada tan sólo le haré.
Y con cuidado,
que si se da cuenta,
¡ay!, de los cincuenta
no me salvaré.

Por la ordenanza tan original
un percance le pasó a don Pascual:
anoche, al ver a una señora gilí,
le dijo: Adiós, lucero, divina hurí.

Al escucharlo se le sulfuró
y una bofetada al pobre le dio
y lo llevó al gallo policial...
Por ofender a la moral.

¡Caray!... ¡No sé
por qué prohibir al hombre
que le diga un piropo a una mujer!...
¡No hablar!... ¡Chitón,
porque puede costarles
cincuenta de la nación!

Mucho cuidado se debe tener
al encontrarse frente a una mujer.
Yo, por mi parte,
cuando alguna vea,
por linda que sea
nada le diré.

Se cuenta que Villoldo y un amigo, con una visión que hoy llamaríamos de marketing, idearon una estrategia para promocionar el tango: enviaron a alguien a una esquina con la misión de piropear a diestra y siniestra para ser detenido, esperando así darle publicidad a la canción. Sin embargo, la anécdota cuenta que nadie lo denunció y ningún policía apareció, dejando la anécdota en el terreno del folclore.

¿Qué pasó con el primer jefe de la policía?
El primero falleció el 14 de octubre de 1919 a los 58 años, y el jefe de la policía, murió en el ejercicio de su cargo, en un atentado anarquista el 14 de noviembre de 1909. Tenía 54 años, y decía que el país estaba pasando de los malones indígenas a los malones rojos, en alusión a los anarquistas.

Curiosamente, se sabe que en otros países hubo iniciativas similares para combatir el acoso verbal. En Estados Unidos, por ejemplo, se llegó a instruir a las mujeres para que transformaran sus paraguas en verdaderas armas de defensa personal ante cualquier abordaje verbal en la calle, lo que demuestra que la preocupación por el comportamiento en la vía pública no era exclusiva de Buenos Aires.

Las "Yuntas Bravas" y Otros Métodos de Orden

Más allá de la controversia del piropo, Ramón Falcón continuó implementando medidas que daban de qué hablar. Su gestión estuvo marcada por una serie de intervenciones contundentes en momentos de crisis social. Entre agosto y octubre del año siguiente a su nombramiento, cuando estalló la huelga de los inquilinos –un movimiento masivo de protesta por el aumento de los montos de los alquileres–, Falcón no dudó en enviar a los bomberos para reprimir las manifestaciones. Su intervención no se limitó a las calles; en enero de 1908, cuando el presidente José Figueroa Alcorta decidió cerrar el Congreso ante la falta de tratamiento de la ley de presupuesto y otras medidas cruciales, fue el propio Falcón quien, en persona, dirigió el operativo, nuevamente con el apoyo de los bomberos y su jefe, José María Calaza, al frente.

Una de sus creaciones más populares y temidas fue la implementación del sistema de parejas de cadetes que patrullaban las calles. Se los conocía popularmente como “yunta brava” o “los Falconetes”, y cumplían su labor con pocos miramientos, aplicando métodos drásticos para combatir la delincuencia, los “patoteros” y los “compadritos” que pululaban en la ciudad. Estas "yuntas" se convirtieron en un símbolo de la mano dura de Falcón. Ángel Villoldo, una vez más, encontró inspiración en la realidad porteña y le puso música al tango que escribieron Carlos Pesce y Antonio Polito, “Yunta Brava”, que comenzaba con versos como “Aquí está la yunta brava / de los bailongos de medio pelo / abriendo cancha pa’ que salgan / los que quieran bailar un tango como yo”. De esta manera, los caminos de Villoldo y Falcón, en cierta medida, se cruzaron y se complementaron en la crónica cultural de la ciudad.

El Trágico Final de un Jefe Polémico

La vida de Ramón Falcón, al igual que su gestión, estuvo marcada por la controversia y la firmeza. Su final sería tan impactante como su carrera. Mientras Ángel Villoldo fallecería años después, el 14 de octubre de 1919, a los 58 años, el jefe de la policía moriría en el ejercicio de su cargo, víctima de un atentado anarquista. El 14 de noviembre de 1909, a los 54 años, su vida fue truncada por la violencia. Falcón solía decir que el país estaba pasando de los “malones indígenas” a los “malones rojos”, una clara alusión a la creciente influencia y violencia de los movimientos anarquistas de la época. Su asesinato fue un punto álgido en la tensión social y política de la Argentina de principios de siglo.

La historia del coronel Ramón Lorenzo Falcón es la de un hombre que, desde una posición de poder, buscó imponer su visión de orden y moralidad en una ciudad en constante transformación. Su figura sigue siendo objeto de debate, entre quienes lo ven como un defensor del orden y la moral, y quienes lo recuerdan por su autoritarismo y la represión de las libertades individuales. Su trágico final, a manos de aquellos a quienes consideraba una amenaza para el orden, selló una vida dedicada a la policía y al control social, dejando un legado complejo en la historia de la seguridad pública argentina.

Preguntas Frecuentes sobre Ramón Lorenzo Falcón

¿Quién fue Ramón Lorenzo Falcón?
Fue el primer jefe de la Policía de la Ciudad de Buenos Aires, nombrado en 1906, conocido por su rigurosa gestión y controvertidas políticas de orden público, incluyendo la represión de huelgas y la implementación de normativas morales.
¿Cuándo fue nombrado jefe de policía?
Fue nombrado jefe de la Policía de la Ciudad el 10 de septiembre de 1906.
¿Qué fue la "ordenanza del piropo"?
Fue una disposición policial implementada el 28 de diciembre de 1906 que buscaba combatir los comentarios halagadores o "piropos" en la vía pública, imponiendo multas y detenciones severas. Esta medida generó gran controversia por la desproporción de sus penas.
¿Qué eran las "yuntas bravas"?
Las "yuntas bravas" o "los Falconetes" eran parejas de cadetes policiales que Ramón Falcón dispuso para patrullar las calles de Buenos Aires. Su objetivo era combatir la delincuencia y el desorden con métodos drásticos, lo que las hizo populares y temidas a la vez.
¿Cómo murió Ramón Falcón?
Falleció el 14 de noviembre de 1909, a los 54 años de edad, víctima de un atentado anarquista mientras se encontraba en el ejercicio de su cargo.
¿Cómo se comparan las funciones policiales de la época de Falcón con las actuales en la Ciudad de Buenos Aires?

En la época del Coronel Falcón, la Policía de la Ciudad se caracterizaba por una estructura más militarizada y una fuerte represión de las manifestaciones sociales y obreras. Falcón buscaba imponer un orden estricto, incluso a través de normativas morales como la del piropo, y utilizaba métodos directos como las "yuntas bravas" para el control callejero. Sus responsabilidades se centraban en la conservación del orden público y la seguridad, con una marcada intervención en la vida cotidiana de los ciudadanos.

Actualmente, las funciones de la Policía de la Ciudad de Buenos Aires, según la Ley Nº 5.688, son más amplias y se enfocan en una gestión integral de la seguridad pública. Esto incluye:

  • Organización, conducción y control de la fuerza policial.
  • Ejecución de directivas de la Secretaría de Seguridad.
  • Implementación de mecanismos de disuasión frente a ilícitos.
  • Organización y supervisión de Centros de Monitoreo para la prevención del delito, con respuesta policial inmediata.
  • Análisis y desarrollo de servicios de seguridad de alerta temprana.
  • Coordinación con el Ministerio Público Fiscal y el Cuerpo de Investigaciones Judiciales.
  • Coordinación con el Instituto Superior de Seguridad Pública para intercambio y formación.
  • Colaboración en el diseño del Plan General de Seguridad Pública.
  • Control del cumplimiento de la ley en la prestación de servicios de seguridad privada.
  • Supervisión de la planificación y desarrollo del Programa Operativo Anual.

Mientras que Falcón operaba con una lógica de imposición y represión directa, la policía moderna busca un enfoque más preventivo, tecnológico y coordinado, con un marco legal más definido y una mayor especialización en sus distintas áreas de acción. La transparencia y la profesionalización son pilares fundamentales hoy, en contraste con la autoridad casi absoluta de la era de Falcón.

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