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El Caso Doce Apóstoles: Cuando la Policía Falló

04/12/2023

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En el corazón de Colombia, hace más de dos décadas, un suceso en una estación de policía de Yarumal, Antioquia, se convirtió en un escalofriante indicio de una verdad mucho más profunda y oscura. Un joven fue asesinado a pocos metros de la estación, y la inacción de los agentes locales desató un torbellino de cuestionamientos. Lo que se descubrió después, en una habitación contigua a la estación, material de la banda como pasamontañas, uniformes y botas, no solo confirmó las sospechas de complicidad, sino que destapó una de las historias más notorias y dolorosas de la historia reciente de Colombia: el caso de Los Doce Apóstoles. Este es un relato de procesos investigativos manipulados, desaparición de evidencias, amenazas a abogados y testigos, fallos turbios y una lucha incansable por la justicia que, tras más de veinte años, aún busca su conclusión.

¿Qué le pasó a un muchacho en la estación de policía?
Hubo un caso donde mataron a un muchacho a metros de la estación de Policía y todo el mundo cuestionaba la inacción de los agentes. Luego de eso, efectivos de la fiscalía encontraron en una habitación contigua a la estación, material de la banda como pasamontañas, uniformes, botas y otros elementos.

El caso de Los Doce Apóstoles ha transcurrido en medio de una densa niebla de impunidad, donde la sombra del paramilitarismo se entrelazó con las estructuras del Estado, incluyendo a miembros de la fuerza pública. Inspirado, irónicamente, en la iconografía religiosa, este grupo de exterminio se convirtió en un símbolo de la violencia y la corrupción que azotó el norte de Antioquia en los años 90, dejando a su paso un rastro de cientos de víctimas y un profundo legado de dolor.

Índice de Contenido

El Origen de la Oscuridad: Los Doce Apóstoles

El nombre de Los Doce Apóstoles evoca una ironía macabra. Lejos de la imagen bíblica, esta adaptación criolla se gestó en los fríos pastizales de las montañas nordeste-antioqueñas, particularmente en el viejo pueblo de Yarumal. Sus integrantes no cargaban escrituras, sino subametralladoras, pistolas y una nefasta “lista negra”. Su precepto “divino” no era el amor al prójimo, sino la decisión arbitraria sobre quién y cuándo debía morir. Conformado presuntamente por doce miembros iniciales, en su mayoría ganaderos y comerciantes, el grupo se financió a través de una bolsa común para llevar a cabo sus sanguinarias acciones, disfrazadas de una supuesta “limpieza social”.

Este grupo fue una de las primeras semillas de lo que se conocería como el paramilitarismo moderno en Colombia, operando con una brutalidad inusitada en Santa Rosa de Osos, Yarumal y Campamento. La violencia que ejercían transitó por todas sus variables: física, psicológica, sexual y simbólica. Las matanzas comenzaron a finales de 1992, y para el segundo semestre de 1993, las referencias al grupo de Los Doce Apóstoles ya eran claras. Un panfleto distribuido en Yarumal en febrero de 1992, anunciando la conformación de las ‘autodefensas del Norte Lechero’ para declarar la guerra a la guerrilla, fue el primer presagio del terror paramilitar que se cerniría sobre la población.

La Sombra de la Ley: Implicación Policial

Uno de los aspectos más perturbadores del caso de Los Doce Apóstoles es la profunda implicación de miembros de la fuerza pública. La anécdota del muchacho asesinado cerca de la estación de policía de Yarumal no fue un hecho aislado, sino un reflejo de la corrupción endémica que permitió la operación del grupo. Agentes y oficiales, que debían proteger a la ciudadanía, se convirtieron en cómplices activos o pasivos de los crímenes. El mayor retirado de la policía, Juan Carlos Meneses Quintero, fue una figura clave para desvelar esta red. En 2010, desde su refugio en Argentina, Meneses afirmó que Santiago Uribe Vélez, hermano del ex-presidente Álvaro Uribe Vélez, era el jefe de esta banda, y que el ex-presidente tenía pleno conocimiento y apoyaba estas actividades.

Meneses, quien se autoincriminó en sus declaraciones para darle validez a su testimonio, fue fundamental para reabrir el proceso contra Santiago Uribe, alias “El abuelo” en la organización. Sus revelaciones no solo detallaron la estructura del grupo, sino que expusieron la complicidad de altos mandos policiales. El coronel retirado Pedro Manuel Benavides, excomandante de la estación de policía de Yarumal y también parte de Los Doce Apóstoles, fue grabado en una conversación demoledora con Meneses en 1996, donde ambos admitían haber recibido dinero “para no meternos” y permitir que el grupo operara impunemente en los municipios. Benavides incluso reconoció haber participado en operaciones con Los Doce Apóstoles, aunque negó haber cometido asesinatos directamente. Otros agentes como Alexander Amaya (alias “Código 002”), el cabo Rodríguez y un joven de apellido Arroyave apodado “El Ruso”, también fueron señalados como sicarios y colaboradores de la organización, operando desde la SIJIN.

La presencia de material paramilitar en las instalaciones policiales de Yarumal tras el asesinato del muchacho, es un ejemplo contundente de cómo las líneas entre la legalidad y la criminalidad se difuminaron peligrosamente en este oscuro capítulo.

La Hacienda La Carolina: Centro de Operaciones

“La Carolina”, una hacienda ubicada en Santa Rosa de Osos, propiedad de la familia Uribe Vélez, fue mucho más que una finca ganadera. Según testimonios como el de Meneses, se convirtió en una base de entrenamiento para paramilitares y un epicentro de asesinatos, torturas y desaparición de personas. En sus terrenos, entre caballerizas y un criadero de toros, se ocultaba una pista de entrenamiento paramilitar similar a las usadas por el Ejército. Allí, Santiago Uribe, según Meneses, entrenaba a “sus muchachos” y les mostraba una lista de personas “que había que acabar”. Esta hacienda, vendida a finales de 2002, luego de que Álvaro Uribe asumiera la presidencia, es un lugar que simboliza la brutalidad y la impunidad, donde se planearon y ejecutaron crímenes atroces, como el de Vicente Varela, un “vicioso” de Yarumal, cuya muerte generó controversia y fue atribuida falsamente a un enfrentamiento con extorsionistas.

La Figura del Sacerdote: Entre la Fe y el Terror

Otro elemento sorprendente en la trama de Los Doce Apóstoles es la figura del padre Gonzalo Javier Palacio Palacio. Vicario de la parroquia de Nuestra Señora de las Mercedes en Yarumal, Palacio fue señalado como “informante del ejército” y se le acusó de romper el secreto de confesión para señalar a “pecadores” –identificados como guerrilleros, delincuentes o simpatizantes de izquierda– que luego eran eliminados. En su prédica eucarística, el padre mezclaba los preceptos cristianos con sus propias concepciones de la política y el Estado, manifestando una profunda animadversión por las doctrinas liberales y comunistas. Se autodefinía como “puente entre la sociedad civil y las fuerzas del orden”.

Las investigaciones revelaron que el sacerdote recibía una cuota mensual de Los Doce Apóstoles y que en un allanamiento a su vivienda se encontró un revólver calibre 30 oculto en una biblia, junto a cartuchos y documentos del ejército. Aunque él justificó la posesión del arma por temor a la guerrilla, su cercanía con figuras de peligrosa reputación, como Óscar de Jesús Arango Palacio, alias Pitufo (señalado como sicario del grupo), alimentó las sospechas. A pesar de las acusaciones y las pruebas, Palacio fue beneficiado con libertad condicional y continuó oficiando misas, lo que subraya la complejidad y la falta de justicia plena en este caso.

Las Víctimas y la Crueldad de la "Limpieza Social"

El costo humano de la operación de Los Doce Apóstoles es devastador. Se les atribuyen 533 asesinatos, víctimas de una mal llamada “limpieza social” que incluía todo tipo de personas consideradas “indeseables” por Santiago Uribe Vélez y sus secuaces. La Fiscalía categorizó estos asesinatos en siete sectores, abarcando desde agricultores, mineros, comerciantes y transportadores, hasta líderes políticos, presuntos integrantes o auxiliadores de la guerrilla, delincuentes, adictos a las drogas y hasta infantes.

Sectores de Víctimas de Los Doce Apóstoles
SectorNúmero de CasosDescripción de Víctimas
1246Agricultores, mineros, forasteros, personas en estado de embriaguez, presuntos expendedores de drogas o adictos, estudiantes, amas de casa y personas dedicadas a oficios varios.
2136Comerciantes, carniceros, ganaderos y transportadores, así como habitantes rurales, líderes o militantes políticos y personas señaladas de ser presuntos integrantes o auxiliadores de la guerrilla.
381Personas señaladas de ser delincuentes, extorsionistas, secuestradores o integrantes de bandas.
451Personas sobre las que no se conoce profesión, oficio u ocupación.
511Inspectores de policía y miembros activos o retirados de la Fuerza Pública.
65Personas cuya ocupación no está definida y fallecieron en extrañas circunstancias.
73Personas presuntamente integrantes de Los Doce Apóstoles.

Entre las víctimas se encuentran casos desgarradores como la masacre de La Solita en el municipio de Campamento, donde fueron asesinados militantes de la Unión Patriótica (UP), incluyendo niños. La indiferencia hacia la vida humana fue una constante, con infantes como Ana Yoli Duque López (11 años), Marta Milena López (7 años), Darwin Cristóbal López (8 años) y un bebé de 2 meses, Renso Antonio Duque Velásquez, heridos en los mismos hechos donde sus familiares fueron asesinados. La brutalidad no conoció límites, y la estela de muerte se extendió por toda la región.

La Larga Lucha por la Justicia y la Impunidad

El caso de Los Doce Apóstoles es un claro ejemplo de la impunidad que a menudo acompaña a crímenes de esta magnitud en Colombia. A pesar de las evidencias y los testimonios, el proceso judicial ha estado marcado por dilaciones, fallos turbios y una constante lucha de las víctimas y sus representantes legales. Abogados como Daniel Prado Albarracín han sido objeto de múltiples amenazas e intimidaciones, incluso con la reducción de su esquema de seguridad a pesar de su riesgo extraordinario, lo que obligó a la CIDH a ordenar al Estado colombiano proteger su vida.

La defensa de Santiago Uribe, liderada por el abogado Jaime Granados, ha intentado desacreditar los testimonios clave, alegando contradicciones, intereses políticos detrás de las acusaciones y la fabricación de pruebas. Sin embargo, la justicia ha desestimado estas afirmaciones, y el proceso ha continuado, aunque con un ritmo frustrantemente lento. La fiscalía ha denunciado una “sinfónica de falsos, inconsistentes e irrelevantes testigos” presentados por la defensa, pidiendo que se les investigue por falsedad testimonial. La declaración de estos crímenes como delitos de lesa humanidad ha sido un paso crucial, ya que los hace imprescriptibles, manteniendo viva la esperanza de justicia.

Testigos clave como Juan Carlos Meneses Quintero, Eunicio Pineda Luján y Olwan de Jesús Agudelo Betancurt han enfrentado amenazas de muerte, exilios y traslados a prisiones donde su vida corría peligro, lo que pone de manifiesto la presión extrema ejercida sobre quienes se atreven a hablar. Incluso exjefes paramilitares como Salvatore Mancuso han sido testigos indirectos, aunque con reticencia a declarar contra los intereses del expresidente Uribe.

Legado y Consecuencias: Un Reflejo del Paramilitarismo

Los Doce Apóstoles no fue un fenómeno aislado. Fue uno de los primeros gérmenes de lo que se conocería como el paramilitarismo actual, junto a otros grupos como “Los tiznados”, “Mano negra”, ““Los Erres” y “MAS” (Muerte A Secuestradores). Muchos de estos grupos, financiados por el narcotráfico y con conexiones con la fuerza pública, terminaron mutando y “legalizándose” en las denominadas “CONVIVIR”, cooperativas de seguridad rural creadas mediante decreto en 1994 e ideadas por Álvaro Uribe Vélez cuando era gobernador de Antioquia. Este entramado muestra cómo la violencia paramilitar se incrustó en el tejido social y político, dejando una huella profunda en la historia de Colombia.

Preguntas Frecuentes (FAQ)

  • ¿Quiénes eran Los Doce Apóstoles?

    Era un grupo paramilitar que operó en el norte de Antioquia, Colombia, en los años 90. Estaba conformado presuntamente por ganaderos, comerciantes y miembros de la fuerza pública, dedicados a la “limpieza social” mediante asesinatos, torturas y desapariciones.

  • ¿Qué papel jugó la policía en este caso?

    Algunos miembros de la policía estuvieron directamente implicados en la conformación y operación del grupo, actuando como informantes, sicarios y encubridores, permitiendo las actividades criminales a cambio de dinero o por afinidad ideológica.

  • ¿Quién es Santiago Uribe y cuál es su implicación?

    Santiago Uribe Vélez es el hermano del ex-presidente Álvaro Uribe Vélez. Es señalado por varios testigos, incluyendo al mayor retirado Juan Carlos Meneses, como el líder y determinador de las acciones del grupo Los Doce Apóstoles.

  • ¿Qué es la "limpieza social"?

    Es un eufemismo utilizado por grupos armados ilegales para justificar el asesinato sistemático de personas consideradas “indeseables” en la sociedad, como delincuentes, adictos, personas en situación de calle, o aquellos señalados de colaborar con la guerrilla.

  • ¿Por qué el caso ha durado tanto tiempo?

    El proceso ha enfrentado múltiples obstáculos, incluyendo manipulación de evidencias, amenazas a testigos y abogados, dilaciones procesales y una fuerte defensa que ha intentado desacreditar las pruebas y testimonios.

  • ¿Se ha hecho justicia en el caso de Los Doce Apóstoles?

    Aunque el caso ha sido declarado delito de lesa humanidad, lo que lo hace imprescriptible, y Santiago Uribe ha sido procesado, el fallo definitivo aún está pendiente. Las víctimas y la sociedad colombiana siguen esperando una resolución que brinde plena justicia y verdad.

El Legado de los Testigos y la Búsqueda de la Verdad

El caso de Los Doce Apóstoles es un recordatorio de cómo la justicia puede ser esquiva, especialmente cuando hay poderes e intereses en juego. La "orgía de sangre" que se desató en Antioquia fue captada por la prensa nacional, y los constantes "errores" del grupo alimentaron los rumores de que autoridades y asesinos eran uno solo. El destino de muchos de los "gatilleros" y miembros clave del grupo, como los hermanos Múnera o los hermanos Pemberthy Zapata, que han sido asesinados, genera suspicacia y refuerza la idea de que se buscaba silenciar la verdad.

Sin embargo, los "muertos también hablan" a través de los hechos y el contexto. La casi veintena de "buenos muertos" en las investigaciones contra la célebre familia Uribe Vélez, ya sean testigos directos o indirectos, potenciales o confirmados, carga una lápida a sus espaldas, sugiriendo un patrón de eliminación de quienes pudieran comprometer la verdad. Testigos clave como Alexander Amaya, el padre Gonzalo Javier Palacio y Álvaro Vásquez siguen con vida, pero el "testigo estrella" contra los Uribe Vélez, Juan Carlos Meneses, ha tenido que sortear múltiples intentos de asesinato y un exilio constante, clamando por garantías de seguridad para poder revelar más pruebas.

La extorsión fue otra actividad delictiva del grupo, como lo demostró el caso de José Leonidas Rada López, quien fue asesinado tras huir de Yarumal por negarse a pagar "vacunas" exigidas por el grupo, en el que su viuda afirmó que participaba Santiago Uribe Vélez. La Fiscalía, con un expediente de 165 páginas y al menos diez testigos, sigue buscando la condena del ganadero antioqueño, quien actualmente enfrenta su proceso en libertad.

La historia de Los Doce Apóstoles es un capítulo oscuro que debe ser recordado. Es la crónica de cómo un grupo paramilitar, con la complicidad de ciertas autoridades, sembró el terror y la muerte, dejando una herida profunda en la sociedad colombiana. La lucha por la verdad y la justicia en este caso, que ha perdurado por más de dos décadas, es un testimonio de la resiliencia de las víctimas y de la necesidad imperante de que la justicia prevalezca, para que crímenes tan atroces no queden en el olvido y se siente un precedente contra la impunidad.

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