21/01/2025
Michel Foucault, una de las mentes más influyentes del siglo XX, revolucionó nuestra comprensión del poder. Su obra desmanteló la idea de un poder centralizado y represivo, proponiendo en su lugar una red capilar de relaciones de fuerza que atraviesan el tejido social. Sin embargo, como toda teoría transformadora, la suya no estuvo exenta de escrutinio y críticas agudas. Pensadores contemporáneos como Ernesto Laclau y Jacques Rancière, aunque reconocen su inmensa contribución, han señalado limitaciones significativas, especialmente en lo que respecta a la concepción de “lo político” y la posibilidad de la emancipación. Este artículo se adentrará en el corazón de estas críticas, explorando cómo Laclau demanda una mayor atención a la articulación hegemónica y cómo Rancière insiste en una distinción crucial entre “policía” y “política” que Foucault, según ellos, habría difuminado.

Para comprender cabalmente las críticas, es fundamental esbozar la perspectiva foucaultiana del poder y su relación con lo que él denominó “policía” y el “arte de gobierno”. Foucault se interesó por cómo el poder se ejerce de manera inmanente, es decir, desde dentro de las prácticas y las relaciones cotidianas, a diferencia de la concepción trascendente del poder soberano. Para el filósofo francés, el objetivo del gobierno no era simplemente un territorio, sino “el complejo relacional entre hombres y cosas que se encuentran dentro del mismo”. Esto implicaba una búsqueda del “bien de cada una de las cosas que hay que gobernar”, utilizando no solo la ley, sino una multiplicidad de técnicas y tácticas de persuasión y conducción de la conducta.
En este marco, Foucault rescata el término “policía” de los siglos XVII y XVIII, dándole un significado mucho más amplio que el actual. Para él, la “policía” era el conjunto de medios para hacer crecer las fuerzas del Estado y mantener el buen orden. Abordaba un vasto universo de acciones que incluían la regulación de la natalidad, la mortalidad, la salud, la alimentación, el trabajo, la circulación y, en esencia, todas las formas de coexistencia de los hombres. Como Foucault mismo lo señaló, “de lo que se ocupa la policía, en el fondo, es de la sociedad”. Esta “gubernamentalización del Estado” implicaba la progresiva incorporación de la lógica del gobierno a las prácticas estatales, dando lugar a “las políticas” (políticas de niñez, de salud, de educación, etc.), entendidas como instancias dispersas de gobierno, cada una con su propia racionalidad. Esta visión ponía un fuerte énfasis en la dispersión de las relaciones de poder, en la multiplicidad de focos y mecanismos, lo que llevó a Foucault a afirmar en un momento que su imperativo era “no hacer nunca política”, en el sentido de evitar una gran narrativa unificadora o un proyecto político centralizado, prefiriendo el análisis de las micro-relaciones de poder.
- Las Críticas de Laclau: La Demanda de Articulación y los Puntos Nodales
- Rancière: La Distinción Crucial entre “Policía” y “Política”
- Puntos de Encuentro y Divergencia: Un Diálogo Complejo
- Preguntas Frecuentes sobre las Críticas a Foucault
- ¿Por qué Laclau critica la idea de Foucault de una “difusión total del poder”?
- ¿Qué significa para Foucault “no hacer nunca política”?
- ¿Cómo distingue Jacques Rancière entre “política” y “policía”?
- ¿Cuál es el punto de encuentro principal entre Laclau y Foucault, a pesar de sus críticas?
- ¿Cómo se complementan las perspectivas de Laclau, Foucault y Rancière en el estudio del poder?
- Reflexiones Finales
Las Críticas de Laclau: La Demanda de Articulación y los Puntos Nodales
Ernesto Laclau, junto a Chantal Mouffe, es una figura central en la teoría posmarxista y ha dialogado extensamente con el pensamiento foucaultiano. Si bien comparten con Foucault el escepticismo hacia una Razón universal y la visión de un poder descentralizado, sus caminos se bifurcan en un punto crucial: la cuestión de la articulación y la posibilidad de la hegemonía.
Laclau reconoce la validez de la crítica foucaultiana a la razón como universal y la idea de que el poder no emana de un centro único. Ambos autores, de hecho, coinciden en la contingencia y variabilidad de los procesos de racionalización y en la multiplicidad de instancias de poder que atraviesan el cuerpo social. Sin embargo, la principal crítica de Laclau a Foucault radica en su énfasis desmedido en la dispersión, que, para Laclau, deja un vacío en la comprensión de cómo se construyen identidades colectivas y se organizan las luchas políticas a gran escala. Laclau sostiene que en Foucault “no aparece muy claramente un espacio de articulación que permita salir de una lógica de la inmanencia”. Es decir, si bien Foucault describe magistralmente cómo el poder opera en cada rincón, no ofrece una teoría robusta sobre cómo esas múltiples resistencias y relaciones de poder se conectan o se unifican para formar movimientos políticos significativos.
Para Laclau, el efecto de conjunto de las relaciones de poder foucaultianas parece demasiado “azaroso”, carente de un referente común que permita la acción colectiva. Aquí es donde entra su concepto de “significantes vacíos” y la hegemonía. Los significantes vacíos (como “libertad”, “igualdad”, “seguridad”) son aquellos términos que, al carecer de un significado predeterminado, tienen la capacidad de aglutinar diversas particularidades y construir una cadena equivalencial. La lucha política, para Laclau, es precisamente la disputa por fijar el significado de estos significantes y, a través de ello, construir una hegemonía, un cierre provisorio de la universalidad que permite la institución de lo social. Esto es lo que Foucault, al enfocarse en la dispersión, no logra explicar adecuadamente.
Otra crítica fundamental de Laclau se dirige a la idea de Foucault de una “difusión total del poder en el seno de lo social”. Laclau argumenta que esta perspectiva “tornaría el análisis ciego a la presencia de puntos nodales y a las concentraciones parciales de poder existentes en toda formación social concreta”. Si el poder está absolutamente difuso, ¿cómo explicar las estructuras de dominación y subordinación que son evidentes en la sociedad? Laclau insiste en que, aunque el poder no tenga un centro único, sí existen “puntos nodales hegemónicos” que condensan y radian efectos totalizantes, concentraciones de poder que son cruciales para entender la dinámica social y política.
Finalmente, Laclau aborda la afirmación de Foucault de “no hacer nunca política”. Para Laclau, si bien el poder y la resistencia están en todas partes, no todas las formas de resistencia son “políticas” en el mismo sentido. La resistencia adquiere un carácter político solo cuando se articula, cuando pasa de una forma aislada a un movimiento que busca una transformación de las relaciones de subordinación. Sin esta capacidad de articulación, las resistencias, por muy importantes que sean en su esfera particular, no logran trascender para convertirse en una fuerza capaz de redefinir el orden social.
Rancière: La Distinción Crucial entre “Policía” y “Política”
Jacques Rancière, otro pensador contemporáneo, ofrece una perspectiva que, a su vez, sirve de puente entre las concepciones de Laclau y Foucault, al tiempo que formula una de las críticas más incisivas a este último. Su distinción central entre “política” y “policía” es clave para entender su objeción al enfoque foucaultiano.
Para Rancière, la “policía” no es solo la institución policial en el sentido moderno, sino un orden mucho más amplio: es “el conjunto de los procesos mediante los cuales se efectúan la agregación y el consentimiento de las colectividades, la organización de los poderes, la distribución de los lugares y funciones y los sistemas de legitimación de esta distribución”. Es, en esencia, la lógica que cuenta las partes ya existentes, que asigna a cada uno su lugar y su voz, y que separa el “discurso” del “ruido”. Rancière, en este sentido, toma el concepto de “policía” de Foucault para describir el orden establecido, la distribución de lo sensible que define quién puede ser visto, quién puede hablar y qué puede ser escuchado como discurso.
Sin embargo, es en la definición de “política” donde Rancière se distancia críticamente. La “política”, para él, es la actividad que tiene como principio la igualdad y que surge cuando el orden de la dominación (la policía) es interrumpido por “una parte de los que no tienen parte”. Es la emergencia de un “desacuerdo”, no un simple malentendido, sino una disputa sobre la misma significación de lo que es visible o audible. La política, por lo tanto, es una ruptura, una “distorsión o un litigio fundamental” que hace escuchar como discurso lo que antes era percibido solo como ruido. Es la irrupción de lo no contado, lo que desordena la distribución policial de las partes.
La crítica directa de Rancière a Foucault se centra en que la teoría foucaultiana del poder, al plantear que las relaciones de poder atraviesan todo el campo social y que “todo es político” (en el sentido de que el poder está en todas partes), termina por anular la especificidad de lo político. Rancière argumenta: “Si todo es político, nada lo es”. Si las relaciones de poder están omnipresentes, la distinción entre una acción que desafía el orden y una que simplemente lo reproduce se desvanece. Esto, según Rancière, impide identificar el momento verdaderamente disruptivo y emancipatorio de la política. Para él, “para que una cosa sea política, es preciso que dé lugar al encuentro de la lógica policial y la lógica igualitaria, el cual nunca está preconstituido”. Sin esta distinción clara, Foucault, al hacer del poder un fenómeno universalmente difuso, termina por subsumir la política en la policía, haciendo que la resistencia sea simplemente otra manifestación del poder, sin un horizonte claro de transformación radical del orden establecido.
Puntos de Encuentro y Divergencia: Un Diálogo Complejo
A pesar de las críticas, las perspectivas de Foucault, Laclau y Rancière no son mutuamente excluyentes; más bien, ofrecen lentes complementarios para analizar el poder y la sociedad. Comparten un punto de partida común: el rechazo a la idea de una razón universal y la desustancialización de los procesos de racionalización. Todos ellos ven el poder como algo contingente, variable y distribuido en múltiples instancias, evitando la tentación de un centro único desde donde se irradia. Sin embargo, sus enfoques sobre cómo se materializan las relaciones de poder y cómo se vinculan con los procesos de racionalización marcan sus diferencias fundamentales.
La principal divergencia radica en el énfasis: Foucault privilegia la dispersión, la multiplicidad de instancias de gobierno y la idea de estrategias anónimas que no son controladas por un sujeto particular. Laclau, por otro lado, pone el acento en la articulación de los elementos a través de la hegemonía y los significantes vacíos, buscando los “puntos nodales” donde el poder se concentra y se disputa. Rancière, por su parte, se enfoca en la distinción radical entre el orden de la “policía” y la irrupción disruptiva de la “política”, criticando a Foucault por no mantener esta separación crucial.
La siguiente tabla comparativa resume estas complejas relaciones:
| Concepto | Michel Foucault | Ernesto Laclau | Jacques Rancière |
|---|---|---|---|
| Visión del Poder | Inmanente, micro-físico, disperso, atraviesa el campo social. Relaciones de gobierno. | Descentralizado pero con “puntos nodales” y concentraciones parciales. | Distinción fundamental entre “policía” (orden de la distribución) y “política” (ruptura). |
| Concepción de la “Política” | “Políticas” como instancias dispersas de gobierno vinculadas al arte de gobierno y la policía. Imperativo de “no hacer política” (gran narrativa). | Lucha por la hegemonía. La articulación de particulares y universales a través de significantes vacíos. | Interrupción del orden policial. Actividad de la parte que no tiene parte. Generación de desacuerdo. |
| Énfasis Central | La dispersión de las racionalidades y técnicas de gobierno; estrategias anónimas. | La articulación hegemónica como forma de institución de lo social. | La distinción radical entre el orden de lo policial y la irrupción de lo político. |
| Principal Crítica Recibida (por Foucault) | Ausencia de un espacio claro de articulación hegemónica. Si “todo es político”, “nada es político”. | (No es el foco del artículo, pero su teoría busca superar la “dispersión total”.) | (No es el foco del artículo, pero su distinción es una crítica directa a Foucault.) |
Preguntas Frecuentes sobre las Críticas a Foucault
La complejidad de estas teorías a menudo genera interrogantes. Aquí respondemos a algunas de las preguntas más comunes sobre las críticas a Michel Foucault:
¿Por qué Laclau critica la idea de Foucault de una “difusión total del poder”?
Laclau argumenta que la idea de que el poder está absolutamente difuso en toda la sociedad puede llevar a una ceguera analítica. Si el poder está en todas partes y no tiene concentraciones, se vuelve difícil explicar las estructuras de dominación y subordinación. Laclau insiste en la existencia de “puntos nodales” o “concentraciones parciales de poder” que, aunque no sean un centro único, sí actúan como focos de irradiación y articulación hegemónica, siendo cruciales para comprender la política y la resistencia.
¿Qué significa para Foucault “no hacer nunca política”?
Esta controvertida afirmación de Foucault se refiere a su rechazo de la idea de una “gran Política” con mayúsculas, es decir, un proyecto político unificado, una ideología global o una teoría totalizadora de la emancipación. En lugar de eso, Foucault se centró en el análisis de las micro-relaciones de poder, las “políticas” dispersas y las tecnologías de gobierno. Su objetivo no era proponer una alternativa política, sino describir cómo funciona el poder, dejando la tarea de la resistencia y la transformación a las prácticas específicas y localizadas.
¿Cómo distingue Jacques Rancière entre “política” y “policía”?
Para Rancière, la “policía” es el orden establecido, la distribución de lugares y funciones, el conteo de las partes de la sociedad, y lo que se considera discurso o ruido. Es el marco que define lo visible y lo decible. La “política”, en cambio, es la interrupción de este orden. Surge cuando una “parte que no tiene parte” (aquellos excluidos o no contados por el orden policial) irrumpe, generando un “desacuerdo” que desafía la lógica establecida y hace audible lo que antes era solo ruido. Es un acto de igualdad que perturba la jerarquía.
¿Cuál es el punto de encuentro principal entre Laclau y Foucault, a pesar de sus críticas?
El punto de encuentro más significativo es el rechazo a la idea de una Razón universal y la desustancialización del poder. Ambos ven el poder como algo contingente, histórico y distribuido en múltiples instancias, evitando las teorías que lo conciben como una esencia o un centro único. Comparten la idea de que las relaciones de poder son constitutivas de lo social y que la racionalidad no es un proceso lineal de progreso, sino una serie de racionalizaciones específicas y variables.
¿Cómo se complementan las perspectivas de Laclau, Foucault y Rancière en el estudio del poder?
Aunque críticos entre sí, sus obras ofrecen herramientas complementarias. Foucault brinda una analítica minuciosa de los mecanismos de poder en sus dimensiones más capilares (técnicas, tácticas, dispositivos de gobierno). Laclau aporta la teoría de la articulación hegemónica, explicando cómo las luchas se organizan en torno a significantes vacíos y cómo se construyen identidades colectivas. Rancière, finalmente, permite una distinción crucial entre el orden de lo establecido (la policía, en un sentido amplio) y el momento disruptivo y emancipatorio de la política, clarificando cuándo una resistencia se convierte en un acto verdaderamente transformador. Juntos, permiten una comprensión más rica y dinámica de las lógicas del poder y la resistencia en la sociedad.
Reflexiones Finales
Las críticas de Ernesto Laclau y Jacques Rancière a Michel Foucault no disminuyen la estatura de este último, sino que enriquecen y complejizan nuestra comprensión del poder y la política. Al señalar las limitaciones de un enfoque que, según ellos, privilegiaba excesivamente la dispersión, Laclau nos invita a considerar la crucial importancia de la articulación y la hegemonía en la conformación de lo social y la lucha política. Por su parte, Rancière nos fuerza a una distinción radical entre el orden de lo ya establecido, lo “policial”, y la irrupción de lo verdaderamente “político”, un momento de desacuerdo y subversión del conteo de las partes. Estas discusiones nos recuerdan que el análisis del poder no es una tarea estática, sino un campo de constante debate y resignificación. La interacción entre estas tres influyentes perspectivas nos ofrece un marco analítico más robusto para desentrañar las complejas relaciones entre dominación, resistencia y emancipación en nuestras sociedades.
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