20/03/2026
La historia de la seguridad y el orden público en Perú se remonta a los albores de su vida republicana, con la promulgación de la primera Constitución en 1823. Este documento fundamental sentó las bases para la organización de la fuerza armada, que sorprendentemente, incluía desde sus inicios a lo que hoy conocemos como instituciones policiales. Así, el artículo 165 de dicha carta magna establecía la existencia del Ejército, la Milicia Cívica y la Guardia de Policía, dejando claro que las nacientes entidades encargadas de la seguridad interna formaban parte integral de la fuerza armada por mandato constitucional. Esta dualidad inicial marcó el carácter de las primeras fuerzas del orden en el Perú, fusionando roles militares y civiles en una compleja estructura diseñada para proteger la joven República.

Las dos instituciones policiales pioneras que surgieron en este contexto fueron la Guardia Nacional y la Policía propiamente dicha, cada una con roles y alcances distintos pero complementarios. Su evolución a lo largo del siglo XIX refleja los desafíos de una nación en formación, buscando establecer un control efectivo sobre su territorio y garantizar la paz social frente a las constantes amenazas internas y externas. Comprender sus orígenes y desarrollo nos permite apreciar el largo camino recorrido hasta la conformación de las fuerzas policiales modernas.
- La Imponente Guardia Nacional: Custodia del Orden y Reserva Militar
- La Policía Propiamente Dicha y el Nacimiento de la Gendarmería
- La Reorganización Policial de 1873: Un Esfuerzo Integral
- Comparativa: Guardia Nacional vs. Policía (Gendarmería)
- Preguntas Frecuentes sobre los Orígenes Policiales en Perú
La Imponente Guardia Nacional: Custodia del Orden y Reserva Militar
Organizada en 1825 por el Libertador Simón Bolívar, la Guardia Nacional se erigió como una institución de vital importancia para la naciente República Peruana. No era una fuerza policial en el sentido estricto moderno, sino una entidad con una doble misión estratégica. En primer lugar, su objetivo primordial era la conservación del orden público en cada una de las regiones y pueblos del país. Esto implicaba desde la prevención de delitos menores hasta el control de disturbios y el mantenimiento de la tranquilidad ciudadana. En segundo lugar, y no menos importante, la Guardia Nacional constituía una reserva fundamental del Ejército, preparada para intervenir en momentos de crisis mayores, ya fuera para oponerse a cuartelazos internos –golpes de estado o conspiraciones políticas que amenazaban la estabilidad del gobierno– o para actuar en conflictos internacionales que pusieran en riesgo la soberanía nacional.
La composición de la Guardia Nacional era robusta, contando con divisiones de infantería, caballería y artillería, lo que le confería una capacidad operativa considerable. Un aspecto distintivo y democrático de su estructura era la elección de sus jefes y oficiales, desde la clase de coronel en adelante, por asambleas de la propia Guardia Nacional. Esta particularidad le otorgaba un carácter más cercano al pueblo y a las autoridades políticas locales, ya que sus columnas estaban sujetas a las directivas de estas últimas. Gracias a esta organización y a su amplio despliegue territorial, la Guardia Nacional se convirtió en la fuerza más efectiva del siglo XIX para el mantenimiento del orden interno, especialmente en un contexto donde las fuerzas de policía más especializadas eran escasas y no podían cubrir todas las localidades del extenso territorio peruano.
El prestigio de esta institución fue tal que su influencia trascendió el ámbito militar y policial, manifestándose incluso en la esfera pública y cultural. Dos periódicos, cuyos ejemplares se conservan en la Biblioteca Nacional, fueron fundados bajo el nombre de “La Guardia Nacional”. El primero de ellos apareció en 1844, adoptando como lema la célebre y desafiante frase de Cambronne en la batalla de Waterloo: “La guardia muere pero no se rinde”. La lectura del número 7 de este periódico, fechado el 9 de febrero de 1844, revela el noble espíritu de paz y servicio de la institución. En sus páginas se narra un brillante acto de entrada a Ica, donde la conducta de los guardias nacionales fue elogiada por “llenar del todo las esperanzas que habían hecho concebir, [dándoles] un justo derecho a la admiración y a la gratitud de los peruanos”. Años más tarde, en 1873, surgió un segundo periódico también llamado “La Guardia Nacional”, que reafirmaba la necesidad de una fuerza capaz de consolidar la paz y garantizar la libertad. Este medio destacaba a la Guardia Nacional como una institución que, “resumiendo en su seno todos los sanos elementos de la sociedad, es la más popular de las instituciones, porque es el pueblo mismo armado en guarda de sus propios intereses, de sus verdaderos derechos, que son las conquistas de la civilización”. Este testimonio subraya el profundo arraigo y la percepción de la Guardia Nacional como un pilar fundamental de la sociedad peruana de la época.
La Policía Propiamente Dicha y el Nacimiento de la Gendarmería
Paralelamente a la Guardia Nacional, comenzó a configurarse lo que se consideraría la policía propiamente dicha, aunque con un alcance y una organización inicial mucho más limitados. Los primeros “policías” de esta categoría fueron figuras como los comisarios, tenientes, inspectores, serenos, celadores y vigilantes. Su presencia se concentraba principalmente en las grandes ciudades del país, como Lima, Arequipa y el Cuzco, donde la densidad poblacional y la complejidad urbana demandaban una atención más específica a la seguridad ciudadana. Para el servicio rural, existían fuerzas de infantería y caballería con funciones policiales, que con el tiempo evolucionarían.
Un hito crucial en la formalización de estas fuerzas ocurrió el 14 de abril de 1852, bajo el gobierno de José Rufino Echenique, con la creación de la Gendarmería. Esta institución representó un avance significativo en la profesionalización de la policía en Perú. A los gendarmes se les dotó de armamento moderno para la época, como carabinas –un arma ligera que ofrecía mayor comodidad y movilidad al soldado– y sables, elementos que reflejaban su rol de fuerza de seguridad con capacidad de respuesta. Su vestuario también fue estandarizado y distintivo, compuesto por levita, pantalón, capote, botín de paño marrón y corbatín, mientras que los efectivos de caballería llevaban capa, caponas y morrión. El correaje y el equipo de mochila, porta-capote, funda de carabina, alcayata y cantimplora eran similares a los del ejército, evidenciando una conexión con la disciplina y el equipamiento militar.
A pesar de esta modernización y formalización, la Gendarmería enfrentó desafíos importantes, principalmente en cuanto a su cobertura. Su presencia se limitaba a las ciudades más grandes, y su alcance en el ámbito rural era notablemente escaso. Esta limitación territorial significaba que la Gendarmería no podía suplir completamente las necesidades de seguridad en todo el país, lo que a su vez explica la continua y vital importancia de la Guardia Nacional para restablecer el orden interno tras conspiraciones militares o revueltas populares. La coexistencia de ambas fuerzas, con sus respectivas fortalezas y debilidades, delineó el panorama de la seguridad en el Perú decimonónico.
La Reorganización Policial de 1873: Un Esfuerzo Integral
El año 1873 marcó un punto de inflexión en la historia de la policía peruana con la profunda reorganización impulsada por el gobierno de Manuel Pardo. Consciente de las deficiencias y la necesidad de una estructura más cohesionada y eficiente, Pardo dividió la policía en tres ramas principales, buscando abordar de manera integral las diversas facetas de la seguridad y el orden público:
1. La “Organización del Vecindario”
Esta rama representaba un enfoque innovador y participativo para la seguridad ciudadana, al agrupar a los propios vecinos de las ciudades, villas y pueblos en barrios. El objetivo principal era que la comunidad organizada pudiera resistir los ataques de malhechores y contribuir activamente a su propia protección. Cada barrio estaba a cargo de alcaldes y tenientes-alcaldes de barrio, quienes eran elegidos por las respectivas circunscripciones, de conformidad con la convocatoria de la autoridad política local (subprefecto, gobernador o teniente gobernador). Esta estructura descentralizada buscaba empoderar a la ciudadanía y fomentar la colaboración en la prevención del delito, aprovechando el conocimiento local y la capacidad de autoorganización.
2. Los “Servicios Especiales de Policía”
Esta subdivisión de la policía se encargaba de funciones más específicas y adaptadas a distintos entornos y necesidades. Se dividía a su vez en cinco grupos:
- a. Policía de seguridad en los mercados, paseos, teatros y camales: Esta categoría se centraba en la vigilancia y el mantenimiento del orden en espacios públicos de alta concurrencia o de actividad económica específica. Su función era garantizar la seguridad de los ciudadanos y la fluidez de las actividades diarias en estos lugares vitales para la vida urbana.
- b. Policía de establecimientos o empresas particulares como ferrocarriles, fábricas, industrias, etc.: Reconociendo la necesidad de protección en infraestructuras y negocios privados, esta policía operaba en el ámbito de empresas que, por su naturaleza, debían costear su propia seguridad. Sin embargo, su actuación siempre estaba sujeta a la ley y a las directivas de las autoridades gubernativas, asegurando que el control de la fuerza privada no escapara al marco legal y estatal.
- c. Policía Rural: Aunque la Gendarmería tenía una presencia limitada en el campo, esta categoría buscaba formalizar y reglamentar la seguridad en las zonas agrarias. Su funcionamiento se adaptaría según la condición y las particularidades de cada provincia, reconociendo la diversidad geográfica y social del país y la necesidad de soluciones flexibles para el ámbito rural.
- d. La Guardia de Cárceles en las capitales de departamento: Esta función especializada se encargaba de la seguridad y el control dentro de los centros penitenciarios. Es de particular importancia, ya que se considera el antecedente directo de lo que, mucho después, se conocería como la Guardia Republicana, una de las fuerzas policiales especializadas de Perú.
- e. Policía de Puertos: Dada la relevancia de los puertos para el comercio y la comunicación, esta policía se dedicaba a la seguridad en estas zonas estratégicas. Su reglamentación correspondía al ramo de marina, lo que refleja la estrecha relación entre la seguridad portuaria y las actividades marítimas.
3. La “Organización de la Fuerza Pública Permanente”
Esta tercera rama constituía el núcleo de la policía profesional y de carácter permanente. Su misión principal era la conservación del orden, la prevención de los delitos en las ciudades y la provisión de los servicios policiales necesarios para el funcionamiento regular de la sociedad. Esta fuerza representaba el brazo más visible y directo del Estado en materia de seguridad ciudadana, encargada de las tareas cotidianas de vigilancia, respuesta a emergencias y aplicación de la ley. La creación de esta rama consolidó la idea de una fuerza policial profesional y dedicada, sentando las bases para las futuras estructuras policiales del país.
La reorganización de 1873 bajo Manuel Pardo fue un intento ambicioso y estructurado de modernizar y expandir las capacidades policiales del Perú. Al dividir las responsabilidades en áreas específicas y fomentar la participación ciudadana, se buscaba una mayor eficiencia y una mejor adaptación a las diversas necesidades de seguridad del país, desde las grandes urbes hasta las zonas rurales y las infraestructuras críticas.
Comparativa: Guardia Nacional vs. Policía (Gendarmería)
| Característica | Guardia Nacional (1825) | Policía Propiamente Dicha / Gendarmería (1852) |
|---|---|---|
| Fundación | 1825 (Simón Bolívar) | 1852 (José Rufino Echenique) |
| Misión Principal | Conservación del orden público y reserva del Ejército. | Vigilancia y seguridad en grandes ciudades, prevención del delito. |
| Composición | Divisiones de infantería, caballería, artillería. Oficiales elegidos. | Comisarios, serenos, celadores; luego Gendarmería con carabinas y sables. |
| Alcance | Amplio, cubría regiones y pueblos, fuerza efectiva en el siglo XIX. | Limitado a grandes ciudades, escasa presencia rural. |
| Prestigio/Relevancia | Alta, considerada la fuerza más efectiva, objeto de periódicos y elogios. | En desarrollo, profesionalización incipiente, complementaria a la Guardia Nacional. |
| Dependencia | Sujeta a directivas de autoridades políticas locales. | Parte del gobierno central, con equipamiento estandarizado. |
Preguntas Frecuentes sobre los Orígenes Policiales en Perú
A continuación, respondemos algunas de las preguntas más comunes sobre cómo se formaron las primeras fuerzas policiales en el Perú republicano, basándonos en la información histórica disponible:
¿Cuál fue la primera institución con funciones policiales en el Perú republicano?
La primera institución claramente definida con funciones policiales en el Perú republicano fue la Guardia Nacional, organizada por Simón Bolívar en 1825. Aunque también servía como reserva del Ejército, su misión principal incluía la conservación del orden público en todas las regiones y pueblos del país. Su creación y la de la “Guardia de Policía” se enmarcan en el artículo 165 de la Constitución de 1823, que ya contemplaba estas fuerzas como parte de la fuerza armada.
¿Qué papel desempeñó la Gendarmería en la historia policial peruana?
La Gendarmería fue una institución crucial creada el 14 de abril de 1852 bajo el gobierno de José Rufino Echenique. Representó un paso significativo hacia la profesionalización de la policía propiamente dicha. Aunque se les dotó de armamento y vestuario estandarizado, su alcance se limitaba principalmente a las grandes ciudades, y su presencia en el ámbito rural era muy escasa. A pesar de estas limitaciones, fue la primera fuerza policial con una estructura más formal y equipamiento específico para la seguridad urbana.
¿Cómo se diferenciaba la Guardia Nacional de la Gendarmería?
La Guardia Nacional era una fuerza de mayor alcance y versatilidad, con una doble misión de orden público y reserva militar, desplegada en todo el territorio y con oficiales elegidos. Gozaba de gran prestigio y era la fuerza más efectiva del siglo XIX para mantener el orden interno. En contraste, la Gendarmería, creada posteriormente, era una fuerza más especializada en labores policiales urbanas, con equipamiento moderno, pero con una cobertura territorial más restringida y una menor presencia rural. Ambas coexistieron, complementándose en las tareas de seguridad del país.
¿Qué importancia tuvo la reorganización policial de Manuel Pardo en 1873?
La reorganización de 1873, impulsada por el gobierno de Manuel Pardo, fue de suma importancia porque buscó establecer una estructura policial más integral y eficiente. Dividió las funciones policiales en tres ramas principales: la “Organización del Vecindario” (fomentando la participación ciudadana), los “Servicios Especiales de Policía” (cubriendo áreas como mercados, empresas, zonas rurales, cárceles y puertos), y la “Organización de la Fuerza Pública Permanente” (el núcleo de la policía profesional). Esta reforma sentó las bases para una policía más moderna y diversificada, adaptada a las crecientes y variadas necesidades de seguridad del país.
La evolución de las fuerzas policiales en Perú es un reflejo de la construcción de su Estado y sociedad. Desde los mandatos constitucionales iniciales hasta las reorganizaciones que buscaron una mayor especialización y cobertura, cada etapa ha contribuido a forjar la institución que hoy conocemos. El legado de la Guardia Nacional y la Gendarmería, junto con las reformas del siglo XIX, nos recuerda la complejidad y la importancia de quienes, desde los primeros días de la República, asumieron la tarea de mantener el orden y proteger a la ciudadanía.
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