¿Cómo controlar y superar situaciones estresantes?

La Policía: Un "Monstruo" Bajo Presión

28/05/2025

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La percepción pública de la policía a menudo oscila entre el respeto y la desconfianza, pero ¿qué sucede cuando la propia institución es descrita como un "monstruo"? Esta inquietante analogía, planteada por el economista y sociólogo Wilson Hernández, no se refiere a una entidad malévola, sino a una estructura gigantesca y compleja, de 120 mil miembros en el caso de la Policía Nacional del Perú, que enfrenta desafíos internos y externos tan abrumadores que comprometen su eficacia. Hernández, reconocido experto en seguridad ciudadana y violencia, con experiencia en el Ministerio de la Mujer, la Defensoría del Pueblo y el Banco Mundial, arroja luz sobre las profundas grietas que debilitan a la fuerza del orden, desde el maltrato constante que sufren sus agentes hasta la carencia de recursos vitales y la falta de un enfoque estratégico adecuado en las políticas de seguridad. Su análisis no solo expone las vulnerabilidades de la policía, sino que también nos invita a reflexionar sobre cómo la sociedad y el Estado pueden contribuir a transformar esta "bestia" institucional en una fuerza verdaderamente protectora y eficiente.

¿Cómo controlar y superar situaciones estresantes?
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El Gigante Institucional: Desafíos Administrativos y Económicos

Cuando Wilson Hernández describe a la Policía Nacional como un "monstruo", se refiere en gran medida a su tamaño y a las complejidades administrativas que esto conlleva. Con aproximadamente 120 mil miembros, gestionar una institución de tal magnitud presenta obstáculos formidables, especialmente en lo que respecta a la mejora de sus condiciones laborales y salariales. El principal problema, según Hernández, radica en la ineficacia de los mecanismos actuales para compensar adecuadamente a sus agentes. La estrategia adoptada por el Ministerio de Economía y Finanzas, por ejemplo, ha sido la de implementar aumentos salariales graduales y mínimos, a menudo de cincuenta soles. Este incremento, aunque nominal, resulta insignificante para el bolsillo del policía, cuya capacidad adquisitiva apenas se ve afectada. El resultado es una fuerza policial que, en muchos casos, percibe ingresos muy por debajo de lo que su exigente y peligrosa labor debería merecer.

Pero el desafío no se limita únicamente al sueldo. Las condiciones de trabajo son un factor crítico que impacta directamente en la operatividad y el ánimo de los agentes. Hernández subraya la alarmante escasez de recursos materiales básicos. ¿Cómo puede esperarse que una fuerza policial cumpla plenamente con su misión de combatir la delincuencia si carece de elementos tan fundamentales como balas o armas suficientes? La situación se agrava a nivel de las comisarías, que a menudo operan con presupuestos insuficientes para cubrir gastos tan esenciales como la gasolina para sus vehículos. Imaginar una empresa privada funcionando al cien por ciento bajo estas condiciones sería impensable. Sin embargo, se le exige a la policía un alto nivel operativo cuando, materialmente, no se le proporcionan las herramientas necesarias para lograrlo. Este descuido institucional en la dotación de recursos no solo frustra a los agentes, sino que también los expone a mayores riesgos y limita su capacidad para responder eficazmente a las demandas de seguridad de la ciudadanía.

La Salud del Agente: Un Costo Humano Ignorado

Detrás de cada uniforme hay un ser humano expuesto a presiones extraordinarias, y el análisis de Wilson Hernández pone un énfasis crucial en el impacto del maltrato ciudadano y el estrés en la salud física y mental de los policías. A diario, los agentes son objeto de gritos, insultos y desconfianza por parte de la ciudadanía, lo que genera un nivel de estrés acumulativo insostenible. Un policía de tránsito, por ejemplo, puede comenzar su jornada a las 9 a.m. ya con un alto nivel de estrés, habiendo sido increpado e insultado en múltiples ocasiones. Esta constante exposición a la agresión verbal no solo es desmoralizante, sino que tiene serias repercusiones en su bienestar psicológico.

El problema se magnifica por el "gran descuido institucional" en lo que respecta a la salud mental de los policías. Aunque el proceso de ingreso a la Policía Nacional del Perú incluye exámenes médicos y psicológicos rigurosos, como los de aptitud física, entrevista personal, psicométrico y de aptitud académica y conocimientos, estas evaluaciones no preparan a los postulantes para la brutal realidad emocional y psicológica que enfrentarán en su carrera. No existe una estrategia institucional robusta para el afrontamiento del estrés diario, ni programas de tratamiento posterior para aquellos que desarrollan problemas de salud mental derivados de su labor.

La pregunta central que plantea Hernández es: ¿cómo preparamos al policía para ser "impermeable" a este tipo de problemas? La respuesta no es hacerlos inmunes al dolor, sino dotarlos de herramientas y apoyo institucional. Es imperativo desarrollar estrategias de afrontamiento del estrés, ofrecer terapias y soporte psicológico de manera proactiva, y, fundamentalmente, trabajar con la ciudadanía para fomentar un mayor respeto hacia la figura policial. Sin este soporte integral, la exposición constante al maltrato y al estrés seguirá minando la moral, la eficiencia y la salud de los agentes, convirtiéndolos en víctimas silenciosas de un sistema que les exige demasiado y les da muy poco.

Un Enfoque de Seguridad Desactualizado: La Perspectiva de la Ciudad y la Cohesión Social

Una de las críticas más agudas de Wilson Hernández a las políticas de seguridad nacional es su falta de un enfoque más destinado a la ciudad. Tradicionalmente, la seguridad se ha abordado desde la perspectiva de que el problema son los delincuentes y la solución es que la policía los contenga o los capture. Hernández utiliza una analogía contundente: "quedarse con este pensamiento es igual que decir que el problema son los incendios y que la solución es que los bomberos lo apaguen". Esta visión simplista ignora las causas estructurales y los factores urbanos que propician la inseguridad.

El experto argumenta que hay muchos aspectos, desde el desarrollo urbano y la organización de los servicios públicos, que condicionan la aparición de problemas de inseguridad. Las políticas actuales, incluyendo las del Ministerio del Interior y el Plan de Seguridad Nacional, carecen de esta perspectiva integral. Para lograr un cambio efectivo, sería necesario un trabajo intensivo de cohesión social en los barrios. La pregunta clave es: ¿cómo se logra que la gente recupere la confianza entre sí? Esta cohesión es primordial porque una comunidad unida genera una protección natural contra la delincuencia. Cuando los ciudadanos confían entre sí, se organizan, colaboran con la policía, exigen soluciones a sus comisarios y, en última instancia, contribuyen activamente al cuidado y la protección de su propia ciudad.

La seguridad ciudadana no puede ser responsabilidad exclusiva de la policía. Es un ecosistema que involucra a todos los actores: ciudadanos, autoridades locales y nacionales. Si no se abordan las raíces del problema en el entorno urbano, si no se promueven espacios de confianza y organización comunitaria, la labor policial, por más esfuerzos que se hagan, siempre será un parche temporal en un problema mucho más profundo. La visión de Hernández aboga por una reingeniería de la seguridad que ponga a la ciudad y a sus habitantes en el centro de la estrategia, reconociendo que la prevención y la resiliencia comunitaria son tan vitales como la acción policial reactiva.

Reconstruyendo la Confianza: Estrategias para una Ciudadanía y Policía Unida

Generar mayor confianza en la ciudadanía hacia sus fuerzas policiales y, a su vez, fomentar una cultura de respeto y colaboración es un pilar fundamental para la mejora de la seguridad. Wilson Hernández enfatiza que para lograr esto, es esencial que la ciudadanía y las autoridades locales, como los alcaldes, "vuelvan a tomar las calles". Esto implica una inversión significativa y estratégica en la infraestructura y los espacios públicos, que a menudo son caldo de cultivo para la delincuencia cuando están descuidados.

Un ejemplo claro de esta estrategia proviene de Inglaterra, donde se invirtió en iluminar las calles. Los resultados fueron contundentes: por cada dólar invertido en iluminación, se lograron restar 44 dólares de costos asociados al combate de la delincuencia. La razón es simple pero poderosa: la iluminación elimina las zonas oscuras, reduciendo las oportunidades para actividades ilícitas y aumentando la percepción de seguridad. En el contexto peruano, esto se traduce en la necesidad de trabajar arduamente para que cada ruta, cada calle, se sienta como una zona de tránsito segura. Esto requiere una inversión considerable y una apuesta decidida por autoridades locales que demuestren la capacidad y el compromiso para lograrlo.

Además de la infraestructura, es crucial identificar y recuperar los puntos clave en la ciudad donde se puedan restaurar los espacios de cohesión social. Estos pueden ser parques, plazas o centros comunitarios que, al ser revitalizados y seguros, permitan a los ciudadanos interactuar, organizarse y fortalecer los lazos comunitarios. La delincuencia a menudo prospera en la desorganización y el aislamiento social. Al fomentar la confianza y la organización entre los vecinos, se crea una barrera natural contra la criminalidad. Hernández propone que la solución no es solo más policía, sino una policía más conectada con una ciudadanía activa y empoderada, que colabora en la prevención y en la exigencia de mejores condiciones de seguridad para su entorno. La confianza es una vía de doble sentido: los ciudadanos deben confiar en su policía, y la policía debe confiar en la colaboración de sus ciudadanos.

Preguntas Frecuentes sobre la Policía y la Seguridad Ciudadana

¿Por qué el economista Wilson Hernández describe a la Policía Nacional como un "monstruo"?

Hernández utiliza esta analogía para referirse al tamaño gigantesco de la institución (120 mil miembros) y a las enormes complejidades administrativas que conlleva, especialmente en la gestión de salarios y recursos. No se refiere a una entidad malévola, sino a una estructura abrumadora que enfrenta desafíos internos y externos que comprometen su operatividad.

¿Cómo afecta el maltrato ciudadano a los policías?

El maltrato diario, que incluye gritos e insultos, genera un alto nivel de estrés y afecta significativamente la salud mental y física de los agentes. Esta exposición constante a la agresión verbal desmoraliza a los policías y reduce su capacidad para desempeñarse eficazmente, sin el apoyo institucional adecuado para el afrontamiento del estrés.

¿Qué enfoque de seguridad falta implementar en las políticas nacionales?

Según Hernández, las políticas de seguridad deben adoptar un enfoque más centrado en la ciudad, yendo más allá de la mera contención de delincuentes. Es crucial considerar aspectos como el desarrollo urbano, la organización de servicios públicos y el fomento de la cohesión social como factores clave que influyen en la inseguridad.

¿La formación actual de la policía es suficiente para los retos diarios?

Aunque los postulantes pasan por rigurosos exámenes físicos y psicológicos, estas evaluaciones no los preparan adecuadamente para la realidad del maltrato ciudadano y el estrés constante. Se necesita una estrategia institucional que incluya afrontamiento del estrés y tratamiento posterior para la salud mental de los agentes.

¿Por qué los salarios de la Policía Nacional no aumentan significativamente?

El principal obstáculo es el tamaño masivo de la institución. Los aumentos graduales y mínimos (como 50 soles) implementados por el Ministerio de Economía y Finanzas no son percibidos por los policías, lo que resulta en una capacidad adquisitiva estancada y salarios que no reflejan la exigencia de su labor.

¿Qué acciones pueden generar más confianza de la ciudadanía en la policía?

Es fundamental que la ciudadanía y los alcaldes tomen un rol más activo en la recuperación de los espacios públicos. Invertir en iluminación de calles y recuperar zonas de cohesión social (como parques) puede reducir la delincuencia y fomentar la organización comunitaria, lo que a su vez fortalece la colaboración con la policía.

La compleja realidad de la Policía Nacional, tal como la describe Wilson Hernández, es un llamado a la acción y a la reflexión. Lejos de ser una institución perfecta, es un "monstruo" en el sentido de su vastedad y de los innumerables desafíos que la acechan: desde la precariedad salarial y la escasez de recursos hasta el devastador impacto del maltrato ciudadano y la falta de un enfoque estratégico en las políticas de seguridad. Sin embargo, este diagnóstico no es un veredicto de condena, sino una hoja de ruta para el cambio. La clave reside en una apuesta decidida por el bienestar integral de los agentes, la implementación de políticas de seguridad con una verdadera perspectiva urbana y, fundamentalmente, la reconstrucción de la confianza y la cohesión entre la ciudadanía y su policía. Solo a través de un esfuerzo conjunto, donde cada actor asuma su responsabilidad, podremos transformar este gigante institucional en una fuerza del orden verdaderamente fuerte, respetada y efectiva para la protección de todos.

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