28/12/2023
En el corazón de San Martín de Porres, en la apacible Avenida Santa Rosa del barrio limeño de Piñonate, se esconde una edificación que resguarda más de un siglo y medio de historia, medicina y, tristemente, olvido: el Hospital Portada de Guía. Lo que hoy es un gigante silente, casi engullido por el tiempo y la indiferencia, fue en su momento una pieza clave en la lucha de Lima contra las epidemias más temibles. Su relato es un viaje fascinante por la evolución de la salud pública en Perú, entrelazado con historias de enfermedad, aislamiento, humanidad y, sorprendentemente, la presencia de figuras icónicas.

Este imponente recinto, inicialmente concebido como un refugio de esperanza y curación, se ha transformado en un símbolo de la fragilidad del patrimonio histórico y la persistencia de la desigualdad social. Mientras sus muros se desmoronan y sus pasillos narran susurros de antaño, un pequeño grupo de ex pacientes de lepra, ahora ancianos, lucha por defender el único hogar que conocen, amenazado por el progreso urbanístico. Adentrémonos en los vestigios de este hospital, un lugar donde la historia de la medicina peruana y la vida de sus habitantes se entrelazan de manera conmovedora.
Un Legado Centenario: La Génesis del Hospital de Guía
La construcción del Hospital Portada de Guía se remonta a 1860, un periodo en el que Lima, como muchas ciudades portuarias, era vulnerable a brotes de enfermedades infecciosas. Su fundación fue un esfuerzo visionario impulsado por Don Edmond De Lesseps, Ministro Plenipotenciario y Cónsul de Francia en el Perú, quien también era primo del célebre Ferdinand Lesseps, artífice de los canales de Suez y de Panamá. De Lesseps fundó la Sociedad de Beneficencia Francesa, conocida como 'La Maison de Santé', y bajo su auspicio se erigió este hospital con un propósito muy específico y urgente: el aislamiento y tratamiento de los enfermos de fiebre amarilla.
La elección de su ubicación, en una zona entonces distante de los centros urbanos, no fue casual. La medicina de la época comprendía la necesidad de aislar a los pacientes con enfermedades altamente contagiosas para contener su propagación. La fiebre amarilla, una enfermedad viral transmitida por mosquitos, causaba estragos en la población, y un centro dedicado exclusivamente a su control era vital. El hospital, inicialmente modesto y construido principalmente de madera, estaba diseñado para ser un lazareto, un lugar de cuarentena, rodeado de vallas y una atmósfera que intentaba ser aséptica, con el uso de ácido fénico. Este inicio marcó su destino como un centro especializado en el manejo de enfermedades infecciosas, una vocación que se mantendría y evolucionaría a lo largo de las décadas.
De Lazareto a Bastión contra Epidemias
Con el paso de los años y el advenimiento del siglo XX, la función del Hospital de Guía se expandió y se adaptó a las nuevas amenazas sanitarias que enfrentaba el Perú. Lo que comenzó como un hospital para la fiebre amarilla, se transformó en el “Lazareto de Guía”, consolidando su rol como centro de aislamiento. En sus instalaciones, que en 1911 abarcaban una impresionante área de 26 mil metros cuadrados, se atendieron a pacientes de diversas plagas, incluyendo la temida peste bubónica.
El historiador Juan Luis Orrego describe el Lazareto de Guía como una construcción de madera en una pampa árida a la entrada norte de Lima, rodeada de vallas de alambres y calaminas, con una imagen de autoridad y asepsia transmitida por sus médicos, vestidos con camisas oscuras, botas y gorros de hule. El régimen de los pacientes era estricto, con purgantes y una dieta rígida, lo que a menudo los dejaba extremadamente débiles. Entre 1903 y 1905, la mortalidad entre los pacientes de la peste bubónica en este lazareto alcanzó un alarmante 52%. Esta alta tasa de mortalidad incrementó el temor popular hacia el lugar, ya que recuperarse de una peste a menudo significaba caer víctima de otras enfermedades, como la tuberculosis, que se ensañaban con cuerpos ya debilitados.
Pero el cambio más significativo en su propósito llegó con el auge de la lucha contra la lepra, o mal de Hansen. Durante la colonia, existió un leprosorio en el Convento de San Lázaro en el Rímac, pero en la época republicana se buscó una organización más formal del servicio y tratamiento de esta enfermedad. A partir de la década de 1920, se intensificaron las actividades de control de la lepra en Perú, con la construcción de leprosorios en Loreto (San Pablo en 1926) y la creación de servicios antileprosos en Apurímac. Sin embargo, fue en los años 40 cuando el Hospital de Guía se convirtió en el centro neurálgico de la Campaña Antileprosa Nacional. La lepra, que llegaba al país principalmente desde Brasil, generaba un gran estigma y temor, lo que hizo que la necesidad de centros especializados para su atención fuera aún más apremiante. El Hospital de Guía se consolidó como uno de los dos principales leprosorios del país, junto con el de San Pablo en Loreto, hasta su clausura por el Estado en 1977.
El Mal de Hansen y un Huésped Ilustre: La Época del Leprosorio
La historia del Hospital Portada de Guía como leprosorio es quizás la más emblemática y la que le confiere una dimensión humana y hasta legendaria. La lepra era una enfermedad que no solo devastaba el cuerpo, sino que también condenaba a quienes la padecían al aislamiento social y la discriminación. Los pacientes, a menudo abandonados por sus familias y rechazados por la sociedad, encontraban en estos lazaretos su único refugio y comunidad.
Fue en este contexto de dedicación a los enfermos de lepra que el Hospital de Guía recibió a un visitante inesperado y trascendental en 1952: Ernesto Che Guevara. Antes de convertirse en el icónico guerrillero, Guevara era un joven estudiante de medicina argentino, fascinado por las enfermedades que afectaban a los más vulnerables. Su interés por la lepra lo llevó a buscar la oportunidad de trabajar con pacientes. Fue el Dr. Hugo Pesce, un eminente científico peruano, director del Programa Nacional de Lepra y amigo cercano de José Carlos Mariátegui, quien lo acogió en el Hospital de Guía. Pesce, un marxista reconocido, brindó a Guevara y a su compañero Alberto Granado casa y comida en el hospital, reconociendo su genuino interés en asistir a los pacientes con el mal de Hansen.
Durante aproximadamente seis meses, el “Che” cohabitó con los pacientes del Hospital Portada de Guía. Los cuidó, los asistió y compartió con ellos sus anécdotas, ganándose su simpatía por su trato amable y su disposición a sentarse con ellos a la hora de las comidas, abrazarlos y tomar café juntos, sin mostrar prejuicios ni temor al contagio. Mancio Gordon, uno de los ex-pacientes que aún vive en el lugar y que conoció al “Che” en el leprosorio de San Pablo en Iquitos, relata la humildad y humanidad del joven médico. La estancia de Guevara en Guía, aunque relativamente breve, marcó profundamente su visión del mundo y su compromiso social, influenciando quizás su camino hacia la revolución. Es un testimonio de la importancia de este hospital no solo en la medicina, sino también en la historia global.
El Olvido en el Corazón de San Martín de Porres: La Realidad Actual
Paradójicamente, la rica historia del Hospital Portada de Guía contrasta dramáticamente con su estado actual. Tras su clausura en 1977, el sanatorio cayó en un profundo abandono. Sus vastas instalaciones, que una vez fueron un centro de vital importancia, se han deteriorado progresivamente, transformándose en un mero depósito para DIGESA durante un tiempo y, finalmente, en una estructura en ruinas. Los corredores angostos, las puertas resquebrajadas, los desperdicios médicos y los dibujos singulares en las paredes son testigos silenciosos de un pasado glorioso y un presente desolador.
Pero la historia del Hospital de Guía no es solo la de un edificio en decadencia; es también la de las vidas humanas que giran a su alrededor. Serafín Vásquez, conocido como “El Caudillo” y Presidente de la Comisión de Gestión de la Asociación 20 de Enero, representa a los 21 ex-pacientes de lepra, ahora ancianos, que han residido en las humildes casas que rodean el hospital durante los últimos cincuenta años. Estas personas, marcadas por la enfermedad, el abandono familiar y la discriminación cotidiana, encontraron en este recinto su único refugio. Sin vivienda ni recursos, y con el estigma de su enfermedad, decidieron permanecer en el lugar que una vez fue su hogar y hospital.
La situación actual es crítica. La Municipalidad de San Martín de Porres, lejos de ofrecerles amparo, busca despojarlos de sus viviendas con el pretexto de construir un parque recreativo. Esta acción no solo amenaza la ya precaria existencia de estos sobrevivientes, sino que también pone en peligro la integridad del patrimonio histórico que representa el Hospital de Guía. La indiferencia de las autoridades, tanto del Instituto Nacional de Cultura (INC) como del propio municipio, es alarmante. A pesar de su innegable valor histórico y cultural, el sanatorio yace sin protección ni planes de restauración.
Para colmo de males, el 22 de diciembre de 2010, el Hospital Portada de Guía fue rematado en subasta pública a favor de Manuel Garay Espinoza y Cesar Aguirre Laos. Estos nuevos propietarios, sin considerar el valor histórico del inmueble, comenzaron a desmantelar el techo del hospital, a la vista de unas autoridades que, en lugar de velar por el patrimonio cultural, demuestran un desprecio total por este legado. La lucha de Serafín Vásquez y sus compañeros es una denuncia valiente contra el olvido y la avaricia, un clamor por la dignidad y el reconocimiento de un lugar que es mucho más que un conjunto de ruinas.
Un Patrimonio en Peligro: Reflexiones y Proyecciones
El Hospital Portada de Guía es, sin lugar a dudas, un hito en la medicina peruana y un testimonio viviente de la lucha del país contra las enfermedades infecciosas y la discriminación social. Su historia, desde su concepción para la fiebre amarilla hasta su papel crucial en la campaña antileprosa y su conexión con figuras como el Che Guevara, lo convierte en un sitio de inmenso valor histórico y cultural. Sin embargo, su estado actual es deprimente, un reflejo de la negligencia y la falta de visión por parte de las entidades responsables.
Es imperativo que el Estado peruano, a través de sus instituciones culturales y municipales, reconozca y proteja este invaluable legado. El Hospital de Guía no solo merece ser preservado por su arquitectura o su antigüedad, sino por las historias humanas que encierra y por lo que representa en la evolución de la salud pública. Con voluntad gubernamental y vecinal, este espacio podría transformarse en un centro cultural de gran envergadura, un museo de la medicina peruana que no solo eduque sobre las enfermedades y los tratamientos del pasado, sino que también honre la memoria de quienes padecieron y de quienes dedicaron sus vidas a su cuidado.
Más allá de la edificación, es fundamental abordar la situación de los ex-pacientes que aún residen en las cercanías. Su permanencia en este lugar es un recordatorio de la necesidad de políticas inclusivas y de vivienda digna para los sectores más vulnerables de la sociedad. La protección del patrimonio no puede darse a expensas de la dignidad humana. El futuro del Hospital Portada de Guía debe conciliar la preservación histórica con el bienestar de sus últimos guardianes, transformando un símbolo de abandono en un faro de memoria, resiliencia y justicia social.
Línea de Tiempo del Hospital Portada de Guía
| Año/Periodo | Evento/Función Principal |
|---|---|
| 1860 | Fundación por Edmond De Lesseps para la Sociedad de Beneficencia Francesa. Propósito inicial: Aislamiento de enfermos de fiebre amarilla. |
| Inicios S. XX | Transformación en el "Lazareto de Guía". Alojamiento de pacientes de peste bubónica y otras enfermedades infecciosas. |
| 1940s | Se convierte en el centro base de la Campaña Antileprosa Nacional. Atención y aislamiento de pacientes con lepra (mal de Hansen). |
| 1952 | Ernesto 'Che' Guevara reside y asiste a pacientes con lepra durante aproximadamente seis meses. |
| 1977 | El Estado peruano clausura el Hospital Portada de Guía como leprosorio. |
| 2010 | Rematado en subasta pública a particulares, quienes inician el desmantelamiento del techo. |
| Actualidad | En estado de abandono y deterioro. Un grupo de ex-pacientes de lepra reside en sus cercanías, luchando contra el desalojo y el olvido. |
Preguntas Frecuentes sobre el Hospital Portada de Guía
- ¿Por qué se construyó el Hospital de Guía en Lima?
- El Hospital de Guía fue construido aproximadamente en 1860 por la Sociedad de Beneficencia Francesa (La Maison de Santé), fundada por Don Edmond De Lesseps. Su propósito original fue el aislamiento y tratamiento de los enfermos de fiebre amarilla, una enfermedad infecciosa que causaba estragos en Lima en aquella época. Su ubicación alejada del centro urbano respondía a la necesidad de cuarentena.
- ¿Qué enfermedades se trataron en el Hospital de Guía a lo largo de su historia?
- Inicialmente, el hospital se dedicó a la fiebre amarilla. Con el tiempo, se transformó en el Lazareto de Guía y acogió a pacientes con peste bubónica a principios del siglo XX. Posteriormente, y de manera prominente, se convirtió en el principal centro para el tratamiento y aislamiento de la lepra (mal de Hansen) en Lima, siendo el centro base de la Campaña Antileprosa Nacional desde los años 40 hasta su cierre.
- ¿Cuál es la conexión del 'Che' Guevara con el Hospital Portada de Guía?
- En 1952, antes de su camino revolucionario, Ernesto 'Che' Guevara, entonces un estudiante de medicina, residió en el Hospital Portada de Guía durante unos seis meses. Fue guiado allí por el Dr. Hugo Pesce, director del Programa Nacional de Lepra. Durante su estancia, Guevara asistió, cuidó y compartió activamente con los pacientes de lepra, una experiencia que marcó profundamente su visión y compromiso social.
- ¿Qué sucede actualmente con el Hospital Portada de Guía?
- Hoy en día, el Hospital Portada de Guía se encuentra en un estado de completo abandono y deterioro, a pesar de su inmenso valor histórico y cultural. Un grupo de aproximadamente 21 ex-pacientes de lepra, ahora ancianos, reside en las humildes viviendas que rodean el hospital desde hace cincuenta años, enfrentando el riesgo de desalojo por parte de la Municipalidad de San Martín de Porres, que planea construir un parque recreativo en el sitio. Además, el hospital fue rematado en 2010, y sus nuevos propietarios comenzaron a desmantelar partes de su estructura, sin que las autoridades culturales o municipales intervinieran eficazmente para protegerlo.
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