12/02/2026
La capital peruana fue testigo de una nueva jornada de movilización social, donde miles de ciudadanos, junto a gremios y diversas organizaciones civiles, se congregaron para expresar su profundo descontento con la actual administración gubernamental y el parlamento. El epicentro de este clamor popular se situó en las inmediaciones del Palacio de Justicia, un punto neurálgico que simboliza la búsqueda de equidad y reparación. La presencia de la Policía Nacional del Perú (PNP) fue contundente y estratégica, buscando mantener el orden y garantizar la seguridad en medio de un ambiente cargado de demandas sociales y laborales.

- Las Voces en Palacio de Justicia: Un Clamor por Justicia y Derechos
- Movilización Social: Del Campo de Marte al Corazón de Lima
- El Despliegue Policial: Seguridad y Control en la Capital
- Tensiones y Controles: Incidentes Durante la Marcha
- El Impacto en la Ciudad: Tránsito y Normalidad Relativa
- Preguntas Frecuentes sobre las Manifestaciones
- ¿Por qué se manifestaron los ciudadanos en Lima?
- ¿Cuáles fueron las principales exigencias en Palacio de Justicia?
- ¿Cuántos efectivos policiales se desplegaron y cuál fue su rol?
- ¿Se registraron incidentes violentos durante la marcha?
- ¿Cómo afectaron las manifestaciones el tránsito vehicular en el Centro de Lima?
- ¿Qué organizaciones gremiales participaron en la protesta?
Las Voces en Palacio de Justicia: Un Clamor por Justicia y Derechos
El miércoles se convirtió en un día emblemático para la expresión ciudadana en el Cercado de Lima. Lo que comenzó como una congregación en el Campo de Marte, pronto se transformó en una masiva marcha que serpenteó por las arterias principales del centro histórico, con un destino claro: la avenida Abancay, y más específicamente, los exteriores del Palacio de Justicia. Este edificio, emblema de la administración de la ley, se convirtió en el escenario donde se articularon las principales exigencias de los manifestantes.
El grito más resonante, y sin duda el más emotivo, fue el de la justicia para las víctimas. Los manifestantes exigieron de manera vehemente que se esclarezcan y se responsabilice a los culpables de las muertes ocurridas durante las protestas sociales que sacudieron el país entre diciembre de 2022 y marzo de 2023. Este periodo estuvo marcado por una profunda crisis política y social, y el recuerdo de los fallecidos sigue siendo una herida abierta en el tejido social peruano. La persistencia de esta demanda subraya la necesidad de una rendición de cuentas que, a ojos de los protestantes, aún no ha llegado.
Pero la jornada no solo estuvo teñida de luto y memoria. Coincidiendo con la conmemoración del Día del Trabajo, diversos sindicatos laborales se sumaron a la movilización, inyectando una capa adicional de demandas. Su presencia fue un recordatorio contundente de las precarias condiciones que enfrentan muchos trabajadores en el país. Con un alarmante 70% de la fuerza laboral operando en el sector informal, la exigencia de respeto a los derechos laborales se convirtió en un pilar fundamental de la protesta.
Organizaciones de peso como la Confederación General de Trabajadores del Perú (CGTP), que agrupa a múltiples sindicatos a nivel nacional, y la Central Autónoma de Trabajadores del Perú (CATP), fueron las principales convocantes de este segmento de la marcha. Gerónimo López, secretario general de la CGTP, articuló claramente el propósito de esta movilización: “decirles a los empresarios que somos trabajadores, no somos colaboradores”. Esta frase encapsula la lucha por la dignificación del empleo y la reivindicación de un estatus que va más allá de la mera colaboración, exigiendo salarios justos para los trabajadores activos y pensiones adecuadas para los jubilados, quienes a menudo enfrentan situaciones de vulnerabilidad económica.
López también fue enfático al señalar que el Gobierno actual “no representa a los trabajadores”, instando a la lucha por una “democracia auténtica para los peruanos”. Esta declaración amplía el espectro de las demandas, pasando de lo específico (justicia por muertes, derechos laborales) a una crítica más profunda del sistema político y la necesidad de una representación genuina de los intereses populares.
La dinámica de la protesta inició con una concentración estratégica en el Campo de Marte, un espacio abierto y emblemático que permite la reunión de grandes grupos antes de emprender una marcha. Desde allí, el contingente de manifestantes comenzó su desplazamiento, siguiendo una ruta cuidadosamente planificada que los llevó por algunas de las arterias más transitadas del centro de Lima. El objetivo era claro: hacer sentir su presencia y sus demandas en los puntos neurálgicos de la capital.
La procesión de ciudadanos, gremios y organizaciones civiles avanzó de manera ordenada, aunque decidida, hacia la avenida Abancay, una de las vías principales que conduce directamente hacia el Palacio de Justicia y el Congreso de la República. La magnitud de la movilización fue tal que, al llegar a la avenida Paseo de la República, los manifestantes ocuparon la totalidad de uno de los carriles, extendiéndose a lo largo de aproximadamente cuatro cuadras. Esta ocupación visual y física de un espacio público tan significativo enviaba un mensaje potente sobre la cantidad de personas que se sentían representadas por las demandas planteadas.
La marcha no solo fue un desplazamiento de cuerpos, sino una expresión viva de descontento. Las arengas resonaban en las calles, los cánticos se mezclaban con los gritos de “¡Justicia!” y “¡Respeto a los derechos!”, creando una atmósfera de energía colectiva. La disciplina de los organizadores permitió que, a pesar del gran número de participantes, la movilización mantuviera un flujo constante, aunque inevitablemente generara interrupciones en el tránsito vehicular en las zonas por las que pasaba.
La elección de la ruta y el punto de concentración final en el Palacio de Justicia no fue casual. Representa un símbolo de la búsqueda de soluciones legales y éticas a los problemas que aquejan a la sociedad peruana. Al situarse frente a este poder del Estado, los manifestantes buscaban directamente interpelar a las autoridades sobre sus responsabilidades y la urgencia de atender sus reclamos. La visibilidad de la marcha en el corazón de la capital aseguró que el mensaje llegara no solo a las autoridades, sino también a la opinión pública en general.
El Despliegue Policial: Seguridad y Control en la Capital
Ante la magnitud y el potencial impacto de una movilización de esta envergadura, la Policía Nacional del Perú implementó un despliegue de seguridad masivo y coordinado. Desde las primeras horas del día, cerca de 8,000 efectivos policiales fueron distribuidos estratégicamente a lo largo del Cercado de Lima. Su misión principal era resguardar la Plaza San Martín, un punto tradicional de concentración de protestas, y otros 28 puntos clave identificados como vulnerables a posibles actos de violencia o desorden.
La estrategia policial no se limitó a la presencia estática. Miembros de la PNP, en colaboración con el Serenazgo, realizaron rondas activas en los alrededores de zonas sensibles como el Parque Universitario y el crucial cruce de la avenida Abancay y Nicolás de Piérola. Este patrullaje constante buscaba disuadir cualquier intento de alteración del orden público y garantizar el flujo peatonal y vehicular en la medida de lo posible.
La tecnología jugó un papel crucial en la gestión de la seguridad. La Central de Emergencias 105 de la Policía Nacional atendió un sinnúmero de llamadas relacionadas con la movilización, demostrando la capacidad de respuesta ante cualquier eventualidad. Además, la red de 196 cámaras de videovigilancia distribuidas en el Centro de Lima se convirtió en una herramienta invaluable. Estas cámaras permitieron a las autoridades monitorear en tiempo real el desarrollo de la marcha, identificar rápidamente a personas que pudieran intentar generar actos vandálicos y coordinar la intervención policial de manera eficiente. Este monitoreo constante es vital para la prevención y la posterior investigación de cualquier incidente.
Las estimaciones iniciales de la Policía Nacional del Perú indicaban que la participación en la marcha oscilaría entre tres mil y cuatro mil ciudadanos. Este cálculo permitió a las fuerzas del orden dimensionar el contingente necesario y planificar su despliegue de manera efectiva para resguardar tanto la ciudad como a los propios participantes de la movilización. La presencia policial, aunque imponente, buscaba ser disuasoria y no confrontacional en un inicio, priorizando el mantenimiento del orden público y la protección de la propiedad.
Tensiones y Controles: Incidentes Durante la Marcha
A pesar del esfuerzo por mantener un desarrollo pacífico, las grandes concentraciones de personas y las fuertes emociones que acompañan a las protestas sociales a menudo dan lugar a momentos de tensión. En el caso de esta movilización en Lima, se registraron episodios que pusieron a prueba la capacidad de control de las fuerzas del orden y la paciencia de los manifestantes.

Uno de estos momentos de fricción se produjo precisamente en los exteriores del Palacio de Justicia. Cuando la masa de manifestantes se concentró en este punto, se produjeron minutos de tensión que escalaron a un enfrentamiento directo entre algunos protestantes y los agentes de la Policía Nacional. La dinámica de estos roces suele implicar empujones, lanzamiento de objetos menores y el uso de gases lacrimógenos o escudos por parte de la policía para dispersar o contener a la multitud. Afortunadamente, en esta ocasión, la pronta intervención y la estrategia de contención policial lograron controlar la situación, evitando que el enfrentamiento escalara a mayores consecuencias. La capacidad de la policía para restablecer el orden rápidamente es crucial en este tipo de eventos para evitar daños personales o materiales significativos.
Otro incidente notable que ilustra los desafíos de seguridad en estas movilizaciones fue el registrado cerca de la Plaza San Martín. Un individuo fue detectado apuntando con un láser a los agentes policiales. Esta acción, aparentemente inofensiva, puede ser peligrosa ya que los punteros láser pueden causar daño temporal o permanente en la vista si apuntan directamente a los ojos. Al ser intervenido por los agentes, se descubrió que el sujeto no portaba su Documento Nacional de Identidad (DNI), una infracción que llevó a su detención y traslado a la comisaría de Alfonso Ugarte para las diligencias correspondientes. Este tipo de incidentes, aunque aislados, resaltan la necesidad de la vigilancia policial y la importancia de que los ciudadanos cumplan con las normativas básicas durante las concentraciones públicas.
Las autoridades, tanto del gobierno como de la Municipalidad Metropolitana de Lima (MML), hicieron un llamado constante a la población para que las manifestaciones se desarrollaran sin generar actos vandálicos. Este mensaje preventivo busca diferenciar la protesta legítima de los actos delictivos, y es un recordatorio de que, si bien el derecho a la protesta es fundamental, este debe ejercerse dentro del marco de la ley y el respeto al bien público y la integridad de las personas.
El Impacto en la Ciudad: Tránsito y Normalidad Relativa
Las movilizaciones de gran escala, especialmente en el corazón de una metrópoli como Lima, inevitablemente tienen un impacto en la vida cotidiana de la ciudad. El tránsito vehicular fue uno de los aspectos más afectados en las zonas por donde discurrió la marcha. La ocupación de carriles enteros por parte de los manifestantes generó desvíos y congestión en las avenidas principales del centro, obligando a los conductores y usuarios del transporte público a buscar rutas alternativas y experimentar demoras.
Sin embargo, fuera de las zonas directamente impactadas por la marcha, la situación en el resto del Centro de Lima y sus alrededores se desarrolló con una relativa normalidad. Reportes indicaron que en avenidas como Ucayali, Puno y Cusco, los negocios locales y las playas de estacionamiento comenzaron a operar con su ritmo habitual. De igual forma, en puntos neurálgicos como la Plaza Bolognesi y el Jirón de la Unión, la actividad comercial y el flujo de personas se mantuvieron dentro de la normalidad esperada para un día laborable.
Una medida de precaución adicional que afectó a la población fue la restricción impuesta en los aeropuertos. Solo se permitió el ingreso a los pasajeros que presentaran su ticket de embarque y su DNI, una acción destinada a prevenir cualquier intento de disturbio o aglomeración innecesaria en estas infraestructuras críticas. Esta medida es un ejemplo de cómo las autoridades implementan protocolos de seguridad más estrictos en previsión de posibles contingencias durante jornadas de alta tensión social.
A pesar de las interrupciones puntuales, el balance general de la jornada en términos de convivencia ciudadana y orden público fue manejable. La presencia continua de la Policía Nacional en el Centro de Lima, visible incluso después de que la marcha principal se disolviera, sirvió como un recordatorio constante de la vigilancia y el compromiso de las fuerzas del orden para mantener la tranquilidad en la capital. El monitoreo a través de cámaras de videovigilancia y la capacidad de respuesta de la Central de Emergencias 105 fueron fundamentales para gestionar la situación y responder a cualquier eventualidad de manera oportuna.
Preguntas Frecuentes sobre las Manifestaciones
¿Por qué se manifestaron los ciudadanos en Lima?
Los ciudadanos se manifestaron principalmente para expresar su rechazo al Gobierno de Dina Boluarte y al Congreso de la República. Sus demandas incluyeron justicia para los fallecidos durante las protestas sociales de 2022-2023 y el respeto a los derechos laborales, especialmente en un país con una alta tasa de informalidad.
¿Cuáles fueron las principales exigencias en Palacio de Justicia?
En los exteriores del Palacio de Justicia, los manifestantes exigieron principalmente justicia para las personas que perdieron la vida en las protestas sociales ocurridas entre diciembre de 2022 y marzo de 2023. Además, gremios laborales se unieron para reclamar por el respeto a los derechos laborales, salarios justos y pensiones dignas.
¿Cuántos efectivos policiales se desplegaron y cuál fue su rol?
Se desplegaron cerca de 8,000 efectivos de la Policía Nacional del Perú. Su rol fue resguardar la seguridad, controlar la movilización social, prevenir actos de violencia y vandalismo, y mantener el orden público en puntos clave del Cercado de Lima.
¿Se registraron incidentes violentos durante la marcha?
Sí, se registraron minutos de tensión y un enfrentamiento entre manifestantes y agentes policiales en los exteriores del Palacio de Justicia, que fue controlado. También hubo un incidente con un manifestante que apuntó con un láser a la policía y fue detenido.
¿Cómo afectaron las manifestaciones el tránsito vehicular en el Centro de Lima?
Las manifestaciones afectaron significativamente el tránsito en las avenidas por donde pasó la marcha, como Paseo de la República, donde se ocuparon varios carriles. Sin embargo, en otras zonas del centro como Ucayali, Puno, Cusco, Plaza Bolognesi y Jirón de la Unión, el tránsito y la actividad comercial funcionaron con relativa normalidad.
¿Qué organizaciones gremiales participaron en la protesta?
Las principales organizaciones gremiales que participaron fueron la Confederación General de Trabajadores del Perú (CGTP), que reúne a diversos sindicatos a nivel nacional, y la Central Autónoma de Trabajadores del Perú (CATP).
La jornada de protesta en Lima, con su dualidad de demandas por justicia social y reivindicación laboral, es un reflejo de las tensiones latentes en la sociedad peruana. El papel de la Policía Nacional, en su esfuerzo por garantizar la seguridad y el orden, es crucial en la gestión de estas expresiones ciudadanas, buscando siempre un equilibrio entre el derecho a la protesta y la protección de la convivencia pacífica. La capacidad de una democracia para canalizar estas voces sin caer en la violencia es un termómetro de su salud institucional, y cada jornada de movilización representa un nuevo desafío y una oportunidad para fortalecer el diálogo y la gobernabilidad.
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