12/05/2025
En el complejo entramado de las protestas sociales, donde las voces de la ciudadanía claman por cambios y las fuerzas del orden buscan mantener el control, surge una pregunta recurrente y a menudo dolorosa: ¿quién es el culpable cuando la violencia escala y se pierden vidas? Esta interrogante se vuelve particularmente aguda cuando los incidentes involucran a la policía, cuyo rol es proteger y servir, pero que en ocasiones se ve envuelta en tragedias. El reciente caso de las protestas en Andahuaylas, Perú, nos ofrece un sombrío recordatorio de esta difícil realidad, poniendo de manifiesto las múltiples capas de responsabilidad y el intrincado equilibrio que se busca entre la autoridad y los derechos civiles.

Los acontecimientos de Andahuaylas, en la región de Apurímac, se inscribieron en un contexto de profundas demandas ciudadanas, incluyendo el cierre del Congreso de la República, el adelanto de elecciones generales y la convocatoria a una nueva Constitución. Lo que comenzó como una manifestación de descontento popular, rápidamente se transformó en un escenario de confrontación, dejando un saldo trágico que ha conmocionado al país. La escalada de violencia no solo resultó en pérdidas humanas, sino que también expuso la vulnerabilidad de todos los actores involucrados, desde los manifestantes hasta los propios agentes policiales.
Anatomía de una Tragedia: Los Hechos de Andahuaylas
La tensión en Andahuaylas alcanzó su punto más crítico cuando las protestas cobraron sus dos primeras víctimas mortales. Romario Quispe Garfias, un joven de 18 años, perdió la vida a causa de un traumatismo encéfalo craneano grave, aparentemente provocado por un “objeto contundente”. A las pocas horas, se confirmó la muerte de un menor de 15 años, identificado por sus iniciales D. A. Q., quien falleció durante un intento de toma del aeropuerto de Andahuaylas. Estas muertes, sumadas a una treintena de heridos, varios de ellos con lesiones en la cabeza por perdigones, pintaron un cuadro desolador de la situación.
Las imágenes y testimonios que emergieron de Andahuaylas reflejaron una confrontación brutal. Manifestantes denunciaron el uso excesivo de la fuerza por parte de los efectivos policiales, con el empleo de gases lacrimógenos y perdigones que, según sus relatos, fueron disparados indiscriminadamente. La Defensoría del Pueblo, una institución clave en la supervisión de los derechos humanos, lamentó los fallecimientos y solicitó una investigación exhaustiva de los hechos, instando al cese de la violencia y recordando que las intervenciones policiales deben siempre respetar los derechos fundamentales de las personas.
Más Allá del Uniforme: La Perspectiva de la Culpa Compartida
En medio del caos y el dolor, una voz de la comunidad de Andahuaylas articuló una perspectiva que complejiza la atribución de la culpa. Un comunero, al lamentar la muerte de uno de los jóvenes, declaró: “El joven acaba de fallecer, ha perdido la vida, los policías no deberían tener la culpa, son hijos de transportistas, hijos de comerciantes, de pequeñas empresas, nosotros hacemos nuestro trabajo sin hacer daño a nadie, pero miren cómo nos hacen daño”. Esta declaración encapsula un dilema fundamental en la percepción pública de la policía durante los conflictos sociales.
La frase sugiere que, más allá del uniforme y la función institucional, los policías son también individuos con sus propias vidas, familias y orígenes humildes, intrínsecamente ligados a la misma sociedad de la que provienen los manifestantes. Al verlos como “hijos de transportistas, hijos de comerciantes”, se humaniza la figura del agente, recordándonos que no son entidades abstractas, sino personas que también pueden estar bajo presión, cumpliendo órdenes en situaciones de extremo peligro. Esta visión propone que la responsabilidad por las tragedias no recae únicamente en el agente individual que aprieta el gatillo o lanza el proyectil, sino que se diluye en un entramado más amplio de circunstancias, decisiones políticas y la propia dinámica incontrolable de la violencia masiva.
El argumento de que los policías “hacen su trabajo sin hacer daño a nadie” refleja la creencia de que actúan por deber, y que cualquier daño resultante es una consecuencia no deseada de su función, o incluso una reacción a la agresión que ellos mismos sufren. Esta perspectiva invita a mirar más allá de la acción inmediata y considerar el contexto en el que se produce. ¿Estaban los agentes adecuadamente capacitados para el control de multitudes? ¿Recibieron órdenes claras y proporcionadas? ¿Disponían del equipo adecuado para minimizar daños? Estas preguntas son esenciales para desentrañar la verdadera naturaleza de la culpabilidad.
A menudo, los agentes se encuentran atrapados entre la obligación de mantener el orden público y la necesidad de proteger su propia integridad física y la de sus compañeros. En un ambiente de alta tensión, donde las líneas entre manifestante y agresor pueden difuminarse rápidamente, las decisiones se toman en fracciones de segundo y bajo un estrés inmenso. La responsabilidad no es una carga que se pueda adjudicar a la ligera, y es crucial diferenciar entre actos deliberados de violencia y las consecuencias no intencionadas de una situación fuera de control.
Escalada de Violencia: Agresiones contra la Autoridad
La complejidad de la situación en Andahuaylas se hizo aún más evidente con los ataques directos contra las fuerzas del orden. La comisaría de Huancabamba fue incendiada, un acto que simboliza la ruptura total del respeto hacia la autoridad y la ley. Además, se reportó el secuestro de dos agentes policiales, el suboficial PNP Walter Silvera Obregón y otro compañero, quienes fueron retenidos y exhibidos por los manifestantes antes de ser finalmente liberados. Estos incidentes subrayan la grave amenaza a la que se enfrentan los policías en estas circunstancias, pasando de ser garantes del orden a ser víctimas de la violencia.
Estos actos de agresión contra la policía no solo son un delito, sino que también contribuyen a la escalada de la violencia, creando un ciclo de acción y reacción que es difícil de romper. Cuando los agentes se sienten atacados y en peligro, la probabilidad de que recurran a medidas más contundentes para protegerse aumenta, lo que a su vez puede exacerbar el conflicto y provocar más heridos o, lamentablemente, más muertes. La seguridad de los agentes es un factor que no puede ignorarse al evaluar la dinámica de las protestas violentas.
El Papel de los Actores Oficiales: Llamados a la Investigación y la Calma
Ante la gravedad de los acontecimientos, diversas autoridades se pronunciaron. La presidenta de la república, Dina Boluarte, expresó sus condolencias por los fallecimientos y reiteró su invocación al diálogo y a deponer la violencia, afirmando que “la vida de ningún peruano amerita ser sacrificada por intereses políticos”. De manera similar, el presidente del Consejo de Ministros, Pedro Ángulo, hizo un llamado a buscar consensos para defender la democracia y la paz social.
La Defensoría del Pueblo, por su parte, asumió un rol crucial al instar a la Fiscalía y a la Policía Nacional del Perú a investigar exhaustivamente los hechos. Su llamado a la imparcialidad y al respeto de los derechos humanos es fundamental en estos contextos, ya que su función es garantizar que se esclarezcan las responsabilidades y que se haga justicia para las víctimas, sin importar de qué lado provenga la agresión. La transparencia en las investigaciones es vital para restaurar la confianza pública y evitar que la impunidad alimente futuros conflictos.
El Velo de la Incertidumbre: ¿Quién es Realmente Culpable?
La atribución de la culpa en incidentes como los de Andahuaylas es un proceso complejo y multifactorial. No existe una respuesta única ni sencilla. La culpabilidad puede residir en múltiples niveles:
- Culpabilidad individual: Se refiere a las acciones específicas de un agente que pudo haber excedido los límites de su autoridad o actuado de manera negligente o deliberadamente violenta.
- Culpabilidad institucional: Implica fallas en la capacitación, el equipamiento, las políticas de uso de la fuerza, la cadena de mando o la supervisión dentro de la institución policial. Si la institución no prepara adecuadamente a sus agentes o no establece protocolos claros, comparte parte de la culpa.
- Culpabilidad política: Recae en los líderes políticos que, con sus decisiones o la falta de ellas, pueden haber contribuido a la escalada del conflicto, ya sea por no atender las demandas ciudadanas, por incitar a la confrontación o por no ofrecer soluciones dialogadas.
- Culpabilidad social/colectiva: Aunque más difusa, la participación en actos de vandalismo, agresión a la autoridad o incitación a la violencia por parte de algunos manifestantes también contribuye al clima de inseguridad y puede provocar reacciones extremas por parte de las fuerzas del orden.
Es esencial comprender que en un escenario de protestas violentas, la línea entre la autodefensa y el uso excesivo de la fuerza puede ser delgada. La preparación y el entrenamiento de los agentes para el control de multitudes son cruciales para desescalar conflictos y evitar desenlaces fatales. Esto incluye el uso proporcional de la fuerza, la priorización de métodos no letales y la capacidad de discernir cuándo una situación representa una amenaza real e inminente.
Además, la percepción de la culpabilidad a menudo está influenciada por la polarización social y política. Cada bando tiende a responsabilizar al otro, dificultando la búsqueda de la verdad y la reconciliación. Una investigación rigurosa, transparente e imparcial es el único camino para determinar responsabilidades y sentar las bases para que tragedias similares no se repitan.
Preguntas Frecuentes sobre la Culpabilidad Policial en Protestas
¿Qué se entiende por “uso excesivo de la fuerza”?
El uso excesivo de la fuerza ocurre cuando los agentes de seguridad emplean un nivel de fuerza mayor del estrictamente necesario, razonable y proporcionado para controlar una situación, proteger vidas o mantener el orden público. Esto incluye el uso desproporcionado de armas no letales (como gases lacrimógenos o perdigones) o el uso de armas letales cuando no existe una amenaza inminente de muerte o lesión grave para el agente o terceros. La proporcionalidad y la necesidad son principios clave.
¿Cómo se determina la culpabilidad de un agente en un enfrentamiento?
La determinación de la culpabilidad implica una investigación exhaustiva que analiza múltiples factores: las órdenes recibidas por el agente, el contexto en el que actuó (nivel de amenaza, presencia de agresión), el tipo de fuerza utilizada, el resultado de esa acción y si se adhirió a los protocolos de uso de la fuerza. Se revisan videos, testimonios de testigos, informes forenses y el propio relato del agente. La imparcialidad de la investigación es crucial.
¿Existe una diferencia entre la culpa individual y la culpa institucional?
Sí, existe una diferencia fundamental. La culpa individual se atribuye a un agente específico por sus acciones directas. La culpa institucional se refiere a fallas sistémicas dentro de la organización (policía, gobierno) que contribuyeron al incidente. Esto puede incluir falta de entrenamiento, políticas deficientes sobre el uso de la fuerza, falta de supervisión adecuada, o incluso la incitación a la violencia por parte de altos mandos. Una investigación completa debe considerar ambas dimensiones.
¿Cuál es el rol de los manifestantes en la escalada de violencia?
Si bien el derecho a la protesta pacífica es fundamental, cuando algunos manifestantes recurren a la violencia (vandalismo, agresión a la propiedad pública o privada, ataques a la policía), esto puede provocar una respuesta de las fuerzas del orden. Aunque la violencia de los manifestantes nunca justifica el uso excesivo de la fuerza por parte del Estado, sí puede ser un factor que contribuya a la escalada de un conflicto y a situaciones de riesgo para todos los involucrados. El contexto de la interacción es vital.
¿Cómo puede la justicia abordar estos casos?
- Investigación independiente y transparente: Para determinar los hechos y responsabilidades.
- Procesos judiciales justos: Tanto para los agentes acusados de uso excesivo de la fuerza como para los manifestantes que hayan cometido delitos.
- Reparación a las víctimas: Compensación y apoyo a las familias de los fallecidos y heridos.
- Reforma institucional: Implementación de cambios en las políticas y el entrenamiento policial para prevenir futuros incidentes.
- Diálogo social: Promover canales de comunicación entre el gobierno, la sociedad civil y las fuerzas del orden para abordar las causas profundas del descontento y construir la paz.
El objetivo no es solo castigar a los culpables, sino también prevenir que tales tragedias se repitan, asegurando que la policía cumpla su rol con respeto a los derechos humanos y que la protesta ciudadana se desarrolle en un marco de paz.
Conclusión
La cuestión de la culpabilidad en los enfrentamientos entre la policía y los manifestantes es un reflejo de la complejidad inherente a los conflictos sociales. Como hemos visto en el caso de Andahuaylas, la narrativa rara vez es unidimensional. Los agentes policiales, si bien son los encargados de hacer cumplir la ley, son también seres humanos que actúan bajo presión y en circunstancias extremas, a menudo enfrentando peligros inminentes. La idea de que “los policías no deberían tener la culpa” resuena con la necesidad de entender su rol dentro de un sistema más amplio y las presiones a las que están sometidos.
Sin embargo, esta perspectiva no exime a nadie de la responsabilidad. Cada acción tiene una consecuencia, y la rendición de cuentas es fundamental para la credibilidad de las instituciones y para la justicia de las víctimas. La clave reside en una investigación exhaustiva, transparente e imparcial que considere todos los ángulos: las acciones individuales, las políticas institucionales, las decisiones políticas y la dinámica de la protesta misma. Solo a través de un análisis profundo y objetivo del contexto se podrá asignar la culpa de manera justa y, lo que es más importante, aprender de estas tragedias para construir un futuro donde el dilema de la violencia en las calles sea reemplazado por el diálogo y el respeto mutuo.
Si quieres conocer otros artículos parecidos a Culpabilidad en la Línea de Fuego: Análisis de Incidentes puedes visitar la categoría Policía.
