17/04/2024
La Policía Nacional del Perú (PNP) se ha encontrado en el ojo de la tormenta en los últimos meses, enfrentando una profunda crisis de confianza ciudadana. Las acusaciones de corrupción en adquisiciones y, más grave aún, la violenta represión de manifestaciones que cobraron vidas, han puesto en el centro del debate la urgente necesidad de una reforma institucional. Este informe desglosa los eventos clave, analiza las respuestas del Gobierno y la visión de expertos sobre la viabilidad y el alcance de los cambios necesarios en una de las instituciones más importantes del país.

El clamor por justicia y transparencia resuena con fuerza, mientras la ciudadanía exige respuestas sobre los sucesos que han marcado un antes y un después en la percepción pública de la fuerza del orden. La complejidad de la situación se agrava al considerar el contexto político de transición, planteando interrogantes fundamentales sobre qué tan profundos pueden ser los ajustes en un periodo tan breve.
El Panorama de la Crisis: Represión y Corrupción
La crisis que atraviesa la Policía Nacional no es un evento aislado, sino la confluencia de varios factores críticos que han erosionado su credibilidad. Por un lado, a inicios de la pandemia de la COVID-19, el Ministerio del Interior (Mininter) se vio obligado a actuar frente a graves denuncias de presuntos actos de corrupción en compras realizadas por la PNP para atender la emergencia sanitaria. El 26 de abril, el Mininter dispuso abrir procesos administrativos disciplinarios y separar del cargo a todos los involucrados, señalando que se colaborararía plenamente con el Ministerio Público y la Contraloría para determinar responsabilidades.
La cartera Ministerial, en un intento por transparentar y optimizar los procesos, decidió centralizar las adquisiciones con el fin de realizar compras corporativas que aseguraran mejor precio y calidad, buscando así evitar la diseminación de procesos que pudieran dar lugar a transacciones dudosas. Sin embargo, estas medidas administrativas no lograron mitigar el creciente descontento.
A las acusaciones de corrupción se sumó un episodio de represión que conmocionó al país. El pasado 14 de noviembre, durante las manifestaciones ciudadanas que siguieron a la vacancia del expresidente Martín Vizcarra y la investidura de Manuel Merino de Lama como presidente, se registraron las trágicas muertes de Jack Bryan Pintado e Inti Sotelo. La violenta actuación policial no solo cobró estas dos vidas, sino que también dejó decenas de heridos. Lamentablemente, casi un mes después de estos sucesos, las responsabilidades aún no han sido plenamente determinadas, alimentando la indignación pública y la demanda de justicia.
Decisiones en la Cúpula Policial: ¿Medida Legal o Controversial?
La renuncia de Manuel Merino, quien ocupó la presidencia por apenas cinco días, abrió paso a la asunción de Francisco Sagasti como nuevo presidente de la República. Una de las primeras y más polémicas medidas de su Gobierno fue la decisión de retirar a los altos mandos de la Policía Nacional del Perú, una acción que generó un intenso debate en la opinión pública.
Nicolás Zevallos, criminólogo y exjefe del gabinete del exministro del Interior Rubén Vargas, defendió la legalidad de esta medida, calificándola como una atribución presidencial legítima y comprendida tanto en la Constitución como en las normas policiales. Según Zevallos, la decisión fue necesaria para “refrescar el comando policial” debido a las tensiones del contexto: “serias acusaciones de corrupción y una fuerte crítica por cómo actuaron en las manifestaciones”. En su opinión, no se trataba de un castigo, sino de un “gesto político totalmente legítimo y legal para seguir avanzando” en un momento crítico para la institución.
Sin embargo, no todos comparten esta visión. José Luis Gil, exdirector general de Inteligencia del Ministerio del Interior y experto en inteligencia y seguridad ciudadana, se mostró en contra de la medida, argumentando que “la seguridad ciudadana no va a cambiar por sacar 18 generales”. Esta postura resalta la complejidad de los problemas institucionales, sugiriendo que las soluciones requieren más que cambios en la cúpula.
La controversia se intensificó con los cambios en el Ministerio del Interior. Tras la renuncia de Rubén Vargas, asumió la cartera Cluber Fernando Aliaga, quien cuestionó abiertamente la decisión de su antecesor sobre el pase a retiro de los 18 generales, pero su gestión duró solo cinco días. Finalmente, José Elice asumió como nuevo titular del Mininter, heredando un panorama complejo y una Policía fragmentada.
Eloim Monard, docente e investigador en temas de seguridad ciudadana, enfatiza la necesidad de un diálogo permanente entre el Ejecutivo y la Policía Nacional del Perú. Monard señala que la Policía “está encapsulada, negándose a una conversación” y que, por parte del Gobierno, las formas no han sido las más adecuadas, especialmente considerando que el comandante general saliente no participó en el proceso político, al estar supuestamente con COVID-19. “Esto fue mal visto y va a necesitar, para solucionarse, tender puentes y dialogar con la Policía, una Policía que tiene que aceptar una renovación”, afirmó.
Es crucial que el Ministerio del Interior lleve a cabo una investigación transparente sobre los abusos cometidos en las protestas, así como sobre los actos de corrupción. José Luis Gil explica que estas investigaciones se están siguiendo tanto en el Mininter para responsabilidades administrativas como en el Ministerio Público para las penales. Aunque no son procesos rápidos ni fáciles, la ciudadanía exige “justicia pronta y firme”.
¿Es Viable una Reforma Policial Profunda en un Gobierno de Transición?
Una de las preguntas más apremiantes es si un Gobierno de transición, como el de Francisco Sagasti, con menos de diez meses de gestión, puede llevar a cabo una reforma profunda de la Policía Nacional del Perú. La respuesta de los especialistas tiende a ser negativa para una transformación estructural completa, aunque sí para un proceso de modernización y fortalecimiento.
Nicolás Zevallos argumenta que no se trata solo del breve tiempo, sino de que “muchas de las acciones necesarias no pasan por una transformación estructural, sino por medidas concretas”. Estas medidas ya son conocidas: mejorar los sistemas administrativos; definir con claridad las competencias de las unidades; mejorar la formación policial; definir la línea de carrera de especialización; mejorar el trato con la ciudadanía; protocolos de actuación; y uso de tecnologías. Para Zevallos, no es necesario “repensar todo el sentido de la institución policial”, sino aplicar ajustes en los puntos clave que actualmente fallan para que la PNP pueda actuar de manera efectiva y eficiente.
La ventaja de enfocar el proceso en la “modernización y fortalecimiento” y no en una reforma total es que se podría proyectar un plazo más breve con resultados inmediatos. Zevallos propone la incorporación de SERVIR a los sistemas administrativos y la supervisión de la Contraloría en las compras y adquisiciones de la institución, lo que el presidente Sagasti ya ha anunciado como parte de sus medidas para restablecer la confianza.
Por su parte, José Luis Gil subraya la urgencia de luchar contra los actos de corrupción que persisten dentro de la institución. Sin embargo, critica que un sector de la política “alienta y sobredimensiona las fallas en la Policía”, capitalizando el rechazo ciudadano para fines propios.
Diferencias entre Reforma y Modernización/Fortalecimiento
| Aspecto | Reforma Profunda | Modernización y Fortalecimiento |
|---|---|---|
| Objetivo Principal | Transformación estructural completa y redefinición del rol. | Ajustes y mejoras en áreas específicas y operativas. |
| Plazo Estimado | Varios años (a menudo una década o más). | Meses a un par de años. |
| Viabilidad en Gob. Transición | Extremadamente baja por falta de continuidad. | Más viable, enfocada en resultados inmediatos y sienta bases. |
| Enfoque | Cambio de paradigmas, marco legal y estructura orgánica. | Mejora de sistemas administrativos, formación, protocolos, tecnología. |
| Impacto Inicial | Lento y difícil de percibir a corto plazo. | Resultados más rápidos y tangibles para la ciudadanía. |
Desafíos Internos y el Camino Hacia la Modernización
Además de los problemas ya mencionados, Gil considera que la falta de liderazgo y de una estrategia adaptada a la actualidad juegan en contra de la Policía Nacional del Perú. No obstante, afirma que son aspectos en los que se viene trabajando, aunque los resultados tomarán tiempo en percibirse. “Los cambios que se realicen no pasan por sacar generales, sino por comunicar mejor los logros en la lucha contra la criminalidad en su conjunto, reorientar los liderazgos en la institución policial y cambiar la estrategia operativa centrada en la lucha total contra el crimen menor, que es el más pernicioso. Hay que lograr un cambio de actitud en el personal, y eso se logra con una adecuada formación y una estrategia de bienestar que aliente a los policías a hacer mejor su trabajo”, explica.
Los especialistas concuerdan en que una reforma policial a gran escala duraría años, por lo que se inclinan por la posibilidad de hacer ajustes que no requieran grandes transformaciones estructurales en el corto plazo. Eloim Monard sugiere poner especial énfasis en el mejoramiento de la formación y la digitalización de la PNP, así como de sus estrategias operativas de patrullaje.
Monard es enfático al señalar que este Gobierno “no puede de ninguna manera iniciar una reforma” porque no asegura la continuidad. Lo que sí puede hacer es “mover algunas tuercas en materia de formación, digitalización, en materia de barrio seguro, etc., que permita sentar las bases, dejar el suelo aplanado para una verdadera reforma a largo plazo que debería venir después”.
El Futuro de la Confianza Ciudadana en la Policía
Para que la Policía Nacional del Perú pueda recuperar la legitimidad y la confianza de la ciudadanía, es vital tender puentes entre la institución, el Gobierno y la sociedad. Eloim Monard destaca la oportunidad “histórica” que existe de renovar la Policía del Perú, ya que “nunca antes yo había visto, en la historia reciente, tanta atención de la opinión pública por la Policía”. Esta atención, según Monard, debe ser aprovechada para el bien de la institución y del país.
La senda hacia la recuperación de la confianza policial es un camino arduo y multifacético. No solo implica la depuración de elementos corruptos y la rendición de cuentas por los abusos, sino también una profunda introspección sobre la formación, el liderazgo y la cultura institucional. Los cambios administrativos, la modernización de equipos y la optimización de protocolos son pasos esenciales, pero el verdadero desafío reside en transformar la percepción de la Policía como una entidad represora a una protectora de los derechos y la seguridad ciudadana.
El éxito de cualquier iniciativa, ya sea una reforma profunda o un proceso de modernización, dependerá de la voluntad política sostenida, la colaboración interinstitucional y, fundamentalmente, de la capacidad de la propia Policía para abrazar el cambio, reconocer sus errores y reconstruir el vínculo con la sociedad a la que sirve. Solo así se podrá aspirar a una institución fuerte, profesional y respetada por todos los peruanos.
Preguntas Frecuentes sobre la Situación Policial
¿Qué provocó la crisis de la Policía Nacional del Perú?
La crisis se desencadenó por una combinación de factores, incluyendo denuncias de corrupción en compras durante la pandemia de COVID-19 y, de manera más prominente, la violenta represión de manifestaciones ciudadanas en noviembre de 2020, que resultó en la muerte de dos jóvenes y decenas de heridos, erosionando severamente la confianza pública.
¿Fue legal el pase a retiro de los altos mandos policiales?
Según expertos como el criminólogo Nicolás Zevallos, la medida de retirar a los altos mandos fue legal y una atribución presidencial. Fue interpretada como un gesto político necesario para refrescar el comando policial ante las serias acusaciones y críticas por su actuación. Sin embargo, otros como José Luis Gil, exdirector de Inteligencia, cuestionan su efectividad para cambiar la seguridad ciudadana de fondo.
¿Se puede esperar una reforma policial profunda en el corto plazo?
La mayoría de los especialistas concuerdan en que una reforma policial profunda, que implica transformaciones estructurales, tomaría años y no es viable en el corto plazo de un gobierno de transición. Sin embargo, sí se espera un proceso de modernización y fortalecimiento, con medidas concretas como mejoras administrativas, formación y digitalización, que puedan sentar las bases para futuras reformas más ambiciosas.
¿Qué medidas se están tomando para mejorar la institución?
El Gobierno ha anunciado medidas como la incorporación de SERVIR para la gestión administrativa y presupuestal de la Policía, la supervisión de la Contraloría en adquisiciones, y el impulso de una comisión para la modernización y fortalecimiento de la PNP. Además, se enfatiza la necesidad de investigaciones transparentes sobre los abusos y la corrupción, así como la mejora de la formación, la línea de carrera y la relación de la policía con la ciudadanía.
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