14/10/2024
La enfermería, una disciplina esencial en el cuidado de la salud, a menudo es percibida únicamente desde su rol asistencial. Sin embargo, existe una dimensión menos visible y más compleja, la cual ha sido conceptualizada como “enfermería policíaca”. Este término, enraizado en las teorías de Michel Foucault, no se refiere a una rama de la enfermería que trabaja directamente con la policía o en contextos forenses, sino a un ejercicio profesional que se configura y reproduce en función de los parámetros de gobernabilidad establecidos por los grupos que detentan el poder. Es, en esencia, una manifestación de la “racionalidad medicalizadora” que impregna los sistemas de salud, orientando la práctica enfermera a las necesidades de las fuerzas hegemónicas, más que a las de las personas y colectividades. Comprender su fundamento racional implica desentrañar una intrincada red de influencias históricas, filosóficas, económicas y políticas que han moldeado su evolución y su quehacer.

Desde sus orígenes, la enfermería ha sido testigo de un desarrollo marcado por diversas corrientes de pensamiento que, consciente o inconscientemente, han definido su alcance y sus limitaciones. La figura de Florence Nightingale, considerada la madre de la enfermería moderna, sentó las bases de una práctica que, si bien destacaba por su pragmatismo y eficacia en la disminución de la mortalidad en contextos bélicos, también se vio permeada por las lógicas de su tiempo. A pesar de sus aportes sociales al bienestar de los militares, el pensamiento de la modernidad, fuertemente influenciado por la Ilustración y, posteriormente, por el positivismo, comenzó a delinear una enfermería con un perfil técnico y fragmentador. El positivismo, impulsado por Augusto Comte, postulaba que la única forma de aprehender la realidad era a través del descubrimiento de leyes naturales invariables, verificables y repetibles. Este enfoque, centrado en la objetividad, la neutralidad y el empirismo, se extendió a las ciencias de la salud, reduciendo la comprensión de la realidad a acontecimientos lineales y unicausales. La subjetividad y la complejidad de la vivencia humana en el proceso de construcción de la salud fueron, en gran medida, negadas, configurando una enfermería fundamentada en los valores de las ciencias naturales.
Esta perspectiva mecanicista, que concibe al ser humano como una máquina compuesta por partes independientes, dio origen a lo que se conoce como el paradigma de la Categorización en enfermería. Bajo este marco, el ejercicio profesional se centró en eliminar problemas, cubrir déficits y suplir necesidades, viendo al ser humano como un objeto pasivo, desvinculado de su entorno. La enfermedad y la muerte se convirtieron en fuerzas negativas a combatir, mientras que la salud era el estado de equilibrio deseado. La enfermería, en este contexto, se ligó estrechamente a la práctica y dirección médica, donde intervenir significaba “hacer para” el paciente, relegándolo a un rol de receptor de cuidados expertos. El entorno, separado del individuo, era percibido como hostil y sujeto a manipulación y control. Esta orientación lineal, patocéntrica y unicausal refleja el profundo reduccionismo que el pensamiento positivista y la modernidad imprimieron en la tradición enfermera. La racionalidad medicalizadora, anclada en este paradigma, no solo fortalece la institucionalización de la enfermería policíaca, sino que también facilita la expropiación de la salud, al presentar a los profesionales de la salud como expertos que controlan la enfermedad y guían a un “rebaño” de pacientes pasivos, despojados de su capacidad de autocuidado.
La evolución de la teoría de enfermería ha transitado por diversas etapas. Si bien Florence Nightingale publicó su obra en el siglo XIX, la segunda teoría no apareció hasta 1952 con Hildegarde Peplau, y las reflexiones epistemológicas tardaron aún más en surgir. Meleis, una destacada erudita en el campo, sitúa las reflexiones epistemológicas en una fase filosófica, donde se profundiza en la naturaleza y los métodos del conocimiento. Sin embargo, a pesar de estos avances, parece haber un consenso generalizado en que la disciplina ha basado históricamente la construcción de su conocimiento en el marco metodológico del positivismo. Esta aproximación, aunque útil para ciertos aspectos, es considerada insuficiente para comprender la complejidad y subjetividad inherentes a las interrelaciones profesionales y a las experiencias de salud humanas. Autores como Kim señalan que las teorías de enfermería se han centrado en el “¿Qué se debe hacer?”, en lugar de explorar el “¿Qué es?” o “¿Qué debe ser?” la disciplina, lo que la sitúa en una corriente pragmática y utilitarista, reflejo de la razón instrumental de la modernidad.
A pesar de que el discurso académico ha intentado promover paradigmas alternativos como la Hermenéutica y la Fenomenología, la realidad práctica muestra una persistente hegemonía de los abordajes empírico-analíticos. Esta inclinación limita el desarrollo del conocimiento de enfermería al marco biomédico-positivista, impidiendo una comprensión más profunda y contextualizada de la salud. La clasificación de los patrones del conocimiento de Carper (empírico, estético, ético, personal) revela que, en lugares como Costa Rica, predominan los patrones empírico y estético, dejando de lado el ético y el personal. Esto refuerza la idea de que la enfermería se ha enfocado en el “cómo hacer” más que en el “por qué” o en una reflexión más profunda sobre su propia naturaleza y propósito. La adición de patrones como el inconsciente (Munhall) y el sociopolítico (White) a la clasificación de Carper resalta aún más esta carencia. La ausencia del patrón sociopolítico en la perspectiva de profesionales y estudiantes de enfermería, como lo evidencia Meza, se justifica por un contexto social que no promueve el pensamiento crítico. Meleis lo expresa claramente: “Las enfermeras son conscientes de las consecuencias negativas del pensamiento o del discurso crítico. Por lo tanto, el cuestionar todavía se desalienta, revelarse es impensable, y la desobediencia se castiga.” Esta realidad subraya cómo la disciplina, en su búsqueda de legitimidad y reconocimiento, ha adoptado una postura que silencia las voces críticas y reproduce el statu quo.
La influencia de la ideología política liberal ha sido un factor determinante en la configuración de la ciencia de enfermería, contribuyendo directamente a su carácter “policíaco”. Browne describe cómo esta perspectiva construye una hegemonía individualizadora en el foco de la ciencia, alimentando una tendencia competitiva en el mercado bajo la lógica del “sálvese quien pueda”. Esta visión promueve una concepción supuestamente “igualitaria” y “equitativa” de la sociedad que, paradójicamente, conlleva la negación de las desigualdades e injusticias sociales como determinantes cruciales en los procesos de construcción de la salud. Además, fomenta la introducción de la salud en las lógicas del libre mercado y una preferencia por el desarrollo de conocimiento políticamente neutro, lo cual, en última instancia, reproduce el statu quo en lugar de transformarlo. Esta despolitización del conocimiento enfermero no es accidental, sino que responde a una pulsión del capitalismo, una forma de dominación económica que busca mantener las estructuras de poder existentes.
La importación de perspectivas y orientaciones teóricas, especialmente desde América del Norte, ha jugado un papel fundamental en la homogeneización del pensamiento enfermero en regiones como Costa Rica. A través de la constante llegada de enfermeras “consultoras” financiadas por organismos internacionales (como la OPS o la Fundación Rockefeller) y la oferta de becas para estudiar en el extranjero, se moldearon los planes de estudio y la visión del ejercicio de la enfermería. Este proceso no fue exclusivo de Costa Rica; en Brasil, por ejemplo, la Fundación Rockefeller también ejerció una profunda influencia en la formación de médicos y enfermeras en la década de 1920, financiando la escuela de Enfermería de Ana Neri. Estas perspectivas integradoras, aunque a veces presentadas como una “seudo transformación” del reduccionismo positivista al evocar ámbitos comunitarios, a menudo continuaron la tendencia medicalizadora al omitir análisis sociopolíticos y económicos del proceso de construcción de la salud. Gastaldo critica cómo estas teorías, importadas a Costa Rica, no cuestionan la injusticia de los sistemas de salud duales (público y privado) ni “politizan la discusión sobre los cuidados de enfermería”. Browne refuerza esta crítica al señalar que la integración contexto-persona, en estas nuevas perspectivas fenomenológicas, acontece de forma reduccionista, limitándose a la aceptación cultural de percepciones individuales y sin romper con el marco de medicalización de la vida. Todo esto demuestra cómo las fuerzas hegemónicas, a través de la influencia externa y la internalización de ciertos paradigmas, han contribuido a configurar la enfermería policíaca.
Para una mejor comprensión de cómo los paradigmas han influido en la enfermería policíaca, presentamos la siguiente tabla comparativa:
| Paradigma | Enfoque Principal | Concepción del Ser Humano | Rol de Enfermería | Implicación Policíaca |
|---|---|---|---|---|
| Categórico | Problemas, Déficits, Necesidades | Objeto pasivo, fragmentado | Intervención experta, control de la enfermedad | Fomenta la expropiación de la salud; poder pastoral del experto. |
| Integrador | Persona integral en su contexto | Ser con experiencias; limitado a lo cultural | Cuidado holístico, pero despolitizado | Perpetúa la medicalización al omitir análisis socio-políticos y económicos. |
| Transformación | (Implica una ruptura crítica) | (Implica: Agente activo, en relación con el entorno) | (Implica: Transformador, promotor de la salud) | (Implica: Desafío a la hegemonía y al statu quo). |
Preguntas Frecuentes sobre la Enfermería Policíaca
¿Qué significa exactamente “enfermería policíaca”?
No se refiere a la enfermería forense o policial, sino a una forma de ejercicio profesional que, de manera sutil, se alinea con los intereses y las lógicas de poder de los grupos dominantes en la sociedad. Su fundamento racional se basa en reproducir las relaciones de fuerza hegemónicas, más que en responder a las necesidades reales de las personas.
¿Cómo se relaciona la enfermería policíaca con la medicalización?
La medicalización de la vida es el pilar fundamental de la enfermería policíaca. Esta racionalidad reduce la salud y sus determinantes a fenómenos puramente médicos, susceptibles de ser controlados por expertos. Al hacerlo, despoja a los individuos y las comunidades de su autonomía y capacidad de autogestión de la salud, convirtiéndolos en sujetos pasivos de intervención.
¿Por qué se considera que la enfermería policíaca es “despolitizada”?
Se le considera despolitizada porque su conocimiento y práctica tienden a ignorar o minimizar los factores socioeconómicos, culturales y políticos que influyen en la salud y la enfermedad. Al centrarse en lo individual y lo asistencial, evita cuestionar las desigualdades estructurales y reproduce un conocimiento que es aparentemente neutro, pero que en realidad favorece el mantenimiento del orden social existente.
¿Cuál es el impacto de la ideología liberal en la enfermería policíaca?
La ideología liberal fomenta el individualismo en la salud, promueve una lógica de mercado en los cuidados y niega que las desigualdades sociales sean determinantes de la salud. Esto lleva a una enfermería que prioriza la competencia y la autoayuda individual, desviando la atención de las responsabilidades colectivas y estructurales en la promoción de la salud y la prevención de la enfermedad.
¿Es posible una enfermería diferente, no policíaca?
Sí, el texto sugiere que el rescate y desarrollo de patrones de conocimiento éticos, personales, críticos y, sobre todo, sociopolíticos, podría constituir el fundamento racional de un ejercicio profesional transformador. Una enfermería que cuestione el asistencialismo, las desigualdades y las lógicas de poder, para construir respuestas más justas y equitativas a las necesidades de salud de las personas y las colectividades.
En las reflexiones finales, se hace evidente que el desarrollo epistemológico de la enfermería, incluso cuando busca la innovación y se orienta hacia perspectivas fenomenológicas e interpretativas, puede inadvertidamente perpetuar y refundar la racionalidad medicalizadora. La reducción del peso del contexto a categorías meramente culturales, sin abordar las dimensiones políticas y económicas, mantiene la tendencia de omitir categorías críticas en el ejercicio profesional y el desarrollo del conocimiento. Esto significa que, a pesar de los esfuerzos por avanzar, la disciplina podría estar asumiendo como “natural” un desarrollo epistemológico que, en su esencia, es medicalizador y reproductor de las lógicas de poder. La enfermería, en sus diversas vertientes teóricas y prácticas, pareciera emerger excluyendo perspectivas políticas, personales, críticas y de carácter social. Un conocimiento cuyo rescate, sin embargo, podría constituir el fundamento racional de un ejercicio profesional que no solo transforme la perspectiva asistencialista e intramuros, sino que también desafíe las profundas desigualdades de salud a las que nos abocan los actuales sistemas sanitarios. Es en este rescate del pensamiento crítico y sociopolítico donde reside la esperanza de habitar un mundo y unas realidades más justas, un horizonte que, desde el silencio actual, pareciera imposible de alcanzar sin un cambio de paradigma profundo.
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