07/06/2024
En el sombrío amanecer del 11 de marzo de 2004, España se vio envuelta en una de las tragedias más devastadoras de su historia reciente. Los atentados de Madrid no solo dejaron un rastro de destrucción y dolor, sino que también abrieron una compleja investigación policial y judicial para desentrañar la red terrorista detrás de los ataques. En este laberinto de pruebas y testimonios, un objeto aparentemente mundano, una mochila, emergió como una pieza crucial en el rompecabezas. Pero más allá de su contenido mortal, el concepto de 'mochila' también evoca una aventura muy diferente, una exploración de la riqueza cultural y paisajística de un país. Acompáñenos en este recorrido por dos historias dispares, unidas por un mismo objeto, la mochila: una cargada de terror y la otra, de descubrimiento.

El día de los atentados del 11 de marzo de 2004, mientras el horror se apoderaba de Madrid, la labor de las fuerzas de seguridad fue titánica y crucial. En la Estación de Atocha, epicentro de la tragedia, la revisión de los trenes se convirtió en una tarea de alto riesgo. Fue alrededor de las 8:40 horas cuando el inspector jefe del Grupo de Desactivación de Explosivos (GEDEX) de la Brigada Provincial de Madrid del Cuerpo Nacional de Policía, con número profesional 28.296, ordenó una inspección minuciosa. En el primer vagón de uno de los trenes, un miembro de la unidad central de desactivación de explosivos, identificado con el número 66.478, realizó un hallazgo que podría haber evitado una tragedia aún mayor.
Allí, en el centro del vagón, encontró una mochila gris con asas negras. Con la cautela y el profesionalismo que la situación demandaba, el agente la tocó y la abrió apenas unos centímetros, lo suficiente para vislumbrar su contenido: una bolsa azul transparente que contenía una masa blanquecina o marfil, con una textura similar a la plastilina. La sospecha de que se trataba de un artilugio explosivo fue inmediata. Sin dudarlo, el agente la sacó al andén y procedió a desalojar la zona circundante. Al filo de las 10 de la mañana, se intentó su desactivación, pero no se logró. En su lugar, se optó por una explosión controlada, una medida necesaria para neutralizar la amenaza y asegurar el área, aunque esto significara destruir parte de la evidencia.
Este no fue el único hallazgo. Momentos antes de la explosión controlada en Atocha, los equipos GEDEX recibieron un aviso urgente desde la estación de El Pozo: se había encontrado otro artefacto similar. En El Pozo, la Policía Municipal de Madrid (funcionarios 9273-3 y 7801-3) fue la primera en llegar. El agente 7801-3 descubrió, debajo de los asientos del piso inferior del tercer vagón, una mochila negra, de unos 50 centímetros de alto por 30 de ancho, de forma redondeada. En su interior, una fiambrera del tamaño de un plato de la que sobresalían cables rojos y negros, y un teléfono móvil oscuro. La sospecha de artefacto explosivo era clara. Fue trasladada al andén, cerca de una papelera. Posteriormente, los funcionarios del Cuerpo Nacional de Policía 54.868 y 65.255 llegaron al lugar. El agente 54.868 inspeccionó la mochila, observando una bolsa de basura azul traslúcida con una masa blanquecina, cables rojo y azul, y un teléfono móvil boca abajo. Su compañero, el 65.255, intentó la desactivación, resultando también en una explosión controlada.
Un estudio posterior en laboratorio reveló detalles escalofriantes sobre el artilugio desactivado en el Parque Azorín (procedente de la mochila de El Pozo): contenía un mecanismo temporizado y de iniciación eléctrica alimentado por un teléfono móvil marca Mitsubishi Trium. De su carcasa salían dos cables, azul y rojo, conectados a un detonador de cobre, introducido en 10.120 gramos de dinamita plástica. Además, incluía 640 gramos de tornillos y clavos para actuar como metralla. Curiosamente, no explosionó debido a que uno de los cables que partían del teléfono estaba desconectado, pelado en su extremo y torcido, como si hubiera estado empalmado a otro. La concepción, composición y estructura de este artefacto eran idénticas a las de las bombas que sí explosionaron en Atocha y El Pozo, un testimonio de la planificación y uniformidad en la construcción de los dispositivos.
La Trama Logística: Explosivos y Comunicaciones
La investigación se extendió más allá de los vagones y andenes, adentrándose en la red logística que hizo posible la masacre. El teléfono móvil del artefacto desactivado en el Parque Azorín contenía una tarjeta de la compañía AMENA-AUNA (número 652 28 29 63) y su despertador estaba programado para las 7:40 horas, el momento de las explosiones. Se descubrió que Jamal Zougam, socio y gerente del locutorio JAWAL MUNDO TELECOM en la calle Tribulete de Madrid, había suministrado esta tarjeta, parte de un lote de treinta “packs” de tarjetas prepago y terminales Motorola C450.
La dinamita, la Goma 2 ECO utilizada en los trenes y en el piso de Leganés, procedía de la mina Conchita en Belmonte de Miranda, Asturias. La conexión se estableció a través de Rafá Zouhier y Antonio Toro Castro, quienes se conocieron en prisión. Zouhier, confidente de la Guardia Civil, informó sobre el tráfico de explosivos de Antonio Toro y su cuñado, José Emilio Suárez Trashorras, quien había trabajado en la mina. A pesar de la información, la Guardia Civil no realizó un análisis profundo de una muestra de explosivo que Zouhier les entregó. Esta cadena de eventos culminaría en el suministro de dinamita a Jamal Ahmidan, alias 'El Chino', entre finales de octubre de 2003 y principios de enero de 2004, con la intermediación de Suárez Trashorras y Rachid Aglif.
La dinamita era sustraída de la mina aprovechando el nulo control, con la connivencia de mineros y del encargado, Emilio Llano Álvarez, quien justificaba los desfases como errores de anotación. Los explosivos se dejaban escondidos en el monte de la mina para ser recogidos por Suárez Trashorras o sus emisarios. Los días 5 y 9 de enero de 2004, José Emilio Suárez Trashorras organizó el transporte de los explosivos a Madrid, utilizando a Sergio Álvarez Sánchez y Gabriel Montoya Vidal, quienes, a cambio de hachís o dinero, llevaron las bolsas con los explosivos a Jamal Ahmidan en Madrid. El 28 de febrero de 2004, una operación a gran escala se llevó a cabo en la mina Conchita, donde Jamal Ahmidan, Mohamed Oulad Akcha y Abdennabi Kounjaa, junto con Montoya Vidal, cargaron varias mochilas y macutos con explosivos que serían transportados a Madrid en un Toyota Corolla y un Volkswagen Golf.

Tabla Comparativa de Artefactos Explosivos Clave
| Característica | Mochila de Atocha (Vagón 1) | Mochila de El Pozo (Vagón 3) | Artefacto de Leganés (Restos) |
|---|---|---|---|
| Tipo de Contenedor | Mochila gris con asas negras | Mochila negra, forma redondeada | Indeterminado (detonado en piso) |
| Estado al ser hallado | Sospechoso, parcialmente abierto | Sospechoso, con cables y móvil | Restos tras explosión suicida |
| Tipo de Explosión | Controlada (fallo en desactivación) | Controlada (fallo en desactivación) | Suicida (gran explosión) |
| Explosivo | Dinamita plástica (Goma 2 ECO) | 10.120 g de dinamita plástica (Goma 2 ECO) | Aprox. 20 kg de dinamita Goma 2 ECO |
| Mecanismo de Iniciación | Teléfono móvil y detonador | Teléfono móvil Mitsubishi Trium, detonador de cobre | Teléfonos móviles y detonadores |
| Detonadores | No especificado, similar al de El Pozo | Cobre, 64mm, #5, UEB | 238 detonadores eléctricos (cobre/aluminio) |
| Metralla | No especificado, similar al de El Pozo | 640 g de tornillos y clavos | No especificado, pero implícito |
| Motivo de no explosión (si aplica) | N/A | Cable desconectado | N/A (sí explosionó) |
El Legado de Leganés: Un Fin Trágico y una Biblioteca del Terror
La culminación de esta trama terrorista se dio el 3 de abril de 2004 en un piso de la calle Martín Gaite de Leganés. Los funcionarios del Cuerpo Nacional de Policía localizaron el refugio de los terroristas, alquilado por Mohamed Belhadj. Al percatarse de la presencia policial, Abdelmajid Bouchar, uno de los ocupantes, intentó escapar, dejando una bolsa de basura con restos de ADN que lo vincularían al lugar. Los demás, Abdennabi Kounjaa, Rifaat Anouar Asrih, Sarhane Ben Abdelmajid Fakhet, Jamal Ahmidan, Mohamed Oulad Akcha, Rachid Oulad Akcha y Allekema Lamari, atrincherados y armados, decidieron suicidarse. Tras un asedio de varias horas, y ante la inminencia de la entrada de los GEO (Grupo Especial de Operaciones), los terroristas detonaron unos 20 kilogramos de dinamita Goma 2 ECO. La explosión no solo acabó con sus vidas, sino que también mató al subinspector de los GEO, don Francisco Javier Torronteras, y causó graves daños y lesiones a decenas de personas.
El desescombro del piso de Leganés reveló una macabra colección de pruebas: 594 envoltorios de dinamita Goma 2 ECO, 238 detonadores eléctricos, armas como subfusiles STERLING MK2 y una pistola ASTRA, y una vasta cantidad de documentación y materiales relacionados con la yihad. Se encontraron documentos de identidad manipulados por Nasreddine Bousbaa, pasaportes y permisos de conducir falsificados con las fotografías de los terroristas. Además, se recuperaron manuscritos con croquis de posibles objetivos, borradores de los comunicados de los atentados del 11-M, y un papel con números de teléfono, incluyendo el de Saed El Harrak, y un texto incompleto que atribuía la colocación del artefacto en la vía del AVE Madrid-Sevilla.
Las cintas de vídeo y los discos duros de ordenadores revelaron el adoctrinamiento y la ideología radical del grupo. Contenían grabaciones con reivindicaciones de los atentados del 11-M, imágenes de terroristas con armas y chalecos explosivos, vídeos sobre campamentos de Al Qaeda y la organización terrorista Ansar Al Sunnah, e incluso grabaciones del ataque contra el CNI español en Iraq. Los archivos digitales incluían textos doctrinales yihadistas, proselitistas y militares, como “Huellas en el camino” de Sayyed Qtub, y tratados sobre la “necesidad de la emigración de la tierra de los no creyentes a la tierra del islam”. Esta biblioteca del terror ofrecía una ventana escalofriante a la mente de los perpetradores.
¿Qué es 'Un País en la Mochila'?
Contrastando drásticamente con la mochila del horror, la expresión 'Un País en la Mochila' nos transporta a un concepto muy diferente: el de la exploración, el conocimiento y la belleza. Esta frase se asocia de inmediato con el legendario cantautor, escritor y político aragonés José Antonio Labordeta, quien fue el conductor de un aclamado documental seriado televisivo. Esta serie, considerada por muchos como el mejor documental que se ha hecho sobre los entornos más rurales de la Península Ibérica, mostraba la riqueza oculta de España, sus paisajes, sus gentes y sus tradiciones, sin necesidad de ir demasiado lejos.
Labordeta, con su estilo cercano y su voz inconfundible, recorrió el suelo patrio, revelando lugares extraordinarios y la esencia de la España profunda. La idea central de 'Un País en la Mochila' era que la verdadera aventura y el descubrimiento no siempre requieren de viajes transcontinentales, sino que se encuentran a menudo en lo cercano, en lo auténtico, en aquello que se puede llevar en una simple mochila. Su legado inspira a muchos a explorar rincones menos conocidos, a sumergirse en la cultura local y a valorar la diversidad de un territorio.
Un ejemplo de esta inspiración es el reportaje de vídeo para internet sobre la provincia española de Castellón, que buscaba mostrar que esta región es «MUCHO MÁS» que sol y playa. Recorriendo lugares como Peñíscola (cuna del Papa Luna), Morella (montaña medieval) y Vilafamés, el reportaje se propuso capturar la esencia mediterránea, la variedad paisajística, monumental, climática y gastronómica. Desde las fortalezas históricas hasta las rutas de senderismo y las festividades tradicionales, la mochila del viajero se llena aquí de experiencias enriquecedoras, sabores auténticos como la paella o la cuajada morellana, y encuentros con la hospitalidad de sus gentes.
De la Investigación Criminal al Descubrimiento Cultural: Dos Mochilas, Dos Historias
La mochila, un objeto tan común en la vida cotidiana, se convierte en un símbolo poderoso en estas dos narrativas. En el contexto del 11-M, una mochila pasó de ser un contenedor de la muerte a una prueba vital en la investigación. Su hallazgo por la Policía Nacional, su contenido explosivo y su posterior desactivación controlada, marcan un punto de inflexión en la comprensión de la magnitud de los atentados y la sofisticación de la red terrorista. Cada componente, desde los detonadores hasta el teléfono móvil, se convirtió en una pieza clave para desentrañar la trama de los responsables.
Por otro lado, 'Un País en la Mochila' representa la búsqueda de la vida, la cultura y la belleza. Es la mochila del explorador, del aventurero que se sumerge en la autenticidad de un lugar. Es la mochila que contiene no explosivos, sino la curiosidad, la cámara, el cuaderno de viaje, y el espíritu de un pueblo. Estas dos historias, aunque diametralmente opuestas en su naturaleza, nos recuerdan la dualidad de los objetos y cómo, en manos diferentes, pueden encarnar el terror más absoluto o la más pura inspiración. La mochila del 11-M es un recordatorio sombrío de la amenaza terrorista y la valentía policial, mientras que 'Un País en la Mochila' es una invitación a celebrar la riqueza de nuestra tierra y la inagotable capacidad humana para el asombro y el descubrimiento.

Preguntas Frecuentes (FAQ)
Sobre la mochila del 11-M:
¿Quién encontró la mochila explosiva en Atocha?
La mochila gris con el artefacto explosivo fue encontrada en el primer vagón de uno de los trenes en la estación de Atocha por el funcionario de la unidad central de desactivación de explosivos con número 66.478, bajo la supervisión del inspector jefe del GEDEX.
¿Por qué no explosionó la bomba encontrada en la mochila de El Pozo?
El estudio en laboratorio determinó que el artefacto no explosionó porque uno de los cables que partían del teléfono móvil, que actuaba como temporizador y alimentador, estaba desconectado. El cable presentaba signos de haber sido pelado y torcido, como si hubiera estado empalmado.
¿De dónde provenían los explosivos utilizados en el 11-M?
La dinamita utilizada, Goma 2 ECO, procedía de la mina Conchita, ubicada en Belmonte de Miranda, Asturias. Era sustraída de la mina aprovechando la falta de control en el consumo y luego transportada a Madrid por intermediarios.
¿Qué se encontró en el piso de Leganés tras la explosión?
En el piso de Leganés se encontraron restos de explosivos (Goma 2 ECO y detonadores), armas de fuego, documentos de identidad manipulados, papeles manuscritos (incluyendo borradores de comunicados terroristas y croquis de objetivos), libros religiosos, cintas de vídeo con reivindicaciones y adoctrinamiento yihadista, y dispositivos de almacenamiento digital con contenido ideológico y militar.
Sobre 'Un País en la Mochila':
¿Quién fue José Antonio Labordeta?
José Antonio Labordeta (1935-2010) fue un influyente cantautor, escritor, poeta, profesor y político español de origen aragonés. Es recordado por su profunda voz, sus canciones de temática social y su programa televisivo 'Un País en la Mochila', que le dio gran popularidad.
¿De qué trataba el programa 'Un País en la Mochila'?
'Un País en la Mochila' era un programa documental de televisión que exploraba los entornos rurales de España. Labordeta recorría diferentes pueblos y paisajes, mostrando la cultura local, las tradiciones, la gastronomía y la vida de sus habitantes, con un enfoque en la autenticidad y la belleza de lo cercano y menos conocido del territorio español.
¿Qué simboliza la mochila en el contexto del programa?
En el contexto del programa, la mochila simboliza la sencillez del viaje, la autonomía del explorador y la capacidad de llevar consigo lo esencial para descubrir la riqueza oculta de un país, lejos de los circuitos turísticos convencionales. Representa el espíritu de aventura y el deseo de conectar con la esencia del lugar.
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