Policía en el VRAE: Entre la Lucha y la Corrupción

18/05/2024

Valoración: 4.14 (6950 votos)

El Valle de los Ríos Apurímac y Ene (VRAE) en Perú es una región de una complejidad abrumadora, marcada por la densa vegetación, los profundos valles y, lamentablemente, por ser un epicentro neurálgico en la producción de coca y cocaína. En este escenario, la presencia de las fuerzas del orden, en particular la policía, ha sido históricamente un punto de tensión y controversia. Lejos de ser meros ejecutores de la ley, los acontecimientos de las últimas décadas han revelado una profunda y preocupante implicación de elementos policiales en las redes del narcotráfico, desdibujando la línea entre el combate al crimen y la complicidad con este.

¿Qué ha pasado con los servicios de inteligencia y la policía israelíes en el tiroteo de Plaza Artz?
El presidente de México, Andrés Manuel López Obrador, aseguró este viernes que hay un trabajo conjunto de cooperación entre su gobierno y las autoridades de Israel luego del tiroteo en Plaza Artz, pero aclaró que no hay ninguna intervención de los servicios de inteligencia o de la Policía israelíes.

La pregunta de qué ha pasado con los policías en el VRAE no puede responderse con una simple afirmación de cumplimiento del deber. La realidad es mucho más sombría y compleja, teñida por un entramado de corrupción, alianzas con carteles de la droga y una lucha por la supervivencia económica que ha erosionado la moral y la institucionalidad de la fuerza policial. Este artículo explorará las profundidades de esta problemática, revelando cómo la policía en el VRAE se ha convertido, en muchos casos, en un actor fundamental dentro de la cadena del narcotráfico, operando bajo un manto de impunidad que se extiende hasta las más altas esferas del Estado peruano.

Índice de Contenido

El VRAE: Un Escenario de Batalla y Narcotráfico

El VRAE, junto con la cuenca del Huallaga, es una de las principales zonas cocaleras del Perú. Históricamente, ha sido un bastión de producción de hoja de coca, una planta ancestral con usos tradicionales, pero también la materia prima para la cocaína. La vasta extensión del valle, su geografía intrincada y la presencia de comunidades campesinas que dependen del cultivo de la hoja de coca para su subsistencia, han creado un caldo de cultivo perfecto para el desarrollo de una poderosa industria del narcotráfico. En este contexto, la presencia del Estado, a menudo a través de sus fuerzas armadas y policiales, se ha justificado bajo el pretexto de la lucha contra las drogas y, más recientemente, contra el denominado “narcoterrorismo”. Sin embargo, la realidad ha demostrado que esta presencia no siempre ha sido sinónimo de orden y legalidad, sino más bien de cooptación y corrupción.

La Trama de la Corrupción Policial: ¿Guardianes o Cómplices?

La infiltración del narcotráfico en las filas policiales del VRAE no es un fenómeno aislado, sino una manifestación de una sistematicidad arraigada. Las evidencias y denuncias a lo largo de los años han pintado un cuadro preocupante de agentes que, lejos de combatir el tráfico de drogas, se han convertido en sus facilitadores o, incluso, en participantes activos. Un caso paradigmático, reportado a principios de 2008, reveló que un contingente de 120 policías que operaban en el VRAE, bajo el mando del capitán Omar Guzmán Ayma, trabajaba directamente para una de las firmas de narcotraficantes que operaban en la zona. Su modus operandi era escalofriante: asaltaban a narcotraficantes de firmas rivales para luego entregar la droga a sus empleadores a cambio de un "cupo" o porcentaje.

Dentro de este grupo, sesenta policías actuaban directamente como narcotraficantes, veintisiete se dedicaban a corromper a otros funcionarios y autoridades, y otros treinta y tres permanecían de manera indebida en el VRAE entre cinco y ocho años, superando con creces el máximo de tres años establecido por el reglamento, lo que solo podía ocurrir con la aprobación de altos mandos policiales. En otra localidad del VRAE, Quinua, se documentó cómo policías bajo el mando del capitán Sixto Izaguirre Gallardo asaltaron un laboratorio de una firma de drogas, apoderándose de 50 kilos de cocaína que luego fue hallada en la casa de un narcotraficante de una firma opuesta. Estos incidentes, lejos de ser anomalías, son síntomas de una profunda impunidad que ha permitido que el narcotráfico penetre hasta el tuétano de las instituciones encargadas de combatirlo. La situación es tan grave que, según informes de prensa, hasta el 80% de los oficiales de la región de Tacna, en la frontera con Chile, estaban involucrados en actividades de narcotráfico.

La Santa Alianza: Militares, Policía y Carteles

La relación entre las fuerzas armadas y la policía nacional con las firmas del narcotráfico en el VRAE y otras zonas cocaleras trasciende la mera complicidad; se configura como una "santa alianza" donde la protección y facilitación del tráfico de drogas se negocia como un servicio empresarial. Esta alianza, integrada por el imperio (a través de los bancos que lavan los narcodólares), las firmas de narcotráfico (en su mayoría mexicanas y colombianas), el narcoestado peruano y sus fuerzas armadas y policiales, opera de manera coordinada para garantizar el flujo de la droga.

Los militares y policías no solo ofrecen protección, sino que proporcionan infraestructura vital: helipuertos, aeropuertos clandestinos y hasta el uso de aeronaves del Ejército y buques militares para el transporte de la droga. En el Huallaga y el VRAE, las "tasas" por cada avión que despegaba con pasta básica de cocaína desde aeropuertos clandestinos bajo control militar oscilaban entre 10,000 y 15,000 dólares en 2009, cifras que casi duplicaban las de décadas anteriores. Se estima que las ganancias anuales para las fuerzas armadas, jefes policiales y funcionarios estatales provenientes de esta protección a los narcotraficantes podían oscilar entre 20 y 100 millones de dólares. El mayor EP Evaristo Castillo Aste, exjefe de operaciones del Comando Político Militar del Huallaga en los 90, reveló que la DEA de Estados Unidos poseía fotos y filmaciones de tropas militares cargando sacos de cocaína en bases militares. Además, se sabe que los oficiales, desesperados por sus míseros sueldos, pugnan por ser destinados a estas zonas, regresando a Lima con propiedades y bienes inexplicables, un claro indicio de la lucrativa corrupción.

¿Qué pasó con los policías del VRAE?
Las evidencias se reportan con frecuencia en la prensa, por ejemplo a inicios de Febrero del 2008 se descubrió que 120 policías que operaban en el VRAE al mando del capitán Omar Guzmán Aymatrabajaban para una firma de narcotraficantes que competía con otra en el VRAE.

El Narcoestado Peruano: Un Legado de Impunidad

La corrupción policial y militar en el VRAE no es un fenómeno aislado, sino un reflejo de la corrupción estructural que ha permeado el Estado peruano, convirtiéndolo en lo que muchos han denominado un "narcoestado". Los gobiernos sucesivos, desde Fujimori-Montesinos hasta García Pérez, han mantenido políticas que, lejos de erradicar el narcotráfico, han facilitado su consolidación. La producción de cocaína, lejos de disminuir, ha aumentado, con la gran mayoría de su procesamiento y distribución controlada por carteles extranjeros que operan en connivencia con las fuerzas del orden y el gobierno.

El juicio a Vladimiro Montesinos reveló que las Fuerzas Armadas, a través del Servicio de Inteligencia Nacional (SIN), entregaban mensualmente dinero del narcotráfico al presidente Alberto Fujimori. Este dinero, aunque en parte se destinaba a fines asistenciales, en su mayor proporción terminaba en cuentas bancarias personales de los funcionarios. La economía de la coca se ha convertido en un motor económico crucial para el Perú, llegando a cubrir el 50% del total de las exportaciones legales en los años 90. Las leyes peruanas, heredadas del fujimorismo, garantizan la "privacidad de las cuentas bancarias" y eliminan restricciones al movimiento de dinero extranjero, facilitando el lavado de activos. El Banco Central de Reserva del Perú, incluso, se ha convertido en un comprador habitual de los narcodólares para gestionar la deuda externa. La histórica relación del Partido Aprista (APRA) con el narcotráfico, con figuras como Carlos Lambert, Agustín Mantilla y Manuel Ángel del Pomar Cárdenas, así como la cooptación del Poder Judicial, han asegurado un ambiente de impunidad que favorece la expansión de esta industria ilícita.

La Farsa del "Narcoterrorismo": Desmintiendo el Relato Oficial

Una de las narrativas más persistentes y dañinas en la "guerra contra las drogas" en Perú ha sido la del "narcoterrorismo", que acusa al Partido Comunista del Perú (PCP), también conocido como Sendero Luminoso, de estar involucrado en el tráfico de cocaína para financiar su insurgencia. Esta es, sin duda, un engaño mediático y una estrategia de guerra psicológica diseñada por el imperialismo y sus gobiernos títeres para justificar la intervención militar y deslegitimar a los movimientos que se oponen a sus intereses. Documentos públicos del PCP y testimonios de campesinos del VRAE contradicen esta versión.

El PCP, en contraste con el narcoestado peruano, ha implementado una política antidrogas en las zonas bajo su control. Han incentivado la diversificación agrícola, dedicando al menos un tercio de la producción a cultivos alternativos como yuca, cacao y café. Han establecido precios mínimos para la hoja de coca para proteger a los pequeños agricultores de la explotación de los narcotraficantes. Además, en los "comités populares" (territorios liberados) controlados por el PCP, se han erradicado flagelos como la prostitución, la violación sexual y la drogadicción, que sí campean en las zonas bajo control militar y policial. Las armas del PCP, lejos de ser financiadas por el narcotráfico, provienen de combates directos contra las fuerzas armadas y policiales, o son adquiridas a militares corruptos. La "guerra contra las drogas" se convierte así en un pretexto para la agresión militar y económica, donde el verdadero enemigo son los movimientos que desafían el saqueo de los recursos nacionales.

Violaciones a los Derechos Humanos en el VRAE: La Cara Oculta de la Guerra

La "guerra contra el narcoterrorismo" en el VRAE ha sido, en la práctica, una guerra contra la población civil. La operación "Excelencia 777", lanzada por las fuerzas armadas y policiales en agosto de 2008, es un claro ejemplo de la brutalidad y las crímenes de lesa humanidad cometidos en la región. Lejos de perseguir a los guerrilleros, las tropas se han enfocado en "secar el agua", es decir, en cometer crímenes con impunidad contra civiles desarmados, bajo la excusa de que toda la población es "terrorista".

Casos como el asesinato de Franklin Estalla Enciso en septiembre de 2008, disparado dos veces en el cráneo delante de su familia, o la masacre de la familia Pichardo en Río Seco el mismo mes, son testimonio de esta barbarie. Félix Canchaya Limache, Maximiliano Pichardo Fernández, Jesús Pichardo Fernández y Rosa Chávez Sihuancha, esta última embarazada de cinco meses, fueron detenidos y ejecutados con tiros en el cráneo. La crueldad se extendió a sus dos hijos pequeños, de uno y seis años, que también fueron baleados. Las fuerzas armadas justificaron estos actos calificando a las víctimas de "delincuentes terroristas", una táctica común para encubrir sus crímenes. La "Comisión de la Verdad" ha señalado que muchos de los militares implicados en crímenes de guerra en los años 90 se encuentran actualmente operando en el VRAE, lo que refuerza la idea de una política de exterminio sistemático. La cínica declaración del entonces Ministro de Defensa, Antero Flores Araoz, sobre una de las víctimas ("¿Qué diablos hacía esa mujer en Vizcatán? ¿Estaba rezando el rosario? Recibió su merecido") expone la deshumanización y el desprecio por la vida de los civiles. La "evacuación forzada" de poblaciones, concentrándolas cerca de bases militares para usarlas como escudos humanos, es otra táctica que recuerda las peores prácticas contrainsurgentes. Mientras tanto, las organizaciones de derechos humanos, que suelen ser vocales, han guardado un inexplicable silencio ante estas atrocidades en el VRAE.

Preguntas Frecuentes sobre la Situación en el VRAE

¿Por qué hay tanta coca en el VRAE?

La proliferación del cultivo de coca en el VRAE se debe principalmente al fracaso de las políticas agrícolas del Estado peruano. Para millones de campesinos pobres, el cultivo de coca es la única fuente de ingresos viable y rentable, ofreciendo una ganancia significativamente mayor que otros cultivos como el plátano o el café. A pesar de los esfuerzos de erradicación forzada, que a menudo son violentos y no ofrecen alternativas sostenibles, la coca sigue siendo la base de su subsistencia.

¿Qué pasó con los policías del VRAE?
Las evidencias se reportan con frecuencia en la prensa, por ejemplo a inicios de Febrero del 2008 se descubrió que 120 policías que operaban en el VRAE al mando del capitán Omar Guzmán Aymatrabajaban para una firma de narcotraficantes que competía con otra en el VRAE.

¿Quiénes son los principales beneficiarios del narcotráfico en Perú?

Contrariamente a la creencia popular, los campesinos cocaleros apenas se benefician del 3% del ingreso total generado por la producción de coca y cocaína. Los verdaderos beneficiarios son la "santa alianza": los bancos que lavan dinero, las grandes firmas del narcotráfico (en su mayoría mexicanas y colombianas) y el propio narcoestado peruano, incluyendo a altos mandos militares, policiales y funcionarios corruptos que reciben millones de dólares anuales en "cupos" y sobornos.

¿Es Sendero Luminoso realmente un grupo "narcoterrorista"?

La narrativa de "narcoterrorismo" que vincula al Partido Comunista del Perú (Sendero Luminoso) con el tráfico de drogas ha sido ampliamente desmentida por diversas fuentes. El PCP, en las zonas bajo su control, ha implementado políticas de diversificación de cultivos y protección a los campesinos contra los narcotraficantes. Además, sus armas provienen de combates con las fuerzas armadas o de compras a elementos militares corruptos, no del tráfico de drogas. Esta acusación es vista como una estrategia de guerra psicológica para deslegitimar al movimiento y justificar la intervención militar.

¿Qué papel juegan los militares peruanos en el VRAE?

Los militares peruanos en el VRAE, aunque oficialmente están allí para combatir el narcotráfico y la insurgencia, han sido recurrentemente acusados de complicidad activa con los carteles de la droga. Se les imputa proteger cargamentos, facilitar el uso de aeropuertos clandestinos, e incluso de tener a oficiales de alto rango directamente involucrados en el negocio. La corrupción institucionalizada se ha convertido en una fuente de ingresos para muchos miembros de las fuerzas armadas, quienes operan con una alarmante impunidad.

¿Cómo afecta esta situación a los campesinos cocaleros?

Los campesinos cocaleros del VRAE son las principales víctimas de esta compleja situación. Por un lado, son explotados por los narcotraficantes que les pagan precios irrisorios por la hoja de coca. Por otro lado, son el blanco de la represión militar y policial, que a menudo comete abusos, torturas y asesinatos contra civiles desarmados, bajo el pretexto de combatir el "narcoterrorismo". Viven en un estado de pobreza extrema y son constantemente afectados por la violencia y la falta de oportunidades, atrapados entre dos fuegos.

Conclusión: Un Llamado a la Verdad y la Justicia

La situación de la policía en el VRAE es un reflejo de una problemática mucho más profunda que trasciende la simple delincuencia individual. Es la manifestación de un Estado que ha permitido que la corrupción y el narcotráfico se enraícen en sus instituciones más fundamentales. La "guerra contra las drogas", lejos de ser una lucha por la legalidad, se ha convertido en una fachada para el saqueo de recursos, la represión de movimientos sociales y la perpetuación de un sistema donde la impunidad es la norma.

Las denuncias sobre la complicidad policial y militar con el narcotráfico, los crímenes de lesa humanidad cometidos contra civiles desarmados en el VRAE, y el uso del "narcoterrorismo" como un "chivo expiatorio" para justificar la represión, exigen una profunda reflexión y, sobre todo, acciones concretas. La verdad es que los campesinos del VRAE no están "en medio de dos fuegos", sino que son masacrados por las mismas fuerzas que supuestamente deberían protegerlos, en alianza con los carteles de la droga. Solo un cambio estructural y una verdadera voluntad política, libre de la influencia del narcotráfico y de los intereses imperialistas, podrán traer la paz y la justicia a esta castigada región del Perú.

Si quieres conocer otros artículos parecidos a Policía en el VRAE: Entre la Lucha y la Corrupción puedes visitar la categoría Seguridad.

Subir