24/04/2024
La pandemia global que azotó al mundo desde 2020 ha dejado una cicatriz imborrable en la sociedad, y Perú no ha sido la excepción. Más allá de las frías estadísticas de contagios y fallecidos, existen miles de historias humanas, de vidas truncadas y sueños postergados. Entre las víctimas menos visibles de esta emergencia sanitaria se encuentran aquellos que, por su vocación de servicio, se mantuvieron en la primera línea de batalla, exponiendo sus vidas para proteger a los demás. Este memorial rinde homenaje a dos de estos valientes, suboficiales de la Policía Nacional del Perú, cuyas vidas y legados son un testimonio del más alto sentido del deber y el sacrificio.

A un año de la detección del primer paciente con Covid-19 en el Perú, y con casi 50.000 vidas perdidas según las cifras oficiales actualizadas al 01 de mayo de 2021, es crucial recordar que cada número representa una persona, con una historia, una familia y un conjunto de recuerdos que perduran. En este artículo, nos adentraremos en las vivencias de Freddy Viena García y Mariano Norman Varela Muñoz, dos hombres que encarnaron la esencia del servicio público hasta sus últimos días, dejando un vacío, pero también un legado imborrable de coraje y humanidad.
- Freddy Viena García: El Compromiso Inquebrantable de un Suboficial
- Mariano Norman Varela Muñoz: Más Allá del Uniforme, un Hombre de Familia y Pasiones
- El Legado de Servicio en la Policía Nacional del Perú
- Preguntas Frecuentes sobre la Policía y la Pandemia
- ¿Cuál fue el papel de la policía durante la pandemia en Perú?
- ¿Cómo afectó la Covid-19 al personal policial?
- ¿Qué medidas de protección se implementaron para la policía?
- ¿Cómo se recuerda a los policías fallecidos en servicio durante la pandemia?
- ¿Qué desafíos enfrentaron los familiares de los policías fallecidos?
Freddy Viena García: El Compromiso Inquebrantable de un Suboficial
Freddy Viena García, nacido en Pucallpa, Ucayali, en 1974, fue un suboficial de la Policía Nacional que a sus 46 años se enfrentó a la disyuntiva más dura de su vida: protegerse del virus o seguir sirviendo a su institución. Sin dudarlo, eligió la segunda opción, una decisión que su hermana Selene intentó disuadir sin éxito. “Ñañito, deja de ir, mira que se está poniendo feo en Iquitos”, le decía ella, a lo que Freddy respondía con una firmeza que revelaba su inquebrantable sentido del deber: “Hermana, no te preocupes, tú sabes que no puedo dejar a mi institución cuando más me necesita.” Esta frase encapsula la esencia de su compromiso con la Patria y la lealtad a su uniforme, a pesar de ser hipertenso y, por ende, una persona de alto riesgo.
La vida de Freddy no fue sencilla desde el principio. La falta de recursos económicos lo llevó a trabajar desde muy joven como conserje y vendedor de gelatinas y juanes en Tingo María y Pucallpa. Estas experiencias forjaron su carácter y su determinación de superación. A los 19 años, decidió forjar un futuro distinto y viajó a Iquitos para postular a la escuela de suboficiales, un paso que marcaría el inicio de su vocación policial.
Una vez graduado, regresó a Pucallpa, sirviendo en zonas complejas como Aguaytía, acechada por la inseguridad, y luego en la comisaría de Manantay. Cinco años antes de su fallecimiento, fue trasladado nuevamente a Iquitos, su último destino, donde se desempeñó en el departamento de Inspectoría de la Policía. Este cambio significó una nueva etapa en su vida, incluso con un nuevo compromiso personal.
Sin embargo, la vida de Freddy también estuvo marcada por momentos difíciles. Cuatro años antes de su muerte, la pérdida de su hermano mayor lo sumió en una profunda depresión, un evento que también derivó en el diagnóstico de su hipertensión. A pesar de estas adversidades, Freddy siempre buscaba la manera de salir adelante, y sus últimos años parecían prometedores. Había comprado una casa en Iquitos, viajado a Lima con su pareja y adquirido una camioneta en Pucallpa. “Se le veía feliz, todo marchaba bien, y de repente…”, recuerda su hermana, con la impotencia de ver cómo la vida puede arrebatarlo todo de golpe.
El 10 de abril, Freddy comenzó a sentir los síntomas del Covid-19: fiebre, dolor de cabeza y malestar general. Inicialmente, pensó que era dengue, ya que su pareja había contraído la enfermedad semanas antes. A pesar de una prueba rápida negativa, los síntomas se intensificaron y fue internado de urgencia en el hospital regional de Iquitos. Allí, la prueba molecular confirmó el temido diagnóstico de Covid-19. Su lucha fue breve. Un mes después de su deceso, el Ministerio del Interior le otorgó un ascenso póstumo, reconociendo la entrega y fidelidad a la institución que tanto amó.
Mariano Norman Varela Muñoz: Más Allá del Uniforme, un Hombre de Familia y Pasiones
Mariano Norman Varela Muñoz, suboficial de la Policía Nacional, nació en Usquil, La Libertad, en 1959. Su vida fue un testimonio de resiliencia, disciplina y un amor incondicional por su familia. Cada atardecer, durante los últimos 15 años de su vida, era recibido en su hogar de San Juan de Lurigancho por el parloteo estridente de sus loros Claudio, Pepa y Pepito, quienes en coro gritaban “¡Papá! ¡Papá! ¡Papá!”. Este ritual, que incluía rascarles la cabeza y darles semillas de girasol, era un reflejo de su ternura y dedicación. Un mes después de su partida, los loros aún lo llaman al caer la tarde, una imagen conmovedora que su esposa Gloria Ramos ahora asume, alimentándolos y explicándoles la ausencia de su padre.
La infancia de Mariano estuvo marcada por el trabajo duro. Desde los ocho años, apoyó la economía familiar laborando en el campo con su padre y vendiendo pan en los cerros con su madre. La escasez no impidió su ingenio; con madera y chapas usadas, se construía sus propios juguetes. Su educación primaria y secundaria, cursada en la provincia de El Santa, Áncash, fue destacada, obteniendo siempre los primeros puestos, un hecho que su esposa Gloria aún guarda con orgullo en sus diplomas.
La vocación policial de Mariano se manifestó a pesar de las advertencias de su padre, quien, al enterarse de sus intenciones, le preguntó: “¿Acaso quieres morir de hambre?”. La respuesta de Mariano, implícita en su vida, fue su adhesión al lema policial: Honor, Patria y Lealtad. Su camino incluyó estudios en la Universidad Nacional de Ingeniería, el cuidado de su madre hasta su fallecimiento en 1980, y finalmente, la elección de servir en la Benemérita Guardia Civil del Perú, la precursora de la actual Policía Nacional.
Su matrimonio con Gloria Ramos, el 20 de octubre de 1984, en la Catedral de Lima, fue un reflejo de su determinación. En enero del año anterior, en pleno Fenómeno del Niño, Mariano recorrió la difícil Carretera Central, sorteando huaicos, para llegar de Áncash a La Oroya y pedir la mano de Gloria a su familia, cumpliendo con las costumbres de la época.
El servicio de Mariano como policía lo llevó a enfrentar los momentos más oscuros de la historia peruana. En los años 80, fue destacado a Huamanga, Ayacucho, una de las zonas más violentas debido al terrorismo. Gloria recuerda cómo la explosión de una bomba en la fachada de la sede local de la Policía de Investigaciones, por donde ella solía caminar, llevó a sus compañeros a creer que había fallecido, una muestra del riesgo constante al que se exponía. Su valentía y compromiso en estas circunstancias son un testimonio de su carácter.

Más allá de su profesión, Mariano cultivaba pasiones que lo definían como un hombre completo. Amaba su viejo Toyota Corolla rojo, que llevaba pintado el nombre de su madre y sus hijos: Omar, Mariano, Rubí y Kevin. Con él al volante, la familia exploró el país y llegó incluso hasta Ecuador, disfrutando de la gastronomía y la aventura. Era un deportista consumado, habiendo completado maratones y sido capitán de un equipo de fútbol. Su amor por su familia era incondicional, y a menudo le cantaba boleros a Gloria, como “Mi linda muchachita” de Segundo Rosero, melodías que hoy, con la voz quebrada, su esposa evoca como recuerdos imborrables.
La segunda semana de mayo, Mariano fue internado en el Hospital Augusto B. Leguía de la PNP debido al Covid-19. Su última comunicación con Gloria fue un tranquilizador “Estoy bien, no te preocupes”. El 16 de mayo, con sus últimas fuerzas, repitió tres veces el nombre completo de su esposa: “Gloria Olinda Ramos Pelayo de Varela, ella es mi esposa”, y luego, con un suspiro, partió. “Cuando un policía muere, nunca muere”, afirma Gloria, un lema que resuena con la verdad de que su honor y servicio perdurarán en la memoria.
El Legado de Servicio en la Policía Nacional del Perú
Las historias de Freddy Viena García y Mariano Norman Varela Muñoz no son casos aislados. Representan a miles de hombres y mujeres de la Policía Nacional del Perú que, durante la pandemia, se mantuvieron firmes en la primera línea. Su rol fue multifacético y crucial, abarcando desde el control del cumplimiento de las cuarentenas y el toque de queda, hasta el apoyo en la distribución de ayuda humanitaria, la seguridad en centros de salud y la lucha contra la delincuencia que no cesó a pesar de la emergencia sanitaria. Estos agentes, al igual que el personal de salud, se convirtieron en el escudo de la sociedad, enfrentando un enemigo invisible y letal con recursos a menudo limitados.
La exposición constante al virus y las precarias condiciones iniciales en cuanto a equipos de protección personal, sumado a la saturación del sistema de salud, hicieron que muchos policías como Freddy y Mariano pagaran el precio más alto. Sus vidas, forjadas en el servicio y el compromiso, se vieron truncadas, pero su ejemplo de abnegación y valentía sigue inspirando a las nuevas generaciones y a la sociedad en general.
La memoria de estos héroes trasciende las cifras y los homenajes póstumos. Permanece viva en los recuerdos de sus familias, en la gratitud de las comunidades a las que sirvieron y en la fortaleza de una institución que, a pesar de las pérdidas, continúa su labor vital. Sus historias nos recuerdan la importancia de valorar a quienes dedican sus vidas a protegernos, no solo en tiempos de crisis, sino en cada jornada.
Comparativa de Dos Héroes Policiales
| Característica | Suboficial Freddy Viena García | Suboficial Mariano Norman Varela Muñoz |
|---|---|---|
| Lugar de Nacimiento | Pucallpa, Ucayali | Usquil, La Libertad |
| Edad al Fallecer | 46 años | 60-61 años |
| Motivación Inicial | Superación económica, vocación de servicio | Respeto al lema policial, vocación |
| Rasgo de Carácter | Inquebrantable sentido del deber | Resiliencia y amor incondicional |
| Experiencia en Zonas de Riesgo | Aguaytía (inseguridad) | Huamanga (terrorismo) |
| Pasiones/Hobbies | Fútbol (no especificado), vida familiar | Conducir (Toyota Corolla), maratones, fútbol, cantar boleros |
| Condición de Riesgo | Hipertenso | No especificado, pero estrés laboral |
| Últimas Palabras/Acciones | "No puedo dejar a mi institución", "Estoy bien" | Repitió el nombre de su esposa antes de morir |
| Legado | Compromiso con la institución, servicio hasta el final | Honor, Patria y Lealtad; amor familiar, ejemplo de vida |
Preguntas Frecuentes sobre la Policía y la Pandemia
¿Cuál fue el papel de la policía durante la pandemia en Perú?
La Policía Nacional del Perú (PNP) desempeñó un rol fundamental durante la pandemia, siendo una de las instituciones clave en la primera línea de respuesta. Sus funciones incluyeron el control estricto del cumplimiento de las medidas de confinamiento, como el toque de queda y la inmovilización social obligatoria, la vigilancia del distanciamiento social en espacios públicos y la disuasión de aglomeraciones. Además, brindaron apoyo en la logística y distribución de ayuda humanitaria, escoltaron convoyes de insumos médicos y mantuvieron la seguridad en hospitales y centros de vacunación. También continuaron con sus labores de prevención y combate de la delincuencia, que no cesó durante la emergencia sanitaria.
¿Cómo afectó la Covid-19 al personal policial?
La Covid-19 tuvo un impacto devastador en el personal policial. Debido a su constante exposición al público y a situaciones de riesgo, los policías estuvieron entre los grupos más afectados por el contagio y, lamentablemente, por las muertes. Muchos, como Freddy Viena y Mariano Varela, tenían condiciones preexistentes que complicaron su estado de salud. La falta inicial de equipos de protección personal adecuados y la saturación de los servicios de salud agravaron la situación, llevando a un alto número de bajas en la institución. El estrés físico y mental por las largas jornadas y el riesgo constante también afectó profundamente a los agentes.
¿Qué medidas de protección se implementaron para la policía?
A medida que la pandemia avanzaba y se comprendía mejor el virus, se implementaron diversas medidas de protección para el personal policial. Inicialmente, hubo escasez y deficiencias, pero con el tiempo se procuró dotar a los agentes de mascarillas, guantes, protectores faciales y desinfectantes. Se establecieron protocolos de bioseguridad para el desempeño de sus funciones, se realizaron pruebas de descarte periódicas y se priorizó la vacunación del personal de primera línea. Además, se habilitaron centros de aislamiento y atención médica exclusivos para policías y sus familiares, aunque la capacidad de estos a menudo fue superada por la magnitud de la crisis.
¿Cómo se recuerda a los policías fallecidos en servicio durante la pandemia?
Los policías fallecidos en servicio durante la pandemia son recordados como héroes nacionales. Su sacrificio es honrado a través de diversos actos conmemorativos, como ascensos póstumos, reconocimientos oficiales, ceremonias militares y memoriales. Sus nombres son inscritos en muros de honor y placas conmemorativas. Más allá de los actos protocolares, el recuerdo más significativo se mantiene vivo en la memoria de sus familias, amigos y compañeros, quienes valoran su valentía, dedicación y el ejemplo de servicio que dejaron. La sociedad peruana les guarda un profundo respeto y gratitud por su inquebrantable compromiso.
¿Qué desafíos enfrentaron los familiares de los policías fallecidos?
Los familiares de los policías fallecidos enfrentaron desafíos inmensos y un dolor indescriptible. Además del duelo por la pérdida de un ser querido, muchos tuvieron que lidiar con la angustia de buscar atención médica en un sistema colapsado, la escasez de oxígeno y camas UCI, y la incertidumbre sobre el futuro. La pérdida de un pilar familiar, como en el caso de Freddy y Mariano, significó no solo un vacío emocional, sino también, en muchos casos, una afectación económica. A pesar de la tristeza, sus familias se han convertido en guardianes de su memoria, compartiendo sus historias para asegurar que su sacrificio no sea olvidado y que su legado de servicio inspire a las generaciones venideras.
Si quieres conocer otros artículos parecidos a Recuerdos de Policías: Héroes de la Pandemia puedes visitar la categoría Policía.
