27/03/2025
En el dinámico panorama de los medios de comunicación, especialmente en la vertiginosa era digital, el cartón político, una forma de expresión artística y crítica con profundas raíces históricas, se enfrenta a un desafío sin precedentes. Lo que para algunos caricaturistas representa una oportunidad para explorar nuevas plataformas y técnicas, para investigadores y expertos en el tema es un claro síntoma de crisis. Particularmente en México, cuna de icónicos moneros, la preocupación central radica en la alarmante falta de un relevo generacional, un vacío que amenaza la continuidad de una tradición que ha sido pilar del periodismo y la sátira nacional.

Agustín Sánchez, uno de los pocos investigadores dedicados a la caricatura política en México, es contundente al afirmar: “La caricatura está en crisis. Yo no he visto en los medios escritos, ni en la red, caricaturistas de buen nivel”. Su observación apunta directamente a la ausencia de dibujantes jóvenes con la misma estatura que las figuras consolidadas. La mayoría de los caricaturistas que ocupan espacios en los grandes diarios superan los 50 años, lo que plantea un dilema: ¿cómo desplazar a maestros como Rogelio Naranjo, con más de 70 años y una calidad indiscutible, si no hay talentos emergentes que compartan el espacio con ellos?
La Brecha Generacional: Un Vacío en el Trazo
Esta brecha generacional es, sin duda, el epicentro de la crisis. Mientras que figuras legendarias como Rius, Helioflores y Naranjo consolidaron sus carreras en los años sesenta, con publicaciones emblemáticas como la revista La Garrapata, las nuevas generaciones no han logrado llenar ese espacio. Antiguos prodigios como Gabriel Vargas, Andrés Audiffred o Ernesto 'El Chango' García Cabral alcanzaron la fama antes de los treinta años, una realidad que contrasta drásticamente con el panorama actual.
Alarcón, colaborador de El Financiero, describe la situación como un “salto cuántico”. La evolución de la política y los medios ha sido tan profunda que se desconoce cómo y dónde emergerá la próxima generación de cartonistas. Esta transformación, según Alarcón, está intrínsecamente ligada a las nuevas formas de participación política de los jóvenes, que perciben la realidad de manera distinta a sus predecesores. Ya no es tan clara la dicotomía entre “buenos y malos, poderosos y jodidos, ricos y pobres” que enfrentaron los caricaturistas de la generación del 68.
Ángel Boligán, de EL UNIVERSAL, coincide en que los talentos emergentes se enfrentan a una doble problemática: la escasez de espacios para profesionalizar su trabajo y una evidente falta de formación. “No hemos visto nuevos jóvenes. Y no se debe solamente a que no existan, sino que no los hemos formado. Si un dibujante tiene talento, pero no ha conseguido un espacio para desarrollarse, tardará mucho en madurar. Esa puede ser una de las causas”, explica Boligán.
Desafíos de la Era Digital y la Profesionalización
La era digital y la globalización han traído consigo una serie de retos para el cartón político. Si bien la tecnología ha permitido una internacionalización sin precedentes, eliminando las limitaciones geográficas, ha surgido una pregunta crucial: ¿quién paga por este trabajo? La facilidad con la que un cartón puede volverse viral y recibir millones de 'likes' no se traduce en ingresos para el artista. “Todo mundo le pone like a tu cartón, pero nadie paga por eso. Hay que trabajar diario aunque no tenga dónde publicar”, lamenta Boligán.
Juan Manuel Aurrecoechea, otro investigador del género, atribuye la crisis a las profundas transformaciones generadas por los medios digitales y las redes sociales. Aunque hoy existe una plétora de caricaturistas y críticos, muchos de ellos “siguen alimentándose y quizá repitiendo lo hecho en el periodo anterior”, lo que refleja una falta de innovación y adaptación a los nuevos tiempos.
Los nuevos moneros enfrentan dos desafíos principales. El primero es la ausencia de espacios tradicionales donde exhibir su trabajo, lo que los obliga a buscar otras plataformas y circuitos. El segundo, derivado de lo anterior, es la necesidad de diversificar sus fuentes de ingreso a través de otras actividades relacionadas con el trabajo plástico, relegando la caricatura política a una opción más entre sus servicios profesionales. Mario Córdova, director de La casa de los monos y monitos, un proyecto dedicado a la difusión y formación de nuevos cartonistas, señala que hay propuestas interesantes, pero muchos de estos talentos se encuentran fuera de los circuitos tradicionales de la Ciudad de México.
Esta tendencia ha llevado a las nuevas olas de cartonistas a convertirse en profesionales de la ilustración que no dependen exclusivamente de los medios tradicionales. Augusto Mora, con su serie “Muerte querida”, es un ejemplo de cómo los jóvenes exploran formatos como la tira cómica para abordar temas políticos, lo que sugiere una evolución hacia narrativas más extensas y menos confinadas a una sola viñeta. Alarcón ve esto como un “eslabón” entre la caricatura de una sola imagen y el mundo de la historieta, un camino que podría definir el futuro del género.
El Meme: ¿Un Rival o un Espejo?
Uno de los competidores más inesperados y feroces que ha surgido en la sátira política es el meme. Los caricaturistas reconocen su poder de inmediatez y viralidad. “Los memes son la gran competencia que tenemos los moneros; creo que vamos a terminar compitiendo con estos. Tardamos un día en hacer una caricatura y cuando se publica al siguiente día ya se hicieron veinte memes sobre el tema que abordamos”, confiesa Alarcón.
La rapidez con la que los memes se crean y circulan obliga a los caricaturistas a replantear su estrategia, quizás hacia un humor más inmediato. Sin embargo, a pesar de su eficacia en la reacción instantánea, Alarcón y Boligán coinciden en que existen diferencias fundamentales. Mientras el meme ofrece un humor rápido, a menudo carece del contenido profundo, la “carnita” de la caricatura, y del contexto al que los caricaturistas están comprometidos. Además, el meme rara vez involucra la estética del dibujo. “No hay memes dibujados. El día que sean dibujados ya nos fregaron”, bromea Alarcón.
Agustín Sánchez subraya la distinción clave: “La caricatura involucra estética y política. Los memes tienen más que ver con la política y menos con la estética”. Aunque el meme puede ocupar un espacio, no son caricaturas en el sentido tradicional y requieren una metodología de catalogación diferente. La pregunta persiste si están ocupando los espacios dejados vacantes por la ausencia de caricaturas de calidad.
| Característica | Cartón Político Tradicional | Memes Políticos |
|---|---|---|
| Tiempo de Creación | Horas/Días | Minutos/Horas |
| Contenido | Profundo, contextualizado, crítico | Inmediato, reaccionario, superficial |
| Estética | Alta calidad artística, trazo elaborado | Baja o nula, basada en imágenes preexistentes |
| Autoría | Claramente identificada (monero) | Anónima o colectiva |
| Monetización | Pago por medios tradicionales (en declive) | Viralidad, no monetizado directamente para el creador |
| Alcance | Local/Nacional (medio impreso) | Global (redes sociales) |
| Impacto | Reflexivo, duradero | Instantáneo, efímero |
Una Historia de Resistencia: El Cartón Político en México
Para comprender la magnitud de la crisis actual, es esencial recordar la rica historia del cartón político en México. Desde la publicación de “Tiranía” en 1826 por Claudio Linatti en el periódico El Iris, el género ha evolucionado constantemente durante casi dos siglos. Figuras del siglo XIX como José María Villasana y Constantino Nava, o del siglo XX como Ernesto García Cabral, Andrés Audiffred y Antonio Arias Bernal, dejaron una huella imborrable.
Agustín Sánchez González, coautor de la Historia de la caricatura en México, traza una línea histórica que destaca el carácter crítico de la caricatura desde el siglo XIX, alcanzando mayor profesionalización con la aparición de El Calavera en 1847, una de las primeras caricaturas antiimperialistas y de publicación anónima.
La segunda mitad del siglo XIX es considerada la época de oro de la caricatura mexicana, con más de 40 publicaciones humorísticas y el trabajo de talentos como Alamilla y Alejandro Casarín. La Revolución Mexicana trajo consigo la obra de García Cabral y José Guadalupe Posada, este último conocido por sus calaveras, pero también un prolífico caricaturista crítico de Porfirio Díaz y la propia Revolución en más de 70 periódicos. Publicaciones como La Orquesta y Multicolor fueron referentes en su tiempo.
Sin embargo, la historia también está marcada por periodos de control político. Tras la Revolución, especialmente con el nacimiento del PRI, se instauró un control de la prensa que afectó directamente a la caricatura, generando un “impasse” en la crítica política. Juan Manuel Aurrecoechea Hernández detalla cómo los gobiernos posrevolucionarios establecieron un pacto de no agresión con la prensa, limitando la caricatura crítica a momentos coyunturales y financiada por intereses particulares.
Fue hasta después de décadas que nuevas propuestas editoriales, como los cartones de Abel Quezada con personajes icónicos como Gastón Billetes, abrieron el camino para una nueva generación de cartonistas identificados con la oposición política. A partir de 1968, la caricatura recuperó su rol de “arma de oposición”, especialmente en revistas como La Garrapata, que se convirtió en trinchera para Rius, Naranjo y Magú.
A pesar de la vocación crítica, la relación entre políticos y caricaturistas ha sido compleja. Anécdotas como la de Antonio Arias Bernal, caricaturista antifascista que criticaba a Ruiz Cortines en su revista Don Ferruco mientras jugaba dominó con el presidente, demuestran la ambivalencia de esta relación. O el episodio narrado por Aurrecoechea sobre el pacto de caricaturistas con la embajada de Estados Unidos durante la Guerra Fría, donde participaron como “soldados” anticomunistas.
La Caricatura Hoy: ¿Hacia Dónde Va?
El futuro del cartón político en México es incierto, pero la evolución es inminente. Alarcón cree que el periódico impreso se está transformando en un medio de análisis, no de noticias inmediatas, lo que exigirá a la caricatura una adaptación profunda. “Un cartón al día no es suficiente. Las siguientes generaciones en dedicarse al humor editorial deben tener una visión mucho más amplia en materia de medios”, afirma.
Los caricaturistas más jóvenes, al estar más en el mundo digital y menos en los circuitos tradicionales, han diversificado no solo sus plataformas sino también sus temas. Ya no solo abordan la política en sentido estricto, sino también la contaminación, el hambre o la miseria, abriendo su abanico temático. Sin embargo, Agustín Sánchez insiste en que la diversificación no es pretexto para la falta de cartones políticos de calidad. “Simplemente no los hacen. No hay cartonistas jóvenes con trabajo de calidad. Solo el tiempo dirá quiénes permanecen y trascienden por su obra en este género”, concluye.
Preguntas Frecuentes sobre la Crisis del Cartón Político
- ¿Cuál es la principal causa de la crisis del cartón político en México?
- La principal causa es la falta de un relevo generacional, es decir, la escasez de caricaturistas jóvenes de alto nivel que puedan continuar la tradición de los maestros actuales.
- ¿Cómo ha afectado la era digital al cartón político?
- La era digital ha transformado la creación y circulación del cartón. Aunque permite mayor alcance y globalización, ha dificultado la monetización del trabajo y ha introducido nuevos competidores como los memes, que ofrecen humor inmediato.
- ¿Los memes son una amenaza real para la caricatura política?
- Los expertos coinciden en que los memes son una competencia importante debido a su inmediatez y viralidad. Sin embargo, la caricatura política tradicional se diferencia por su profundidad de contenido, contexto y calidad estética, elementos que los memes a menudo carecen.
- ¿Qué papel juega la profesionalización en esta crisis?
- La falta de espacios tradicionales para que los jóvenes desarrollen y profesionalicen su talento es un factor crucial. Muchos dibujantes talentosos no encuentran dónde madurar su estilo y se ven obligados a diversificar sus actividades para obtener ingresos, relegando la caricatura política.
- ¿El cartón político mexicano ha enfrentado crisis similares en el pasado?
- Sí, a lo largo de sus casi dos siglos de historia, el cartón político ha vivido periodos de evolución y desafío, incluyendo épocas de control político y censura, así como momentos de gran florecimiento y crítica aguda, como la “época de oro” del siglo XIX o la revitalización tras 1968.
- ¿Existe alguna esperanza de recuperación o adaptación para el cartón político?
- Se vislumbra una posible adaptación a nuevos formatos, como la tira cómica o el cómic con temáticas políticas, impulsada por las nuevas generaciones. La diversificación de temas y una visión más amplia de los medios también podrían ser clave para su supervivencia y evolución en el futuro.
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