La Sátira de los Borbones en Pelota

24/04/2024

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En el convulso siglo XIX español, la figura de la monarquía constitucional se debatía entre la tradición y las nuevas corrientes liberales. En este escenario de transformación política y social, emergió una obra singular y sumamente controvertida que marcaría un antes y un después en la percepción pública de la realeza: Los Borbones en pelota. Esta colección de acuarelas satírico-políticas, muchas de ellas de contenido explícitamente pornográfico, no solo buscaba la mofa o el escándalo, sino que representó una potente herramienta de deslegitimación de la monarquía de Isabel II, revelando las tensiones entre el poder, la moralidad y la vida privada en una época de profundos cambios.

¿Quiénes fueron los protagonistas de la caricatura de la familia modelo?
En febrero de 1870, DP firmó una caricatura titulada 'Una familia modelo' en la que vemos una acalorada riña en la que toman parte la reina, Francisco de Asís, que tira de los pelos al duque de Montpensier, Enrique de Borbón, el pretendiente carlista, y el príncipe Alfonso, entre otros.

Adquiridas por la Sección de Bellas Artes de la Biblioteca Nacional en 1986, estas 89 acuarelas (a las que se sumarían otras cuatro posteriormente) se centraban en la reina Isabel II, a menudo en posturas indecentes, junto a figuras clave de su círculo. La serie, firmada bajo el enigmático pseudónimo “SEM”, o “V. Sem”, “Semen”, “V. Semen”, apuntaba directamente al período crucial de 1868-1869, coincidiendo con la crisis y caída del reinado isabelino. La primera acuarela, que da nombre a la serie, mostraba a la reina con el vestido levantado en una obscena postura, el cetro y la corona arrojados al suelo, mientras un pintor de espaldas se afanaba en copiar la escena y un grupo de hombres con caras grotescas se agolpaba al fondo, todo bajo el rótulo “Los Borbones en pelota”. Esta obra representa un material histórico excepcional para comprender los complejos mecanismos de deslegitimación de la monarquía isabelina.

Índice de Contenido

Los Protagonistas de la Sátira: Un Retrato Crudo de la Corte

El impacto de Los Borbones en pelota residía en la crudeza con la que exponía a las figuras más prominentes de la corte isabelina, utilizando la sátira y la pornografía política para minar su autoridad y respeto. Los principales protagonistas de estas controvertidas acuarelas, quienes fueron objeto de la más mordaz crítica, eran:

  • Isabel II de España: La propia reina era el blanco principal, representada en diversas posturas obscenas y en situaciones que la vinculaban con la inmoralidad. Su vida personal, real o exagerada por la sátira, se convirtió en un arma política para los opositores al régimen. Las acuarelas la muestran en actitudes indecentes con varios personajes, simbolizando la supuesta depravación de la monarquía.
  • Francisco de Asís: El rey consorte, esposo de Isabel II, también aparecía en situaciones comprometedoras, a menudo ridiculizado y presentado de forma afeminada o sumisa. Una acuarela notable lo muestra disfrazado de macho cabrío, atado por la reina, una clara alusión a las percepciones de su carácter y al control de Isabel II.
  • Padre Claret: El confesor de la reina, Antonio María Claret, figura de gran influencia en la corte, era caricaturizado en escenas indecentes junto a Isabel II, o manipulando a los miembros de la familia real como si fueran polichinelas, lo que sugería la excesiva y perniciosa influencia clerical en los asuntos de Estado y en la vida privada de la reina.
  • Sor Patrocinio: Conocida popularmente como la "Monja de las Llagas", esta religiosa, también muy influyente en el círculo íntimo de la reina, aparecía en posturas similares a las de Isabel II, reforzando la crítica a la mezcla de religiosidad fanática y supuesta depravación que se atribuía a la corte.
  • Carlos Marfori: Sobrino del general Narváez y conocido como el "notorio amante de la reina en las vísperas de la Revolución de 1868". Su presencia en las acuarelas evidenciaba las críticas sobre los amoríos de Isabel II y cómo estos se percibían como un factor de corrupción y desorden en la política nacional.
  • Luis González Bravo: Último presidente del consejo de ministros isabelino, también formaba parte de las figuras ridiculizadas y asociadas directamente con la decadencia y la impopularidad del régimen monárquico.
  • General Narváez (Ramón María Narváez): Aunque no siempre en posturas indecentes como otros, su figura cerraba una serie conocida, posando con una soga en la mano al lado de un garrote vil, con la leyenda "La política de Narváez", aludiendo a su mano dura, su política represiva y su papel central en el sostenimiento del régimen.
  • General Juan Prim, General Francisco Serrano y Almirante Juan Bautista Topete: Estos líderes militares y políticos, figuras clave en la Revolución de 1868 que destronó a Isabel II, aparecían en una acuarela circense haciendo equilibrio en la cuerda floja, con la reina y Francisco de Asís en los extremos de la barra, simbolizando la inestabilidad política y el papel de estos generales en el cambio de régimen.
  • Napoleón III: Aunque menos recurrente, también se le dedicó una acuarela (núm. 105), lo que muestra la amplitud de la crítica política de la serie, que incluso abarcaba figuras internacionales relevantes para la política española de la época.

Estas representaciones no eran meras bromas o chistes populares; eran un vehículo para expresar el profundo descontento popular y liberal con una monarquía que se percibía corrupta, inmoral y alejada de los valores que una nación moderna, que aspiraba a la libertad y el orden, requería de sus gobernantes. Constituyen un ejemplo claro de cómo la imagen y la reputación personal de los monarcas podían ser instrumentalizadas con fines políticos.

SEM: El Enigma de la Autoría y su Contexto Editorial

La autoría de las acuarelas de Los Borbones en pelota generó un considerable revuelo entre los especialistas desde su descubrimiento y adquisición por la Biblioteca Nacional. Inicialmente, y de forma sorprendente, fueron atribuidas a los hermanos Valeriano y Gustavo Adolfo Bécquer. Esta atribución, que chocaba con la sensibilidad artística y lírica de los hermanos y con su supuesta ideología conservadora (habían sido apadrinados por prohombres del partido moderado como Narváez y González Bravo, a quienes curiosamente caricaturizaban), provocó intensos debates entre becquerianos y becquerianistas.

La publicación satírica Gil Blas, con la que ambos hermanos habían colaborado, mencionaba a "Sem" como autor de dibujos, lo que alimentó la hipótesis. Sin embargo, resultaba difícil conciliar la exquisita sensibilidad de Gustavo Adolfo, el poeta más lírico del siglo XIX, y la delicada pintura costumbrista de Valeriano, con la brutalidad manifiesta de aquellas imágenes pornográficas y políticamente agresivas. Además, retratar así a sus propios benefactores parecía contrario a la bonhomía y a los lazos de dependencia económica y social que mantenían los artistas.

A lo largo de los años 90, la investigación, especialmente tras encuentros académicos y publicaciones, comenzó a consolidar la hipótesis de que "SEM" era un pseudónimo colectivo, o al menos utilizado por diversos autores desde 1865. Entre ellos, se identificó al pintor y dibujante de filiación republicana Francisco Ortego. Esta idea de una autoría compartida, que incluía a "otros artistas y escritores", es la que ha ganado mayor aceptación, reflejando quizás una estrategia para difundir la sátira política de manera más amplia y anónima en un contexto de represión y censura.

La Publicación y su Relevancia Documental

La primera edición de los dos portafolios en 1991, seguida de una segunda en 1996, permitió que este material, antes restringido a especialistas y conservado en la Biblioteca Nacional, viera la luz pública. La calidad de las imágenes mejoró significativamente con las nuevas tecnologías de edición, facilitando un análisis más preciso por parte de los estudiosos. El hecho de que se hayan podido incluir nuevas acuarelas, como la número 111, "Los inteligentes", que muestra a simios eruditos examinando un volumen titulado Los Borbones en pelotas, añade una capa de metatextualidad y presagio sobre el impacto de la obra misma.

Sin embargo, el verdadero valor de estas acuarelas no solo reside en su autoría o calidad artística, sino en su capacidad para ofrecer una ventana excepcional a la historia política y cultural del reinado isabelino, sirviendo como material para entender los mecanismos de deslegitimación de la monarquía. Son una fuente documental heterodoxa, pero altamente significativa, que permite reflexionar sobre los valores asociados a la monarquía constitucional a mediados del siglo XIX y lo que se esperaba de ella en los ámbitos político, cultural, social y moral.

La Monarquía Constitucional: Entre la Política y la Moralidad Burguesa

El siglo XIX fue una época de profundas transformaciones en Europa. A pesar de las convulsiones de la Revolución Francesa y las guerras napoleónicas, la monarquía, lejos de desaparecer, se adaptó a un nuevo escenario político y social. Dio lugar a la monarquía constitucional, una forma de gobierno que, en toda Europa occidental, constituyó el marco casi natural para la estabilización del liberalismo. Esta fórmula, híbrida por naturaleza, buscaba desplazar el dilema entre revolución y absolutismo, permitiendo que los revolucionarios dejaran de ser republicanos y los monárquicos pudieran llegar a ser liberales.

El papel central de la monarquía constitucional se legitimó sobre tres supuestos fundamentales: como una institución sancionada por la soberanía nacional, como un símbolo de la continuidad histórica de la nación, y como un elemento de transformación pacífica de las instituciones. En este contexto, la vida privada de los monarcas adquirió una relevancia política sin precedentes. Se esperaba que los reyes y reinas adecuaran su comportamiento público y privado a las nuevas reglas de la sociedad burguesa, que valoraba la domesticidad y la moralidad familiar como pilares. La monarquía debía encarnar la "imagen más verdadera, la más alta y la más respetada del país", como afirmó Adolphe Thiers. La institución debía situarse por encima de la política partidista, convirtiéndose en un símbolo moral y nacional, un "poder regulador o moderador".

¿Quiénes fueron los protagonistas de la caricatura de la familia modelo?
En febrero de 1870, DP firmó una caricatura titulada 'Una familia modelo' en la que vemos una acalorada riña en la que toman parte la reina, Francisco de Asís, que tira de los pelos al duque de Montpensier, Enrique de Borbón, el pretendiente carlista, y el príncipe Alfonso, entre otros.

Es aquí donde Los Borbones en pelota cobra su mayor significado. Las acuarelas son un ejemplo de cómo la pornografía política se utilizó para socavar la legitimidad de Isabel II, atacando precisamente esa faceta moral y privada que se esperaba ejemplar. Al exponer supuestos vicios y desórdenes sexuales de la reina, los caricaturistas no solo buscaban el escándalo, sino despojar a la monarquía de su "capital simbólico", haciéndola indigna del respeto y la devoción del pueblo. Este fenómeno no era exclusivo de España; casos como el de María Antonieta en Francia o la reina Carolina en Gran Bretaña demuestran la recurrencia de la fijación crítica en el cuerpo y la sexualidad de los monarcas para deslegitimar su poder.

La eficacia simbólica de la monarquía dependía de su capacidad para representar la adecuación de las viejas formas de comportamiento aristocrático a la gran narrativa burguesa de la domesticidad. La monarquía posrevolucionaria debía convertirse en la "cuna de la clase media" y caleidoscopio de sus valores culturales y morales. El aprendizaje del oficio de monarca constitucional requería que este sujetara su vida doméstica a las normas básicas de comportamiento de sus súbditos, o al menos de la parte de aquellos que se sentían representados y protegidos por la nueva monarquía. La imagen de la familia real como modelo de virtudes familiares se volvió crucial para la estabilidad del sistema.

El Segundo Cuerpo de la Reina: Isabel II y el Género en el Trono

La situación de Isabel II era particularmente compleja. Como la primera monarca española plenamente constitucional y, además, mujer, su reinado estuvo intrínsecamente ligado a una doble condición que la hizo especialmente vulnerable a la crítica. En la terminología medieval, se hablaba de los "dos cuerpos del rey" (el místico y el material, el inmortal y el mortal); en el caso de Isabel II, se podría hablar de su "segundo cuerpo" como mujer, sujeto a un escrutinio moral y cultural intenso que desbordaba el ámbito político y se adentraba en la esfera de lo personal y lo íntimo.

Desde su nacimiento, ya con el comentario de "un heredero, aunque hembra", la feminidad de Isabel II fue un factor de ansiedad social y política. La guerra carlista, por ejemplo, se legitimó precisamente por la disputa de su derecho de sucesión en tanto que mujer, en un contexto donde las leyes sálicas habían sido derogadas. Su imagen pública evolucionó desde la "alumna de la libertad" en su juventud hasta la "mujer cruel, lasciva y desenfrenada" al final de su reinado, reflejando las contradicciones de la sociedad liberal y los discursos de género de la época.

El "incidente Olózaga" (1843), donde se acusó al primer ministro de forzar a la reina para disolver las Cortes, puso de manifiesto su vulnerabilidad política y personal desde temprana edad. Su matrimonio forzado con Francisco de Asís, conocido por sus simpatías carlistas y sus modales afeminados, enturbió desde el principio la representación de una familia real bien avenida y fundada en el amor y el respeto mutuos. Sus conocidos amoríos (como con el general Serrano o Carlos Marfori) fueron pasto de la opinión pública y de la sátira, socavando la imagen de una familia real armoniosa y moralmente intachable. La creciente exposición pública de su vida privada se entrelazó con los conflictos políticos, convirtiendo su poder positivo en el poder negativo de impedir hacer, minando su capacidad de acción y su prestigio.

Este deterioro de la imagen de Isabel II coincidió con un intenso debate en España sobre la "cuestión femenina". Mientras los sectores católicos y conservadores promovían una feminidad basada en la castidad, el sentimiento y la abnegación, confinada estrictamente al ámbito doméstico, los liberales progresistas y demócratas abrían una puerta a la participación de las mujeres en la esfera pública, como "regeneradoras de las costumbres sociales" o a través de la literatura y el asociacionismo filantrópico. La prensa satírica y moral de la época reflejaba esta tensión, ridiculizando a la "mujer pública" o "politicastra" frente al ideal de la "dama respetable" y virtuosa.

La figura de Isabel II, al ocupar la más alta magistratura como mujer, se convirtió en un catalizador de estas contradicciones. La misoginia religiosa, ejemplificada por el padre Claret (quien insistía en la inferioridad y la capacidad de perversión de las mujeres, citando versículos bíblicos que las asociaban con el pecado y la malicia), se superponía a la crítica política. La reina, lejos de encarnar la neutralidad, la moderación o la capacidad para la armonización de intereses que se atribuían a las mujeres como cualidades "femeninas" deseables en una monarquía constitucional, se convirtió en el epítome de lo que no debía ser una monarca, ni una mujer. Su vida personal, real o exagerada por la sátira, fue utilizada para negar su independencia política y moral, llevando a la deshonra de la nación y justificando la revolución que la destronó en 1868. El famoso texto de Félix Pyat en La Discusión en 1868, llamándola "llaga de su pueblo, vergüenza de su sexo, escandalosa calamidad, cúmulo de todas las liviandades de un hombre, sin una sola virtud de mujer", encapsula la brutalidad de esta campaña de desprestigio.

Preguntas Frecuentes sobre Los Borbones en Pelota

¿Qué es exactamente "Los Borbones en pelota"?
Es una colección de acuarelas satíricas y pornográficas creadas en España durante la crisis del reinado de Isabel II, principalmente entre 1868 y 1869. Su objetivo era criticar y deslegitimar a la monarquía a través de la ridiculización explícita de sus miembros, especialmente la reina, exponiéndolos en situaciones indecentes o comprometedoras.
¿Quién fue el autor de estas acuarelas?
Las acuarelas están firmadas bajo el pseudónimo "SEM". Inicialmente se atribuyeron a los hermanos Valeriano y Gustavo Adolfo Bécquer, pero la investigación posterior ha sugerido que "SEM" fue un pseudónimo colectivo, utilizado por varios artistas y escritores, incluyendo al pintor y dibujante de filiación republicana Francisco Ortego.
¿Por qué se hicieron estas caricaturas?
Se crearon como una forma de "pornografía política" para deslegitimar el reinado de Isabel II. En un contexto de gran inestabilidad política, descontento social y una percepción generalizada de corrupción e inmoralidad en la corte, estas caricaturas buscaban minar el respeto hacia la reina y su familia, contribuyendo al ambiente propicio para la Revolución de 1868 que la destronó.
¿Quiénes fueron los principales personajes caricaturizados?
Los protagonistas recurrentes y más destacados fueron la reina Isabel II, su esposo Francisco de Asís, su influyente confesor el padre Claret, sor Patrocinio (la "Monja de las Llagas"), el amante de la reina Carlos Marfori, y figuras políticas como Luis González Bravo y el general Narváez. También aparecen líderes de la revolución como Prim, Serrano y Topete, entre otros.
¿Qué relación tienen estas acuarelas con la "cuestión femenina" del siglo XIX?
La crítica a Isabel II a través de estas acuarelas estaba estrechamente ligada al debate social y político sobre el papel de la mujer en la sociedad liberal. Al ser una mujer en el trono, Isabel II fue juzgada no solo por su desempeño político, sino intensamente por su comportamiento personal y sexual. Esto fue utilizado para reforzar estereotipos misóginos sobre la supuesta inmoralidad femenina y la incapacidad de las mujeres para el gobierno, contrastando con un ideal de feminidad casta y doméstica promovido por la burguesía y la Iglesia.
¿Cuál es la importancia histórica de "Los Borbones en pelota"?
Son un documento histórico excepcional que permite analizar cómo la sátira, la iconografía política y la "pornografía política" influyeron en la opinión pública y en los procesos de cambio político. Reflejan las tensiones entre la monarquía y la nación, la esfera pública y privada, y el impacto de los discursos de género en la legitimidad del poder en el siglo XIX español, ofreciendo una visión cruda y directa de las armas utilizadas en la lucha política.

El Legado de una Sátira Inmortal

Los Borbones en pelota no es solo una colección de acuarelas curiosas; es un testimonio elocuente de la compleja interacción entre la política, la moralidad y la percepción pública en un período de transición y conflicto. La figura de Isabel II, una monarca mujer en un trono constitucional, se convirtió en el epicentro de un vendaval de críticas que explotaron su vida personal para socavar su autoridad. La obra de "SEM" trascendió la mera burla para convertirse en una poderosa herramienta de deslegitimación, contribuyendo decisivamente al clima de opinión que culminaría en la Revolución de 1868 y el destronamiento de la reina.

El estudio de estas acuarelas nos obliga a reflexionar sobre cómo los valores culturales de una época, las expectativas de género y la dinámica entre lo público y lo privado pueden moldear la narrativa política y el destino de una institución. A través de la lente distorsionada pero reveladora de la sátira, Los Borbones en pelota sigue siendo una fuente invaluable para comprender las complejidades de la historia de España y la eterna lucha por la legitimidad del poder. Su historicidad, analizada con cuidado, evita su uso espurio como mero escándalo y permite una profunda reflexión sobre la relación entre la monarquía y la "nación moral" en el siglo XIX.

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