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El 'Loco Perochena': La Leyenda que Volvió

14/01/2026

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En el fascinante y a menudo sombrío universo del crimen, existen figuras que trascienden el mero acto delictivo para convertirse en verdaderas leyendas urbanas. Una de ellas es, sin duda, Fernando Silvino Perochena López, conocido por todos como "El Loco Perochena". Su nombre evoca una época de inseguridad y audacia en el Perú de los años 80, cuando sus asaltos a domicilios de políticos y adinerados ocupaban las primeras planas de los diarios. Después de pasar gran parte de su vida adulta tras las rejas, muchos pensaron que su historia había llegado a su fin. Sin embargo, a sus 54 años, Perochena ha demostrado una vez más que la vida, y la delincuencia, pueden ser impredecibles, al ser capturado nuevamente tras un asalto en Surco. Este suceso no solo reabre un capítulo olvidado, sino que nos invita a repasar la increíble y compleja trayectoria de un hombre que, por momentos, fue visto como un "Robin Hood" moderno.

¿Quién es el loco Perochena?
En la década del 80, este sujeto, más conocido como el ‘Loco Perochena’ pasó a convertirse en una leyenda viviente del mundo del hampa, por robar domicilios de políticos y gente de la alta sociedad limeña, cuando los dueños de casa se encontraban en su interior.
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Los Inicios de una Leyenda del Hampa

La historia de Fernando Silvino Perochena López no comenzó con grandes golpes, sino con una infancia marcada por la carencia y la violencia. Nacido en el célebre "callejón de las 7 puñaladas" en la primera cuadra de la avenida Colón, en el Callao, su vida tomó un giro dramático a una edad muy temprana. Con tan solo 9 años, Perochena ingresó a una correccional, el Instituto de Menores de Chucuito, un destino forzado tras acuchillar a un niño que lo estaba agrediendo. Este incidente, más allá de ser un castigo, marcó el inicio de un camino sin retorno hacia el mundo del hampa. Las experiencias en Chucuito y, posteriormente, en el centro juvenil Maranguita, moldearon su percepción de la vida y su relación con la sociedad. Él mismo lo ha expresado en entrevistas: "Soy una persona que sabe lo que es tener hambre, que sabe lo que es estar falto de cariño, yo nunca he tenido cariño de mis padres, mi padre falleció cuando yo tenía 11 años". Estas palabras revelan la profunda herida emocional que, quizás, impulsó muchas de sus decisiones futuras, convirtiéndolo en un producto de su entorno y sus circunstancias.

¿Qué le pasó a Federico ‘loco’ Perochena?
En la década de los 80, Federico ‘Loco’ Perochena lideró varios robos a las lujosas casas de políticos y personas adineradas. Su precoz ingreso al mundo del hampa lo llevó a convertirse en uno de los delincuentes más famosos del país.

El Ascenso del "Loco Perochena" y sus Víctimas de Élite

Una vez fuera de los reformatorios, el joven Perochena no tardó en escalar en el escalafón criminal. De pequeños hurtos como robar frutas, carteras o cadenas, pasó a convertirse en un especialista en asaltos a domicilios. Lo que lo distinguió de otros delincuentes de la época fue su audacia y su elección de objetivos. Perochena no se conformaba con casas vacías; su modalidad preferida era ingresar a las viviendas cuando sus dueños, generalmente políticos de alto perfil y miembros de la alta sociedad limeña, se encontraban en su interior. Esta osadía le valió rápidamente el apodo de "Loco Perochena" y lo catapultó a las primeras planas de los periódicos. Sin buscar la fama, sus acciones se convirtieron en el reflejo de la inseguridad que vivía el país, con titulares que resonaban en la conciencia pública: "Hoy le tocó a Elías La Rosa", "Hoy le tocó a Chávez Belaúnde". Entre sus víctimas más notorias, aunque él mismo no supiera la trascendencia de sus actos en ese momento, se cuentan la casa de Víctor Belaunde y la de la familia del expresidente Juan Velasco Alvarado. Amasó una considerable fortuna, acumulando tesoros que incluían habitaciones enteras llenas de platería, baños repletos de artefactos y equipos electrónicos, y un dormitorio resguardado donde guardaba oro y joyas, según sus propias confesiones. Su metodología, inicialmente conocida como "la monra" (forzar puertas para robar casas deshabitadas), evolucionó con el tiempo hacia asaltos directos y confrontaciones, buscando directamente las cajas fuertes.

Fortuna y Caída: El Primer Gran Frenazo

La carrera criminal de "El Loco Perochena" en los años 80 fue meteórica. Su capacidad para penetrar en las residencias más seguras y sustraer grandes cantidades de bienes lo convirtió en una figura temida y, para algunos, admirada. Sin embargo, como suele ocurrir en el mundo del crimen, la fortuna no es eterna. A pesar de haber amasado una riqueza considerable, su caída era inevitable. El mismo Perochena, con una franqueza sorprendente, admitiría años después que "robábamos hasta por las huevas", señalando una posible falta de control o una excesiva confianza que finalmente lo llevó a su captura. Esta primera gran detención marcó un antes y un después en su vida, interrumpiendo su ascendente trayectoria delictiva y separándolo de sus compañeros de fechorías, como Fernando Valera Calvo, "La Gringa", y Luis García Mendoza, "alias Pilatos". El sistema judicial lo envió a prisión, donde pasaría gran parte de las siguientes tres décadas, un periodo que, se esperaba, lo alejaría definitivamente del mundo delictivo. Pero la vida de Perochena, como veremos, estaba lejos de ser lineal o predecible.

¿Quién es el loco Perochena?
En la década del 80, este sujeto, más conocido como el ‘Loco Perochena’ pasó a convertirse en una leyenda viviente del mundo del hampa, por robar domicilios de políticos y gente de la alta sociedad limeña, cuando los dueños de casa se encontraban en su interior.

La Vida Después de la Prisión: Intentos de Reinserción

Tras cumplir una condena de aproximadamente 30 años, Fernando Perochena López emergió de prisión con la intención, al menos aparente, de reinsertarse en la sociedad. Este periodo de reinserción lo vio explorar caminos muy diferentes a los que había transitado durante su juventud y madurez temprana. Sorprendentemente, llegó a ser parte del equipo de seguridad del exalcalde del Callao, Alex Kouri, un indicio de que su experiencia en el lado oscuro de la ley podía, paradójicamente, ser valorada en otros contextos. Además, incursionó en la religión, buscando quizás un consuelo espiritual y una nueva guía moral. Imágenes de la época lo mostraban llevando una vida familiar relativamente estable, rodeado de sus hijos, un contraste marcado con su pasado tumultuoso. Sin embargo, a pesar de estos esfuerzos por reconstruir su vida, Perochena no pudo escapar a las dificultades económicas. Él mismo señalaba la precaria situación que atravesaba, una realidad que, con el tiempo, se convertiría en un factor determinante para su regreso al crimen. La sociedad, a menudo, no ofrece suficientes oportunidades reales para aquellos que buscan dejar atrás un pasado delictivo, y las presiones económicas pueden ser un poderoso catalizador para la reincidencia.

¿Qué dice la boleta de captura de la policía de Pichincha?
El Intendente de Policía de Pichincha extendió la boleta de captura recién el 19 de junio de 1987, dos días después de llevarse a cabo la detención. En el documento, se dice textualmente: 'Se desprenden graves presunciones de responsabilidad penal y hechos que deben ser investigados' y que recaen en la persona del ciudadano (…)

El Regreso al Crimen: Un Giro Inesperado y la Reincidencia

A pesar de sus intentos de llevar una vida honesta, las dificultades económicas y, quizás, la nostalgia de una vida de adrenalina y riqueza, llevaron a "El Loco Perochena" a tomar una decisión fatal. Él mismo lo había anticipado en entrevistas, revelando un cambio en su mentalidad criminal mientras estaba en prisión: "Yo me voy a la cana con esa idea, decía pucha esta vez que yo salga yo no voy a esperar que la gente no esté en su casa sino que me voy a meter con gente y todo para que me abran la caja fuerte. Ahí viene el pensamiento del asalto a domicilio ya no la monra". Este pensamiento marcaba su clara intención de regresar al delito, pero con una modalidad más agresiva y directa. La reciente caída de Perochena a sus 54 años, junto a otros dos delincuentes, mientras intentaban asaltar una casa en Surco y se enfrascaban en una balacera con la policía, confirma esta oscura profecía. Su reincidencia no solo sorprende por su edad, sino por el abandono de su aparente deseo de una vida pacífica. La escena de su captura, con intercambio de disparos, es un recordatorio crudo de que, para algunos, el pasado es un fantasma que se niega a desaparecer, arrastrándolos de vuelta a un ciclo delictivo del que parece imposible escapar. Este último incidente cierra, de manera trágica, el capítulo de su intento de reinserción y lo devuelve al lugar que ocupó por décadas: el de un notorio criminal.

El "Robin Hood Peruano" y su Legado Controvertido

Más allá de su fama como audaz ladrón, Fernando Silvino Perochena López se ganó un apodo peculiar que lo elevó a una categoría casi mítica: el "Robin Hood peruano". Esta imagen surgió de la creencia popular y de sus propias afirmaciones de que parte de lo robado era distribuido entre la gente pobre. Este gesto, real o idealizado, le valió una extraña apreciación por parte de un sector de la sociedad, que veía en él a alguien que, a su manera, desafiaba a las élites y compartía con los desfavorecidos. La figura del Robin Hood, en cualquier contexto, siempre genera un debate sobre la moralidad de sus actos, y en el caso de Perochena, no fue diferente. ¿Era un altruista que robaba a los ricos para dar a los pobres, o simplemente un criminal que usaba una fachada para justificar sus acciones y ganarse la simpatía popular? Su reciente arresto, sin embargo, pulveriza cualquier vestigio de esa imagen romántica. La balacera y el asalto a una vivienda lo devuelven a la cruda realidad de la delincuencia. Las palabras que pronunció hace apenas un año, "Dios me ha dado vida hasta ahorita y creo que hay un propósito para conmigo que nos guarda a veces de tantas cosas malas que hemos hecho", resuenan ahora con una ironía amarga. Sus hijos, una vez más, enfrentarán la Navidad sin su padre, un destino que Perochena, en algún momento, quizás creyó haber evitado. Su legado, ahora, es el de un hombre que, a pesar de las segundas oportunidades, no pudo o no quiso escapar de las garras del crimen, dejando tras de sí una historia compleja de audacia, reincidencia y un eterno debate sobre la naturaleza del bien y el mal en el mundo del hampa.

¿Quién es el fotógrafo de la policía de Perro Loco?
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Preguntas Frecuentes sobre "El Loco Perochena"

¿Quién es Fernando Silvino Perochena López?
Es un conocido delincuente peruano que se hizo famoso en la década de los 80 por asaltar domicilios de políticos y personas adineradas en Lima. Recientemente, a sus 54 años, fue capturado nuevamente tras un asalto en Surco.
¿Por qué lo apodaron "El Loco Perochena"?
Se ganó este apodo debido a su audacia y la particularidad de sus robos, que a menudo realizaba mientras los dueños de las casas se encontraban en su interior. Su osadía lo hizo notorio en los medios de comunicación.
¿A quiénes robaba Perochena y cómo lo hacía?
Sus víctimas predilectas eran políticos y miembros de la alta sociedad limeña. Inicialmente, forzaba puertas de casas sin habitantes ("la monra"), pero luego evolucionó a asaltos directos, ingresando a las viviendas con los dueños presentes para obligarlos a abrir cajas fuertes.
¿Fue realmente un "Robin Hood peruano"?
Se le atribuyó esta imagen por la creencia popular y sus propias declaraciones de que compartía parte de sus ganancias ilícitas con personas de bajos recursos. Esta faceta le valió una peculiar admiración en ciertos sectores de la sociedad, aunque su estatus de "Robin Hood" es debatible.
¿Qué le pasó recientemente a "El Loco Perochena"?
Fue detenido a sus 54 años en el distrito de Surco, junto a otros dos delincuentes, tras intentar robar una casa. Su captura se produjo luego de una feroz balacera con efectivos policiales, marcando su regreso al mundo criminal después de décadas en prisión y un intento de reinserción.

La historia de Fernando Silvino Perochena López es un claro ejemplo de cómo la vida de un individuo puede estar marcada por ciclos de crimen, castigo y, en ocasiones, intentos fallidos de redención. Su figura, que en los años 80 representó el pináculo de la audacia delictiva y la inseguridad ciudadana, ha vuelto a emerger de las sombras para recordarnos que algunos fantasmas del pasado se niegan a ser olvidados. La narrativa de "El Loco Perochena" es un testimonio complejo de las presiones sociales, las decisiones personales y la implacable realidad de la reincidencia, dejando a su paso una estela de interrogantes sobre el verdadero propósito de su existencia, como él mismo se preguntaba, y el impacto duradero de sus acciones en la sociedad y en su propia familia.

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