17/07/2025
El 25 de julio de 2002, una fecha que marca un oscuro episodio en la historia reciente de la Policía colombiana, tres jóvenes —Carlos Alberto Ibáñez, José Carlos Arévalo y Jesús David Díaz— fueron brutalmente asesinados en circunstancias que han conmocionado al país. Retenidos en zona rural de Chochó, Sucre, bajo la acusación de pertenecer al Clan del Golfo y de haber participado en un "plan pistola" contra la fuerza pública, su destino se selló en el platón de una camioneta policial. Este artículo profundiza en los detalles de un caso que ha llevado a la justicia a un coronel retirado y a otros uniformados, destapando un velo de violencia, encubrimiento y un escalofriante pacto de silencio.

- Un Viaje Mortal en la Patrulla Policial: La Noche de Chochó
- El Preacuerdo con el Coronel Benjamín Núñez: Una Confesión que Abre Puertas
- La Participación de Otros Uniformados: Del Mayor Salamanca al Pacto de Silencio
- Evidencias Irrefutables y el Clamor por Justicia
- Preguntas Frecuentes sobre el Caso Chochó
- Las Consecuencias Legales y el Camino Hacia la Verdad
- Reflexión Final: Un Precedente para la Transparencia Policial
Un Viaje Mortal en la Patrulla Policial: La Noche de Chochó
La tarde de aquel fatídico 25 de julio de 2002, la tranquilidad de La Garita, una intersección crucial en Chochó, Sucre, se vio quebrada por la detención de Carlos Alberto Ibáñez, José Carlos Arévalo y Jesús David Díaz. Agentes de policía los señalaron de ser miembros del temido Clan del Golfo y de estar implicados en recientes ataques armados contra uniformados en la región. Lo que siguió a su retención, sin embargo, distó mucho de ser un procedimiento legal estándar. Los jóvenes fueron subidos a la fuerza a una patrulla de la Policía, un vehículo que se convertiría en su tumba.
Según los testimonios y las pruebas recopiladas por la Fiscalía General, la brutalidad comenzó casi de inmediato. Dentro de la camioneta, los jóvenes fueron golpeados repetidamente. No eran meros empujones o forcejeos; los golpes eran contundentes, infligidos con palos y, lo que es aún más alarmante, con las propias armas de dotación de los policías. Las amenazas y la tortura física eran constantes, mientras eran trasladados, supuestamente, hacia el hospital de Sincelejo. Sin embargo, en un giro macabro, la ruta habitual fue alterada.
Fue el coronel (r) Benjamín Núñez, en ese momento comandante operativo de la Policía de Sucre, quien tomó la decisión crucial de subirse al platón de la camioneta junto a los jóvenes. Y fue él, según la investigación, quien ordenó tomar una vía alterna. En ese trayecto desviado, la violencia escaló a un punto irreversible. Los jóvenes, ya heridos y en total indefensión, fueron sometidos a disparos a quemarropa. El informe de Medicina Legal confirmaría posteriormente las lesiones por trauma contundente en sus cabezas y los impactos de bala en el tórax, disparados a menos de 60 centímetros de distancia.
Una vez que los jóvenes llegaron al centro médico de Sincelejo, ya sin signos vitales, el coronel Núñez, con una frialdad perturbadora, repuso la munición que había utilizado. Este acto, según el fiscal del caso, era una clara evidencia de su participación directa en los asesinatos. La brutalidad de los hechos en Chochó no solo reveló la vulneración de los derechos humanos, sino también una preocupante cadena de mando y una cultura de represalia que se manifestó de la manera más trágica.
El Preacuerdo con el Coronel Benjamín Núñez: Una Confesión que Abre Puertas
El caso de los jóvenes de la camioneta de la policía dio un giro significativo con el preacuerdo firmado entre la Fiscalía General y el coronel (r) Benjamín Núñez. Este acuerdo, que se presentará para aprobación judicial, es un paso crucial hacia la verdad y la justicia en este sonado caso. Núñez, quien se encuentra privado de la libertad desde el 14 de septiembre, ha aceptado su responsabilidad en los graves delitos de homicidio agravado, manipulación o alteración de material probatorio y privación ilegal de la libertad.
La negociación con la Fiscalía ha fijado una condena de 29 años de prisión para el excomandante operativo de la Policía de Sucre. Esta pena refleja la gravedad de los crímenes que se le imputan y su papel central en los eventos que llevaron a la muerte de Carlos Alberto Ibáñez, José Carlos Arévalo y Jesús David Díaz. Más allá de la condena, el preacuerdo incluye un compromiso fundamental por parte de Núñez: entregar información valiosa a la Fiscalía General y a otros entes de control en las investigaciones que se adelanten sobre estos hechos. Esta cooperación podría ser clave para desentrañar la totalidad de la red de complicidades y encubrimientos que rodearon el caso.
El coronel Núñez, a través de su abogado, ha manifestado un interés explícito en esclarecer todo lo ocurrido y proporcionar datos que contribuyan a entender las circunstancias que llevaron a la muerte de los tres jóvenes. Incluso ha ido más allá, ofreciéndose como "gestor de paz" del Gobierno de Gustavo Petro, una propuesta que, de ser aceptada, podría tener implicaciones más amplias en el contexto de la búsqueda de la verdad y la reconciliación en Colombia. Un punto importante es que Núñez ha renunciado a buscar otros beneficios judiciales, como la detención domiciliaria, lo que refuerza su aparente voluntad de colaborar plenamente con la justicia.
Este preacuerdo no solo representa un avance en el caso específico de Chochó, sino que también envía un mensaje contundente sobre la rendición de cuentas dentro de las instituciones del Estado. La aceptación de cargos por parte de un oficial de tan alto rango es un precedente significativo en la lucha contra la impunidad y la garantía de que los responsables de crímenes graves, sin importar su posición, sean llevados ante la ley. La Fiscalía ha enfatizado que durante la imputación de cargos en septiembre pasado, se le garantizaron a Núñez todos sus derechos, incluyendo la asistencia de un abogado, asegurando un proceso transparente y apegado a la ley.
La Participación de Otros Uniformados: Del Mayor Salamanca al Pacto de Silencio
El caso de Chochó no se limita únicamente a la responsabilidad del coronel (r) Benjamín Núñez. La investigación ha revelado la participación de otros miembros de la fuerza pública, quienes también jugaron roles cruciales en la tragedia y en el posterior intento de encubrimiento. Recientemente, el mayor de la Policía Cristian Alberto Salamanca Betancourt fue vinculado a este proceso y capturado. En su imputación de cargos, Salamanca se declaró inocente de los delitos de privación injusta de la libertad y tortura, a pesar de que varias declaraciones de otros integrantes de la institución lo señalan directamente.
Testimonios de patrulleros indican que el mayor Salamanca tuvo contacto directo con los jóvenes mientras eran trasladados. Uno de los relatos más impactantes provino de un patrullero cuya identidad se mantiene en reserva por protección. Este testigo declaró bajo juramento en agosto pasado: “Veo que mi mayor Betancourt iba de civil y chaleco negro. (...) Él se acerca de rapidez. Se subió a una llanta de la camioneta y se sube a la llanta trasera y (...) le pega en la cabeza. (...) Enseguida arranca el vehículo. Vi que lo golpeó con un objeto negro en la cabeza pero no alcancé a ver si era una pistola o era otro objeto”. Otro testimonio señala que Salamanca golpeó en repetidas ocasiones con la cacha de su revólver a uno de los jóvenes, que ya estaba herido y en total indefensión, mientras se encontraba en el platón de la patrulla adscrita a la subteniente Camila Buriticá.
Pero la complicidad no terminó con la violencia. Una vez que se confirmó la muerte de los jóvenes y se hizo inminente el inicio de las investigaciones, el entonces comandante operativo de la Policía de Sucre, general Núñez, convocó a todos los policías que habían estado en la zona. En esa reunión, presentó al capitán Rafael Antonio Cordero Álvarez y, de manera explícita, estableció un escalofriante pacto de silencio. La orden era clara y contundente: unificar las versiones que se entregarían a la Fiscalía y a la Procuraduría.
“Acuérdense que tienen que colocar que ellos venían gravemente heridos. No se les olvide: gravemente heridos. Yo estaba en shock porque yo mismo los vi, yo detuve al que tenía una herida en la pierna y de eso nadie se muere. Ni uno solo más venía herido”, recordó un patrullero sobre las palabras de Núñez. Esta directriz buscaba distorsionar la verdad, haciendo creer que los jóvenes ya presentaban heridas mortales antes de ser retenidos, una versión que contrastaba drásticamente con la realidad de los hechos y la condición física de las víctimas al momento de su captura. Este pacto de silencio, diseñado para proteger a los responsables y desviar la investigación, se convirtió en una barrera adicional en el camino hacia la verdad y la justicia, aunque afortunadamente, fue roto por la valentía de algunos uniformados que decidieron declarar.
Evidencias Irrefutables y el Clamor por Justicia
La solidez del caso contra los implicados en la muerte de los jóvenes de Chochó se sustenta en un conjunto de pruebas irrefutables. Los dictámenes del Instituto Nacional de Medicina Legal y Ciencias Forenses han sido cruciales para desmentir cualquier intento de manipulación y para corroborar la brutalidad de los hechos. Estos informes técnicos revelaron que Carlos Alberto Ibáñez, José Carlos Arévalo y Jesús David Díaz presentaban lesiones por trauma contundente en sus cabezas. Este hallazgo coincide plenamente con las declaraciones de los testigos, quienes señalaron los constantes golpes propinados con objetos pesados, incluyendo palos y las cachas de las armas de dotación policial.
Además de los traumatismos, los dictámenes de Medicina Legal confirmaron la presencia de impactos de bala en el tórax de los jóvenes, disparados a una distancia inferior a 60 centímetros. Esta distancia es crítica, pues indica que los disparos fueron efectuados a quemarropa, lo que refuerza la hipótesis de una ejecución deliberada y brutal. Estas pruebas forenses son fundamentales, ya que proporcionan una base científica e inobjetable sobre la causa y la mecánica de las muertes, contradiciendo cualquier versión que intentara minimizar la responsabilidad de los uniformados o justificar las heridas como preexistentes.
Las declaraciones de los propios uniformados, aunque algunos inicialmente se adhirieron al pacto de silencio, han sido vitales para desenmascarar la verdad. Varios patrulleros, movidos por su conciencia o por la presión de la investigación, rompieron el muro de complicidad y ofrecieron relatos detallados de lo ocurrido. Sus testimonios no solo confirmaron los golpes y las agresiones dentro de la camioneta, sino que también señalaron directamente al coronel Núñez como el orquestador de los asesinatos y del posterior encubrimiento.
El caso de Chochó ha trascendido el ámbito judicial para convertirse en un tema de debate público y político. El senador Alex Flórez Hernández, del Pacto Histórico, ha sido una voz constante en la denuncia de lo ocurrido en Chochó, Sucre. Su persistencia en visibilizar el caso y exigir justicia ha contribuido a mantener la atención sobre este grave suceso, presionando a las autoridades para que la investigación avance y los responsables sean llevados ante la justicia. Este tipo de denuncias públicas son esenciales para garantizar la transparencia y la rendición de cuentas en casos de abuso de poder por parte de las fuerzas de seguridad.
La combinación de pruebas forenses contundentes, testimonios valientes de testigos presenciales y la presión de la opinión pública y figuras políticas, ha permitido que el caso de los jóvenes de la camioneta de la policía no quede en la impunidad. El preacuerdo con el coronel Núñez es un testimonio de la fuerza de estas evidencias y del compromiso de la Fiscalía por desentrañar la verdad, ofreciendo una esperanza de que, finalmente, se haga justicia para Carlos Alberto Ibáñez, José Carlos Arévalo y Jesús David Díaz.
Preguntas Frecuentes sobre el Caso Chochó
| Pregunta | Respuesta Detallada |
|---|---|
| ¿Quiénes eran los jóvenes asesinados en Chochó? | Los jóvenes asesinados fueron Carlos Alberto Ibáñez, José Carlos Arévalo y Jesús David Díaz. Fueron retenidos por la Policía en zona rural de Chochó, Sucre, el 25 de julio de 2002. |
| ¿De qué se les acusaba a los jóvenes inicialmente? | La Policía los señaló de ser parte del Clan del Golfo y de haber participado en un "plan pistola" contra uniformados en la región de Sucre. Sin embargo, no se ha presentado evidencia pública que valide esta acusación más allá de la afirmación inicial de los oficiales. |
| ¿Quién es el Coronel (r) Benjamín Núñez y cuál fue su papel? | Benjamín Núñez era el comandante operativo de la Policía de Sucre en el momento de los hechos. La Fiscalía lo señala como el principal responsable de las muertes, habiendo ordenado un desvío de la ruta, subido al platón de la camioneta y disparado a los jóvenes. Aceptó un preacuerdo por homicidio agravado, manipulación de pruebas y privación ilegal de la libertad. |
| ¿Qué otros uniformados están involucrados en el caso? | Además del Coronel Núñez, el Mayor Cristian Alberto Salamanca Betancourt ha sido vinculado al proceso, acusado de privación injusta de la libertad y tortura. También se menciona al Capitán Rafael Antonio Cordero Álvarez, quien estuvo presente en la reunión donde se estableció el pacto de silencio, y la Subteniente Camila Buriticá, a cuya patrulla estaba adscrita la camioneta. |
| ¿Cómo murieron los jóvenes, según las pruebas? | Según los dictámenes de Medicina Legal y testimonios, los jóvenes murieron a causa de múltiples golpes con objetos contundentes (palos, cachas de armas) en la cabeza y disparos a quemarropa en el tórax. |
| ¿Qué es el "pacto de silencio" mencionado en el caso? | El "pacto de silencio" fue una orden impartida por el Coronel Benjamín Núñez a los policías involucrados o presentes en la zona. Les instruyó para que unificaran sus versiones, declarando que los jóvenes ya venían "gravemente heridos" antes de su retención, con el fin de encubrir la verdadera causa de sus muertes y desviar la investigación de la Fiscalía y la Procuraduría. |
| ¿Cuál es la situación actual del Coronel Núñez? | El Coronel Benjamín Núñez se encuentra privado de la libertad desde septiembre y firmó un preacuerdo con la Fiscalía que establece una condena de 29 años de prisión. Se ha comprometido a entregar más información sobre los hechos y se ofreció como gestor de paz, renunciando a beneficios como la detención domiciliaria. |
Las Consecuencias Legales y el Camino Hacia la Verdad
El preacuerdo alcanzado con el coronel (r) Benjamín Núñez representa un hito crucial en la búsqueda de la verdad y la justicia para las víctimas de Chochó. Al aceptar su responsabilidad en delitos tan graves como el homicidio agravado, la manipulación de pruebas y la privación ilegal de la libertad, Núñez no solo enfrenta una condena significativa de 29 años de prisión, sino que también abre la puerta a un esclarecimiento más profundo de los hechos. Su compromiso de entregar información a la Fiscalía y a otros entes de control es vital, ya que podría desvelar la participación de más personas y los detalles de la planificación y ejecución de este crimen, así como el alcance del pacto de silencio.
La vinculación del mayor Cristian Alberto Salamanca Betancourt al proceso, a pesar de su declaración de inocencia, subraya que la investigación no se detiene en un único responsable. Las declaraciones de otros uniformados que lo señalan de haber infligido golpes directos a los jóvenes refuerzan la determinación de la Fiscalía de perseguir a todos los implicados en la cadena de mando y ejecución de los actos de violencia. Este proceso judicial envía un mensaje claro: la impunidad no será tolerada, especialmente cuando se trata de abusos de poder por parte de quienes tienen el deber de proteger a los ciudadanos.
El caso Chochó es un recordatorio sombrío de los peligros que surgen cuando la autoridad se desvía de sus principios fundamentales. Sin embargo, la persistencia de la Fiscalía, la valentía de los testigos que rompieron el silencio y la presión de la sociedad civil y figuras políticas como el senador Alex Flórez, demuestran que, incluso en los casos más complejos y dolorosos, la búsqueda de la verdad puede prevalecer. La transparencia en la investigación y la rendición de cuentas son pilares esenciales para restaurar la confianza pública en las instituciones y para garantizar que tragedias como la de Chochó no se repitan.
Reflexión Final: Un Precedente para la Transparencia Policial
El caso de los jóvenes de la camioneta de la policía en Chochó, Sucre, trasciende la crónica judicial para convertirse en un símbolo de la lucha contra la impunidad y por la transparencia en las fuerzas de seguridad. La brutalidad de los hechos, la frialdad con la que se intentó encubrir la verdad a través de un pacto de silencio, y la posterior revelación de los detalles gracias a la persistencia investigativa y la valentía de algunos uniformados, marcan un precedente importante. La condena y el preacuerdo con el coronel (r) Benjamín Núñez no solo representan un acto de justicia para Carlos Alberto Ibáñez, José Carlos Arévalo y Jesús David Díaz, sino que también envían una señal inequívoca a toda la institución policial: nadie está por encima de la ley.
Este caso pone de manifiesto la necesidad imperante de fortalecer los mecanismos de control interno y externo dentro de la Policía, asegurando que cualquier desviación de la legalidad y los derechos humanos sea investigada a fondo y sancionada con todo el peso de la ley. La cooperación del coronel Núñez, si bien tardía, es crucial para desentrañar la verdad completa y para que este episodio de dolor se convierta en una lección que fortalezca la institucionalidad. La memoria de los jóvenes de Chochó debe servir como un recordatorio constante de que la confianza entre la ciudadanía y sus fuerzas del orden se construye sobre la base inquebrantable de la legalidad, el respeto a la vida y la búsqueda incansable de la verdad y la justicia.
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