31/08/2025
En medio del estallido social y las protestas masivas que han sacudido a diversas naciones, una imagen recurrente y perturbadora es el uso de la fuerza policial, en ocasiones, de manera aparentemente indiscriminada. Particularmente, la táctica de disparar balines al boleo ha generado intensos debates y severas críticas. Este método, que implica lanzar proyectiles no letales sin un objetivo específico y a menudo hacia multitudes, plantea serias interrogantes sobre la capacitación, los recursos y las estrategias de las fuerzas del orden. Para comprender por qué los policías recurren a esta práctica, es fundamental analizar el contexto en el que se produce, las presiones a las que se enfrentan y las deficiencias estructurales que pueden llevar a tales acciones.

El caso de Chile, durante las protestas de 2019, es un ejemplo elocuente de esta problemática. Ciudades como Valparaíso, descrita como "bombardeada" tras noches de violencia, o La Serena y Antofagasta, escenarios de saqueos y actos vandálicos extremos, ilustran la magnitud de los desafíos que enfrentaron las autoridades. A 43 días del inicio de la crisis, la incapacidad para controlar la violencia y los saqueos se convirtió en una pregunta persistente: ¿por qué, a pesar de los esfuerzos, la furia en las calles no lograba calmarse y las fuerzas policiales parecían desbordadas?
- El Contexto de la Furia en las Calles Chilenas
- Cuando el Desborde Impulsa el Disparo Indiscriminado
- Deficiencias en la Formación y Capacitación Policial
- Recursos Insuficientes y Desafíos Operacionales
- La Erosión de la Legitimidad Policial
- El Factor Social: La Violencia Subterránea
- Preguntas Frecuentes sobre el Uso de Balines por la Policía
- ¿Qué son exactamente los "balines" usados por la policía en protestas?
- ¿Es legal el uso de balines en el control de protestas?
- ¿Qué consecuencias puede tener el disparo indiscriminado de balines?
- ¿Cómo se compara la situación de Chile con otros países en el uso de la fuerza?
- ¿Se han tomado medidas para reformar a la policía chilena tras estos eventos?
El Contexto de la Furia en las Calles Chilenas
La crisis chilena de 2019 fue un punto de inflexión, marcado por demandas sociales legítimas que, sin embargo, se vieron empañadas por una ola de destrucción y violencia. La imagen de encapuchados saqueando supermercados, incendiando bancos y atacando hospitales se volvió cotidiana. La población, y los propios afectados por los destrozos, se preguntaban si el país se había convertido en una "nación sin ley".
En este escenario de caos, las fuerzas policiales, los Carabineros de Chile, se encontraron en el centro de la controversia. Mientras algunos sostenían que los delincuentes y anarquistas utilizaban las protestas pacíficas como "escudos" para el vandalismo, otros acusaban a la policía de reprimir indiscriminadamente a la gente pacífica. Esta dualidad de percepciones y la complejidad de los eventos en el terreno crearon un ambiente extremadamente difícil para la gestión del orden público.
Expertos en seguridad consultados en aquel momento señalaron múltiples factores que contribuían a la incapacidad de las autoridades para contener la violencia. Desde el manejo político de la crisis, con una baja aprobación del gobierno y el parlamento, hasta problemas profundos en la formación y capacidad de reacción de las fuerzas policiales, la situación era multifacética y no admitía respuestas simples.
Cuando el Desborde Impulsa el Disparo Indiscriminado
Una de las explicaciones más directas sobre el uso de balines al boleo proviene de la propia experiencia en el terreno. El ex ministro del Interior y de Defensa de Chile, Jorge Burgos, afirmó que los policías se vieron sobrepasados por la magnitud de las movilizaciones. En un intento por evitar que una manifestación se expandiera o degenerara aún más, recurrieron al disparo de balines de forma generalizada. Esta acción, según Burgos, evidenciaba la dificultad de los agentes para distinguir entre una manifestación masiva legítima y los actos delictivos que ocurrían dentro de ella o al amparo de esta.
La escala de las protestas fue tan masiva que, en muchas ocasiones, el contingente policial simplemente no daba abasto. La presión sobre los agentes era inmensa, trabajando más de 16 horas diarias sin descanso y enfrentándose a situaciones extremas. En este contexto de agotamiento y saturación, la toma de decisiones bajo estrés puede llevar a la aplicación de tácticas que, si bien buscan disuadir o contener, terminan siendo percibidas como excesivas o indiscriminadas.
Deficiencias en la Formación y Capacitación Policial
Otro factor crucial detrás del uso de la fuerza indiscriminada es la formación policial. Eduardo Vergara, director ejecutivo del centro de estudios Chile 21 y ex jefe de la División de Seguridad Pública, señaló que la capacitación policial en Chile, y en general en Latinoamérica, estaba desactualizada en al menos una década. Las nuevas formas de manifestación, descentralizadas y más dinámicas, han superado los mecanismos convencionales de respuesta policial, diseñados para situaciones extremas pero no para el control de masas en un contexto de descontento social generalizado.
El informe de Human Rights Watch (HRW) sobre las violaciones a los derechos humanos durante las protestas chilenas subrayó la necesidad urgente de una reforma policial. El uso incorrecto de herramientas como las escopetas de balines, sumado al uso excesivo de la fuerza, puso en evidencia problemas estructurales en la capacitación. Aunque los agentes pudieran conocer la "gradualidad en el uso de la fuerza", la interpretación y aplicación correcta de esta norma en el fragor de la acción resultaba difícil.

Felipe Abbot, profesor de criminología de la Universidad de Chile, explicó que a medida que la manifestación se intensifica, la respuesta policial puede exagerarse, creando un círculo vicioso. Los manifestantes se sienten agredidos y los agentes reaccionan con aún más violencia, alimentando la confrontación en lugar de desescalarla. Esta dinámica contribuyó a que los Carabineros se enfrentaran duramente no solo con vándalos, sino también con manifestantes pacíficos, lo que, para muchos, fue visto como "combatir las protestas con fuego", exacerbando aún más el enojo popular.
Recursos Insuficientes y Desafíos Operacionales
La problemática de la dotación y los recursos también juega un papel fundamental. Rodrigo Alberto Salas, del Centro de Estudios en Seguridad Ciudadana de la Universidad de Chile, destacó que el contingente de Carabineros no era compatible con las demandas de seguridad ciudadana y control del orden público de ese momento. En algunas ciudades, incluso, no se disponía de herramientas como carros lanza agua, indispensables para el control de multitudes sin recurrir a medidas más lesivas.
La proporción de agentes con entrenamiento específico para el control de la delincuencia común era precaria, y mucho más para situaciones de disturbios masivos. Esta falta de recursos humanos y materiales adecuados para el control de multitudes no letal, deja a los oficiales con menos opciones y los empuja a recurrir a las herramientas que tienen a mano, como las escopetas de balines, incluso si su uso resulta problemático en el contexto de una protesta.
Además, la seguridad de los propios oficiales se vio comprometida, con 2.210 Carabineros hospitalizados según cifras del Ministerio del Interior. Esta vulnerabilidad del personal policial, sumada a la destrucción de sus propios cuarteles, agrava la sensación de estar "sobrepasados" y puede influir en las decisiones tomadas en el terreno.
La Erosión de la Legitimidad Policial
Un factor subyacente que impacta la efectividad de la policía y la percepción pública de sus acciones es la pérdida de respeto y prestigio. Durante años, los Carabineros de Chile gozaron de una reputación de honestidad y rigurosidad. Sin embargo, casos de corrupción que salieron a la luz en años previos mermaron significativamente esa imagen. Jorge Burgos señaló que ese prestigio se acabó, lo que produjo una disminución en el respeto de la población.
Además, las investigaciones por corrupción llevaron a la remoción de varios oficiales de alto mando, dando paso a Carabineros menos experimentados en posiciones clave. Esta "descabezada" del alto mando, según Rodrigo Alberto Salas, también contribuyó a una crisis de autoridad que afectó la capacidad de la institución para responder eficazmente y con la confianza necesaria por parte de la ciudadanía. Cuando la legitimidad de una fuerza policial se ve comprometida, sus acciones, incluso las justificadas, son recibidas con mayor escepticismo y rechazo por parte de la población.
Finalmente, la violencia subterránea, encarnada por jóvenes que se sienten abandonados por el sistema, añadió una capa de complejidad al desafío policial. Estos "vándalos" o "encapuchados", muchos de ellos provenientes de entornos marginales o con experiencias traumáticas en instituciones como el Sename (Servicio Nacional de Menores), no creen en la democracia ni en la convivencia pacífica. Su violencia no es siempre una excitación momentánea, sino, para algunos, el resultado de un "profundo razonamiento" de descontento y abuso histórico.

Para Eduardo Vergara, el Sename, al generar "capital humano prácticamente infinito" para el crimen organizado, contribuyó a esta masa de jóvenes que perciben las reglas de la convivencia pacífica como una hipocresía y responden con violencia a lo que consideran violencia estructural. La presencia de este tipo de actores en las protestas masivas, que utilizan el contexto para sus propios fines de saqueo y destrucción, complica enormemente la tarea de la policía, que debe lidiar con manifestaciones pacíficas, descontento social genuino y actos delictivos orquestados simultáneamente.
Preguntas Frecuentes sobre el Uso de Balines por la Policía
¿Qué son exactamente los "balines" usados por la policía en protestas?
Los "balines" a los que se hace referencia son generalmente proyectiles de goma o de materiales compuestos, disparados con escopetas antidisturbios. No están diseñados para ser letales, pero pueden causar heridas graves, especialmente si se disparan a corta distancia o a zonas sensibles del cuerpo como la cabeza o los ojos. En el caso de Chile, se documentaron numerosos casos de lesiones oculares severas.
¿Es legal el uso de balines en el control de protestas?
La legalidad del uso de balines varía según la legislación de cada país y las normativas internacionales sobre el uso de la fuerza. Generalmente, su uso debe ser gradual, proporcionado y dirigido a personas específicas que representen una amenaza real e inminente, con el objetivo de incapacitar sin causar daño permanente. El disparo "al boleo" o indiscriminado es ampliamente condenado por organismos de derechos humanos por su alto riesgo de causar lesiones graves a transeúntes o manifestantes pacíficos.
¿Qué consecuencias puede tener el disparo indiscriminado de balines?
Las consecuencias son múltiples y graves. A nivel individual, pueden causar lesiones severas como pérdida de ojos, fracturas, traumatismos craneoencefálicos y otras heridas incapacitantes. A nivel social, el uso indiscriminado de la fuerza erosiona la confianza pública en las fuerzas del orden, radicaliza a los manifestantes, agrava la polarización social y alimenta el ciclo de violencia, haciendo más difícil el restablecimiento del orden público y la resolución pacífica de los conflictos.
¿Cómo se compara la situación de Chile con otros países en el uso de la fuerza?
Si bien cada contexto es único, el problema del uso excesivo de la fuerza en el control de protestas no es exclusivo de Chile. Organizaciones internacionales han documentado situaciones similares en otros países de América Latina como Colombia, Bolivia y Ecuador, donde también se han evidenciado problemas de formación policial desactualizada y una incapacidad para manejar las nuevas dinámicas de manifestación sin recurrir a métodos represivos.
¿Se han tomado medidas para reformar a la policía chilena tras estos eventos?
Sí, la crisis de 2019 impulsó un debate profundo sobre la necesidad de reformar a los Carabineros de Chile. Se han planteado propuestas para modernizar su doctrina, capacitación y equipamiento, así como para fortalecer los mecanismos de control y rendición de cuentas en materia de derechos humanos. Sin embargo, estas reformas son procesos complejos y requieren tiempo para implementarse y mostrar resultados tangibles.
En síntesis, el fenómeno de los policías disparando balines al boleo no es un acto aislado o arbitrario, sino el resultado de una confluencia de factores complejos. La presión de estar sobrepasados por la magnitud de las protestas, las deficiencias en la formación policial para el manejo de multitudes modernas, la escasez de recursos adecuados, la erosión de la legitimidad institucional y la presencia de violencia organizada o subterránea, contribuyen a esta lamentable realidad. Abordar este problema requiere no solo una reevaluación de las tácticas policiales, sino una reforma integral que incluya mejor capacitación, dotación adecuada, fortalecimiento de la confianza pública y una comprensión profunda de las causas sociales subyacentes a las protestas. Solo así se podrá garantizar el restablecimiento del orden público sin comprometer los derechos humanos y la cohesión social.
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