¿Por qué se prohibió el uso de balas de goma como arma policial?

¿Por qué se Prohibió el Uso de Balas de Goma?

10/06/2024

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En el complejo escenario del control de masas y las protestas sociales, la policía recurre a menudo a diversas herramientas con la intención de disuadir y dispersar sin causar daños irreparables. Entre estas, las balas de goma han sido durante décadas una opción predilecta, presentadas bajo la etiqueta de “armas menos letales”. Sin embargo, la historia y la cruda realidad de su uso han pintado un panorama muy diferente, revelando un historial preocupante de lesiones graves, mutilaciones e incluso muertes, lo que ha llevado a un creciente clamor por su prohibición definitiva en numerosos países. Este artículo profundiza en las razones fundamentales detrás de la creciente condena y eventual prohibición de estos proyectiles.

¿Por qué se prohibió el uso de balas de goma como arma policial?
Las balas de goma no respetan el principio de proporcionalidad, ya que pueden causar un daño mayor a los daños que se pretendían evitar. Es por ello urgente, tal como solicitan las asociaciones de afectados como Stop Bales de Goma, la prohibición del uso de los proyectiles de goma como arma policial.

La controversia que rodea a las balas de goma no es reciente. Desde hace años, organizaciones de derechos humanos, colectivos de víctimas y expertos en balística han cuestionado su seguridad y eficacia. A pesar de su diseño supuestamente inofensivo en comparación con la munición real, el impacto de una bala de goma puede ser devastador, transformando lo que se concibe como una herramienta de disuasión en un arma potencialmente letal. La comprensión de sus características y de las consecuencias de su uso es clave para entender por qué su prohibición se ha vuelto una medida urgente y necesaria.

Índice de Contenido

¿Qué Son las Balas de Goma y Cómo Funcionan Realmente?

Las balas de goma son un tipo de munición no letal, o más precisamente, “menos letal”, diseñada para el control de disturbios. Están fabricadas predominantemente de caucho macizo y varían en morfología, desde esferas grandes, mayores que una pelota de tenis, hasta formas cilíndricas con inserciones. La munición utilizada por los cuerpos policiales, como las balas de goma empleadas en España, suele tener un peso de 85 gramos y un diámetro de 54 mm. Estas son disparadas con escopetas específicas, como la Fabarm Sdass Pro Forces de fabricación italiana, y alcanzan velocidades impresionantes de hasta 200 metros por segundo (equivalente a 720 km/h).

A diferencia de la munición convencional, la cantidad de pólvora necesaria para propulsar estos proyectiles es menor. Sin embargo, su masa y velocidad les otorgan una considerable energía cinética. De hecho, un estudio crucial realizado en 1997 por el Science and Technology Options Assessment (STOA), un organismo asesor del Parlamento Europeo, estableció que el límite de 522 julios de energía cinética distinguía a las armas letales de las menos letales. Las balas de goma utilizadas por la policía española, por ejemplo, adquieren 830 julios, superando significativamente este umbral y categorizándolas, de facto, en el rango de armas letales o con alto potencial de causar daño mortal.

La Cruda Realidad: Un Historial de Lesiones Graves y Muertes

La etiqueta de “menos letal” para las balas de goma ha sido desafiada por una alarmante cantidad de víctimas. Los impactos de estos proyectiles pueden causar un abanico de lesiones que van desde hematomas profundos hasta daños orgánicos irreversibles y, trágicamente, la muerte. La naturaleza de su impacto, concentrado en un punto, es capaz de producir traumas de considerable profundidad: un disparo a 50 metros genera un trauma de más de 45 mm, que se eleva a 61 mm si el impacto ocurre a 20 metros.

Entre las lesiones más frecuentes y devastadoras se encuentra la pérdida de visión. Solo en España, desde 1990, más de treinta personas han perdido un ojo a causa de estos proyectiles. Casos emblemáticos como el de Iñigo Cabacas, quien murió en Bilbao por el impacto de una pelota de goma lanzada por la Ertzaintza, o el niño José Luis Alberto Tlehuatlie Tamayo en México, fallecido por un impacto craneal, son testimonios sombríos de su letalidad. En Chile, durante las manifestaciones de 2019, entre veinte y veinticinco personas perdieron la visión de un ojo, y el caso de Fabiola Campillai, quien quedó ciega de ambos ojos tras ser impactada en el rostro mientras esperaba el transporte público, subraya la brutalidad indiscriminada de estas armas. Más allá de la ceguera, las balas de goma pueden causar hematomas cerebrales, perforaciones pulmonares e intestinales, hemorragias internas, y la extirpación de órganos como el bazo, dejando a las víctimas con secuelas permanentes.

Trayectoria Impredecible: Un Riesgo Inaceptable

Uno de los argumentos más contundentes para la prohibición de las balas de goma es la trayectoria impredecible de estos proyectiles. Contrario a la creencia popular de que pueden ser dirigidas con precisión, la realidad balística es que la pelota de goma se deforma al ser disparada. El rozamiento con la bocacha de la escopeta le imprime un efecto giratorio, lo que provoca que su trayectoria no sea recta. Además, una vez que la bala rebota en el suelo o en cualquier superficie, sus posteriores trayectorias son completamente aleatorias y fuera de control. Esta imprevisibilidad significa que un disparo, incluso si se realiza con la intención de impactar en una zona segura, puede terminar golpeando la cabeza, el cuello u otras áreas vulnerables del cuerpo con consecuencias catastróficas.

La naturaleza errática de estos proyectiles hace imposible un uso selectivo o dirigido, lo que se traduce en una aplicación de fuerza arbitraria sobre un grupo. Esta característica fundamental choca directamente con los principios de control de multitudes que exigen precisión y la minimización del daño a terceros.

Protocolos de Uso Ignorados y el Problema de la Impunidad

Las fuerzas policiales suelen contar con protocolos de uso para las balas de goma, que incluyen directrices como disparar a una distancia mínima de 50 metros del objetivo, apuntar al suelo para que el impacto sea indirecto y golpear por debajo de la cintura. La mera existencia de estos protocolos es una admisión tácita del peligro inherente que estas armas entrañan. Sin embargo, el elevado número de víctimas y la naturaleza aleatoria de los impactos demuestran que, en la práctica, estos protocolos son ineficaces o, peor aún, sistemáticamente ignorados.

A esta problemática se suma la impunidad y el corporativismo que, con frecuencia, envuelven las actuaciones policiales. En muchos casos, resulta extremadamente difícil identificar al agente que realizó el disparo causante de una lesión, lo que impide la rendición de cuentas. La falta de sanciones internas a miembros policiales por no respetar los protocolos de uso es una constante que alimenta la desconfianza y perpetúa el riesgo. Esta ausencia de responsabilidad contribuye a que el uso de las balas de goma se perciba como una herramienta de fuerza desproporcionada y arbitraria, sin las salvaguardas necesarias para proteger a la ciudadanía.

El Principio de Proporcionalidad y los Derechos Humanos

El uso de la fuerza por parte de las autoridades debe regirse por el principio de proporcionalidad. Esto significa que la fuerza empleada debe ser estrictamente necesaria y adecuada para lograr un objetivo legítimo, y que el daño causado no debe ser mayor que el daño que se pretende evitar. Las balas de goma, por su capacidad de infligir lesiones graves y permanentes, e incluso la muerte, a menudo violan este principio fundamental.

¿Qué son las balas de goma?
Existen diversas morfologías englobadas en la categoría de 'balas de goma', desde esferas de caucho mayores que una pelota de tenis hasta las de forma cilíndrica con una pieza similar a una pelota de golf incrustada en la parte delantera. La cantidad de pólvora necesaria para disparar esta munición es menor que la convencional.

De conformidad con la normativa internacional de derechos humanos, los Estados tienen la obligación ineludible de evitar el empleo arbitrario o excesivo de la fuerza para hacer cumplir la ley. Cualquier fuerza que se preste a infligir un daño o dolor innecesario contraviene estas directrices. Las organizaciones de derechos humanos han reiterado que las balas de goma, dada su imprevisibilidad y el alto riesgo de causar daños irreversibles, no cumplen con los estándares internacionales de uso de la fuerza y, por lo tanto, deben ser retiradas del arsenal policial.

Un Llamado Internacional a la Prohibición

La preocupación por el impacto de las balas de goma no es un fenómeno aislado. El Parlamento Europeo, ya en 1982, instó a todos los estados miembros a prohibir el uso de este tipo de armas contra la población civil, tras la muerte de 12 personas en Irlanda del Norte, incluyendo siete niños menores de 15 años. Esta solicitud se reiteró en 1984 y nuevamente en 1997, demostrando una preocupación sostenida a lo largo de décadas. A pesar de estas claras advertencias, su uso persistió en varias naciones.

Organizaciones y asociaciones de afectados, como Stop Bales de Goma, han liderado campañas incansables exigiendo la prohibición total de estos proyectiles. Su labor ha sido fundamental para visibilizar las tragedias personales detrás de las estadísticas y presionar a los gobiernos para que adopten medidas. La evidencia acumulada, tanto a través de estudios científicos como de testimonios de víctimas, ha fortalecido el argumento de que estas armas son inherentemente peligrosas y no pueden ser utilizadas de manera segura en contextos de control de multitudes.

Comparativa de Energía Cinética: ¿Realmente Menos Letales?

CaracterísticaArmas "Menos Letales" (Según STOA)Balas de Goma (Uso Policial Español)
Energía Cinética Máxima522 Julios830 Julios
Control de TrayectoriaPrevisible (idealmente)Altamente Impredecible
Riesgo de Lesiones Graves/MuerteBajo (si se usa correctamente)Alto y Demostrado

Esta tabla subraya la clara discrepancia entre el umbral de “menos letalidad” establecido por expertos y la realidad de la energía cinética de las balas de goma en uso, lo cual explica la magnitud de las lesiones que pueden provocar.

Preguntas Frecuentes sobre las Balas de Goma

¿Por qué se considera que las balas de goma son "menos letales"?

Originalmente, se diseñaron con la intención de ser una alternativa a la munición real, buscando disuadir a los manifestantes y controlar disturbios sin causar la muerte. Se utilizan con una carga de pólvora menor y están hechas de materiales flexibles como el caucho, lo que teóricamente debería reducir su potencial letal. Sin embargo, la práctica y la ciencia han demostrado que esta denominación es engañosa, dada la alta energía de impacto y la imprevisibilidad de su trayectoria.

¿Qué países han prohibido o restringido su uso?

Varios países y regiones han prohibido o restringido severamente el uso de balas de goma. En España, por ejemplo, la policía autonómica de Cataluña (Mossos d’Esquadra) prohibió su uso en 2014, aunque otras fuerzas policiales en el país aún las utilizan. Irlanda del Norte fue uno de los primeros lugares donde se instó a su prohibición tras un alto número de víctimas. El clamor internacional y las recomendaciones del Parlamento Europeo han impulsado a más naciones a reconsiderar su empleo.

¿Existen alternativas más seguras para el control de multitudes?

Sí, existen diversas alternativas que se consideran más seguras y controlables para el control de multitudes. Estas incluyen cañones de agua (hidrantes), granadas de sonido y luz (aturdidoras), gases lacrimógenos (aunque también con controversias), y el uso de barreras físicas o tácticas de contención sin proyectiles. La elección de la herramienta debe priorizar siempre la minimización del daño y el respeto a los derechos humanos.

¿Qué se puede hacer para evitar más víctimas?

Para evitar más víctimas, es crucial la prohibición total y efectiva del uso de balas de goma por parte de todas las fuerzas policiales. Esto debe ir acompañado de una mayor transparencia y rendición de cuentas en las actuaciones policiales, asegurando que los agentes que infrinjan los protocolos o hagan un uso desproporcionado de la fuerza sean debidamente sancionados. La educación y la implementación de tácticas de control de multitudes que prioricen la desescalada y el diálogo son también fundamentales.

La historia de las balas de goma es un sombrío recordatorio de que la etiqueta de “menos letal” puede ocultar una capacidad devastadora de infligir daño. El rastro de ceguera, mutilaciones y muertes que han dejado estos proyectiles ha evidenciado su incompatibilidad con los principios de proporcionalidad y respeto a los derechos humanos. El clamor de las víctimas y las recomendaciones de organismos internacionales subrayan una verdad ineludible: la prohibición de las balas de goma como arma policial no es solo una medida deseable, sino una imperiosa necesidad para salvaguardar la integridad y la vida de los ciudadanos.

La sociedad exige a sus fuerzas de seguridad el cumplimiento de la ley con la máxima profesionalidad y el mínimo daño posible. En este contexto, las balas de goma representan un riesgo inaceptable que debe ser erradicado del arsenal policial para siempre, en pos de una seguridad ciudadana que realmente proteja y no mutile.

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