¿Cuándo se creó la Brigada de policía?

La Brigada de Policía: Origen y Evolución del Orden

05/04/2026

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La historia de las fuerzas policiales en Chile es un relato intrincado de evolución, adaptación y, a menudo, controversia, profundamente ligada a los vaivenes políticos y sociales de la nación. Antes de la existencia de cuerpos policiales estructurados como los conocemos hoy, la seguridad pública recaía en figuras como los Vigilantes y Serenos, una configuración que, si bien cumplía su propósito en ciertas épocas, pronto se vería superada por las crecientes demandas de un país en formación. Fue en este contexto de efervescencia política y social, a mediados del siglo XIX, cuando se gestó una de las transformaciones más significativas en la administración del orden público: la creación de la Brigada de Policía.

¿Cuándo se creó la Brigada de policía?
La Brigada de Policía se originó a través de un Decreto Supremo del Gobierno y entró oficialmente en funciones el 22 de enero de 1851. Sin embargo, su creación generó cierto rechazo.
Índice de Contenido

El Nacimiento de una Nueva Fuerza de Orden: La Brigada de Policía

El período presidencial de Manuel Bulnes, y en particular el inicio de su segundo mandato, estuvo marcado por una creciente agitación política y el surgimiento de voces disidentes frente a la consolidación de un gobierno centralizado y fuerte, conocido como la “vida portaliana”. A mediados del siglo XIX, la sociedad chilena experimentaba una profunda ebullición. La proclamación de la candidatura presidencial de Manuel Montt Torres, quien finalmente saldría electo y asumiría el 18 de septiembre de 1851, desató una efervescencia social que exigía nuevas respuestas por parte de las autoridades para mantener la estabilidad.

En este ambiente de tensión y reorganización, el Presidente Manuel Bulnes tomó una decisión trascendental en noviembre de 1850: dictó un decreto que disolvía la Sociedad de la Igualdad, una influyente organización fundada a fines de marzo de ese mismo año por Francisco Bilbao y Santiago Arcos, percibida como un foco de oposición liberal. Paralelamente, y con la intención de modernizar y centralizar el control del orden público, propuso una nueva configuración para los cuerpos de Vigilantes y Serenos. Estos últimos, que habían operado de manera dispersa y con diferentes estructuras en diversas ciudades del país, serían reemplazados por una fuerza más cohesionada y disciplinada.

Fue así como, a través de un Decreto Supremo emitido por el Gobierno, se dio vida a la Brigada de Policía. Aunque el decreto que disolvía los antiguos cuerpos y establecía esta nueva entidad fue dictado el 27 de diciembre de 1850, la Brigada entró oficialmente en funciones el 22 de enero de 1851. Esta nueva institución no era una simple reestructuración; se concebía con una organización mucho más robusta y militarizada, reflejando la necesidad de una fuerza capaz de imponer el orden en un contexto de inestabilidad. Estaba conformada por una Plana Mayor, que actuaba como su estado mayor y centro de mando, tres compañías de caballería que sumaban un total de 270 hombres, y una compañía de infantería con 100 efectivos. Su estructura administrativa y económica seguía un modelo claramente inspirado en el Ejército, lo que evidenciaba la intención de dotarla de disciplina, jerarquía y una capacidad operativa superior a la de sus predecesoras.

La financiación y el equipamiento de esta nueva fuerza se dividieron entre diferentes entidades, lo que también generó complejidades. El vestuario, los caballos, las monturas y el forraje para los animales eran responsabilidad del municipio, lo que implicaba una carga económica significativa para las arcas locales. Por otro lado, el armamento y su necesaria reparación quedaron bajo la supervisión de la maestranza, asegurando que la Brigada contara con los medios bélicos adecuados para cumplir sus funciones de seguridad, que en esos tiempos, a menudo implicaban la represión de levantamientos y disturbios.

Reacciones y Desafíos Iniciales: Una Institución Bajo Escrutinio

A pesar de su formalización y su aparente propósito de asegurar el orden, la creación de la Brigada de Policía no fue recibida con entusiasmo unánime. Por el contrario, generó un considerable rechazo, especialmente por parte de la oposición política y de diversos sectores de la sociedad. Las críticas eran severas y fundamentadas en la percepción de que esta nueva fuerza no era una institución genuinamente dedicada a garantizar la seguridad ciudadana, sino más bien una maniobra encubierta del Gobierno. Se la veía como un pretexto para aumentar disimuladamente la fuerza del ejército permanente, eludiendo así el control del Congreso, tal como lo establecía la Constitución de 1833. Al ser una entidad municipal en su origen y administración, argumentaban los críticos, quedaba exenta de la regulación parlamentaria que sí aplicaba a las fuerzas militares tradicionales. Esta percepción de la Brigada como un instrumento político al servicio del Ejecutivo, más que de orden público imparcial, marcó sus primeros años de existencia y generó desconfianza.

De hecho, la Brigada de Policía se vio rápidamente inmersa en los turbulentos acontecimientos políticos que sacudieron al país. Un claro ejemplo fue la revolución iniciada el 20 de abril de 1851 por el General José María de la Cruz, contendor liberal de Manuel Montt, en Concepción y La Serena, justo antes de las elecciones presidenciales. Frente a esta insurrección, que amenazaba la estabilidad del gobierno, la necesidad de reforzar la capacidad de respuesta del Estado se hizo evidente. La municipalidad, en un esfuerzo por apoyar al gobierno central y sofocar los levantamientos, organizó dos compañías adicionales de infantería para fortalecer las filas de la Brigada de Policía. Estas fuerzas jugaron un papel en la contención de los levantamientos, que finalmente fueron sofocados en Loncomilla el 8 de diciembre y en La Serena el 31 del mismo mes, demostrando la implicación directa de la Brigada en asuntos de seguridad nacional y política.

Los desafíos de la Brigada no se limitaron a las intrigas políticas y las revueltas. También enfrentó problemas operativos y administrativos internos. El escaso número de guardianes, por ejemplo, era una preocupación constante, ya que no alcanzaban para custodiar la ciudad de manera eficiente. El 12 de septiembre de 1852, un intento fallido de motín militar en Santiago puso de manifiesto la fragilidad del orden y la necesidad de una fuerza policial más robusta y confiable. Tres días después, el Intendente de Santiago propuso a la municipalidad un aumento tanto de la dotación como de los sueldos de la Brigada. Su argumento era contundente: para que la institución pudiera cumplir eficazmente su rol de mantener el orden, era imperativo que sus miembros recibieran salarios adecuados y justos, lo que a su vez garantizaría la lealtad y la confianza de su personal, atrayendo a individuos de probada integridad. Sin embargo, el Gobierno central se negó a la solicitud de crear un batallón de 448 hombres, una cifra que se consideraba necesaria para una cobertura efectiva. Solo autorizó que la municipalidad realizara las reformas pertinentes con sus propios fondos, lo que se tradujo en un modesto aumento de 40 hombres en la dotación, una mejora insuficiente para las necesidades reales. A pesar de la limitación en el número, los sueldos sí se elevaron, reconociendo la importancia de la remuneración para la estabilidad y el desempeño de la fuerza policial.

La Transición Hacia la Guardia Municipal: Hacia la Modernización

La evolución de las fuerzas policiales en Chile continuó, y con ella, la Brigada de Policía experimentó una transformación fundamental que marcó un nuevo capítulo en la historia del orden público. El 1 de enero de 1860, la Brigada de Policía fue oficialmente reemplazada por la Guardia Municipal de Santiago. Aunque el nombre cambió, esta nueva institución mantuvo gran parte del carácter militar de su predecesora. Su funcionamiento se regía por las estrictas prescripciones establecidas en la Ordenanza General del Ejército para los cuerpos de línea, lo que aseguraba una disciplina férrea y una estructura jerárquica bien definida, casi como una rama militar dedicada a las funciones policiales. Se esperaba que su Comandante supervisara de cerca que todos sus subalternos conocieran a cabalidad sus obligaciones, haciéndolos responsables de cualquier incumplimiento, lo que subraya la importancia de la disciplina y la rendición de cuentas en esta nueva etapa.

Fue en este período cuando la policía chilena comenzó un incipiente proceso de modernización, impulsado en gran medida por las innovaciones introducidas por el Intendente Francisco Bascuñán Guerrero. Su gestión fue clave para mejorar el sistema de servicio, las condiciones materiales de los cuarteles, que a menudo eran precarias, y la calidad de la alimentación de los efectivos, aspectos fundamentales para el bienestar y la moral del personal. Pero quizás uno de los cambios más significativos y duraderos fue el establecimiento, por primera vez, de requisitos claros y específicos para quienes deseaban unirse a las filas de la Guardia Municipal. Ya no bastaba solo con la necesidad o la disponibilidad; ahora se exigía buena conducta, buena salud, tener entre 20 y 45 años de edad, no haber sido procesado judicialmente y, en lo posible, saber leer. Estos criterios buscaban asegurar que los nuevos miembros fueran personas capaces, de intachable moral y con un mínimo de educación, elevando significativamente el estándar del personal policial y sentando las bases para una profesionalización futura.

La importancia de contar con miembros íntegros y bien informados llevó a una iniciativa crucial: la recopilación de todas las disposiciones policiales vigentes desde 1830 hasta 1859 en un único texto. Esta consolidación facilitó enormemente el conocimiento y la aplicación de las normativas por parte de todo el personal, eliminando la dispersión y la ambigüedad. Además, como parte de la profesionalización y la búsqueda de una imagen más unificada, se dictó un reglamento de uniformes el 10 de febrero de 1860, otorgando tenidas de parada y de diario tanto a los oficiales como a la tropa. Esto no solo contribuía a la disciplina, sino también a la percepción pública de la institución. Otra normativa crucial fue la de ascensos, que se realizarían de forma gradual, y se fijó un tiempo mínimo de permanencia en el Cuerpo para poder optar a una promoción, fomentando la experiencia, la lealtad y la meritocracia dentro de las filas policiales.

Vicuña Mackenna y la Continuidad de la Reforma: El Camino a la Civilidad

El impulso modernizador de la policía no se detuvo con Bascuñán Guerrero; por el contrario, cobró nuevas fuerzas con figuras influyentes. En 1875, Benjamín Vicuña Mackenna, en su rol de Intendente de Santiago, continuó con este ambicioso proceso de renovación que buscaba transformar la Guardia Municipal desde sus cimientos. Sus planes abarcaban desde la construcción de un nuevo cuartel central, que ya estaba en marcha y simbolizaba la modernidad, hasta la mejora de los capotes de los soldados, para lo cual se solicitaron modelos a Inglaterra y Estados Unidos, buscando lo más avanzado en equipamiento de la época. Pero más allá de lo material, Vicuña Mackenna tenía una visión transformadora para el carácter mismo de la institución: deseaba que dejara de ser predominantemente militar para adoptar una naturaleza civil. Esta aspiración, sin embargo, tardaría en concretarse, ya que el cambio definitivo hacia una policía de seguridad con un carácter verdaderamente civil no se lograría hasta 1889, con el reemplazo de la Guardia Municipal por la Policía de Seguridad, marcando un hito en la desmilitarización de la función policial.

A pesar de las constantes dificultades administrativas y financieras, que eran una realidad persistente para estas instituciones en desarrollo, Vicuña Mackenna encontró un aliado fundamental en Manuel Chacón Garay, quien asumió la comandancia de la Guardia Municipal en 1864. La gestión de Chacón Garay fue notable y dejó una huella importante en la institución, demostrando una visión pragmática y un compromiso profundo con la seguridad pública. Entre sus logros más destacados se cuenta la enérgica represión del bandidaje, un problema endémico de la época que afectaba gravemente la seguridad rural y urbana, y que demandaba una acción contundente. Además, fue el artífice de la creación de la Sección de Seguridad, popularmente conocida como la “Policía Secreta”. Este cuerpo de élite, dedicado a la investigación y la inteligencia, fue tan crucial para la época que, ante la escasez de recursos, Chacón Garay llegó a pagar a los primeros agentes con su propio sueldo, demostrando su compromiso personal con la eficacia policial. También implementó mejoras operativas, como la modificación de los turnos de trabajo, distribuyendo los dos turnos existentes en tres, lo que optimizó la cobertura y la presencia policial en la ciudad las 24 horas del día.

El legado de Chacón Garay no se limitó a la seguridad interna. Hacia 1879, en el contexto de la Guerra del Pacífico, un conflicto que demandó un esfuerzo nacional, organizó el Batallón Bulnes, una unidad que, bajo el mando del Comandante José Echeverría Lazo, participó activamente en el conflicto bélico. Esta acción demostró la versatilidad y la capacidad de movilización de estos cuerpos, que si bien estaban destinados al orden interno y la seguridad ciudadana, podían ser adaptados y desplegados para satisfacer las necesidades de la defensa nacional en momentos de crisis, subrayando el carácter híbrido, militar y civil, de las fuerzas policiales chilenas en el siglo XIX.

Comparativa de Fases Policiales Tempranas en Chile

Para entender mejor la evolución de las fuerzas de orden en este crucial período de formación del Estado chileno, es útil comparar las características principales de la Brigada de Policía y la Guardia Municipal, instituciones que marcaron hitos en la búsqueda de la seguridad pública:

CaracterísticaBrigada de Policía (1851-1859)Guardia Municipal (1860-1889)
Fecha de Creación27 de diciembre de 1850 (Decreto) / 22 de enero de 1851 (Operativa)1 de enero de 1860
OrigenDecreto Supremo del Gobierno, reemplazando a Vigilantes y SerenosReemplazo de la Brigada de Policía
Carácter PredominanteMilitar (siguiendo estrictamente la estructura del Ejército)Militar (regida por la Ordenanza General del Ejército para cuerpos de línea)
Financiamiento (ejemplos)Municipal (vestuario, caballos, forraje), Maestranza (armamento y reparación)Principalmente municipal, con desafíos y peticiones constantes de aumento de fondos
Requisitos de IngresoNo especificados explícitamente en el texto, con base en la necesidadEstablecidos por primera vez: buena conducta, buena salud, 20-45 años, sin procesamiento, saber leer (idealmente)
Innovaciones ClaveDisolución de Vigilantes y Serenos, estructura militarizada, intervención en asuntos políticosMejora de cuarteles, alimentación, formalización de requisitos de ingreso, unificación de reglamentos, uniformes y ascensos, creación de la Policía Secreta

Preguntas Frecuentes (FAQ)

¿Cuándo se creó la Brigada de Policía en Chile?
La Brigada de Policía fue creada formalmente por un Decreto Supremo del Gobierno el 27 de diciembre de 1850, y entró oficialmente en funciones el 22 de enero de 1851.
¿Cuál fue el contexto político que llevó a la creación de la Brigada de Policía?
Su creación se dio en un período de fuerte agitación social y política en Chile, marcado por el surgimiento de grupos opositores al gobierno de Manuel Bulnes y la proximidad de las elecciones presidenciales de 1851, que llevaron a Manuel Montt al poder. Se buscaba una nueva configuración de las fuerzas de orden tras la disolución de cuerpos como los Vigilantes y Serenos.
¿Qué cuerpos policiales precedieron a la Brigada de Policía?
Antes de la Brigada de Policía, existían los cuerpos de Vigilantes y Serenos en diversas ciudades del país, los cuales fueron disueltos para dar paso a la nueva Brigada.
¿Cómo estaba estructurada inicialmente la Brigada de Policía?
Estaba conformada por una Plana Mayor, tres compañías de caballería con 270 hombres y una compañía de infantería con 100 hombres. Su organización administrativa y económica seguía la estructura del Ejército.
¿Quién financiaba a la Brigada de Policía?
El vestuario, caballos, monturas y forraje eran financiados por el municipio. El armamento y su reparación estaban a cargo de la maestranza del gobierno.
¿Por qué la Brigada de Policía fue controversial?
La oposición política la criticó duramente, percibiendo que no garantizaba la seguridad ciudadana, sino que era una forma encubierta del Gobierno para aumentar la fuerza del ejército permanente sin control del Congreso, ya que al ser municipal, no pasaba por esa regulación constitucional.
¿En qué eventos políticos importantes intervino la Brigada de Policía?
Intervino en la contención de la revolución iniciada por el General José María de la Cruz en Concepción y La Serena en 1851, antes de las elecciones presidenciales, siendo reforzada por la municipalidad para ello.
¿Cuándo fue reemplazada la Brigada de Policía y por qué?
Fue reemplazada por la Guardia Municipal de Santiago el 1 de enero de 1860, como parte de la evolución y modernización de las fuerzas de orden en Chile, buscando una mayor profesionalización y eficiencia.
¿Qué cambios importantes trajo la Guardia Municipal?
La Guardia Municipal, bajo la dirección de Intendentes como Francisco Bascuñán Guerrero y Benjamín Vicuña Mackenna, introdujo requisitos de ingreso (buena conducta, salud, edad, alfabetización), unificó normativas policiales, estableció reglamentos de uniformes y ascensos, mejoró cuarteles y creó la Sección de Seguridad (conocida como Policía Secreta).
¿Cuándo se logró que la policía chilena tuviera un carácter más civil?
Aunque Benjamín Vicuña Mackenna buscó un carácter más civil para la Guardia Municipal en 1875, este cambio no se conseguiría plenamente hasta 1889, cuando la Guardia Municipal fue reemplazada por la Policía de Seguridad, que ya tenía una orientación y estructura más civil.

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