01/09/2023
La ciudad de Nueva York, un crisol de culturas y el epítome de la vida urbana, ha sido durante mucho tiempo un laboratorio para políticas públicas innovadoras. Sin embargo, detrás de su vibrante fachada, se esconde una pregunta persistente y compleja: ¿por qué sus ciudadanos parecen estar dispuestos a tolerar la brutalidad policial? La respuesta no es sencilla, entrelazando la percepción pública, la historia de las políticas de seguridad y la búsqueda incesante de orden en una metrópolis que ha experimentado dramáticas fluctuaciones en sus tasas de criminalidad.

La brutalidad policial, definida como el uso excesivo, injustificado o indebido de la fuerza por parte de los agentes del orden, es un tema que genera un debate considerable. Las encuestas recientes a menudo sugieren una percepción generalizada de que la brutalidad no es un problema sistémico, sino que se limita a unas pocas “manzanas podridas”. Esta visión contrasta drásticamente con la experiencia de aquellos que han tenido contacto directo con la policía. Un estudio de contacto entre la policía y el público realizado en 1999, que encuestó a 80.000 personas, reveló que un 3% de los encuestados afirmó haber experimentado el uso de la fuerza, y de estos, una abrumadora mayoría del 75% consideró que dicha fuerza fue excesiva. Los estudios etnográficos, que profundizan en las experiencias vividas, suelen reportar cifras aún más altas. Parte de esta disparidad radica en la forma en que la policía y el público definen lo que constituye un comportamiento aceptable o excesivo.
| Percepción General | Realidad según Encuestas (Contacto Policial) |
|---|---|
| La brutalidad es un problema limitado a unas pocas “manzanas podridas”. | El 3% de los encuestados en 1999 experimentó el uso de la fuerza. |
| No es un problema generalizado. | De quienes experimentaron fuerza, el 75% la consideró excesiva. |
| Estudios etnográficos suelen encontrar números aún más altos. |
- La Era de la 'Tolerancia Cero' y la 'Calidad de Vida' en Nueva York
- El Precio del Orden: ¿Por Qué Nueva York Toleró?
- Un Vistazo al Pasado: La Brutalidad Antes de los 70
- El Velo del Silencio: La Falta de Transparencia y Rendición de Cuentas
- La Búsqueda de Legitimidad Policial: Desafíos Actuales
- Preguntas Frecuentes (FAQ)
La Era de la 'Tolerancia Cero' y la 'Calidad de Vida' en Nueva York
El surgimiento de una vigilancia más agresiva en las grandes zonas urbanas, bajo las rúbricas de la tolerancia cero y la calidad de vida, ha sido un factor clave en la dinámica entre la policía y los ciudadanos. Esta ideología, que equipara la calidad de vida con el orden público, surgió en respuesta a una narrativa convincente sobre los dramáticos aumentos de la tasa de delincuencia durante los años sesenta, que, en este punto de vista, causaron un éxodo masivo de negocios, poblaciones de clase media y ciudadanos blancos. Se argumentaba que la excesiva tolerancia de políticos y tribunales, que supuestamente “esposaba” a la policía, había resultado en pequeñas infracciones y desorden público.
La policía de la calidad de vida se hizo prominente en varias áreas urbanas en los años 80 y fue popularizada en la ciudad de Nueva York una década más tarde. Fue entonces cuando el recién elegido alcalde Rudolph Giuliani y el comisionado de policía William Bratton prometieron una política de vigilancia agresiva que, según ellos, resultaría en tasas de delincuencia más bajas y convertiría a la ciudad en un lugar donde los ciudadanos respetuosos de la ley pudieran vivir libres de miedo, así como de lugares de interés desagradable. Esta nueva estética urbana conllevaba que infracciones estéticas, como dormir en las aceras o en las estaciones de tren, parecían requerir la participación policial en lugar de la intervención de servicios sociales o simplemente la tolerancia.
Las poblaciones más vulnerables de la sociedad –los marginados, los drogadictos, los desamparados y los desplazados– se convirtieron en la “nueva clase criminal” bajo esta política. El movimiento de estas personas del espacio público, sin la creación de ningún lugar alternativo para que fueran, equivalió a una política de acoso constante. Paradójicamente, y de manera convincente para muchos, los índices de delincuencia retrocedieron en la ciudad de Nueva York durante la década de los 90, año tras año. Este modelo, emulado en zonas urbanas de todo el país, se volvió menos controvertido a medida que las tasas de delincuencia se materializaban. Sin embargo, al mismo tiempo, los escasos datos sobre quejas de brutalidad policial indicaron un aumento constante en la América urbana. En Nueva York, las quejas subieron un 37% de 1993 a 1994, inmediatamente después de la introducción del programa de calidad de vida, y continuaron aumentando a lo largo de la década. De hecho, Amnistía Internacional llegó a citar a Nueva York como un lugar donde la brutalidad policial era incontrolable e incluso alentada.
El Precio del Orden: ¿Por Qué Nueva York Toleró?
A pesar del aumento documentado de las quejas por brutalidad policial, la mayoría de la población, y no solo los neoyorquinos, parecía dispuesta a tolerar este problema en aras de los resultados aparentes: menos delincuencia y más orden. La percepción de una ciudad más segura, donde las calles estaban libres de lo que se consideraba “desorden”, superó, para muchos, la preocupación por los métodos utilizados para lograrlo. La narrativa de que la delincuencia estaba fuera de control y de que se necesitaba una mano dura para restaurar el orden fue muy poderosa, especialmente para aquellos que habían vivido el aumento de la criminalidad en décadas anteriores. La reducción de la delincuencia se convirtió en la métrica principal del éxito policial, y los medios para lograrlo, incluida una mayor agresividad, fueron aceptados como un mal necesario por una parte significativa de la ciudadanía.
Un Vistazo al Pasado: La Brutalidad Antes de los 70
Comprender la tolerancia actual hacia la brutalidad policial requiere un vistazo a la historia. Es un hecho no controvertido que la brutalidad era mucho más común antes de la década de 1970. En ese período, los departamentos de policía, especialmente en el sur de Estados Unidos, eran ampliamente percibidos como dispuestos a utilizar fuerza excesiva contra los manifestantes de la guerra y los activistas de derechos civiles. Las actitudes racistas eran consideradas endémicas dentro de las fuerzas policiales. Al mismo tiempo, el trabajo de la policía no se entendía generalmente como un medio para controlar o reducir el crimen, sino más bien como una respuesta a él.
Las formas dominantes anteriores de la policía incluían la administración de palizas severas a los sospechosos para asegurar confesiones. Los “escuadrones de matones” (Goon Squads) también eran comunes. Su trabajo consistía en patrullar las calles buscando vagabundos y alborotadores cuyas infracciones legales eran menores pero consistentes, o que eran considerados indeseables por personas “decentes”. Estas personas rutinariamente se encontraban con una justicia inmediata a manos de la policía, es decir, eran golpeados o se les decía que abandonaran la ciudad. Esta historia de violencia policial institucionalizada, aunque menos visible en la era moderna, sentó un precedente y una base cultural para ciertas prácticas.
Sin embargo, a partir de la década de 1970, la vigilancia agresiva comenzó a perder su justificación ideológica. La policía fue sometida a un mayor escrutinio por parte de los tribunales, que aprobaron una serie de leyes que limitaban la discreción policial y extendían los derechos a los sospechosos. Más importante aún, los departamentos de policía de todo el país se vieron obligados a responder a las demandas de rendición de cuentas pública y control comunitario, marcando un cambio significativo, al menos en teoría, en la forma en que se concebía y practicaba la seguridad pública.
El Velo del Silencio: La Falta de Transparencia y Rendición de Cuentas
Una razón fundamental por la que ha habido tan poca información pública sobre la brutalidad policial es la renuencia de los propios funcionarios policiales a divulgarla. El Departamento de Justicia de Estados Unidos, por ejemplo, no ha mantenido una base de datos nacional de incidentes de brutalidad policial, lo que dificulta la cuantificación y el análisis del problema a nivel sistémico. Además, persisten muchas preguntas sobre la disposición de las víctimas a denunciar la actividad delictiva a la policía cuando la propia policía representa al agresor. También es relevante el grado en que los ciudadanos se disuaden de denunciar el abuso policial porque creen que “nada va a salir de ello”.
De hecho, tienen razones para ser escépticos. Según un estudio reciente del Departamento de Justicia, solo el 8% de las quejas ciudadanas por brutalidad policial resultan en disciplina para los oficiales involucrados. Las juntas de revisión ciudadana, que podrían ofrecer una vía para la supervisión externa, siguen siendo infrecuentes y en gran medida están dotadas de personal político, lo que a menudo compromete su independencia y efectividad. Existe, además, un problema de control de la información: las estadísticas sobre brutalidad policial, tal como existen, no se distribuyen de ninguna manera que sea fácilmente accesible al público. Los principales medios de comunicación, por su parte, generalmente evitan el problema, excepto en casos selectos donde un incidente de brutalidad captura la atención pública a través del boca a boca, medios alternativos o declaraciones públicas de las víctimas y sus familias.
La Búsqueda de Legitimidad Policial: Desafíos Actuales
El concepto de legitimidad policial es crucial para entender la relación entre la policía y la comunidad. El autor Jonathon Cooper, en su libro “En busca de la legitimidad de la policía” (2014) y en “Twentieth-century influences on twenty-first-century policing: continued lessons of police reform” (2015), argumenta que ciertos acontecimientos seminales en los años 50, 60 y 70 tuvieron un efecto profundo y duradero en la organización y el comportamiento de las fuerzas policiales en los Estados Unidos. Las resoluciones de la Corte Suprema sobre el debido proceso impugnaron los procedimientos policiales; los disturbios raciales destacaron los antagonismos de larga data y generalizados entre la policía y las minorías; y las crecientes tasas de delincuencia, los pleitos y la investigación en ciencias sociales revelaron la ineficacia y la corrupción policial. Cooper ofrece una lúcida síntesis de la literatura académica existente que detalla estos importantes acontecimientos.
Sin embargo, su trabajo ha sido criticado por no explorar ni explicar adecuadamente el impacto del pasado en el presente en su breve capítulo final sobre las direcciones futuras de la policía. Las reformas que esboza parecen inconsistentes e inconexas frente a la crisis trascendental descrita. Además, aunque los acontecimientos recientes en lugares como Ferguson y Baltimore confirman la importancia continuada de las cuestiones de aislamiento de la raza y la policía de la comunidad, Cooper presta poca atención a otras circunstancias que contribuyen a las tensiones actuales, como los niveles récord de encarcelamiento, la militarización de la policía y la dependencia de los gobiernos locales de la confiscación civil y las multas por molestias para equilibrar sus presupuestos. Estos factores modernos complican aún más la búsqueda de la legitimidad policial y la confianza pública.
Preguntas Frecuentes (FAQ)
¿Qué se entiende por brutalidad policial?
La brutalidad policial se refiere al uso excesivo, injustificado o indebido de la fuerza por parte de los agentes del orden. A menudo, lo que la policía considera un uso aceptable de la fuerza difiere significativamente de la percepción del público, lo que lleva a un mayor número de quejas y una sensación de injusticia por parte de los ciudadanos.
¿Cómo afectó la política de 'tolerancia cero' a Nueva York?
La política de 'tolerancia cero' y 'calidad de vida', popularizada en Nueva York en los años 90 bajo la administración de Giuliani y Bratton, buscaba reducir la delincuencia abordando infracciones menores y el desorden público. Si bien se asoció con una disminución en las tasas de criminalidad, también llevó a un aumento significativo en las quejas por brutalidad policial y a un acoso constante de las poblaciones más vulnerables, como los desamparados y drogadictos, que fueron percibidos como una "nueva clase criminal".
¿Por qué es difícil obtener datos precisos sobre la brutalidad policial?
La dificultad para obtener datos precisos sobre la brutalidad policial se debe a varios factores. Los departamentos de policía a menudo se muestran reacios a liberar esta información, y no existe una base de datos nacional exhaustiva de incidentes. Además, las víctimas pueden dudar en denunciar a la policía cuando esta es la agresora, o pueden creer que sus denuncias no conducirán a ninguna acción disciplinaria, dada la baja tasa de éxito de las quejas ciudadanas (solo el 8% resulta en disciplina, según un estudio).
En última instancia, la disposición de los neoyorquinos a tolerar la brutalidad policial es un reflejo de una compleja interacción de factores históricos, sociales y políticos. La promesa de orden y seguridad, especialmente tras periodos de alta criminalidad, a menudo ha llevado a la aceptación de métodos policiales más agresivos. Sin embargo, esta tolerancia tiene un costo, que recae desproporcionadamente en las poblaciones más vulnerables, y pone de manifiesto la continua tensión entre la búsqueda de la seguridad pública y la necesidad de justicia social y responsabilidad policial.
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