28/06/2024
Los años setenta marcaron una era fascinante y de profunda transformación para los cuerpos policiales en Colombia y el mundo. Lejos de las patrullas de origen asiático que hoy dominan el paisaje urbano, esta década fue el apogeo de los vehículos norteamericanos, robustos y emblemáticos, que se convirtieron en sinónimo de autoridad y presencia en las calles. Un periodo donde la fuerza y la fiabilidad mecánica eran tan cruciales como la pericia del agente, y donde cada automóvil contaba una historia de servicio y adaptación a los desafíos de la época.

Este artículo nos sumergirá en el corazón de esa década, desvelando qué modelos específicos conformaban la flota policial, sus características distintivas y cómo reflejaban el contexto socioeconómico y tecnológico de un país en constante cambio. Desde los imponentes sedanes hasta las versátiles camionetas, exploraremos cómo estas máquinas sobre ruedas se convirtieron en herramientas indispensables para la seguridad y el orden público.
- La Dominación Americana: Ford en Primera Línea
- Diversificación y Producción Local: Más Allá de Ford
- Características Generales de los Vehículos Policiales de los 70
- La Evolución del Vehículo Policial: Un Contexto Histórico
- Tabla Comparativa: Vehículos Policiales en Colombia - Años 70
- Preguntas Frecuentes sobre Patrullas Policiales de los Años 70
- ¿Por qué la policía colombiana de los años 70 usaba predominantemente vehículos norteamericanos?
- ¿Eran los vehículos policiales de los 70 diferentes a los modelos civiles?
- ¿Qué tan rápidos eran los autos de policía en los años 70?
- ¿Cómo se comunicaban los policías desde sus patrullas en los 70?
- ¿Cuándo empezaron a cambiar los vehículos policiales de origen en Colombia?
La Dominación Americana: Ford en Primera Línea
A principios de los años setenta, la Policía Nacional de Colombia y las autoridades de tránsito de ciudades como Bogotá hicieron una inversión significativa en su parque automotor, priorizando la marca Ford. Esta elección no fue casualidad; los vehículos Ford ofrecían una combinación de potencia, durabilidad y un diseño que proyectaba autoridad, características muy valoradas en las operaciones policiales. Entre los modelos más destacados se encontraban las auto patrullas de la serie Custom. Estos sedanes, con su tamaño considerable y su presencia imponente, eran el pilar de la flota de patrullaje urbano. Eran fácilmente reconocibles por su distintiva combinación de colores: blanco y negro, un esquema que se convertiría en icónico para las patrullas de la época.
Pero la flota de Ford no se limitaba a los sedanes. Para tareas de transporte de personal o equipo, y para una mayor versatilidad en diferentes terrenos, se utilizaban las camionetas panel Ford Econoline. Estos vehículos ofrecían un espacio interior considerable y una robustez que los hacía ideales para el trabajo policial diario, desde el transporte de detenidos hasta el traslado de equipo especializado. Complementando a las Econoline, y para operaciones que requerían mayor capacidad todoterreno, la policía también contaba con el campero Ford Bronco, equipado con un potente motor V8. La elección del Bronco subraya la necesidad de la fuerza pública de adaptarse a diversas geografías y situaciones, desde las calles de la ciudad hasta terrenos más desafiantes en zonas rurales o de difícil acceso. A diferencia de las patrullas Custom, las camionetas Econoline y los camperos Bronco se presentaban en un color gris, lo que les confería un aspecto más utilitario y discreto en comparación con los sedanes de patrulla.
Es importante destacar que, a pesar de la fuerte inversión en vehículos Ford, tanto la Policía Nacional como las autoridades de tránsito de ciudades como Bogotá aún mantenían en operación una cantidad de camperos soviéticos marca Gaz. Estos vehículos, con su diseño utilitario y su probada resistencia en condiciones adversas, sirvieron como patrullas a la par de los modelos Ford más modernos, demostrando una mezcla de pragmatismo y herencia en la gestión de la flota policial de la época. La coexistencia de estas marcas, con sus orígenes tan distintos, es un testimonio de la diversidad y las necesidades cambiantes de la policía colombiana en los años 70, donde la funcionalidad a menudo prevalecía sobre la homogeneidad de la flota.
Diversificación y Producción Local: Más Allá de Ford
Si bien Ford dominaba gran parte de la flota policial en los años setenta, especialmente en la Policía Nacional, las autoridades de tránsito de ciudades como Bogotá mostraron una mayor diversidad en sus adquisiciones, incorporando vehículos de otras marcas, algunas de las cuales eran ensambladas localmente en Colombia. Esta tendencia reflejaba una adaptación a las condiciones del mercado interno y una búsqueda de eficiencia en tareas específicas, como la regulación del tráfico urbano y la presencia en zonas de mayor densidad vehicular.

Uno de los modelos más notables utilizados por la policía de tránsito fue el Dodge Dart. Este sedán, conocido por su fiabilidad, su diseño sobrio y su buen desempeño, se ensamblaba en Colombia, lo que probablemente facilitaba su adquisición, el acceso a repuestos y su mantenimiento a largo plazo. El Dodge Dart se integró eficazmente en las labores de patrullaje y control de tránsito, ofreciendo una alternativa robusta a los modelos Ford para las necesidades cotidianas de la policía urbana. Su presencia en las calles bogotanas era una imagen común a mediados y finales de la década, aportando una estética diferente a la tradicional.
Sorprendentemente, un vehículo de tamaño mucho más compacto también encontró su lugar en las filas de la policía de tránsito: el Renault 4. Este pequeño pero versátil automóvil, también ensamblado en Colombia, demostró ser excepcionalmente útil para las patrullas urbanas, especialmente en áreas con calles más estrechas, para tareas de supervisión de tráfico o para funciones que no requerían la potencia o el tamaño de un sedán grande. Su economía de combustible, facilidad de maniobra y bajo costo operativo lo convirtieron en una opción práctica para ciertas funciones, lo que evidencia la diversidad de roles y la necesidad de vehículos adaptados a cada uno dentro de la estructura policial de tránsito.
A mediados de los años setenta, la flota de patrullas se enriqueció con la llegada de los Ford Fairlane 1974. Estos vehículos, con carrocería de cuatro puertas, guardaban un parecido estético con el icónico Ford Torino, que ganó fama mundial gracias a la legendaria serie de televisión “Starsky y Hutch”. La introducción del Fairlane no solo aportaba una imagen moderna y potente, sino que también mantenía la preferencia por los vehículos de origen americano para las tareas de patrullaje de primera línea, reafirmando el legado de Ford en la seguridad pública colombiana antes de los cambios inminentes.
Hacia finales de la década, se observó un cambio de tendencia. Los grandes sedanes comenzaron a ser reemplazados por modelos más compactos, una señal de los tiempos cambiantes, la búsqueda de mayor eficiencia en el consumo de combustible y una posible influencia de la crisis del petróleo. El Ford Fairmont y el Datsun 160 J fueron algunos de los modelos que tomaron el relevo. Estos vehículos, utilizados por el desaparecido DATT (Departamento Administrativo de Tránsito y Transporte) en la ciudad de Bogotá, adoptaron una nueva combinación de colores: azul claro y blanco, marcando una distinción visual con las patrullas tradicionales y señalando el inicio de una era de mayor diversidad en los orígenes de los vehículos policiales en Colombia, que se consolidaría en las décadas subsiguientes.
Características Generales de los Vehículos Policiales de los 70
Aunque los modelos específicos variaban considerablemente entre la Policía Nacional y las autoridades de tránsito, y también según el país, los vehículos policiales de los años setenta compartían una serie de características fundamentales que los hacían aptos para las rigurosas exigencias del servicio. Estas cualidades eran esenciales para garantizar la efectividad de las operaciones y la seguridad de los agentes en un entorno urbano y rural en constante evolución.
- Potencia y Rendimiento: Los motores de los vehículos policiales debían ser lo suficientemente potentes para manejar velocidades altas y soportar persecuciones. Los motores V8 de Ford o los robustos propulsores de Dodge aseguraban que estas patrullas pudieran responder rápidamente a cualquier situación, desde una emergencia hasta la persecución de un sospechoso. Era una norma tácita que los autos de policía tuvieran la mejor potencia disponible para su época, superando a menudo a sus contrapartes civiles en términos de rendimiento y durabilidad bajo estrés.
- Durabilidad y Resistencia: Las patrullas estaban diseñadas para un uso intensivo, permaneciendo en la calle 24 horas al día, durante años. Esto requería una construcción sólida, chasis robustos y componentes mecánicos resistentes al desgaste constante y a las condiciones de conducción exigentes. La capacidad de frenar con total eficiencia, incluso después de un uso prolongado y a altas velocidades, también era crucial, dado el carácter dinámico y a menudo impredecible de las tareas policiales.
- Equipamiento Especializado: Aunque más rudimentario que el actual, el equipamiento básico de las patrullas de los 70 incluía sirenas audibles, luces de emergencia (que evolucionaron de luces rotativas simples a barras de luces más complejas a lo largo de la década), y dispositivos de comunicación por radio. Estos elementos eran vitales para alertar a la ciudadanía de la presencia policial y para la coordinación efectiva entre las unidades en el campo y la central de mando, mejorando drásticamente los tiempos de respuesta.
- Identificación Visual: La mayoría de las patrullas mantenían un esquema de pintura distintivo para su fácil reconocimiento. En Colombia, durante gran parte de los 70, el binomio blanco y negro era el predominante para las patrullas de la Policía Nacional, mientras que las camionetas y camperos solían ser grises. Las letras de identificación, como 'Policía Nacional' o 'Tránsito', eran generalmente blancas y las aplicaciones, como los escudos o distintivos, solían ser de color plata. Un detalle estético que a menudo se observaba en los neumáticos era la banda blanca, una característica de la época que añadía un toque de elegancia a la funcionalidad del vehículo policial.
En esencia, las patrullas de los 70 eran máquinas diseñadas para el trabajo duro, con un énfasis en la fiabilidad, la resistencia y la capacidad de respuesta, reflejando las prioridades y limitaciones tecnológicas de los cuerpos de seguridad de un periodo en el que la tecnología aún no había revolucionado la persecución y el monitoreo como lo haría en décadas posteriores, pero donde la presencia y la movilidad eran fundamentales.

La Evolución del Vehículo Policial: Un Contexto Histórico
Para comprender plenamente el papel de los vehículos policiales en los años setenta, es útil trazar un breve recorrido por su evolución histórica, que sienta las bases de lo que se vio en esa década. El primer automóvil de cuatro ruedas destinado a la policía fue un carruaje eléctrico utilizado en Akron, Ohio, en 1899, marcando el inicio de una era. A partir de ese momento, la motorización de las fuerzas policiales se convirtió en una constante global, impulsada por la eficiencia y el ahorro de recursos: un solo agente en un coche podía cubrir un área que antes requería varios a pie o a caballo.
En las primeras décadas del siglo XX, la popularidad del Ford Modelo T fue innegable entre las agencias policiales de Estados Unidos debido a su bajo costo y, en gran medida, a la falta de alternativas viables. Aunque su motor de 2.9L y 20.2 HP solo permitía una velocidad máxima de 75 km/h, su accesibilidad lo hizo omnipresente. La verdadera revolución llegó con la introducción de las radios en las patrullas, un avance liderado por Detroit en 1927 y rápidamente replicado por Nueva York, cambiando las reglas del juego al proporcionar a los agentes una ventaja operacional sin precedentes contra el crimen, permitiendo una coordinación en tiempo real.
Durante las décadas de 1920 y 1930, los departamentos de policía adquirían vehículos, a menudo de segunda mano, a los que luego se les añadían elementos distintivos como sirenas, lámparas reflectoras de operación manual y las insignias policiales. La aparición de criminales notorios como Bonnie y Clyde o John Dillinger, que utilizaban autos rápidos y potentes para sus fechorías, impulsó la necesidad de vehículos policiales más potentes y veloces. Fue entonces cuando el Ford Modelo 18, con su nuevo motor V-8 de cabeza plana, se hizo popular, ofreciendo la potencia y economía necesarias para ser adoptado masivamente por los departamentos de policía, estableciendo una fidelidad con Ford que duraría hasta finales de los años 60, cuando Chrysler comenzó a desafiar su dominio.
A mediados del siglo XX, la Ford Motor Company fue pionera al introducir el concepto de “paquete policial” en 1950, agrupando las opciones más solicitadas por las fuerzas del orden en un solo conjunto. Sus competidores, General Motors y Chrysler, siguieron el ejemplo en 1955 y 1956, respectivamente, con modelos como el Chevrolet Bel Air y el Plymouth Savoy. Estos vehículos se distinguían por sus motores de gran tamaño y un rendimiento superior al de sus contrapartes civiles, sentando las bases para los potentes interceptores que se verían en las décadas siguientes, incluyendo los años 70 y más allá.
Tabla Comparativa: Vehículos Policiales en Colombia - Años 70
| Marca y Modelo | Tipo de Vehículo | Uso Principal | Colores Distintivos | Ensamblaje/Origen |
|---|---|---|---|---|
| Ford Custom | Sedán | Patrulla Nacional | Blanco y Negro | Importado (Norteamericano) |
| Ford Econoline | Camioneta Panel | Transporte, Patrulla | Gris | Importado (Norteamericano) |
| Ford Bronco | Campero (SUV) | Patrulla Todoterreno | Gris | Importado (Norteamericano) |
| Gaz (Soviético) | Campero | Patrulla (Nacional y Tránsito) | Desconocido (probablemente verde militar o gris) | Importado (Soviético) |
| Dodge Dart | Sedán | Patrulla de Tránsito | Desconocido (posiblemente blanco/negro) | Ensamblado en Colombia |
| Renault 4 | Compacto | Patrulla de Tránsito (urbana) | Desconocido (posiblemente blanco o colores de tránsito) | Ensamblado en Colombia |
| Ford Fairlane 1974 | Sedán | Patrulla | Blanco y Negro | Importado (Norteamericano) |
| Ford Fairmont | Sedán Compacto | Patrulla de Tránsito | Azul Claro y Blanco | Importado (Norteamericano) |
| Datsun 160 J | Sedán Compacto | Patrulla de Tránsito | Azul Claro y Blanco | Importado (Japonés) |
Preguntas Frecuentes sobre Patrullas Policiales de los Años 70
Aquí respondemos algunas de las preguntas más comunes sobre los vehículos policiales de la década de 1970, tanto en Colombia como en un contexto más general, brindando una perspectiva más amplia sobre su funcionamiento y evolución.

¿Por qué la policía colombiana de los años 70 usaba predominantemente vehículos norteamericanos?
La preferencia por vehículos norteamericanos, especialmente Ford, se debía a múltiples factores. Principalmente, su robustez, la potencia de sus motores (como los V8), y la disponibilidad de modelos que podían ser adaptados para el riguroso uso policial. En esa época, las importaciones de vehículos asiáticos eran mínimas y las marcas estadounidenses dominaban el mercado local, siendo consideradas más fiables y con un mejor rendimiento en las condiciones exigentes del servicio policial.
¿Eran los vehículos policiales de los 70 diferentes a los modelos civiles?
Sí, aunque muchos vehículos policiales partían de modelos civiles de producción masiva, a menudo incorporaban un 'paquete policial' o eran modificados para el servicio. Estas modificaciones podían incluir motores más potentes o tuneados, suspensiones reforzadas para soportar el peso adicional del equipo y el manejo agresivo, sistemas de frenado mejorados y alternadores de mayor capacidad para soportar el equipo eléctrico adicional como luces y radios. Además, se les equipaba con sirenas y luces de emergencia, elementos que no venían en los modelos de uso particular.
¿Qué tan rápidos eran los autos de policía en los años 70?
La velocidad máxima de las patrullas variaba significativamente según el modelo y el motor específico, pero estaban diseñados para ser rápidos y eficientes para su época. Por ejemplo, un Ford Custom con un motor V8 podía alcanzar velocidades considerablemente altas para las carreteras y las condiciones de persecución de ese entonces. Si bien no se comparan con las velocidades extremas de los superdeportivos policiales actuales, la prioridad era una buena aceleración desde parado y una fiabilidad constante en el rango de velocidades urbanas y de carretera, permitiendo una respuesta efectiva ante emergencias.
¿Cómo se comunicaban los policías desde sus patrullas en los 70?
La comunicación se realizaba principalmente a través de radios bidireccionales instalados en las patrullas. Estos sistemas permitían a los agentes comunicarse con la central de policía, coordinar operaciones con otras unidades en el campo y recibir despachos de emergencia. Aunque la tecnología era más limitada que hoy, con menos canales y a veces con interferencias, estos radios fueron una herramienta revolucionaria en su momento, mejorando drásticamente la coordinación, el tiempo de respuesta y la eficiencia de las fuerzas policiales.
¿Cuándo empezaron a cambiar los vehículos policiales de origen en Colombia?
A finales de los años setenta y principios de los ochenta, se inició una notoria diversificación en los orígenes de las patrullas policiales en Colombia. Modelos provenientes de otras latitudes, como el Volkswagen Brasilia (Brasil), el Polonez (Polonia) o diversos vehículos de Nissan (Japón), comenzaron a aparecer en las flotas. Esto marcó el fin de la era de predominio absoluto de los vehículos norteamericanos y el inicio de una flota más globalizada, una tendencia que se consolidaría y acentuaría en las décadas siguientes, llevando a la situación actual donde predominan los vehículos de origen asiático.
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