27/03/2025
El lamentable episodio que involucró a Santiago “Chano” Moreno Carpentier, un brote psicótico que culminó con un disparo policial, reavivó un debate crucial en la sociedad: ¿cómo debe actuar la policía frente a una persona armada con un cuchillo, especialmente si atraviesa una crisis de salud mental? La Ley Nacional de Salud Mental 26.657 aboga por la intervención de equipos interdisciplinarios de salud mental, pero la realidad en el terreno a menudo diverge drásticamente, poniendo de manifiesto las carencias en formación y protocolos.

El Dilema de la Proporcionalidad: ¿Arma de Fuego o Estrategia?
La respuesta instintiva y, lamentablemente, frecuente de un agente policial ante una agresión con arma blanca es el uso de su arma de fuego reglamentaria, a menudo con disparos dirigidos al abdomen. Esta reacción, si bien puede ser entendible desde la perspectiva de la autoprotección bajo estrés extremo, ha sido ampliamente criticada por su falta de proporcionalidad y racionalidad. Un cuchillo contra una pistola de 9 mm, y un disparo potencialmente letal, plantea serias dudas sobre la adecuación de la respuesta.
Expertos y ciudadanos coinciden en que la dicotomía “o disparaba o lo apuñalaban” es, en muchos casos, una falacia. Un agente de policía, equipado con un chaleco antibalas que cubre sus órganos vitales y una tonfa, y debidamente entrenado, posee herramientas y capacidades para repeler un ataque con cuchillo y reducir al agresor sin necesidad de recurrir a la fuerza letal. El problema radica en la ausencia de este tipo de formación en las academias policiales, dejando a los agentes con pocas opciones más allá de su arma reglamentaria.
La falta de entrenamiento adecuado no solo expone a los ciudadanos a riesgos innecesarios, sino que también deja a los propios agentes en una situación de vulnerabilidad, forzándolos a tomar decisiones extremas bajo presión. Es fundamental que el énfasis se ponga en técnicas de reducción, desarme y contención, que prioricen la vida y la integridad física de todas las partes involucradas. La preparación psicológica es tan vital como la física, permitiendo a los agentes mantener la calma y tomar decisiones racionales en momentos de alta tensión.
Más Allá de la Bala: Estrategias de Contención y Desarme
La experiencia internacional y el sentido común sugieren que existen múltiples grados en el uso de la fuerza antes de llegar a la opción letal. La policía de Canadá, por ejemplo, maneja una escala de 14 grados, donde la "presencia" es el primer nivel y la fuerza letal, el último. Esta filosofía se basa en el principio de "lo primero es no hacer daño", una consigna que, si bien nació en la medicina, se ha extendido a todos los oficios que implican la interacción con personas en situaciones de vulnerabilidad o crisis.

La implementación de esta filosofía requiere una formación exhaustiva y constante. No se trata solo de buena voluntad, sino de la adquisición de habilidades concretas. Un policía realmente profesionalizado debería ser capaz de desarmar y reducir a un individuo, incluso desquiciado y armado con un cuchillo, sin recurrir al disparo. Esto implica:
- Técnicas de Desarme: Métodos específicos para neutralizar la amenaza del arma blanca y arrebatarla de forma segura.
- Contención Física: Procedimientos para inmovilizar y controlar a un individuo de manera segura, minimizando el riesgo de lesiones.
- Uso de Herramientas No Letales: Capacitación en el empleo efectivo de elementos como la tonfa o los escudos de protección, que permiten mantener una distancia segura y protegerse mientras se busca la reducción.
- De-escalada Verbal: Habilidades de comunicación para calmar a la persona, generar confianza y persuadirla a deponer su actitud agresiva.
La formación actual, en muchos casos, se centra casi exclusivamente en el uso del arma de fuego, descuidando estas otras facetas cruciales que podrían evitar tragedias. La vocación de servicio, aunque importante, no reemplaza la preparación técnica y psicológica necesaria para afrontar estas complejas situaciones. Es una inversión necesaria para la seguridad de todos.
El Rol Crucial de la Salud Mental en las Intervenciones Policiales
Uno de los puntos más álgidos del debate es la idoneidad de la policía para intervenir en situaciones de crisis de salud mental. La Ley Nacional de Salud Mental es clara: la atención debe ser brindada por un equipo de salud mental interdisciplinario. Sin embargo, en la práctica, es común que la policía sea el primer o único actor en llegar al lugar.
Poner a la policía en roles para los que no está capacitada genera tensiones y aumenta el riesgo de respuestas violentas. La falta de capacitación específica en el manejo de personas con brotes psicóticos, delirios o alucinaciones es un factor determinante en los desenlaces desfavorables. No se trata de criticar la buena fe de los agentes, sino de reconocer que ciertas situaciones requieren un abordaje especializado que va más allá de la seguridad pública tradicional.
Es imperativo que parte del financiamiento se redirija a la creación y fortalecimiento de equipos de salud mental especializados en situaciones de crisis. Estos equipos, compuestos por psiquiatras, psicólogos y trabajadores sociales, deberían ser los primeros en responder, con el apoyo policial limitado a la seguridad perimetral si fuera estrictamente necesario. Esto no solo protegería a la persona en crisis, sino que también liberaría a la policía para concentrarse en sus funciones principales, reduciendo la probabilidad de incidentes trágicos. La eficiencia y humanidad de la respuesta estatal se verían significativamente mejoradas.
Un Caso de Éxito: La Intervención en Vigo
Afortunadamente, existen ejemplos que demuestran que una intervención policial no letal es posible y efectiva. Un caso reciente en Vigo, España, ilustra un abordaje ejemplar. Un joven en brote psicótico, encerrado y armado con un cuchillo, amenazaba con autolesionarse. La respuesta coordinada fue clave:
- Coordinación Interinstitucional: La policía llamó inmediatamente a bomberos y servicios médicos (061).
- Acceso Seguro: Los bomberos facilitaron el acceso por un balcón, permitiendo a los agentes entrar de forma segura.
- De-escalada Verbal y Paciencia: Los agentes hablaron con el hombre durante "quince o veinte minutos", intentando calmarlo y ofreciéndole agua, mientras se acercaban lentamente desde diferentes ángulos.
- Táctica de Distracción y Desplazamiento: Un tercer agente, estratégicamente oculto, arrojó un edredón al hombre para desplazarle las manos y evitar que se autolesionara con el cuchillo.
- Reducción y Desarme Coordinado: Este instante fue aprovechado por los otros dos agentes para reducirlo contra un colchón y sujetarle los brazos, mientras el agente que lanzó el edredón le arrebataba el cuchillo.
- Asistencia Médica Inmediata: Una vez controlado, los facultativos del 061 pudieron administrarle un calmante.
Este caso no solo resalta la importancia de la paciencia y la de-escalada, sino también la eficacia de tácticas no convencionales como la distracción, combinadas con una reducción física coordinada. Demuestra que, con el entrenamiento adecuado y la coordinación entre diferentes cuerpos, es posible resolver una situación de alto riesgo sin necesidad de recurrir a la fuerza letal. Es un modelo a seguir para futuras intervenciones.

Herramientas y Protocolos: Hacia un Futuro Más Seguro
La discusión sobre el uso de Tasers, o dispositivos de electrochoque, también forma parte de este debate. Si bien no son la solución universal y su uso en pacientes psiquiátricos puede ser cuestionable, son, sin duda, una opción menos dañina que una pistola de 9 mm. Sin embargo, la clave no reside en una única herramienta, sino en el desarrollo y la aplicación rigurosa de protocolos de actuación claros y actualizados.
Estos protocolos deben detallar una escala de uso de la fuerza que priorice la de-escalada, la persuasión y las técnicas de reducción no letales. Deberían establecer cuándo y cómo intervenir los equipos de salud mental, cuándo es apropiado el uso de herramientas intermedias (como la tonfa o las Tasers, si se decide su implementación) y cuándo, solo como última ratio y bajo circunstancias extremas, se justifica el uso de la fuerza letal.
La creación de divisiones policiales especializadas en el manejo de crisis de salud mental o en situaciones de alto riesgo con individuos armados con cuchillos, dotadas del entrenamiento y el equipamiento adecuado, es una necesidad urgente. El concepto de seguridad debe evolucionar, priorizando la vida y la contención sobre la respuesta punitiva, especialmente cuando la persona en crisis no es un delincuente, sino alguien que necesita ayuda urgente. La inversión en estas áreas no solo salvará vidas, sino que también fortalecerá la confianza pública en las fuerzas de seguridad.
Preguntas Frecuentes sobre la Intervención Policial y Ataques con Cuchillo
- ¿Es siempre necesario el uso de la fuerza letal ante un ataque con cuchillo?
- No. Aunque un ataque con cuchillo es una situación de alto riesgo, existen técnicas de desarme, contención y uso de herramientas no letales que, con el entrenamiento adecuado, permiten a los agentes repeler el ataque y reducir al agresor sin recurrir a disparos letales. La fuerza letal debe ser siempre la última ratio.
- ¿Qué papel juegan los profesionales de la salud mental en estas situaciones?
- Un papel crucial. La Ley Nacional de Salud Mental establece que las crisis deben ser abordadas por equipos interdisciplinarios de salud mental. Su presencia y liderazgo en la escena pueden facilitar la de-escalada, la contención y el abordaje adecuado de la persona en crisis, minimizando la necesidad de una intervención policial basada en la fuerza.
- ¿Existen alternativas al uso de armas de fuego para repeler ataques con cuchillo?
- Sí. Además del entrenamiento en técnicas de desarme y contención física, los agentes pueden utilizar herramientas como la tonfa, escudos de protección, y en algunos contextos, dispositivos de electrochoque (Tasers), siempre bajo protocolos estrictos y evaluando la idoneidad para cada situación. La distracción y la de-escalada verbal son también herramientas poderosas.
- ¿Cómo se entrena a la policía para estas situaciones?
- Actualmente, el entrenamiento puede ser insuficiente en muchas fuerzas policiales, centrándose más en el uso del arma de fuego. Es fundamental implementar programas de formación que incluyan técnicas de desarme, contención, uso de herramientas no letales, manejo de crisis de salud mental, y habilidades de comunicación para la de-escalada. La práctica constante es clave para la efectividad.
- ¿Qué son los protocolos de uso de la fuerza y por qué son importantes?
- Los protocolos de uso de la fuerza son guías detalladas que establecen los pasos y niveles de respuesta que un agente puede emplear en diferentes situaciones. Son importantes porque proporcionan un marco legal y ético para la actuación policial, aseguran la proporcionalidad de la respuesta, protegen tanto al público como a los agentes, y promueven la rendición de cuentas. Deben ser actualizados y revisados constantemente para adaptarse a las nuevas realidades y conocimientos.
En definitiva, la seguridad de la comunidad y la integridad de los agentes no dependen únicamente de la capacidad de respuesta armada. Un enfoque integral, que priorice la formación en técnicas de de-escalada y contención, el uso estratégico de herramientas no letales, la coordinación con profesionales de la salud mental y la aplicación de protocolos modernos, es el camino hacia intervenciones más seguras y humanas. Es hora de que el concepto de seguridad evolucione para proteger y servir de manera más efectiva a todos los ciudadanos, incluso en los momentos más críticos.
Si quieres conocer otros artículos parecidos a Respuesta Policial ante Cuchillo: Dilemas y Soluciones puedes visitar la categoría Policía.
