11/02/2024
En el quinto piso de un edificio en el oeste de Cali, lejos de las grandes batallas campales que un día definieron la historia de Colombia, un hombre de 85 años libra su combate más personal y, quizás, más insólito. El general Humberto Aparicio Navia, el oficial más antiguo de la Policía Nacional con 65 años de servicio ininterrumpido, no enfrenta a bandoleros ni guerrilleros, sino a un enemigo mucho más íntimo: la pereza. Esta lucha diaria, descrita por él mismo como una traición personal, es solo una pincelada en la vasta y extraordinaria vida de un hombre cuya trayectoria en la institución policial es, sin duda, una de las más fascinantes y atípicas de la historia colombiana.

La narrativa de la vida del General Aparicio es tan rica y compleja que desafía cualquier molde preestablecido. Desde su inesperado ascenso a Brigadier General Honorario hasta su rol como pionero de la aviación policial, pasando por su faceta de intelectual y su profunda fe, cada capítulo de su existencia es un testimonio de dedicación, resiliencia y un espíritu inquebrantable que lo ha convertido en una verdadera institución dentro de la institución.
- Un Ascenso Sin Precedentes: De Mayor a Brigadier General Honorario
- El Piloto Pionero de la Aviación Policial
- Entre Rejas y Balas: La Modelo y los Atentados
- Un Intelectual Uniformado: Más Allá de las Armas
- La Batalla Más Dura: El Compromiso Familiar
- Reflexiones de un General: Heroísmo, Legado y Olvido
Un Ascenso Sin Precedentes: De Mayor a Brigadier General Honorario
El caso del General Aparicio Navia es célebre por una razón que rompe con todas las tradiciones y protocolos militares: su ascenso honorario. Después de 47 años de impecable servicio ostentando el grado de Mayor, el presidente Iván Duque, en mayo de 2019, tomó la decisión sin precedentes de ascenderlo directamente a Brigadier General Honorario. Este salto monumental, que obvió los grados de teniente coronel y coronel, es un reconocimiento excepcional a una carrera marcada por logros y una dedicación que trascendió las jerarquías convencionales. No es común que un oficial, sin pasar por los escalafones regulares, alcance un grado tan distinguido, lo que subraya la singularidad y el profundo respeto que el General Aparicio ha inspirado a lo largo de su trayectoria. Este hecho no solo es un hito personal, sino también un capítulo único en la historia de los ascensos dentro de la Policía Nacional de Colombia.
El Piloto Pionero de la Aviación Policial
Entre las muchas facetas que definen la vida del General Aparicio, su rol como fundador de la aviación de la Policía en 1964 destaca como una de sus más audaces y significativas contribuciones. En una época en que la aviación militar estaba casi exclusivamente reservada a la Fuerza Aérea, el joven Aparicio, impulsado por una visión y una pasión inquebrantable, logró lo impensable. Su compromiso fue tal que, para financiar su ingreso y formación, vendió objetos personales de valor: un reloj Rolex, una pistola alemana y un estilógrafo Parker de oro. Una vez graduado, demostró su destreza pilotando con maestría un monoplano Piper 135. Su inspiración para alzar vuelo venía de su ídolo, el legendario Pedro Infante, quien también fue piloto. Esta anécdota no solo revela su determinación, sino también el espíritu aventurero que lo ha caracterizado. Las historias de sus vuelos, como el angustioso viaje de Bogotá a Bucaramanga donde la escasez de gasolina y las fallas del avión casi le cuestan la vida sobre la Cordillera Oriental, son testimonio de los riesgos que asumió para forjar una nueva rama esencial para la institución policial.
Entre Rejas y Balas: La Modelo y los Atentados
La vida del General Aparicio no solo estuvo marcada por la innovación y el servicio en el aire, sino también por el peligro palpable y la confrontación directa. En la década de los 80, asumió el difícil cargo de director de la cárcel La Modelo de Bogotá, una prisión que albergaba a miembros del M-19, un grupo guerrillero que, según se relata, planeó su muerte. El General sobrevivió a dos atentados, una prueba fehaciente de su valentía y de la protección que, según él, le brindó su profunda fe. La anécdota de cómo evadió la muerte, gracias a que los pistoleros cometieron el 'error' de no asesinar primero a su conductor, es un relato escalofriante de aquellos tiempos turbulentos. Cuando se le preguntó por qué no tenía escoltas en ese día fatídico, su respuesta, “Me basta con uno solo: Jesucristo”, no solo se volvió icónica sino que le valió una misiva de felicitación del mismísimo papa Juan Pablo II. Su paso por La Modelo y su supervivencia a estos ataques son un recordatorio de los riesgos inherentes a su vocación y de su inquebrantable convicción espiritual.
Un Intelectual Uniformado: Más Allá de las Armas
Más allá de sus hazañas militares y su liderazgo, el General Aparicio Navia se destaca como un verdadero intelectual. Su pasión por el conocimiento es evidente en su trayectoria académica y literaria. Es precursor de las Academias de Historia de la Armada, la Policía y el Ejército, un testimonio de su compromiso con la preservación y el estudio del pasado institucional. Además, es cofundador de Coldeportes, miembro del Instituto León Tolstoi y de la Academia de la Lengua, demostrando una vasta gama de intereses que van desde el deporte hasta la literatura y la lingüística. Su formación inicial con los frailes franciscanos en Cali y sus estudios de filosofía en un monasterio de Ubaté, Cundinamarca, aunque interrumpidos por un 'platónico amor', sentaron las bases de su mente inquisitiva. Habla con destreza inglés y alemán, y es un prolífico autor, con docenas de cuentos y once libros de temas costumbristas en su haber. Su conocimiento le permitió incluso intentar persuadir al sacerdote Camilo Torres de no tomar las armas durante su tiempo como comandante de seguridad interna de la Universidad Nacional, entre 1964 y 1967, por orden del entonces presidente Carlos Lleras Restrepo. La vida del General Aparicio es, en esencia, la de un hombre que ha cultivado tanto el cuerpo como la mente, dejando un legado intelectual tan profundo como su servicio militar.
La Batalla Más Dura: El Compromiso Familiar
A pesar de haber enfrentado peligros y desafíos de toda índole a lo largo de su dilatada carrera, el General Aparicio Navia confiesa que su batalla más dura se libra actualmente en el ámbito personal. Se trata del cuidado de su esposa, Sara Lilia Liscano. A raíz de una neumonía que amenazó su vida, los esposos tuvieron que trasladarse rápidamente de Bogotá a Cali en septiembre pasado, buscando un clima más cálido que le permitiera recuperarse. Aunque la neumonía ha sido superada, Sara Lilia enfrenta ahora un intenso dolor en la columna que le impide caminar. El General Aparicio, el mismo que deseaba terminar sus días en combate con gloria, ahora se dedica con devoción a esta nueva misión. Esta situación ha frenado sus funciones como asistente protocolario en ceremonias de la Policía, un rol que asumía con orgullo. Este capítulo de su vida revela una faceta profundamente humana y tierna del “general de generales”, demostrando que, incluso después de una vida de heroísmo público, el mayor acto de valentía puede ser el amor y el cuidado incondicional hacia un ser querido.

Reflexiones de un General: Heroísmo, Legado y Olvido
El General Aparicio es un hombre que reflexiona profundamente sobre la vida, la muerte y el propósito. A pesar de haber deseado una muerte heroica en combate, incluso pidiendo ser enviado a Vietnam, la vida le ha deparado un destino más prosaico, pero no menos significativo. Él mismo compara su deseo de inmortalidad con el general Álvaro Valencia Tovar, a quien enviaron a la guerra de Corea, buscando igualarlo o incluso superarlo. “Puede que lo haya logrado, dado que fui piloto y él no”, bromea con una sonrisa. La idea de ser olvidado, una preocupación para muchos que han dejado una huella, también cruza su mente. Sin embargo, con la sabiduría que solo los años y las experiencias extremas pueden brindar, concluye que al final de la vida, “me basta morir como hombre”. Esta declaración encapsula la esencia de un hombre que, a pesar de las 149 condecoraciones recibidas, incluida la prestigiosa Orden de Boyacá, valora la dignidad de la existencia por encima de la gloria póstuma. Su vida, con sus batallas internas y externas, sus logros y sus sacrificios, es un testimonio vivo de lo que significa servir a una nación y vivir con propósito.
| Año/Período | Rol/Hito | Contribución Clave |
|---|---|---|
| 1956 | Graduación como Uniformado | Inicio de 65 años de servicio ininterrumpido en la Policía Nacional. |
| 1964 | Fundador de la Aviación Policial | Establecimiento de una nueva rama estratégica para la institución; auto-financiación para su formación. |
| 1964-1967 | Comandante Seguridad Interna Universidad Nacional | Mantenimiento del orden por orden presidencial, interacción con figuras históricas como Camilo Torres. |
| Años 80 | Director de la Cárcel La Modelo | Supervivencia a dos atentados; símbolo de valentía y fe. |
| 2019 | Ascenso a Brigadier General Honorario | Reconocimiento sin precedentes a 47 años de servicio como Mayor. |
| Actualidad | Autor y Académico | Publicación de libros, miembro de academias de historia y lingüística, cultivador del intelecto. |
¿Quién es el General Humberto Aparicio Navia?
El General Humberto Aparicio Navia es el oficial más antiguo de la Policía Nacional de Colombia, con 65 años de servicio. Su vida es una de las más extraordinarias en la historia de la institución, marcada por un ascenso inusual, grandes logros y una profunda dedicación.
¿Por qué su ascenso fue tan insólito?
Su ascenso fue insólito porque, después de 47 años como Mayor, fue ascendido directamente a Brigadier General Honorario por el presidente Iván Duque en 2019, saltándose los grados de teniente coronel y coronel. Este es un caso único en la historia policial de Colombia.
¿Qué aportes hizo a la Policía Nacional?
El General Aparicio es el pionero de la aviación de la Policía Nacional, rama que ayudó a fundar y en la cual se desempeñó como piloto. También fue director de la cárcel La Modelo en un período complicado y ha sido precursor de academias de historia dentro de las fuerzas armadas.
¿Cuál fue su mayor desafío personal?
Aunque enfrentó peligros en su carrera, el General Aparicio considera que su batalla más dura actualmente es el cuidado de su esposa, Sara Lilia Liscano, quien padece problemas de salud que le impiden caminar. Esta dedicación familiar es su prioridad actual.
¿Sigue activo en la Policía Nacional?
Si bien ostenta el grado de Brigadier General Honorario y participa en ceremonias protocolarias, su rol actual está más enfocado en su vida personal y en sus actividades académicas y literarias, aunque su legado y experiencia siguen siendo un referente para la institución.
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