¿Qué demandaron los líderes comunitarios y los policías?

La Policía y la Disuasión del Crimen: Estrategias

20/11/2024

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El crimen y el miedo que infunde se han convertido en una preocupación central que afecta directamente el bienestar de los ciudadanos, así como la asignación de recursos de gobiernos, empresas y hogares. En América Latina y el Caribe (ALC), la inseguridad no es solo un tema de debate, sino la principal inquietud de su población. Esta región, que alberga menos del 10% de la población mundial, tristemente concentra un tercio de los homicidios globales, con una tasa regional que triplica el promedio mundial. Ante este panorama, los gobiernos de la región han ensayado diversas alternativas para mitigar el crimen, desde reformas policiales y políticas más punitivas, hasta encarcelamiento masivo, programas de prevención y la incorporación de tecnologías. Sin embargo, surge una pregunta crucial: ¿Es posible disuadir el crimen sin recurrir predominantemente a la incapacitación a través del encarcelamiento? Este artículo explorará las estrategias policiales y las teorías detrás de la disuasión del crimen, analizando su efectividad y los desafíos en el contexto de ALC.

¿Es posible disuadir el crimen sin recurrir a la incapacitación?
Además políticas que puedan disuadir el crimen sin recurrir a la incapacitación mediante el encarcelamiento serán mucho más costo-efectivas porque los agresores que son disuadidos de delinquir no tienen que luego ser identificados, detenidos, procesados, sentenciados y encarcelados, lo cual es muy costoso y complejo.
Índice de Contenido

El Fundamento Teórico de la Disuasión: Un Vistazo Histórico

La idea de que castigos más severos pueden disuadir el crimen no es una novedad, sus raíces se hunden en el Siglo XVIII con figuras como Cesare Beccaria y Jeremy Bentham. Beccaria, en su célebre tratado “Sobre los delitos y las penas” (1764), argumentaba que las penas deben ser tan leves y humanas como sea posible, siempre que sirvan a su propósito principal: impedir al delincuente la comisión de nuevos delitos y disuadir a otros ciudadanos de imitarlos. Su enfoque no era el castigo por el castigo, sino la prevención. Bentham, por su parte, en “Introducción a los principios de la moral y la legislación” (1789), postulaba que las personas realizan un cálculo utilitario de placer (beneficio) y dolor (castigo) antes de actuar, buscando maximizar su bienestar. Para él, las penas debían ser proporcionales al delito y aplicarse con celeridad.

Estas ideas seminales fueron retomadas y sistematizadas por Gary Becker en su trabajo sobre la economía del crimen (1968). Desde esta perspectiva económica, los potenciales criminales sopesan los beneficios y costos esperados de cometer delitos, comparándolos con los de las actividades legales. El costo esperado de delinquir se compone de la probabilidad de aprehensión y la severidad de la sentencia, factores influenciados por la certeza, severidad y celeridad del castigo. Es la configuración de estos parámetros en cada sociedad lo que, en última instancia, determina el nivel de criminalidad.

La Policía como Eje Central de la Disuasión

Dentro de esta ecuación, la policía juega un papel fundamental. La mera presencia policial, su capacidad para responder rápidamente a los llamados de emergencia y su contribución al éxito de las investigaciones criminales, aumentan el costo de delinquir. Al mejorar la certeza y la celeridad del castigo, la policía afecta directamente el cálculo de riesgo-beneficio que un potencial delincuente realiza. Sin embargo, surge la pregunta: ¿Basta con aumentar el tamaño de las fuerzas policiales?

Aunque algunos estudios sugieren que un incremento en el número de policías puede reducir ciertos tipos de delitos en contextos muy específicos y áreas reducidas (como se ha observado en Argentina o Londres), la realidad es que expandir la fuerza policial no siempre es viable ni costo-efectivo. De hecho, ALC ya es una de las regiones con mayor cantidad de policías por habitantes, con una tasa que supera en un 50% la de Estados Unidos y se acerca a la de Medio Oriente. La mayoría de los países de la región tienen significativamente más policías por cada 100,000 habitantes que el promedio mundial, incluso con tasas de homicidios alarmantes. A menudo, el aumento en el número de efectivos se ha realizado sin el reclutamiento, equipamiento y capacitación adecuados, lo que limita su efectividad real.

Más Allá del Número: Hacia una Policía Eficiente

Frente a las restricciones presupuestarias y la necesidad de optimizar recursos, los departamentos de policía en el mundo desarrollado han concentrado sus esfuerzos en utilizar de forma más inteligente los recursos existentes para prevenir el crimen de manera efectiva. La evidencia es clara: el patrullaje aleatorio, no planificado ni enfocado, es ineficaz. Esto se debe a una regularidad empírica fundamental: el crimen no se distribuye uniformemente. Weisburd (2015) la denominó “la ley de concentración del crimen en el espacio”. Tanto en ciudades desarrolladas como en ALC, aproximadamente el 50% del crimen ocurre en tan solo el 5% de las cuadras.

Estrategias de Patrullaje Inteligente: Hotspots y POP

Evaluaciones, principalmente de Estados Unidos y el Reino Unido, han demostrado que las estrategias de patrullaje con un gran énfasis en el espacio (place-based strategies) tienen un considerable poder para disuadir el crimen. Dos enfoques han mostrado reducciones estadísticamente significativas en delitos específicos:

  • Patrullaje en Puntos Calientes (Hotspots): Enfocado en los lugares de máxima concentración del delito. Al dirigir los recursos policiales a estas áreas de alta criminalidad, se logra un impacto desproporcionado en la reducción del delito.
  • Policía Orientada a Problemas (POP - Problem-Oriented Policing): Esta estrategia se basa en detectar y solucionar problemas específicos de la comunidad que contribuyen al crimen. Implica un análisis profundo de las causas subyacentes del delito en un área determinada y el desarrollo de soluciones adaptadas.

Ambas estrategias comparten un uso intensivo de la información estadística y el análisis del crimen. El gran desafío aún por estudiar en profundidad es si estas reducciones son permanentes y si no producen simplemente un desplazamiento del delito a otras zonas, un fenómeno que requiere monitoreo constante.

Desafíos y Oportunidades para la Policía en América Latina

La aplicación de estas estrategias inteligentes en ALC enfrenta varios retos. En primer lugar, es crucial conocer la composición de las fuerzas policiales, sus capacidades técnicas y habilidades para reducir el crimen. Además, la región padece una profunda crisis de confianza en la policía, lo que complica la implementación de cualquier reforma. Para abordar esto, varios departamentos de policía están revisando sus currículos, políticas de reclutamiento, planes de capacitación, mecanismos de rendición de cuentas y esquemas de incentivos, buscando atraer y retener a los mejores profesionales. Ejemplos recientes de estos esfuerzos se han visto en Ecuador, Honduras y Uruguay.

Otro tema crítico es la mejora de la información. Para el estudio del crimen en micro-espacios geográficos, es imperativo mejorar los sistemas de información y las capacidades de análisis criminal. Países como Ecuador y Uruguay en los últimos años, y Colombia y Chile previamente, han avanzado en este sentido. La incorporación de nuevas tecnologías puede acelerar y hacer más eficientes estos procesos, pero su implementación es compleja y no siempre soluciona los problemas de fondo de las instituciones policiales.

El Efecto Disuasorio de las Penas: ¿Severidad o Certeza?

Las penas más severas, y en el extremo el encarcelamiento, influyen en el costo de delinquir por dos vías principales: pueden disuadir el crimen al hacerlo menos atractivo por las sanciones más duras, y pueden reducirlo a través del efecto de "incapacitación". La incapacitación implica que, mientras los criminales están encarcelados, teóricamente están aislados y fuera del mercado laboral ilegal. Sin embargo, la efectividad de la incapacitación también depende de la seguridad dentro de la prisión y de quiénes son los que terminan encarcelados y por cuánto tiempo.

El canal de disuasión, por su parte, opera de dos maneras. Primero, la disuasión por la amenaza de penas severas: en una sociedad con penas más duras y mayor probabilidad de ir a prisión, los potenciales criminales pueden abstenerse por miedo. Estudios en EE.UU. sobre cambios en la probabilidad marginal de ir a la cárcel o sentencias más duras, revelan un bajo efecto del encarcelamiento en la reducción del crimen agregado. Aunque no hay consenso total, la evidencia internacional sugiere que lo que más afecta la disuasión son los aumentos en la probabilidad de aprehensión (donde la policía juega un rol fundamental) y la posterior condena, más que la severidad de sentencias largas. Aumentos en sentencias cortas o cambios en la probabilidad marginal de encarcelamiento, sin embargo, sí parecen tener un efecto disuasorio, lo que indica no-linealidades interesantes que requieren más estudio.

Segundo, la disuasión por la experiencia individual de encarcelamiento: aquellos que ya cometieron delitos y estuvieron en prisión pueden internalizar esta posibilidad para futuras acciones. No obstante, hay poca evidencia que respalde una reducción en la reincidencia por el encarcelamiento; de hecho, existe evidencia de que las estadías en la cárcel pueden tener efectos criminológicos que intensifican las actividades delictivas de los ex convictos.

Incapacitación vs. Disuasión: Un Análisis Comparativo

Para comprender mejor este dilema, veamos los datos de Estados Unidos y América Latina y el Caribe:

Tabla Comparativa: Tasas de Encarcelamiento y Homicidios (1995 vs. 2012)

RegiónAñoReclusos por 100,000 hab.Homicidios por 100,000 hab.
EE.UU.1995595.58
EE.UU.2012709.4 (+19%)5 (Reducción)
ALC1995101.213
ALC2012218.5 (+116%)26 (Aumento)

Fuente: Elaboración propia en base a datos de UNODC y World Prison Brief.

¿Qué intenta hacer la policía para disuadir a la víctima?
La policía puede incluso haber intentado disuadir a la víctima de que denuncie el caso como motivado por prejuicios, lo que hace que la víctima dude de que las autoridades tomen medidas para investigar los hechos en cuestión.

Como se observa, EE.UU. tiene una tasa de encarcelamiento muy alta (más del triple que ALC) y ha visto una notable reducción del crimen. En contraste, en ALC, la población privada de libertad ha aumentado exponencialmente, pero el crimen también se ha incrementado aún más en el mismo período. Esto sugiere que, si bien el encarcelamiento tuvo un rol en la reducción del crimen en EE.UU., no puede explicar por sí solo los grandes descensos y, lo que es más importante, no parece ser la solución mágica para la alta criminalidad en ALC.

La situación del sistema penitenciario en ALC agrava el problema. Factores como el hacinamiento (la ocupación casi duplica la disponibilidad de plazas), la carencia de servicios de rehabilitación y reinserción, la deficiencia en la infraestructura carcelaria y las altas tasas de presos sin condena (hasta el 80% en algunos países) favorecen los efectos criminógenos de la cárcel. La incapacitación se relativiza si hay altos niveles de violencia dentro de la cárcel o si, como reportan ONG y prensa local, hasta el 70% de las extorsiones provienen de la cárcel, convirtiendo la prisión en un centro de operación delictiva.

Preguntas Frecuentes sobre la Disuasión del Crimen

¿Qué intenta hacer la policía para disuadir a la víctima?

La pregunta original parece tener una confusión. La policía no intenta disuadir a la víctima, sino disuadir al delincuente de cometer el crimen. Para ello, busca aumentar el riesgo y el costo de delinquir para el potencial agresor, a través de su presencia, patrullajes efectivos, rápida respuesta y éxito en las investigaciones.

¿Qué es la disuasión del crimen según la teoría económica?

Según la teoría económica del crimen, la disuasión ocurre cuando los potenciales delincuentes, al evaluar los beneficios y costos de cometer un delito, deciden no hacerlo porque los costos esperados (la probabilidad de aprehensión, la severidad y celeridad del castigo) superan los beneficios anticipados.

¿Es efectivo aumentar el número de policías para reducir el crimen?

No necesariamente. Si bien algunos estudios muestran efectos positivos en áreas muy específicas, simplemente aumentar el tamaño de la fuerza policial no es siempre costo-efectivo, especialmente si no va acompañado de mejoras en reclutamiento, equipamiento, capacitación y estrategias de patrullaje inteligente. La calidad y eficiencia de la policía importan más que solo la cantidad.

¿Qué son las estrategias de "hotspots" y "Problem-Oriented Policing"?

Las estrategias de "hotspots" implican enfocar el patrullaje policial en las pequeñas áreas geográficas (puntos calientes) donde se concentra la mayor parte del crimen. El "Problem-Oriented Policing" (POP) es un enfoque que busca identificar y solucionar los problemas subyacentes que generan la criminalidad en una comunidad específica, en lugar de simplemente reaccionar a los incidentes.

¿Por qué el encarcelamiento masivo no ha reducido el crimen en América Latina?

Aunque las tasas de encarcelamiento han aumentado drásticamente en ALC, el crimen también lo ha hecho. Esto se atribuye a varios factores, incluyendo la baja certeza de la justicia (poca resolución de casos e impunidad), condiciones carcelarias que no favorecen la rehabilitación y, en algunos casos, convierten las prisiones en centros de operación delictiva, y el hecho de que la amenaza de encarcelamiento no se percibe como probable para muchos potenciales delincuentes.

Conclusión: Hacia un Enfoque Integral de la Seguridad

Como Beccaria señaló hace siglos: “Lo que más disuade a los ciudadanos de violar la ley no es la exagerada gravedad de la pena, sino la inexorabilidad de la justicia.” La evidencia actual parece respaldar esta máxima. El crimen es muy sensible a la probabilidad de aprehensión y, por lo tanto, a la actuación policial, más que a la severidad de las penas o al encarcelamiento masivo.

Las políticas que pueden disuadir el crimen sin recurrir a la incapacitación mediante el encarcelamiento resultan ser mucho más costo-efectivas. Esto se debe a que los agresores disuadidos de delinquir no tienen que ser identificados, detenidos, procesados, sentenciados y encarcelados, un proceso extremadamente costoso y complejo. En el contexto de América Latina y el Caribe, donde la baja resolución de casos y la impunidad son realidades, la amenaza de encarcelamiento a menudo no se percibe como probable, diluyendo su efecto disuasorio.

En este escenario de reformas policiales y judiciales que atraviesan varios países de la región, los gobiernos deben reflexionar cuidadosamente sobre un portafolio óptimo de políticas de prevención y disuasión. Esto incluye estrategias de patrullaje más inteligentes, mejora de la inteligencia criminal y la certeza de la justicia, y no solo sanciones más duras. El debate es complejo debido a la escasez de evidencia sobre la relación costo-efectividad de las intervenciones alternativas para la región. Sin embargo, comprender la composición de la policía, los efectos del encarcelamiento y las penas óptimas es fundamental para aprender a disuadir el crimen, una pregunta de política pública de primer orden que requiere la colaboración de gobiernos, sociedad civil, organismos multilaterales y la academia.

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