¿Cómo respondería un policía?

¿Las 'Luquitas' del Policía: Un Dilema Moral?

01/11/2025

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En la vibrante y a menudo contradictoria capital peruana, un reciente estudio ha desvelado una realidad que, para muchos, resulta desconcertante. Se ha descubierto que una parte significativa de los limeños prefiere a aquellos gobernantes que, a pesar de sus actos de corrupción, logran concretar obras y proyectos. Esta revelación ha provocado una oleada de sorpresa, conmoción y hasta pasmo en diversos sectores de la sociedad, especialmente visible en el vasto y a menudo indignado foro que constituyen las redes sociales.

¿Dónde se mantienen las ‘Luquitas’ de coima para el policía?
Donde se mantienen las diez ‘luquitas’ de coima para el policía, donde hay miles de policías que aceptan esa coima o exigen más. Donde es común echar mano de un primo, un vecino o un colega para conseguir una rebaja de precio, acelerar un procedimiento legal o hacerse de un puesto de trabajo.

Sin embargo, la verdadera sorpresa suele surgir de lo inusual, de aquello que rompe con la norma. Nos desconcertaría ver a un hombre morder a un perro, porque lo habitual es que el perro muerda al hombre. Entonces, ¿es realmente un fenómeno nuevo en Lima que alguien admita abiertamente su preferencia por una gestión que, aunque corrupta, sea efectiva en la obra pública? Si echamos un vistazo a los últimos 30 años de historia de la ciudad, la respuesta es un rotundo no. Esta aparente novedad es, en realidad, un síntoma persistente de una problemática arraigada.

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La Paradoja del "Roba Pero Hace Obra": ¿Una Sorpresa Real?

La emisión de la encuesta de Datum ha desatado una serie de comparaciones y ejemplos que buscan ilustrar la insensatez de esta postura. Se ha dicho que aceptar que un candidato robe pero haga obra es tan ilógico como que una mujer tolere la violencia de su esposo solo porque él provee económicamente para el hogar, o que un padre acepte que el profesor golpee a su hijo porque así "aprende mejor". Estos paralelismos, aunque crudos, nos obligan a confrontar una verdad incómoda: la violencia familiar es una triste constante en nuestra sociedad, y la arcaica frase "la letra con sangre entra" sigue siendo un recurso pedagógico tristemente aceptable para muchos padres de familia, tanto en el ámbito escolar como en el hogar.

Esto nos lleva a una conclusión dolorosa pero ineludible: los resultados del "roba pero hace obras" no deberían habernos extrañado. Lejos de ser una anomalía, son una manifestación más de que algo fundamentalmente anda mal en nuestra ciudad y, por extensión, en el país. Pero, para el propósito de este análisis, centrémonos en Lima, el epicentro de esta compleja dinámica.

Lima: El Epicentro de la Tolerancia a la Corrupción Menor

El lema "roba pero hace obra" encuentra una resonancia popular precisamente en un lugar donde se han registrado más de 14,000 denuncias de violencia familiar, una cifra escalofriante que subraya una profunda disfunción social. Es la capital de un país donde, solo entre enero y agosto de este año, se contabilizaron al menos 66 feminicidios. Este preocupante panorama social se entrelaza con la aceptación del "roba pero hace obras", que ha superado al ideal, y a menudo lejano, de un gobernante "honesto y trabajador".

Es la misma ciudad donde los vecinos aguardan con ansias las amnistías municipales para evadir el pago de deudas por arbitrios, y donde los alcaldes, con fines claramente electorales, lanzan estas indulgencias tributarias, fomentando una cultura de incumplimiento y espera de "perdones". Aquí es donde se mantienen las famosas "diez luquitas" de coima para el policía, un fenómeno tan arraigado que miles de agentes aceptan, o incluso exigen, esta pequeña "ayuda". Es común echar mano de un primo, un vecino o un colega para obtener una rebaja de precio, agilizar un procedimiento legal o conseguir un puesto de trabajo, lo que en el argot popular se conoce como "hacer la vara".

Esta mentalidad se extiende incluso a la esfera política, donde aquellos que aspiran a ser autoridades, aún en su fase de candidatos, confunden los mítines con kermeses, regalando electrodomésticos como refrigeradoras y ollas arroceras. Asumen, y lamentablemente muchas veces con razón, que los ciudadanos condicionarán sus votos a cambio de estas dádivas. Este ciclo vicioso de corrupción menor, que va desde la coima policial hasta el voto condicionado, erosiona la confianza en las instituciones y en el sistema democrático.

Las "Luquitas" de Coima: Un Fenómeno Cotidiano y Sus Ramificaciones

El acto de ofrecer o aceptar una "luquita" (un billete de diez soles) como coima a un policía no es un incidente aislado en Lima; es una práctica tan extendida que casi se ha normalizado. Esta pequeña transacción, aparentemente insignificante, es un reflejo de un problema mucho mayor: la corrupción sistémica que permea diversos niveles de la sociedad. La gente paga estas "luquitas" por diversas razones: para evitar una multa legítima, para agilizar un trámite burocrático, o simplemente porque es la forma esperada de resolver una situación con la autoridad. Esta facilidad para "comprar" el cumplimiento o el incumplimiento de la ley genera una profunda impunidad y un sentimiento de que las reglas son flexibles para quien pueda pagar.

Las consecuencias de esta práctica son devastadoras a largo plazo. No solo desmoraliza a los agentes honestos dentro de la fuerza policial, sino que también fomenta la desconfianza generalizada hacia la institución encargada de velar por la seguridad y el orden. Cuando un ciudadano percibe que la ley puede ser "negociada" con unas pocas "luquitas", el respeto por el estado de derecho se desvanece. La justicia se vuelve un privilegio para quienes pueden costearla, y la desigualdad se agudiza. Este tipo de corrupción, aunque sea a pequeña escala, es el caldo de cultivo para actos de corrupción mayores, creando un ciclo vicioso difícil de romper.

Además, esta práctica afecta la eficiencia de los servicios públicos. Si un policía prefiere la coima a cumplir con su deber, la seguridad ciudadana se ve comprometida. Si los trámites se aceleran con dinero y no por mérito o necesidad, la burocracia se vuelve un obstáculo intencional para la ciudadanía, obligándola a ceder ante la presión de la corrupción.

¿Cómo respondería un policía?
De manera individual responda según lo señalado en cada uno de los ítems. Conocimiento/ Complete los cuadros a partir de la lectura analítica de los casos. Un policía da el alto con la mano a un vehículo en el cruce de carreteras. Sin embargo, el conductor mira la señal y sigue de largo.

¿Educación como Solución? Un Camino de Generaciones

Ante este panorama, la solución esencial y en la que coinciden la mayoría de los académicos y expertos se resume en una sola palabra: educación. Sin embargo, los resultados de una transformación educativa son lentos y se verán reflejados en muchas generaciones. Es un proceso que exige paciencia, constancia y una visión a largo plazo. Es fácil caer en el desánimo al recordar que, hace muchos años, muchos confiábamos en que nuestra generación sería la que pondría fin a estas "plagas" sociales.

No obstante, la realidad nos golpea con fuerza: muchos de los limeños de entre 25 y 40 años, aquellos que debieron ser el motor del cambio, son precisamente quienes esperan amnistías para evitar pagar arbitrios, quienes tienen su billete de diez soles listo para pagar al policía corrupto, quienes son policías corruptos, y quienes utilizan la "vara" para esquivar concursos públicos y conseguir el trabajo soñado. Esta contradicción generacional subraya la profundidad del problema y la dificultad de erradicarlo sin un cambio cultural profundo y sostenido.

La educación no se limita a las aulas; debe ser un proceso continuo que inculque valores como la integridad, la transparencia y el respeto por las normas desde la infancia hasta la vida adulta. Requiere un compromiso firme de las instituciones, los líderes políticos y, fundamentalmente, de cada ciudadano. Solo así se podrá construir una sociedad donde la honestidad sea la norma y no la excepción, y donde las "luquitas" de coima sean un recuerdo de un pasado que hemos logrado superar.

Preguntas Frecuentes (FAQs) sobre Corrupción y Sociedad en Lima

Para comprender mejor este complejo fenómeno, abordemos algunas preguntas comunes:

¿Qué significa la frase "roba pero hace obra" y por qué es popular en Lima?

La frase "roba pero hace obra" se refiere a la creencia o aceptación de que un gobernante puede ser corrupto (robar fondos públicos) siempre y cuando cumpla con sus funciones y realice obras visibles para la comunidad (hacer obra). Es popular en Lima, y en otras partes, debido a la frustración con la ineficiencia gubernamental. Muchas personas prefieren ver resultados concretos, aunque sean obtenidos de forma ilícita, antes que un gobierno honesto pero ineficaz. Esto refleja una crisis de expectativas y una baja confianza en la capacidad de los políticos para ser honestos y eficientes al mismo tiempo.

¿Por qué la gente opta por pagar "luquitas" de coima a la policía?

La gente paga "luquitas" (diez soles, una pequeña suma) a la policía por diversas razones, que van desde la rapidez en la resolución de un problema (evitar una multa, agilizar un trámite) hasta el miedo a represalias o el simple hecho de que se ha convertido en una práctica arraigada. A menudo, se percibe como una forma de evitar un proceso burocrático más largo, costoso o complicado. Esta práctica perpetúa un ciclo de corrupción menor que debilita el estado de derecho y la confianza en las autoridades.

¿Es legal ofrecer o aceptar una coima en Perú?

No, bajo ninguna circunstancia es legal ofrecer o aceptar una coima en Perú. Ambas acciones, tanto el soborno (ofrecer la coima) como la coima (aceptarla por parte de un funcionario público), son delitos tipificados en el Código Penal peruano. Las sanciones pueden incluir penas de prisión y multas significativas para ambas partes involucradas. A pesar de su ilegalidad, la frecuencia de estas prácticas demuestra un serio desafío en la aplicación de la ley y la conciencia ciudadana.

¿Cómo afecta la corrupción policial y la aceptación de "roba pero hace obra" a la sociedad?

La corrupción policial y la aceptación de la mentalidad "roba pero hace obra" tienen efectos devastadores en la sociedad. Erosionan la confianza en las instituciones públicas, fomentan la impunidad, promueven la desigualdad (ya que la justicia se vuelve una cuestión de poder económico) y desincentivan el cumplimiento de la ley. Además, desvían recursos que deberían destinarse a servicios públicos esenciales, afectan la inversión y el desarrollo económico, y crean un ambiente de desmoralización generalizada donde la ética y la meritocracia son devaluadas.

¿Qué se puede hacer para combatir la corrupción en Lima?

Combatir la corrupción es un desafío multifacético que requiere un enfoque integral. Las principales estrategias incluyen: una educación cívica y en valores desde la niñez; el fortalecimiento de las instituciones y la independencia del sistema judicial; la implementación de leyes más estrictas y su aplicación rigurosa; la promoción de la transparencia y la rendición de cuentas en todos los niveles de gobierno; el uso de tecnología para reducir la interacción humana en trámites burocráticos (y así las oportunidades de coima); y el fomento de una cultura de denuncia ciudadana, protegiendo a los denunciantes. El cambio debe venir tanto desde arriba (políticas y leyes) como desde abajo (conciencia y acción ciudadana).

Práctica Común en LimaImpacto en la Sociedad y el Estado de Derecho
Aceptar el "roba pero hace obra"Normalización de la ilegalidad, desconfianza en la clase política, perpetuación de un ciclo de corrupción.
Pagar "luquitas" al policíaRefuerza la corrupción menor, debilita la autoridad policial, fomenta la impunidad y la desigualdad.
Usar la "vara" para favoresFomenta el nepotismo y el clientelismo, socava la meritocracia, genera injusticia y resentimiento.
Esperar amnistías tributariasDesincentiva el cumplimiento de las obligaciones fiscales, reduce los ingresos públicos para servicios, crea dependencia de "perdones".
Votos condicionados por dádivasDebilita el proceso democrático, promueve el populismo, impide la elección de líderes por mérito y propuestas.

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