18/04/2026
En el corazón de la Base Naval del Callao, a orillas del Pacífico, se alza una prisión envuelta en misterio y conocida con un nombre que evoca la justicia implacable: Némesis, la diosa de la venganza. Este recinto, donde los presos se cuentan con los dedos de las manos y las visitas son minuciosamente controladas, alberga a figuras de alto perfil, entre ellos, Víctor Polay Campos, comandante en jefe del Movimiento Revolucionario Túpac Amaru (MRTA), una organización político-militar que insurgió en armas en Perú durante la década de los 80. Su historia, marcada por la militancia, la fuga y un aislamiento prolongado, es un testimonio de la compleja realidad de los presos políticos en el país.

El trayecto hacia Némesis es, en sí mismo, una experiencia de tensión y control. El relato de los visitantes describe un viaje que atraviesa los barrios más humildes y violentos del puerto del Callao, culminando frente a un retén de marinos armados que impiden el ingreso. Desde ese punto, una atmósfera de gran tensión se apodera del ambiente, con agentes de la marina uniformados y armados que exigen explicaciones detalladas sobre la presencia de cualquier persona. Múltiples retenes y rigurosos controles son la norma, todo ello en un silencio que presagia la severidad del lugar. Este riguroso protocolo subraya la naturaleza especial de la prisión y el estatus de sus internos.
Víctor Polay Campos: Una Vida de Militancia y Encierro
Nacido en el Callao el 6 de abril de 1951, Víctor Polay Campos proviene de una destacada familia aprista, ligada a uno de los partidos más antiguos y emblemáticos del Perú, el Partido Aprista Peruano (APRA). Su infancia y juventud estuvieron imbuidas de la militancia en esta organización política. Sin embargo, su camino tomaría un giro radical tras su primera detención en 1972, acusado por el Fuero Policial de participar en actividades contra la dictadura militar. Aquella vez, su reclusión en el Penal de Lurigancho, hoy uno de los más hacinados del país, fue breve, pero sentaría las bases de un compromiso político que lo llevaría a las profundidades del conflicto armado interno.
Tras su liberación, Polay viajó a Europa, donde amplió sus horizontes académicos estudiando Sociología y Economía Política en la Universidad Complutense de Madrid y en La Sorbona de París. Fue en este período en el extranjero donde su militancia política evolucionó, abandonando el APRA para unirse al Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR). Al retornar a Perú cinco años después, su compromiso con la causa revolucionaria lo llevó a integrarse en el Movimiento Revolucionario Túpac Amaru (MRTA), la organización que definiría el resto de su vida.
Un Recorrido Carcelario: Fugas y Recapturas
La trayectoria de Víctor Polay Campos no solo se caracteriza por su militancia, sino también por una serie de detenciones y espectaculares fugas que lo convirtieron en una figura icónica de la insurgencia. En 1989, fue detenido en la ciudad andina de Huancayo, sumándose al contingente de presos del MRTA e ingresando en el Penal de Canto Grande, considerado entonces el primer penal de máxima seguridad moderno en el país. Desde el primer momento de su encierro, la organización para una evasión fue prioritaria.
Emulando célebres fugas como las de los Tupamaros en Montevideo o la del penal de San Carlos en Venezuela, Polay y 47 de sus compañeros protagonizaron en 1990 la famosa fuga del túnel, una obra de ingeniería clandestina construida de afuera hacia adentro. Este audaz escape les permitió continuar sus actividades dentro del movimiento. Sin embargo, su libertad sería efímera. Apenas dos años más tarde, Polay fue recapturado y recluido en el Penal de Yanamayo, ubicado en el altiplano, a más de 4.000 metros de altura, en condiciones extremas. Esta última caída coincidió con el autogolpe de Alberto Fujimori, un período en el que se disolvió el Congreso y se intervino el poder judicial, estableciendo una dictadura que se caracterizó por graves violaciones a los derechos humanos.
El traslado de Polay desde Yanamayo a la Base Naval del Callao fue un calvario. Él mismo relata haber sido torturado, “para hacernos bajar la cabeza como se hace a los toros antes de salir al ruedo”, y obligado a vestir trajes a rayas. Durante el viaje en avión, las amenazas de ser arrojado desde la aeronave por orden directa de Fujimori eran constantes. Sin embargo, la resistencia fue una constante. Al llegar a la Base Naval, todas sus pertenencias y ropas fueron confiscadas, recibiendo solo un mameluco, dos pares de medias y dos calzoncillos. El contacto con el exterior era nulo, la alimentación se realizaba por una pequeña ventanilla y el trato del personal, siempre encapuchado, era agresivo y prepotente.
El Régimen de Némesis: Un Aislamiento Inhumano
Durante más de un año, Víctor Polay estuvo en completo aislamiento, sin ver ni hablar con nadie. La incertidumbre y el temor a ser ejecutado en cualquier madrugada eran una constante. Fue solo en mayo de 1994 cuando su familia pudo visitarlo por primera vez. El régimen en Némesis para los dirigentes del MRTA, denominado de “silencio y reflexión”, fue particularmente cruel e inhumano hasta la caída de la dictadura a fines del 2000.
A diferencia de los dirigentes senderistas, quienes supuestamente gozaban de ciertas “gollerías” por “acuerdos de paz” y pasaban el día juntos, los líderes del MRTA permanecían completamente aislados. Sus salidas al patio se limitaban a 10 minutos al día, siempre en solitario, sin posibilidad de verse entre ellos. Todas sus actividades se realizaban en soledad, sin acceso a libros, revistas, periódicos, radio o televisión. Ni siquiera disponían de un espejo para mirarse, un reloj para saber la hora o un calendario para conocer el día. Las visitas familiares eran de apenas 30 minutos al mes, siempre con la presencia de un comandante.
El siguiente cuadro comparativo ilustra las condiciones de reclusión en Némesis en distintos períodos:
| Aspecto | Régimen hasta el 2000 (Dictadura) | Régimen Post-2000 (Democracia) |
|---|---|---|
| Contacto con otros presos | Nulo, aislamiento total | Nulo, aislamiento individual mantenido |
| Tiempo de patio | 10 minutos al día, solo | Sin cambios significativos en el aislamiento |
| Acceso a medios/lectura | Prohibido (libros, revistas, periódicos, radio, TV) | Mejoras limitadas, pero la esencia del aislamiento se mantiene |
| Objetos personales | No (espejo, reloj, calendario) | No se menciona mejora, se asume restricción |
| Visitas familiares | 30 minutos al mes, con comandante presente | 3 horas a la semana, familiares directos |
| Trato del personal | Agresivo y prepotente, encapuchados | Se mantiene la tensión, pero el acceso mejora en visitas |
No fue sino hasta el retorno de la democracia que el régimen en la “diosa de la venganza” experimentó algunos cambios. Sin embargo, la esencia del aislamiento ha persistido. Hoy, los familiares directos pueden compartir con Víctor tres horas a la semana. A pesar de esta mejora en la duración de las visitas, el régimen de aislamiento en el que habita no ha variado sustancialmente. Es una especie de eternidad monstruosa que presiona y retiene, buscando que los presos se pierdan a sí mismos en el silencio acumulado y el tiempo que se marca en las arrugas de la piel.
La descripción de la visita al CEREC (Centro de Reclusión del Callao), una edificación de altos muros, rejas y alambres de púas en medio de la nada dentro de la Base Naval, refleja la inaccesibilidad y el secretismo del lugar. Los visitantes son trasladados en vehículos completamente cerrados y asfixiantes, sometidos a cateos minuciosos y al trato altanero de los oficiales. A pesar de las horas de espera y las incomodidades, la posibilidad de conversar con Víctor, aunque sea por tres horas a la semana, en un espacio de apenas dos metros cuadrados sin ventanas y con los captores escuchando cada palabra, se convierte en un tiempo “infinito” donde se intenta tentar a la felicidad.
La Resistencia Tras las Rejas y el Impacto del COVID-19
A pesar de las condiciones extremas, la capacidad de resistencia del ser humano es sorprendente. Los dirigentes del MRTA recluidos en estas condiciones jamás se doblegaron ni estuvieron dispuestos a firmar ningún apoyo a la dictadura. Un ejemplo de ello fue la huelga de hambre de 30 días que iniciaron en 1998, al enterarse de que los jóvenes habían roto con el miedo y se movilizaban en las calles. El propósito era claro: enviar un mensaje de que, incluso desde el lugar más controlado por la represión, era posible resistir y luchar.
En el actual contexto global, la crisis del COVID-19 ha añadido una capa más de vulnerabilidad a la ya precaria situación de los miles de presos en Perú y en el mundo. Con todas las visitas suspendidas, la soledad en la Base Naval es total, evocando los viejos tiempos de aislamiento absoluto. El miedo retiembla en los familiares de los reclusos desde el inicio del período de cuarentena el 16 de marzo. La muerte se siente cercana, asaltando las noticias, las calles, los hospitales y los penales, donde el número de caídos por la pandemia es cada vez más creciente. La ansiedad y la angustia recorren a los seres queridos, quienes se preguntan sobre la seguridad de los internos en un lugar “helado y lejano”, donde alguna vez Víctor Polay fue amenazado de muerte con dos féretros colocados en la puerta de su celda. En estos días de confinamiento, solo la llamada semanal calma la angustia, ofreciendo la certeza de escuchar la voz del ser amado al otro lado.
Preguntas Frecuentes (FAQ)
- ¿Quién es Víctor Polay Campos?
- Víctor Polay Campos es un líder histórico del Movimiento Revolucionario Túpac Amaru (MRTA), una organización político-militar peruana que operó en las décadas de 1980 y 1990. Ha estado recluido en la Base Naval del Callao por más de 25 años.
- ¿Qué es el MRTA?
- El Movimiento Revolucionario Túpac Amaru (MRTA) fue una organización guerrillera de izquierda en Perú, fundada en 1982. Se autodefinía como un grupo marxista-leninista y nacionalista, y llevó a cabo acciones armadas contra el Estado peruano.
- ¿Dónde está ubicada la prisión de Némesis?
- La prisión conocida como Némesis se encuentra dentro de la Base Naval del Callao, en Lima, Perú. Es un centro de reclusión de máxima seguridad, conocido oficialmente como CEREC (Centro de Reclusión del Callao).
- ¿Cómo son las condiciones de reclusión en Némesis?
- Las condiciones en Némesis se caracterizan por un estricto régimen de aislamiento. Durante años, los presos estuvieron en aislamiento total, con visitas limitadas y sin acceso a medios de comunicación o objetos personales. Aunque ha habido algunas mejoras en el régimen de visitas tras el retorno de la democracia, el aislamiento individual y la vigilancia extrema persisten.
- ¿Se consideran presos políticos a los internos de Némesis?
- El artículo describe a Víctor Polay Campos como un líder de una organización político-militar y detalla su trayectoria de militancia política y sus detenciones por actividades contra el Estado. Aunque el término legal puede variar, su reclusión está directamente ligada a sus acciones y rol dentro de un conflicto político-armado, y es comúnmente asociado con la categoría de preso político por diversas organizaciones de derechos humanos y observadores.
- ¿Qué impacto ha tenido el COVID-19 en la prisión de Némesis?
- La pandemia de COVID-19 ha agravado la situación de los presos en Némesis, con la suspensión de todas las visitas, lo que ha incrementado el ya extremo aislamiento. Esto ha generado una gran preocupación y angustia entre los familiares, quienes temen por la salud y seguridad de los internos en un contexto de alta vulnerabilidad.
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