01/08/2026
La reciente alerta en Jamundí, Colombia, por un artefacto explosivo ha vuelto a poner de manifiesto la constante amenaza que representan estos dispositivos, tanto por acciones actuales como por vestigios de conflictos pasados. Mientras en el municipio colombiano la incertidumbre rodeaba la naturaleza y el origen de una explosión, en España, los equipos de élite de la Policía Nacional, conocidos como TEDAX, continúan una labor silenciosa pero vital, desenterrando y neutralizando bombas de la Guerra Civil que, sorprendentemente, siguen apareciendo décadas después. Este artículo explorará ambos escenarios, revelando la complejidad y el riesgo inherente al manejo de explosivos, y la dedicación de quienes nos protegen de ellos.

La tranquilidad de Jamundí, en el Valle del Cauca colombiano, se vio abruptamente interrumpida por un incidente con un artefacto explosivo que, a pesar de su gravedad, careció de un reporte oficial detallado por parte de las autoridades. Sin embargo, los testimonios de testigos oculares delinearon un panorama de afectación, señalando al menos a dos personas heridas como consecuencia de la explosión. Este suceso generó una inmediata reacción y preocupación en la comunidad y en las esferas políticas.
El alcalde de Jamundí, Andrés Felipe Ramírez, utilizó su cuenta oficial de Twitter para confirmar los hechos. Posteriormente, el mandatario trajo algo de alivio al informar sobre la desactivación controlada de otro artefacto explosivo por parte de la unidad antiexplosivos de la Policía Nacional, esta vez sin causar afectaciones, lo que evidenció la presencia y el control de la situación por parte de las fuerzas de seguridad en la zona. La celeridad en la desactivación del segundo dispositivo subraya la pericia y la preparación de los equipos especializados ante este tipo de amenazas.
La situación en Jamundí es tan delicada que trascendió el ámbito local, llegando a la atención del más alto nivel de seguridad nacional. El representante Duvalier Sánchez mantuvo una conversación con el Ministro de Defensa, Iván Velásquez, quien se comprometió a programar un consejo de seguridad de alto nivel. Este consejo tendría como objetivo principal abordar la compleja situación de orden público que afecta tanto a Cali como a Jamundí, lo que sugiere la percepción de una amenaza persistente y organizada.
El contexto de estos atentados se enmarca en la divulgación de un panfleto en redes sociales, presuntamente firmado por disidencias de las Farc. Este documento, según se informó, citaba a comerciantes de Jamundí a un diálogo; sin embargo, la no asistencia de algunos de ellos habría derivado en una preocupante escalada de atentados en el municipio. Esta dinámica apunta a una posible retaliación o a una estrategia de presión por parte de grupos armados ilegales, lo que agrava la sensación de inseguridad entre los habitantes.
Videos difundidos por el diario El País de Cali mostraron la evacuación de un supermercado y el estado del lugar de la explosión en un parqueadero. Las imágenes revelaron un vehículo particular con los vidrios rotos, pero que, sorprendentemente, se mantenía lo suficientemente intacto como para descartar la hipótesis de un carro bomba, lo que sugiere un tipo de artefacto explosivo diferente o una detonación de menor magnitud de lo que se podría haber esperado, aunque igualmente destructiva y peligrosa.
Los Guardianes Silenciosos: La Lucha Incesante de los TEDAX contra el Pasado Explosivo
Mientras Colombia enfrenta los desafíos de la violencia actual, España se enfrenta a los ecos de un conflicto que terminó hace más de 80 años. La unidad de técnicos especialistas en desactivación de artefactos explosivos y nucleares, radiológicos, biológicos y químicos (TEDAX-NRBQ) de la Policía Nacional, junto a sus homólogos en las policías autonómicas, continúa una labor que parece no tener fin: la desactivación de bombas y proyectiles de la Guerra Civil española. Prácticamente cada semana, un nuevo artefacto emerge de la tierra, el agua o las estructuras, recordando un pasado bélico que se resiste a ser olvidado.
La casuística de los hallazgos es tan variada como sorprendente. Los bomberos, en una búsqueda rutinaria de un turista extraviado, tropezaron con 400 proyectiles de artillería y granadas de mortero del bando republicano en el lecho del río Ebro. Arqueólogos, limpiando los vestigios de una muralla árabe en Toledo, descubrieron un proyectil aéreo. Y en Teruel, un buscador de setas se encontró con dos granadas de mano. Estos son solo algunos ejemplos de hallazgos casuales que demuestran lo extendido y latente que permanece este peligro.

Pero no todos los descubrimientos son fortuitos. Algunos son el resultado de accidentes graves, como el de un coleccionista que perdió una pierna al estallarle uno de los casi 400 obuses que, irresponsablemente, guardaba en un almacén. La Ertzaintza tardó varios días en neutralizar todo el arsenal. Hay también situaciones más curiosas, como la de una familia que alertó a las autoridades sobre la "colección" de proyectiles que el abuelo mantenía escondidos en el trastero de su casa de pueblo, un macabro recuerdo de tiempos convulsos.
Los años 2020 y 2021 fueron particularmente activos en cuanto a la aparición de estos vestigios bélicos. Recientemente, un obús del conflicto apareció en la calle Sagasta de Madrid, en plenas obras de reparación del pavimento. Los mismos Tedax que acudieron a este punto habían desactivado otro proyectil de artillería días antes en otra zona de la capital. Estos hallazgos son mucho más frecuentes de lo que el público general podría imaginar, un testimonio de la omnipresencia de la Guerra Civil en el subsuelo español.
Un Legado de Acero y Pólvora: Cifras y Escenarios
Según el inspector jefe de Tedax de la Policía Nacional, Francisco Javier Hernández, quien forma parte del cuerpo desde 1990, las cifras son abrumadoras. Tras el conflicto, entre 1939 y 1942, el Servicio de Recuperación de Material de la Guerra Civil recuperó y destruyó más de 1.3 millones de granadas de mano, 190.000 proyectiles y 3.300 minas. "Son cifras que se corresponden solo a la zona del frente de Madrid y que se encontraron durante tres años de búsqueda, queda muchísimo sin desenterrar", explica Hernández a Newtral.es, subrayando la magnitud del desafío pendiente.
Todos los escenarios son posibles para estos hallazgos: desde el casco histórico de Toledo hasta el centro de Madrid, pasando por reformas en masías rurales, zonas agrícolas de la Comunidad Valenciana o incluso templos religiosos en Teruel. "Los frentes se localizaban en el extrarradio de las ciudades, a medida que aumenta la presión demográfica y se construye más, aparecen los artefactos", detalla a Newtral.es un sargento segundo de la unidad de desactivadores de Mossos d’Esquadra. Esta correlación entre la expansión urbana y los hallazgos es clave para entender la frecuencia de las intervenciones.
Esta dinámica explica por qué, durante la crisis económica, cuando la construcción se paralizó, también lo hicieron los hallazgos de explosivos. Por el contrario, "en la medida que se reactivó la construcción y en la década de los 2000, cuando se alcanzó el techo del auge inmobiliario, encontrábamos artefactos todos los días, era mucho más que cotidiano", recuerda Hernández. La tierra, al ser removida, revela sus secretos más peligrosos.
Los Tedax de la Policía Nacional desactivan anualmente alrededor de 7.250 artefactos, de los cuales una parte significativa corresponde a "munición de gran calibre de la Guerra Civil". La neutralización de estas bombas antiguas constituye el 12% del total de intervenciones que el equipo de artificieros ha realizado desde su creación hace casi medio siglo. La previsión de los artificieros es seguir desactivando bombas de la Guerra Civil durante al menos 25 años más, lo que demuestra la magnitud del trabajo por delante.
La unidad de élite TEDAX-NRBQ se fundó en el seno de la Policía Nacional en 1975. Posteriormente, las policías autonómicas desarrollaron sus propias unidades. "Con ETA muy activa, Interior pidió a los Mossos d’Esquadra que se incorporaran a los Tedax en 1982", relata el sargento segundo de los Mossos. Por su parte, la policía autonómica catalana ha desactivado más de 2.000 artefactos de la Guerra Civil desde 2012, cuando comenzaron a registrar sus propias estadísticas. "En nuestro trabajo diario, desactivar artefactos del conflicto del 36 tiene un peso importante porque en Cataluña tuvieron lugar importantes eventos, como la batalla del Ebro", recuerda el sargento. La Ertzaintza, la policía autónoma vasca, recibió esta demanda de especialización en los años 90.
El Peligro Persistente y la Formación de una Élite
La labor de los Tedax es reactiva: trabajan siempre a demanda, respondiendo a las alertas de ciudadanos, administraciones o constructoras. "Nos llaman administraciones o constructoras cuando hacen movimientos de tierra porque van a construir nuevos edificios, los labradores cuando trabajan la tierra o familias cuando hacen reformas", explican. La frecuencia de estos avisos es mucho más alta de lo que parece, y los hallazgos pueden ocurrir en cualquier lugar, lo que exige una constante vigilancia y preparación.

Para garantizar la seguridad, los Tedax han elaborado un estricto protocolo de actuación. Tras valorar el riesgo del proyectil, el objetivo primordial es tocarlo lo mínimo posible. José Fernández, jefe Instructor de la Unidad de Desactivación de Explosivos (UDE) de la Ertzaintza, enfatiza la extrema peligrosidad de la manipulación de los mecanismos de disparo de estos artefactos militares: "el explosivo siempre funciona con total precisión, aun cuando hayan pasado 100 años desde su montaje". Esta advertencia subraya que el paso del tiempo no disminuye la letalidad de estos dispositivos.
Si es posible, la desactivación se realiza mediante detonación controlada en el mismo lugar del hallazgo, siempre y cuando no haya riesgo de derrumbamientos o daños colaterales. Si no es factible, el artefacto se traslada a un lugar abierto y seguro, como canteras o centros militares, donde su explosión solo genere ruido sin poner en peligro a nadie.
La formación para convertirse en artificiero de élite es extremadamente rigurosa. Entre la Policía Nacional, los Mossos d’Esquadra y la Ertzaintza, operan alrededor de 400 desactivadores de explosivos: unos 300 agentes en la Policía Nacional, 60 en los Mossos y menos de 50 en la Ertzaintza. Para formar parte de este selecto grupo, los aspirantes deben superar 18 meses de intensa formación y entrenamientos, sometiéndose a pruebas eliminatorias a diario. "El proceso selectivo es duro", afirma Hernández.
De una media de 300 opositores que se presentan en cada promoción, solo entre 14 y 16 profesionales logran incorporarse a las filas de los desactivadores de explosivos. "Algunos abandonan, a otros los echamos por no cumplir con las expectativas", señala Hernández. El curso abarca 1.550 horas de materias tan diversas como química, física, biología, electrónica, telecomunicaciones, radiología o meteorología, una preparación exhaustiva que garantiza la máxima competencia en un trabajo donde el más mínimo error puede ser fatal.
La Esencia del Servicio: El Compromiso de los TEDAX
La función de la Policía Nacional y, en particular, de sus unidades especializadas como los TEDAX-NRBQ, trasciende la mera aplicación de la ley. Es un servicio fundamental para la protección de la ciudadanía, un pilar esencial en la seguridad y el bienestar social. La labor de desactivación de explosivos es una de las más peligrosas y especializadas dentro de las fuerzas de seguridad, requiriendo un coraje y una pericia excepcionales.
El siguiente texto, un homenaje a los miembros de la unidad, encapsula la esencia de su sacrificio y dedicación:
"A vosotros:
Que llevasteis a cabo la acción más noble y desinteresada entregando la propia vida por salvar la de vuestros semejantes. Y a los que en las mismas circunstancias fuisteis gravemente heridos, para siempre nuestro respeto y admiración, porque sois los más importante de nuestra historia, y el mejor ejemplo a seguir en nuestro camino."
Dirección General de la Policía - Comisaría General de Información
Este tributo no es solo un reconocimiento a aquellos que han caído o han sido heridos en el cumplimiento de su deber, sino también una declaración de la misión fundamental de estos profesionales: la salvaguarda de vidas. Su trabajo, a menudo realizado en la sombra y con un riesgo extremo, es un testimonio constante de su compromiso con la sociedad. Ya sea desactivando un artefacto moderno en una ciudad convulsa o un obús centenario en un campo de cultivo, los artificieros son la última línea de defensa contra una amenaza invisible pero mortal.
Preguntas Frecuentes sobre Explosivos y los TEDAX
- ¿Qué sucedió con el artefacto explosivo en Jamundí, Colombia?
- Aunque no hubo un reporte oficial detallado, testimonios de testigos indicaron que la explosión afectó al menos a dos personas. El alcalde de Jamundí confirmó el incidente y, posteriormente, la desactivación controlada de otro artefacto explosivo por parte de la Policía Nacional sin causar daños adicionales. La situación llevó a un compromiso del Ministro de Defensa para adelantar un consejo de seguridad.
- ¿Cuántos explosivos antiguos desactivan los artificieros de la Guerra Civil española?
- Los Tedax de la Policía Nacional desactivan unos 7.250 artefactos al año, de los cuales el 12% son munición de gran calibre de la Guerra Civil. Se estima que, 80 años después del conflicto, seguirán encontrando y desactivando este tipo de artefactos durante al menos 25 años más. Las unidades de Mossos d'Esquadra y Ertzaintza también desactivan cientos de estos dispositivos anualmente.
- ¿Dónde se encuentran habitualmente los artefactos de la Guerra Civil?
- Pueden aparecer en cualquier lugar: en el casco histórico de ciudades como Toledo o Madrid, durante obras de construcción o reformas en casas y masías, en zonas agrícolas al remover la tierra, en el lecho de ríos o incluso en templos religiosos. La expansión urbana y las actividades agrícolas son factores clave en su descubrimiento.
- ¿Qué tan peligroso es manipular un explosivo antiguo?
- Extremadamente peligroso. Los expertos advierten que el explosivo militar mantiene su precisión de funcionamiento incluso 100 años después de su montaje. Por ello, la manipulación debe ser mínima y solo realizada por personal altamente cualificado como los Tedax, quienes siguen estrictos protocolos de seguridad para su desactivación o detonación controlada.
- ¿Cómo es la formación para ser un artificiero TEDAX?
- Es un proceso selectivo muy duro, de 18 meses de duración, con pruebas eliminatorias diarias. El curso incluye 1.550 horas de materias como química, física, biología, electrónica, telecomunicaciones, radiología y meteorología. Solo un pequeño porcentaje de los aspirantes, entre el 5% y el 10%, logran superar la formación y unirse a las filas de esta unidad de élite.
Desde los desafíos inmediatos de la seguridad ciudadana en lugares como Jamundí hasta la persistente labor de desenterrar los fantasmas explosivos de la historia en España, el trabajo de los especialistas en desactivación de artefactos explosivos es una constante vital en nuestra sociedad. Los Tedax, con su pericia, valentía y rigurosa formación, son los héroes anónimos que se interponen entre la población y una amenaza que, en sus diversas formas, sigue siendo muy real. Su compromiso es un recordatorio de que, incluso décadas después de que los cañones enmudezcan, la guerra puede seguir dejando su huella explosiva, y que la vigilancia y la especialización son claves para garantizar la seguridad de todos.
Si quieres conocer otros artículos parecidos a Incidentes Explosivos: De Jamundí a los TEDAX puedes visitar la categoría Seguridad.
